Fundamentación Teológica de la Misión, 2 de 5

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Basándonos en el sentido original de la palabra misionero, que significa el enviado, pues, hemos formulado tres preguntas que están pendientes: quién es el que envía, quién es el envido y cuál es la vía.

Hemos observado también, en nuestra sesión anterior, que esa dinámica expansiva, proselitista, no es necesariamente universal; de hecho, pues encontramos en el mismo Judaísmo que no hay un interés en convertir gente al Judaísmo. El judío convencido de su fe está más interesado en guardar la pureza de lo que se le ha encomendado y en resguardarse del resto del mundo, que en convertir al mundo.

O sea que hay una conexión entre la palabra misión y la palabra conversión; esas dos palabras están tan unidas que lo que le suceda a la una le sucede a la otra. En los tiempos en que la Iglesia ha tenido un mayor vigor misionero, pues también ha predicado con mayor fervor la necesidad de la conversión. Pero por supuesto esta es una palabra que que es muy discutida hoy, desde muchos ángulos. Por ejemplo, qué derecho tiene uno de cambiar el mundo de otra persona.

Ese tipo de dificultades o ese tipo de objeciones las vamos a ver en nuestra siguiente charla, por ahora nos centraremos únicamente en el aspecto misionero, sólo que es importante que no olvidemos que misión y conversión están relacionadas.

Cuando hablamos de envío, inmediatamente la memoria se despierta con una cantidad de textos del Antiguo Testamento. Recordamos, por ejemplo, el capítulo primero de Jeremías, y recordamos cómo Dios le dice a este joven Jeremías, le dice que Jeremías irá de su parte, irá de parte de Dios".

Recordamos también a Isaías, en el capítulo sexto, donde Dios se pregunta: "¿A quién enviaré?" Isaías 6,8, y entonces Isaías responde: "Aquí estoy, envíame a mí" Isaías 6,8.

Recordamos también Éxodo, capítulo tercero, donde encontramos a Dios enviando a Moisés; y recordamos, en general, a una cantidad de profetas que reciben este mandato del Señor: "Ve y diles de mi parte...." Puede decirse que la expresión más repetida en los profetas, es la expresión: "Oráculo del Señor", es decir: "Esto no lo digo yo, esto viene de la Palabra, esto vien de la. 3:46, que es el nombre en latín para decir boca.

Oráculo viene de " 3:55 ", entonces "oráculo del Señor" es la boca misma de Dios, y esa es la expresión de los profetas; los profetas reciben ese encargo de parte de Dios: "Ve y diles de mi parte", incluso, al profeta Ezequiel se le advierte: "Ya les puedes decir este discurso que no te van a oír".

De toda estos ejemplo, y muchos más que ustedes y yo conocemos, sacamos una conclusión: es evidente que el que envía es Dios, es parte es clara; es evidente que el enviado es un profeta, y es evidente que la vía que tiene que recorrer es el pueblo elegido, es decir, es en medio del pueblo a donde tiene que realizar su misión.

Por lo menos en el Antiguo Testamento loo que encontramos es ese conjunto: el que envía es Dios, el enviado es un profeta y la vía que tiene que recorrer, o mejor, a quién se le envía sería más propio, es el pueblo.

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