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Fecha: 20100102

Título: Aprendamos a valorar la riqueza que tenemos en nuestra Iglesia Catolica, La Eucaristia, Maria Santisima, el Sacramento de la Confesion

Original en audio: 32 min. 26 seg

Hermanos: La Navidad es un día pero también la Navidad es un tiempo litúrgico. El día de Navidad es el 25 de diciembre, el tiempo de la Navidad empieza ese día, el 25 y se prolonga hasta la fiesta del bautismo del Señor, esa fiesta, por ejemplo en este año que acabamos de empezar, caerá el día 10 de enero, eso es lo que llamamos en la Iglesia el tiempo de Navidad.

¿Y por qué tenemos un tiempo litúrgico para celebrar la Navidad? ¿Por qué son varios días? Bueno, el día 25 celebramos algo así como el cumpleaños de Jesús, nos alegra extraordinariamente, nos alegramos con el cielo de esa presencia del Hijo de Dios en nuestra tierra, pero esa celebración no puede quedarse simplemente en unas canciones o en un happy birthday, hay mucho más que celebrar y eso es lo que meditamos, eso es lo que reflexionamos en el tiempo de Navidad.

Qué significa que Dios haya llegado a nuestra tierra, que significa la presencia de Dios, que quiere decir aquello que oímos el día o la noche de Navidad, “el verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria” (San Juan 1, 14).

Y por eso, durante todo el tiempo de Navidad lo que estamos meditando es el misterio de la encarnación, la presencia de Dios entre nosotros, esa compasión infinita con la cual El se hizo uno como nosotros y padeció, ciertamente, no sólo al final de su vida sino desde el comienzo, padeció en las penalidades de su nacimiento, como sabemos por el relato del evangelio, ni siquiera encontraban un lugar, una posada; padeció también, lo vimos en la fiesta de los inocentes cuando tuvo que salir perseguido a muerte, ¡por Dios que cosa esa! un niño perseguido a muerte que tiene que salir de noche con mil trabajos y dificultades hasta llegar a un país extranjero donde se establecieron sus padres por un tiempo allá en Egipto.

Jesús es aquel que con esa humillación, con ese padecimiento nos reveló tantas cosas, sobre todo nos reveló su cercanía la gran pregunta que tiene el corazón humano es el sufrimiento y la respuesta que Dios le da al sufrimiento no es una explicación, no es una teoría, Dios responde al sufrimiento acompañándonos en el camino del sufrimiento y venciendo a nuestro lado el sufrimiento, la gran respuesta de Dios al dolor del mundo no es una teoría económica, ni una teoría filosófica, la respuesta de Dios al dolor del mundo es su caminar, su peregrinar, su hacer el camino con nosotros, El hizo el camino del dolor con nosotros lo hizo hasta el extremo de la cruz, hasta el extremo de la humillación, la tortura y la muerte.

El misterio que empieza con la encarnación se profundiza hasta llegar al misterio del dolor, es decir, la humillación de Dios que se hace hombre, se prolonga en la humillación del hombre que se hace dolor y en el dolor que se vuelve muerte y allá en lo profundo del sepulcro, en lo profundo de la tumba está el último extremo de la humillación del hijo de Dios.

Ver a Dios tendido en una tumba fría y sola después de haber padecido tortura y muerte, ese es el colmo de la humillación y ese es el término de la encarnación. Así Cristo acompañó todas las dimensiones del dolor humano y no hay ser humano que padezca y que no pueda ver a Cristo y decir El es como yo.

Todos nosotros necesitamos esa mirada hacia Jesucristo y si no la hemos necesitado hasta este día, pues ciertamente la necesitaremos pronto a través de la enfermedad, una quiebra económica, la traición de un amigo, la ruptura de un matrimonio, un negocio que sale mal, un secuestro.

A través de tantas cosas que pasan en la vida, nosotros nos encontramos arrinconados en el dolor, sentimos que nos hemos quedado sin camino, nos sentimos perdidos y la respuesta de Dios en ese momento no es darnos un discurso ni una teoría sino ponerse a nuestro lado, caminar con nosotros, que así estemos en lo profundo del sepulcro, que así llegáramos a lo profundo del dolor, del frio y de la noche, allí está también Jesús, allí está también el niño, allí está también el que se humilló en Belén y se humilló en el calvario y ese que está a nuestro lado, no se queda ahí en el sepulcro, nos da una mano, una mano de hermano, un hermano de amigo y desde ahí nos levanta para que nosotros podamos participar de su victoria.

El quiso participar de nuestros dolores para que nosotros participáramos de su gloria, El quiso participar de nuestros fracasos, frustraciones, heridas incomprensiones, todo eso cayó sobre El especialmente en el momento de la cruz y El quiso recibir todo eso para que cada uno de nosotros pudiera mirar esa piel del hijo de Dios y decir, ahí estoy grabado yo, mi historia está descrita, está grabada en la piel del hijo de Dios, El es como yo, El me conoce el mejor que nadie puede acompañarme, El ha hecho el camino del dolor conmigo y yo me levanto o es decir, El me levanta para que yo participe de su victoria. Este es el misterio de la encarnación mis hermanos.

