Fundamentación Teológica de la Misión, 1 de 5
Nos reúne en esta ocasión la teología de la misión. Este curso tiene dos partes: una parte teórica, que es la que estamos iniciando ahora mismo; y otra parte práctica, en la cual, como su nombre lo indica, el papel más importante lo van a cumplir ustedes con sus actividades y con sus informes.
En cuanto a la parte teórica, yo quisiera empezar haciendo dos anotaciones: primera, recordemos el tiempo de la promoción vocacional y recordemos qué fue a lo que a muchos de nosotros seguramente más nos llamó la atención, lo que primero nos atrajo cuando se habló de vocación religiosa, de vocación dominicana, de vocación sacerdotal.
Creo que si recordamos los afiches y si recordamos los lemas y las reflexiones de aquella época, toda la parte de predicación estaba muy en el centro de nuestros intereses. Predicar: la imagen del fraile recorriendo un camino o dirigiéndose a una multitud, ese tipo de cosas.
Entonces lo primero que deso que tengamos presente es que esta materia en cierto sentido viene a completar un ciclo en la vida de ustedes. Es decir, eso que al principio atrajo la atención produjo un camino, un camino de prenoviciado, de noviciado, de filosofía, de teología, de convivencia fraterna, de votos religiosos y, años después, muchos años después, se vuelve al mimo punto, pero no se vuelve de la misma manera. Es decir, volvemos a esos lemas, volvemos a esas imágenes de predicación, pero no volvemos siendo los mismos.
Entonces uno de los objetivos dentro de esta teología de la misión es que nosotros tengamos el valor de retomar lo que primero nos motivó y mirarlo, por supuesto, desde un ángulo distinto, o si digo mejor, desde un ángulo enriquecido, porque todo el camino que se ha hecho es un camino que nos ha enriquecido. Entonces está ese aspecto vocacional.
El segundo aspecto, que tiene su importancia especialmente para aquellos que se han sentido llamados a la vida clerical, es decir, a la ordenación, es que, evidentemente, esta asignatura quiere ser no sólo una mirada al pasado, sino quiere ser una manera de lanzarnos hacia un futuro que ya está muy próximo.
Entonces, si está ese aspecto dentro de nuestros objetivos, si está ese aspecto vocacional, también está el aspecto del futuro, y ese futuro se anuncia en términos de ministerio. Esto quiere decir que nosotros, especialmente en una asignatura como esta, en una materia como esta, tenemos un interés que va mucho más allá de un deseo personal. Nuestras constituciones dicen que el estudio tiene como propósito ayudar en el camino de salvación de nuestros hermanos, la salvación de las almas.
Entre otras cosas, pues se habla de almas como un modo de indicar que en primer lugar nuestra misión no está en el plano de las respuestas inmediatas sea de alimento, de vivienda o de esto, puede ser parte de una misión de predicación, pero evidentemente el bien del Evangelio es un bien que trasciende el aspecto puramente material y temporal.
Entonces nuestras constituciones dicen que nuestro estudio se endereza a la salvación de las almas. Y eso significa: no estudiamos únicamente por gusto; no nos capacitamos, porque esta es una capacitación también, no nos capacitamos únicamente por gusto. Nosotros tenemos ante la Iglesia y ante el pueblo, tenemos el deber de estar debidamente preparados, capacitados para prestar un mejor servicio.
Y esto significa que en la teología de la misión nuestro horizonte y nuestra preocupación permanente es cómo ser útiles, cómo poder servir mejor desde un carisma específico que la Iglesia ha reconocido en nosotros. Y podemos decir que la Iglesia lo ha reconocido porque efectivamente, en el caso de ustedes, hay una profesión solemne que no es otra cosa sino el aval de la Iglesia, es la palabra de la Iglesia diciendo: "Te veo en camino y te veo dotado de los talentos y de los carismas necesarios para una misión específica".
