Bko1003a

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VIVIR LA CUARESMA PARA VIVIR LA SEMANA SANTA


bk01003a Original en Audio: 19 min. 08 seg.

La vida de Jesús cambió completamente después del bautismo. Jesús llevaba una vida humilde, en una aldea humilde, con un trabajo humilde. Y hasta ese lugar que se llamaba Nazareth y que queda al norte de Palestina llegó la noticia de un hombre, un profeta que estaba predicando cerca del río Jordán y que invitaba a la gente a arrepentirse de los pecados y los bautizaba.

Este hombre se llamaba Juan. Juan empieza a predicar y ese hecho ya es extraño en esa época porque nos dice el Libro de Daniel, la gente comentaba: ya no vemos nuestros signos ni hay profetas y nadie entre nosotros sabe hasta cuándo.

El tiempo de los grandes profetas: Isaías, Jeremías, Ezequiel, se remonta cinco, seis siglos, siete siglos A.C. Pero en el tiempo inmediatamente anterior a Cristo, lo que había en el ambiente era una sensación de derrota, de desconcierto, un gran interrogante: ¿qué ha pasado con la alianza? Una pregunta quemante: ¿a dónde se fue Dios? ¿A Dios, si le importa lo que nos pasa a nosotros?

La gente se sentía abandonada y a la vez había abandonado, -en buena parte-, el mensaje de la alianza. Y en esa especie de desierto espiritual se levanta la voz de Juan desde el desierto junto al Jordán.

Esto es interesante porque el lugar que él escoge para su predicación corresponde de alguna manera con lo que estaba viviendo la gente. Estaban descorazonados, estaban con una sensación muy profunda de esterilidad: esto no va para ninguna parte.

Esa sensación oscura que de pronto hoy tiene mucha gente también. No hay un futuro, no se ve un futuro claro. Lo único que se avizora en el horizonte son nubes negras, problemas, mayor descontento, mayores decepciones.

Hoy por ejemplo comenta el periódico que más del 80 por ciento de los de una cierta encuesta dicen que en este problema del declive financiero, concretamente aquí en Irlanda, no se ha dicho toda la verdad.

Los poderosos, los señores de los bancos y las relaciones del gobierno con estos poderosos no es tan clara y la gente, la mayor parte de la gente, seguramente ustedes también se siente traicionada y siente que las soluciones con grandes inyecciones de dinero, en buena parte lo que quieren es proteger las inversiones de los que ya tienen mucho. Están protegiéndolos a ellos mientras mucha gente se queda sin esa protección y se ve obligada a perder no solo su trabajo sino también su casa.

Es una sensación de ser traicionado, es una sensación de desvalimiento. Hay gente grande, poderosa, oscura, que guarda sus secretos y que está haciendo sus negocios allá entre ellos, mientras que la mayor parte de nosotros solamente vivimos las consecuencias.

Eso era lo que vivía la gente en Palestina en esta época. Sentían que valían poco, que importaban poco. Sentían que Dios se había quedado callado, sentían que su vida no tenía futuro, era estéril. Su vida era un desierto.

Juan empieza a predicar en el desierto. Pero hay un elemento importante, él predica junto al río Jordán y así como la presencia de Juan en el desierto tiene un mensaje, porque desierto era lo que estaba viviendo la gente, el río también tiene un mensaje.

Resulta que si vamos a la biblia, cuando los hebreos entraron en la tierra prometida, la última puerta que tuvieron que cruzar fue esa puerta de agua. Tuvieron que cruzar el río. Recordamos todos que cuando los hebreos salieron de Egipto hubo un milagro y se abrieron las aguas del llamado Mar Rojo.

Pues para entrar en la tierra prometida hubo un milagro semejante: se abrieron las aguas del río Jordán y a las orillas de ese río Jordán, un hombre que era el líder del pueblo, que era el sucesor de Moisés, -ese hombre se llamaba Josué-, le dijo al pueblo, antes de que cruzara el Jordan, les dijo, bueno, ¿y ustedes si van a ser fieles a la alianza? porque ya vamos a entrar a la tierra prometida ¿Van a ser fieles sobre todo en tener un solo Dios, ¡Un solo Dios! ¿Y darle la gloria y la obediencia solamente a ese Dios?, ¿el Dios que nos ha sacado de Egipto? Y la gente respondió: ¡sí vamos a ser obedientes!

Todo el pueblo se comprometió y así sucedió el milagro y cruzaron el Jordán. Pues, a ese punto, a ese río, se va este hombre llamado Juan. Se va allá y empieza a predicar allá al lado de ese río. ¿Por qué? Porque tiene que recordarle a la gente, aquí fue donde prometimos y aquí fue donde no cumplimos. Esto fue lo que dijimos y esto es lo que no hemos hecho.

