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Fecha: 20110512

Título:

Original en audio: 4 min. 22 seg.


Los Hechos de los Apóstoles nos cuentan del poder de Dios, pero no en general y en lo abstracto, sino en lo cercano, en lo concreto de la vida. A través de seres humanos concretos, pero de una manera maravillosa, Dios cambia lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Sólo Dios puede llegar a nuestras vidas y hacerlas diferentes, pero de tal manera, que los primeros que sentimos: "Ahora sí soy verdaderamente yo mismo", somos nosotros.

Es decir que, la transformación que hace Dios, es como quitarnos lo que no somos, y a la vez, llevarnos a la plenitud de lo que podemos llegar a ser. Esa plenitud, eso es lo que nos da el Espíritu. El hombre de Espíritu es aquel que se ha desprendido de todo aquello que no lo dejaba ser completamente, perfectamente sí mismo-

Un hombre de Espíritu es lo que aparece en el capítulo octavo de los Hechos de los Apóstoles. Este hombre llamado Felipe, uno de los diáconos de los que se habló en el capítulo sexto del mismo libro, es el que aquí aparece movido por la fuerza increíble de Dios; un hombre que ha sido tomado por el Espíritu de Dios y que es guiado por caminos insospechados.

Podemos decir que el Espíritu Santo no solamente obra en nosotros dándonos amor o conocimiento, sino que también obra conduciéndonos a aquellas circunstancias, llevándonos a esos encuentros, a esas personas, a esos momentos en los que va a brillar mejor la gloria de Dios. Así por ejemplo, Felipe se encuentra con un funcionario de una reina de Etiopía. Y este funcionario, que era un eunuco, percibe en su propia historia el paso de Dios; el instrumento es Felipe.

Este eunuco va leyendo la Palabra de Dios, un texto del profeta Isaías, y Felipe se acerca, movido por el Espíritu, y le hace una pregunta, que es tan importante para ese hombre, como es importante para nosotros: "¿Entiendes lo que vas leyendo?" Hechos 8.30, le dice. Este hombre estaba leyendo la Biblia, y él dice: "¿Cómo la voy a entender, si nadie me sirve de guía?" Hechos 8,31, eso también es verdad para nosotros.

Ciertamente, necesitamos una guía para comprender verdaderamente el sentido de la Escritura, es lo que hace exactamente la Iglesia. Esa idea que tenía Lutero de que la Biblia se interpreta sola, queda contradicha plenamente en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que tenemos como primera lectura el día de hoy.

¡No! La Biblia no se interpreta sola, la Biblia necesita de su casa, de su hogar, y el hogar, la casa de la Biblia es la Iglesia, es la comunidad creyente. Guiados por nuestros pastores, que a su vez han recibido ese encargo de otros y de otros hasta llegar a los mismísimos Apóstoles, nosotros, en la casa de la Sagrada Escritura, en la casa de la Biblia, percibimos la presencia de Cristo.

Eso le sucedió a aquel hombre, y eso quiere Dios que también nos suceda a tu y a mí, que guiados por la experiencia y por el amor maternal de la Iglesia, encontremos siempre al Cristo vivo, y siempre tengamos Pascua.