Entonces tenemos esos dos objetivos, uno que mira hacia el pasado: qué bueno mirar a ese joven candidato, aspirante, qué bueno mirar a ese joven prenovicio o novicio, qué bueno mirar a ese estudiante que tú mismo fuiste, y qué bueno entrar en continuo diálogo con esos momentos de nuestra historia.
Por supuesto, eso significa no solamente el camino de la vocación, sino significa también la experiencia pastoral que ustedes han tenido a través de las ejercitaciones apostólicas. Es decir, este es el momento de traer toda esa experiencia y reflexionar.
Bueno, esa es la parte de los objetivos en cuanto a lo que queremos tratar.
¿Cuál va a ser nuestro método? En la parte teórica en la cual nos encontramos, el punto central de nuestro método es el hacer y responder preguntas. Aunque nos referimos a una actividad, aunque nos referimos a una praxis, nuestro interés inmediato dentro de una materia está en el plano de la lectura de una experiencia, en el plano de la interpretación y de unos resultados, en el plano también del diseño de un futuro, un futuro ministerio.
Y por consiguiente, si se tata de una actividad intelectual, -obsérvese, actividad intelectual que mira a una actividad pastoral o apostólica-, si se trata de una actividad intelectual quiere decir que cabe la pregunta. Y nosotros vamos a seguir básicamente un esquema de preguntas porque nos da un margen amplio de miradas en cuanto a ese quehacer apostólico.
Nuestras preguntas necesariamente se relacionan con el título que tiene la materia: "Teología de la Misión". Por supuesto, la palabra que se destaca aquí ante todo es la palabra "misión". Misión viene del verbo "mitto", en latín, que quiere decir enviar. Y ese envío, ese poner en camino pues está hablando de un proceso, está hablando de un dinamismo.
Entonces, si nosotros hablamos de un envío de inmediato surgen las preguntas: ¿Quién es el que envía? ¿Quién es el enviado?" Observemos esa palabra que tenemos en español: "enviar", enviar que es poner en la vía, poner en camino.
Entonces ya tenemos por lo menos tres preguntas: ¿Quién es el que envía? ¿Quién es el enviado y cuál es la guía? ¿En qué guía se supone que nosotros somos puestos o en qué camino se supone que nosotros somos puestos? Esas serán nuestras tres primeras preguntas que sirven también a modo de introducción a todo lo que vayamos diciendo después.
Pero antes de responder esas preguntas, yo quisiera que tomáramos conciencia de un dato muy interesante. Nosotros tenemos a la vez una continuidad y una discontinuidad con el pueblo hebreo, con el pueblo de Israel. Continuidad que se nota, por ejemplo, cuando en nuestras Biblias la porción más amplia, lo que llamamos Antiguo Testamento, pues son las Escrituras hebreas.
Imagínate que tú fueras un judío, imagínate qué sientes tú de ver que otro grupo toma tus Escrituras y dice que esas son también sus Escrituras. Yo creo que la sensación uno la puede replicar hasta cierto punto cuando piensa en el caso de los mormones. Ustedes saben que los mormones toman la Biblia, aunque cambian algunos textos, pero los mormones dicen que esa no es la revelación completa, que hay otra revelación que fue recibida por este señor José Smith, y que esa otra revelación está contenida en lo que se llama el "Libro de Mormón". O sea que ahí te puedes imaginar más o menos la proporción.
Nosotros tomamos las Escrituras hebreas y las consideramos nuestro Antiguo Testamento, y junto a ese Antiguo Testamento tenemos el Nuevo Testamento. Pues los mormones hacen algo parecido: toman toda nuestra Biblia, y para ellos eso es una base, pero luego le agregan otro escrito, que ellos llaman el "Libro de Mormón", y el Libro de Mormón se supone que es tan sagrado y es tan revelación para ellos como el resto de la Escritura.
Entonces nosotros no salimos de la nada, nosotros, según la expresión de San Pablo en los capítulos nueve, diez y once de la Carta a los Romanos, nosotros hemos sido injertados en una historia; nosotros somos un injerto en el olivo antiguo, el olivo de Israel. Y ese carácter de injerto es uno de los factores que menos se toma en cuenta cuando se habla de la misión. Nosotros hemos sido injertados.