Es decir, la predicación de Juan es todo un mensaje, no solamente por lo que dice sino por la manera como lo dice. La predicación de Juan es el recordatorio de la infidelidad. Hemos sido infieles al pacto que hicimos con Dios. Y eso también explica qué significa el bautismo, qué es bautizarse.

La gente en aquella época se bautizaba sumergiéndose y ese sumergirse en el agua ¿qué está indicando? Está indicando que uno es como simbólicamente sepultado por las aguas. Recordamos que cuando entraron los hebreos a la tierra prometida, las aguas se abrieron, las aguas no los tocaron a ellos.

Dice tanto el Libro del Éxodo, como el Libro del Deuteronomio, el Libro de Josué, dice que el pueblo entró a pie seco, las aguas se apartaron, les hicieron como camino. Pues meterse en el agua y sumergirse en el agua es como decir entro en la muerte, soy consciente de que lo que merezco, lo que merecemos como pueblo es la muerte.

Porque Dios les había dicho muy claramente como está en el capítulo 28 del Deuteronomio. Dios les había dicho: ¡escojan la vida! Les pongo por delante la vida y la muerte, escojan la vida. Pero la gente no escogió la vida, la gente escogió la muerte porque se apartaron de Dios.

Y lejos de Dios están viviendo todas las consecuencias de sus pecados y ese es el significado de bautizarse, bautizarse es entrar en el agua y es sentir uno esto es lo que yo merezco. En esa agua donde no se puede ver nada, donde no se puede respirar, donde no se puede vivir, esto es lo que yo merezco, no merezco más sino muerte. Es reconocer públicamente que uno está en esa condición.

Por supuesto, como todo el pueblo había dicho que sí y como todo el pueblo resultó traidor, pues la conversión a la que llama Juan es una conversión de todo el pueblo. ¡Todo el pueblo debería, idealmente, bautizarse. Todo el pueblo debería ir allá a reconocer lo que nosotros merecemos es muerte y solo Dios nos puede sacar de esta tumba. Solo Dios nos puede sacar de las consecuencias de nuestros pecados.

Eso explica también por qué Jesús va a bautizarse. Resulta que Jesús es miembro de este pueblo. Jesús es descendiente de David, Jesús según la carne viene de los patriarcas. Jesús es parte de ese pueblo que ha sido traidor y como todo el pueblo tiene que arrepentirse, por decirlo así, como si fuera un solo hombre. Entonces Jesús va a ese bautismo, va a recibir ese bautismo, no por faltas personales, porque no había pecado en él, sino por ser miembro de ese pueblo pecador.

Y así es. Entonces Jesús recibe ese bautismo y cuando sale del bautismo entra en una experiencia de desierto él mismo. Ese bautismo va a cambiar completamente a Jesucristo porque en ese momento es cuando sucede aquella unción inexplicable, maravillosa, del Espíritu Santo cuando Juan ve la paloma. Otro evangelista dice que Jesús ve la paloma como señal del Espíritu que bajó sobre él.

Pero más allá de la imagen o del animalito que hubiera aparecido, lo importante es que este Jesús, que es descendiente de David, en ese bautismo es como tomado, como poseído por el poder de Dios para una misión específica y ahí Jesús es enviado al desierto.

Toda esta explicación yo creo que es necesaria para que veamos cuál es el significado de la cuaresma, porque la cuaresma no es otra cosa sino acompañar a Jesús. Es acompañar a Jesús que hizo la primera cuaresma. La cuaresma de Él fueron precisamente esos cuarenta días que estuvo allá en el desierto.

Nosotros también tenemos este tiempo de cuarenta días y por eso durante estos cuarenta días la iglesia nos recomienda que tomemos una mayor actitud de mayor recogimiento, que escuchemos más la palabra de Dios, que hagamos ayuno, que nos privemos de ciertos gustos, no porque las cosas de este mundo sean malas sino porque queremos, de algún modo, enfocar más nuestro corazón y nuestra atención.

Junto con Jesucristo queremos enfocarnos con el Dios de la alianza. Ese es el significado grande de la cuaresma. Y Jesús entonces se va a ese desierto, pero pasa algo, después de ese tiempo que él gasta allá en el desierto arrestan a Juan.

Resulta que Juan era un hombre valiente y era un hombre que le decía a todos cuáles eran los pecados que tenían dejar atrás y a todos, es a todos. por qué Entonces le dijo también al rey, al rey Herodes le dijo tú no puedes vivir con tu cuñada. Tú no puedes vivir como si fuera tu esposa, la que es esposa de tu hermano. Eso no lo puedes hacer.

Y entonces Herodes por una parte gustaba mucho de la predicación de Juan porque se veía que era un santo, pero por otro lado tenía a esa mujer que se llamaba Herodías con la que estaba viviendo y esa mujer odiaba a Juan con todas sus fuerzas y entonces Herodes estaba dividido entre la voz de Dios y la voz del pecado.