Dentro de un camino que nos antecede a los cristianos, por lo menos unos diecinueve siglos, si no veinte siglos, dentro de ese camino, que ya se venía recorriendo, entramos nosotros.
Pero otro dato: la religión judía no es una religión misionera. Yo creo que nosotros estamos muy acostumbrados a asociar religión con proselitismo, es decir, nosotros suponemos que la persona que tiene una fe tiene también el deseo de propagar o de transmitir esa fe, pero resulta que no es así. Hay unas religiones, unas cuantas religiones en el mundo, que no son religiones proselitistas, es decir, no son religiones misioneras, y una de las religiones que no es misionera, definitivamente, es el Judaísmo.
Entonces nosotros, a la vez, estamos injertos dentro del olivo de Israel, estamos injertos en el pueblo elegido, en el pueblo judío, pero nosotros hemos traído algo nuevo, y eso nuevo que nosotros traemos es: nosotros sí queremos hacer misión.
En el Nuevo Testamento se habla de una serie de personas que son llamados los "temerosos de Dios", "temeroso de Dios". ¿Qué quiere decir que una persona es temerosa de Dios? ¿Eso qué quiere decir? Quiere decir que esa persona tiene una cercanía con el Dios verdadero desde el mundo pagano, Entonces así por ejemplo, encontramos que hay un personaje llamado Cornelio, capítulo décimo de los Hechos de los Apóstoles; hay un personaje llamado Cornelio, y Cornelio era ¿qué? "Temeroso de Dios" Hechos de los Apóstoles 10,22.
Esa gente que simpatizaba con el judaísmo, era gente que veía en la religión judía un verdadero camino para su propia vida, pero los judíos eran y siguen siendo, -yo no sé si más ahora o menos ahora-, eran y siguen siendo una religión que no desea expandirse más allá de la carne y la sangre, lo cual significa que el judío, de manera muy renuente, de manera muy, podríamos decir, muy pausada, de una manera casi escéptica, admite elementos ajenos dentro de su seno.
Cosa que es curiosa porque en las mismas en las mismas Escrituras hebreas hay un testimonio muy interesante de una persona extranjera que es acogida, ¿de qué libro estaré hablando? El libro de Rut. Ahí se cuenta cómo esta mujer es una extranjera, es una moabita, y ella viene a ser la abuelita del rey David, es una extranjera. O sea que el judaísmo tiene ciertos precedentes de personas de fuera que buscan al pueblo de Dios.
También encontramos ciertas promesas de una extensión de la fe. Por ejemplo, cuando se habla de que Jerusalén va a acoger en su seno a todos los pueblos: "Filisteos, tirios y etíopes han nacido allí" Salmo 86,4. Obsérvese que esos son son pueblos ajenos e incluso enemigos.
Filisteos, pues son los antiguos habitantes de Canaán; luego, tirios, pues es el norte, es lo que fue el reino de Asiria, culpable entre otras cosas de aniquilar el reino de Israel, las diez tribus del reino de Israel; y los etíopes pues son un modo de referirse probablemente a lo que nosotros llamaríamos África y probablemente incluyendo lo que nosotros llamamos Egipto, pero eso es dudoso. Etíopes probablemente era la terminología que ellos utilizaban para lo que estaba al sur de Egipto. Si ya Egipto podía parecer lejano, según ciertos estándares, imagínate lo que ellos llama Etiopía, es algo muy lejano.
Tenemos estos elementos: venimos de una herencia judía, nos hemos injertado en el olivo de Israel, pero al mismo tiempo nos hemos injertado entonces en una realidad que no era misionera, que queda abierta, con la puerta no muy amplia, pero que queda abierta a recibir a ciertos extranjeros. Pero es más que Israel está dispuesto a recibir en ciertas condiciones, y no que Israel sale a anunciar, que sale a misionar.
Eso hace aún más aguda la pregunta por la misión. ¿Cómo es eso que para nosotros cobra tanta importancia el ser misionero? Yo creo que ustedes y yo estamos acostumbrados a frases como la siguiente: "La Iglesia es misionera". Dice el Papa Pablo VI en su encíclica Evangelii Nuntiandi: "La Iglesia existe para evangelizar".
¿No le parece un contraste máximo entre esa frase, "la Iglesia existe para evangelizar", y la postura judía según la cual, incluso un extranjero que quiera entrar, se le da el título de temeroso de Dios? ¿Qué quiere decir? "Hombre, por lo menos este respeta, por lo menos este reconoce el señorío de Dios". Hay un contraste.
¿Qué ha sucedido para que esa historia, que es una historia de encerrase, de protegerse, de aislarse, se convierta en una historia de salir a buscar, salir a anunciar, salir a donarse? ¿Qué ha sucedido? ¿En qué punto de la historia del pueblo de Dios se da esa transformación, según la cual el pueblo que antes buscaba buscaba sobre todo protegerse, ahora busca sobre todo darse? ¿El pueblo que antes quería sobre todo velar por la pureza de sus creencias, ahora se interesa principalmente en compartir esa creencias?
Este análisis nos lleva derechamente al capítulo segundo de los Hechos de los Apóstoles y nos lleva a Pentecostés.
Observemos la escena de Pentecostés. ¿Qué es lo que sucede? Pentecostés es una fiesta tradicional de los judíos, Pentecostés es una fiesta que empezó, como muchas otras, seguramente en un contexto agrario, es una fiesta que luego se llamó la fiesta de las tiendas, y es una fiesta que luego tomó un carácter marcadamente religioso con la proclamación de la Ley. Es decir, cincuenta días después de la Pascua, lo que celebran los judíos es: "Dios nos dio la Ley".
Fíjate que hay una lógica en eso: si Pascua es la celebración de la salida de Egipto, ¿pues qué sucede después de que salen de Egipto? Peregrinan por el desierto, y después de peregrinar por el desierto, en el monte Sinaí reciben la Ley. La Ley es a la vez el regalo y el signo de alianza; la Ley es la señal de la pertenencia al pueblo de Dios; la Ley es lo que hace a Israel distinto de los demás pueblos.
Recordemos esa frase que la teníamos no hace mucho en la liturgia, tomada del libro del Deuteronomio: "¿Qué nación tiene unos dioses tan cercanos como tú lo tienes?" Deuteronomio 4,7. Y también dice ese mismo texto del Deuteronomio: "Guardad las enseñanzas y los mandamientos que os doy, las cuales, cuando sean oídas, las naciones vecinas dirán: "¡Qué nación tan sabia es esta!" Deuteronomio 4,6.
Es decir, obsérvese eso tan interesante: la Ley es la señal de la elección, la Ley es la señal de que somos distintos, somos especiales, pertenecemos a Dios, "somos su pueblo y ovejas de su rebaño" Salmo 99,3. La Ley es la señal, no en la carne, sino en la mente, en el entendimiento; la Ley es la señal de la pertenencia al pueblo elegido, eso es la Ley.
Pero ¿qué quiere decir esto? Que celebrar la promulgación de la Ley, ¿qué podía significar? ¿Qué era Pentecostés entonces? Era la celebración de: "Somos especiales", una celebración que se traduce en: "Somos distintos. Nosotros somos los elegidos".
Entonces, ¿qué significaba Pentecostés? Pentecostés significaba elección: "Somos elegidos. Nosotros somos los elegidos porque hemos recibido una palabra que nadie más ha recibido. Nosotros hemos recibido" promesas que nadie más ha escuchado. Nosotros hemos conocido la sabiduría de Dios como nadie la ha conocido". Es decir, Pentecostés era la fiesta de la elección. Y los judíos entonces, en la fiesta de Pentecostés, renovaban su sentimiento de ser el pueblo elegido.