Y finalmente lo que hizo fue encarcelar la voz de Dios, entonces mandó arrestar a Juan. Juan se había convertido como en una señal de esperanza muy grande para la gente.

Recordemos, no había profetas, la gente estaba desolada y aparece este Juan con ese mensaje, como mostrando la grandeza de la alianza, invitando a la gente a convertirse.

Jesús mismo dijo de Juan alguna vez, que Juan era como una lámpara que ardía y al resplandor de esa lámpara le siguió la alegría de la gente. Pero ahora Herodes encarceló a Juan y esa esperanza se apagó.

Y esa esperanza quedó como sepultada nuevamente y ¡es ahí donde Jesús lleno del espíritu no soporta, no soporta que se apague ese poquito de alegría, ese poquito de esperanza, esa brizna de conversión que había empezado en la gente!

Jesús no puede tolerar que eso suceda y entonces él mismo se convierte como en sucesor de la misión de Juan y empieza a predicarle a la gente un mensaje de conversión. Así como Juan les había dicho que tenían que dejar el pecado, Cristo también empieza a predicar diciéndoles que tienen que convertirse, que tienen que dejar el pecado.

Pero hay una gran diferencia entre el mensaje de Juan y el mensaje de Jesús. Mientras que Juan únicamente llegaba hasta esa partecita de denunciar los pecados, Jesús va mucho más allá y Jesús añade estas palabras: “crean en la buena noticia”.

Jesús es portador de una buena noticia, eso no lo pudo decir Juan. Juan lo único que decía era “detrás de mi viene otro que es mas grande que yo”. Esa era como la parte positiva del anuncio de Juan. Pues Jesús es ese que fue anunciado por Juan y Jesús aunque anuncia también lo espantoso que es el pecado, sobre todo anuncia lo hermoso que es al amor de Dios, el amor que nos llama a la conversión.

Bueno hermanos, son algunas reflexiones sobre el evangelio de hoy para que valoremos nuestra cuaresma, para que la vivamos desde el principio bien. Hay que tomar ciertas resoluciones para vivir este tiempo de cuaresma, por ejemplo ¿cuáles? Este es el tiempo mas apropiado para leer la palabra de Dios. Acércate al evangelio, hazte propósito de leer un pasaje cada día, un capítulo, medio capitulo. Acércate más a la palabra de Dios.

Lo mismo que Jesús en el desierto, nosotros somos invitados a orar más. Un tiempo que puedes sacar de camino para tu trabajo o tu estudio de vuelta. Hacer una pausa de pronto en la iglesia, una pausa un momento de oración, o en tu propia casa si tienes ese espacio apropiado, recógete frente a tu Dios, a escuchar su Palabra, a darle gracias, también a arrepentirte. Jesús nos está diciendo aquí, conviértanse. Jesús nos está invitando a dejar atrás el pecado.

Otro ejercicio; haz el propósito en esta cuaresma, ¿hace cuánto tiempo no haces una buena confesión? Pues, ¡confiésate!, en polaco, en inglés, en español, en portugués, ¡en lo que tú quieras! Pero ¡confiésate! haz una buena confesión. La confesión hay que hacerla no pensando en el sacerdote, uno hace la confesión pensando en Cristo, uno piensa en Cristo y uno se acerca a Cristo.

Esa son las obras propias de la cuaresma. Igualmente ese dejar alguna cosas que son del gusto nuestro, hay gente que por ejemplo, suspende el cigarrillo, o disminuye alguna comida, especialmente un plato delicioso. Eso parece un juego de niños, pero no lo es porque le enseña a uno a dominarse.

La idea es que la vida no es para el placer, la idea es que el placer es solo una parte de la vida. Entonces yo no puedo estar dominado por los placeres sino tengo que aprender a dominarlos y eso requiere entrenamiento. Como si fuéramos soldados, requerimos un poco de entrenamiento en eso. 

En fin, ahí vamos aprendiendo la grandeza de la cuaresma y vamos aprendiendo también a vivirla, porque hay una cosa que no falla y con esto termino y es que así como sea la cuaresma, así va a ser la semana santa.

Cuando uno no ha tenido cuaresma, -que lamentablemente es el caso de muchísima gente hoy-, ¡no tiene ni idea de qué es esto ni les importa!, cuando llega la semana santa lo único que dicen es: bueno, ¡playa!, ¡por fin sol!, ¡descanso, vacaciones! Y no es que esté mal descansar, pero, ¿cuándo le vas a dar descanso a tu corazón, que solo puede descansar en Dios?

Entonces ahí hay un punto: porque no hubo cuaresma, tampoco hay semana santa. Por el contrario, si uno va dando estos pasos y va viviendo la cuaresma, sin amargura, sino sencillamente con profundidad, cuando llega la semana santa, como que los oídos están abiertos y la mirada está atenta y los raudales del amor de Dios manifiestos en Cristo crucificado y resucitado llegan hasta nosotros.