Pero ¿qué sucede? Sucede que en un Pentecostés muy especial, el Pentecostés que sigue a a aquella Pascua en la que fue sacrificado el Cordero de Dios, en ese Pentecostés la fiesta cambia completamente. Porque fíjate que si tú enfatizas la palabra "elección", ¿qué significa enfatizar elección? "Soy distinto; ¿qué significa enfatizar que soy el elegido? "Que yo no soy como los demás, que yo soy particular, que hay en mí algo que nadie más tiene".
Entonces Pentecostés era una celebración que aislaba en cierto modo al Judaísmo de los demás pueblos. Porque en la medida en que tú enfatizas "yo soy el elegido, yo soy el único elegido",- entre otras cosas, mis queridos hermanos, ya que mencionamos esta palabra, permítanme una pequeña digresión, porque eso puede pasar también con la palabra "clero"-.
El clérigo es el que ha sido elegido, el que le ha tocado en suerte un camino distinto. Y por eso, eso también puede pasar con respecto al clérigo: el clérigo se puede sentir tan especia, se puede sentir tan elegido, se puede sentir tan distinto, que se le olvide que tiene que darse. Todo lo que te hace distinto, todo lo que tú has recibido distinto, lo has recibido para comunicarlo, para darlo a los demás.
Yo hago esta pregunta: ¿Y esa idea de que ser elegido es un camino hacia el servicio, esa idea, es una idea ajena al Antiguo Testamento? No lo es. Especialmente hay unos textos en el profeta Isaías, textos que inmediatamente nos lanzan en esa dirección. Ustedes recuerdan los Cánticos del Siervo: "Te he elegido para que seas luz de las naciones", "es poco que seas mi Siervo; te hago luz de las naciones".
Es decir que ya la idea estaba, la idea de que Israel no solamente debería ser una tienda que se amplía, eso también está hermosamente dicho en Isaías, ¿no? "Amplía tu tienda a derecha y a izquierda. Corre las estacas, mueve a derecha y a izquierda, que tu casa se va a volver grande", eso está muy bello, es acoger, ¿cierto? Pero fíjate que ya la idea de salir y la idea de ofrecer es una idea que también está en la expresión "luz de las naciones; tú va a llevar mi mensaje hasta el confín de la tierra", ya esa idea estaba, pero esa idea estaba, podríamos decir muy disminuida, en comparación con la enorme preponderancia que tenía el tema de la elección.
¿Qué sucede en aquel Pentecostés, después de la muerte del Cordero, después de que ha sido sacrificado el Cordero de Dios, Cristo Nuestro Señor? ¿Qué sucede ene se Pentecostés? Aunque era la fiesta de la elección y aunque era una fiesta tan judía, hay una cantidad de prosélitos. Leamos la lista de pueblos que aparecen ahí.
Sabemos que sucede ese viento impetuoso y entonces dice aquí: "Residían en Jerusalén hombres piadosos" Hechos de los Apóstoles 2,5, esos hombre piadosos son los mismos temerosos de Dios, son los mismos prosélitos, son simpatizantes dela cultura, diríamos hoy, simpatizantes de la cultura y del pueblo elegido. Estoy leyendo Hechos capítulo dos, versículo cinco y siguientes.
"Residían en Jerusalén hombres piadosos, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo" Hechos de los Apóstoles 2,5, estrictamente hablando eso no es cierto, en ese momento existía China, en en ese momento ya había había habitantes en Mesoamérica, o sea que esto, en términos científicos no es cierto, pero ¿qué está indicando esto? La intención teológica de Lucas para mostrar el cambio que va a suceder con Pentecostés.
"Venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo" Hechos de los Apóstoles 2,5, quiere decir que lo que está sucediendo es como una gigantesca pulsación del corazón. El corazón tiene esos dos movimientos: sístole y diástole. Cuando llega la sangre al corazón, esa es la diástole; sístole, cuando se envía esa sangre
Entonces, este Pentecostés es un gigantesco diástole y sístole; un gigantesco diástole porque vienen representantes; estos que están aquí son como embajadores de todas las naciones que llegan y llegan a Jerusalén. Pero ahí, impulsados por la sangre nueva, por la sangre de la redención y por la potencia del Espíritu, vendrá la sístole gigantesca, colosal, cósmica que va a enviar, que va a iniciar la misión.
La lista de pueblos es interesante. Mire: "Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Estupefactos y admirados, decían: ¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? "Hechos 2,6-7. Recuerden ustedes que los galileos tenían un acento fácil de reconocer; dicen los especialistas que los galileos se comían parte de las palabras, ellos hablaban una variante del arameo, comiéndose parte de las palabras, un poco como sucede con los costeños en Colombia, los del norte de la costa colombiana.
Entonces a los galileos se les notaba el acento, por eso te acuerdas que en la Pasión de Cristo, una de las criadas, allá en la casa del sumo sacerdote, le dice a Pedro: "¡Tú eres galileo, se te nota en el acento!", por más que trataba seguramente de disimularlo.
"¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa?" Partos, medos y elamitas, los que habitamos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia,- esa Asía es Asia Menor, es Turquía-,Frigia, Panfilia, Egipto, la parete de Libia fronteriza con Cirene, -calcule a dónde estamos hablando-, los romanos residentes aquí, tanto judíos como prosélitos, -los mismos temerosos de Dios-, cretenses y árabes, les oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios" Hechos de los Apóstoles 7,11.
Podemos decir que Pentecostés es el origen de toda la misión, podemos decir que en Pentecostés es donde se da esa transformación maravillosa según la cual, el pueblo que se sabía elegido, el pueblo que se sabía preservado y separado, se convierte en el pueblo que tiene que ofrecer a los demás pueblos, el pueblo que tiene que compartir con los demás pueblos eso que ha recibido.
Y esto significa también que sin la misión la elección queda incompleta, porque sin la misión una elección sería odiosa preferencia.Ustedes han oído varias veces, cierto que que sí, esa expresión en el Nuevo Testamento: "Dios no hace acepción de personas". Acepción de personas es lo que nosotros llamaríamos privilegios y preferencias.
En algunas familias lamentablemente sucede, -que no debería pasar-, lamentablemente sucede que por ejemplo el papá prefiere únicamente al hijo, tiene un hijo y una hija, y a la hija ni la voltea a mirar, únicamente le interesa el hijo porque el hijo es el que va a seguir con el negocio, porque el hijo es el reflejo de lo macho que el hombre es, porque el hijo es el que acompaña al papá. En cambio la niña es problemas, la niña es que toca cuidarla, la niña es frágil, esa es la idea que tienen en ese tipo de familia.
Eso es lo que se llama acepción de personas, el preferir arbitrariamente a uno y el rechazar arbitrariamente a otro, eso es acepción de personas. Y nos die la Escritura: "Dios no hace acepción de personas". Acuérdate, por ejemplo en la Carta de Santiago cómo pone el ejemplo pedagógico y dice: "Cómo es posible que en las asambleas de ustedes, si viene alguien bien vestido, adinerado y con anillos en los dedos, le dan un puesto de preferencia; mientras que si llega otro pobre le dicen: Quédate por ahí".
Y entonces no aceptamos y no acogemos, eso es lo que se llama hacer acepción de personas, y la Carta de Santiago es muy vigorosa en afirmar: "Dios no es así". Pero fíjate que en el Antiguo Testamento, si nos quedamos únicamente con esta palabra "elección", si nos quedamos únicamente con el término "clérigo", "y yo soy el elegido y yo soy el que tiene vocación", "y Dios me escogió a mí", si nos quedamos únicamente con esta palabra, da la impresión de que ese Dios hace acepción de personas.
Entonces ¿dónde termina esa idea de la acepción de personas? Cuando comprendemos que todo don de elección es un don para la misión. Entonces si Dios te ha dado algo que te hace distinto, lo ha dado para que desde esas nuevas posibilidades tú tengas un servicio distinto a los demás. Pero ese pensamiento sólo se completa con el Nuevo Testamento, porque en el Antiguo Testamento esa parte queda todavía en la bruma.
Hay pistas que se abren, ya dijimos el libro de Rut, ya dijimos algunos textos de Isaías, hay unas cuantas pistas que se abren. Pero si uno va a mirar las cosas, así con cierto rigor y con cierta objetividad, realmente el mensaje del Antiguo testamento es: "-Nosotros somos un pueblo que Dios ha preferido y que Dios ha elegido", "-¿y los demás pueblos?" "-A fregarse, no son elegidos, son paganos, son corruptos, están empecatados, no conocen la Ley". Uno siente que hay un algo demasiado extraño en ese modo de presentar el actuar de Dios.
Con el Nuevo Testamento esto cambia: sí, hay un pueblo elegido, claro que lo hay; y hay una raza elegida, por supuesto; pero ese pueblo ha sido elegido para ser instrumento, para ser, como dice Isaías, siervo: "Se trata de que seas mi siervo, de lo que se trata es de que me sirvas, es decir, que sirvas a mi plan, que sirvas a mi propósito, que sirvas a mi deseo, que sirvas a lo que anhela mi corazón".
Entonces ahí descubre uno la profunda unidad que hay entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Si ustedes quieren, como un modo de recordar esto, se puede hablara así, mire: se puede decir que el Antiguo testamento enfatiza el aspecto de elección, y el Nuevo Testamento el aspecto de misión. de modo que el Antiguo Testamento nos recuerda que hemos sido llamados por Dios, y el Nuevo Testamento nos recuerda que hemos sido llamados paras ser instrumentos, para ser servidores del plan que Dios tiene con los otros pueblos, del plan que Dios tiene con las demás naciones.
Esto hay que aplicarlo a los dones personales. Cada uno de nosotros tiene evidentemente talentos naturales y sobrenaturales, cada uno de nosotros ha tenido experiencias, ocasiones de aprendizaje, circunstancias de vida que nos han enriquecido o nos han enseñado mucho. El mensaje que surge de esto, el mensaje de este Pentecostés, es que eso que me hace especial sólo encuentra su razón de ser cuando está al servicio de otros.
Como dato curioso, que puede parecer inesperado en este momento: el Papa León XIII es recordado en la Iglesia entre otras razones porque con él se abre una veta de enseñanza que nosotros llamamos la doctrina social de la Iglesia. El Papa León XII escribió en el año 1891 la encíclica Rerum Novarum, y con esa encíclica se abrió ese camino. Pues fíjese usted que una de las ideas interesantes de Rerum Novarum, es que lo que se llamaba en esa época la "cuestión social" tiene su solución en este mismo esquema.
¿A qué se llamaba la cuestión social? La cuestión social era el nombre que se daba en el siglo XIX a un problema que se sigue existiendo también en nuestra época y que lo podemos sinterizar de este modo: da la impresión de que el avance de la sociedad, el progreso de la sociedad requiere que haya un énfasis en el capital, en la producción de dinero, en la acumulación de riqueza y en el avance tecnológico. Pero por otro lado, cada uno de esos factores se vuelven en contra de sectores muchas veces amplios de la población.
Por ejemplo, como denunció Marx a su modo: la acumulación de capital convierte a grandes sectores de la población simplemente en máquinas que trabajan para enriquecer a unos pocos; el avance de la tecnología hace que muchos productos mejoren, pero eso también significa una cantidad de gente desempleada. Entonces esa tensión entre lo que parece un avance de la civilización y lo que implica el empobrecimiento y casi la esclavización de sectores de la población, a eso se le llamaba "cuestión social".
La propuesta que hace el Comunismo frente a esa tensión, eso es lo que Marx llamaba la dialéctica, ¿no? Esa tensión que se presenta dentro de la sociedad. La gran solución que ofrece Marx es exacerbar esa tensión hasta el punto de la ruptura. Exacerbar esa tensión significa fomentar la lucha de clases, fomentar el odio, fomentar la división.
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