Hay unas afirmaciones filosóficas muy importantes, cuando decimos por ejemplo que Cristo es una persona en dos naturalezas, cuando hablamos de la unión hipostática, estos términos de la filosofía y de la teología son importantes; pero para nuestro caminar diario, para nuestra fe, lo más importante es recordar esto, Cristo se encarnó para hacer el camino a mi lado, para caminar a mi lado, para que yo pudiera comprender que cualquier cosa que a mí me suceda encontrará siempre compañía, consejo, bálsamo de consuelo en Jesucristo.

Pero Cristo no solamente me acompaña en el dolor, Cristo también me levanta así como El quiso participar de mis dolores quiere que yo participe de su victoria, este es el maravilloso intercambio de la encarnación leída desde una perspectiva existencial, Cristo se vistió de nuestros fracasos, de nuestros dolores, de nuestras incomprensiones, Cristo recibió lo nuestro para darnos lo suyo recibió lo nuestro ¿y qué es lo nuestro? Nuestras caídas, nuestras incoherencias, las llagas que llevamos en el corazón, los dolores que nos afligen, las lagrimas que nadie podría secar, eso es lo que Cristo ha recibido de nosotros.

Pero Cristo nos ha dado lo suyo el recibió lo nuestro y El nos da lo suyo y lo suyo que es? Lo suyo es la sublime paz de un corazón que está fundado en Dios, lo suyo es la certeza de que somos hijos del creador del universo, lo suyo es la fuerza del Espíritu Santo para vencer al pecado y a nuestros enemigos en esta tierra y para reinar para siempre en el cielo.

Cristo aceptó a vivir en esta tierra para que nosotros pudiéramos reinar con el siempre en el cielo, ese es el misterio de la encarnación y hay que permanecer en esta fe y no hay que cambiarla y no hay que dejar que nos la cambien, porque hay personas que por no valorar estos tesoros de la encarnación los dejan perder, eso es lo que nos dice la primera lectura del día de hoy tomada de la Primera Carta de Juan, mira lo que dice esto, “os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros”  (1 Juan 2, 26) esto es muy importante hermanos, hay que saber que hay gente que trata de cambiarle la fe a uno o trata de que uno pierda la fe, y ese es un engaño y hoy te advierto solemnemente, ¡cuidado con los que tratan de engañarte! 

Hablemos un poco de cuáles son los engaños que nos acechan en nuestro tiempo, el primer engaño es sencillamente perder la fe, hay personas que descorazonadas por el dolor y la injusticias que ven en el mundo llegan a renegar de Dios, quizás por una tragedia que les ha sucedido en su propio hogar, un hijo que nace con una enfermedad o deficiencia grave, un fracaso económico, perdí el dinero de toda mi vida, la traición de alguien que no me lo esperaba, una pelea de familia que deja heridos a todos, un matrimonio que se destruye ante la mirada impotente de los miembros de esa familia, esos desengaños y el hambre que vemos en los niños de África y los desastres y calamidades naturales y la violencia que se ejerce contra los inocentes en muchos sitios incluyendo sobre todo en los niños que no han nacido, niños abortados.

Todos estas dolencias de nuestro mundo hacen que algunas personas sencillamente renieguen de Dios y apenas uno piense en renegar de Dios ya hay un ejército de ateos que se presentan con cara de gente importante, con cara muy seria, diciendo que la ciencia demuestra que Dios no existe o que por lo menos es muy improbable, diciendo que nosotros los seres humanos somos el fruto del azahar, que no hay ningún plan, que no hay ningún futuro, que no hay ningún cielo, que lo único que hay es esta tierra y lo que uno pueda disfrutar y cuando no pueda disfrutar suicídese mi hermano; porque para eso ya hay países que tienen legislación que facilita el suicidio con un nombre elegante, Eutanasia.

Así que ahí hay unos que nos quieren engañar, hay unos que quieren que nosotros perdamos la fe, hay nombre muy ilustres, grandes científicos que daño por Dios hacen estos personajes tan inteligentes cuando ponen su voz no al servicio de darle la gloria al Dios que los creó a ellos sino que ponen su voz al servicio de la incredulidad, de la secularización o de insultar a la santa Iglesia, entre estas voces tan importantes y tan autorizadas que hacen tanto daño.

Me lamento yo que se encuentre ese gran científico colombiano llamado Rodolfo Llinás, que portento de inteligencia, que hombre tan brillante y que dolor tiene mi alma de ver que este hombre en vez de utilizar su inteligencia para alabar a Dios que le dio todo lo que él tiene, se la pasa por ahí negando a Dios y negando a la Iglesia y diciendo que la religión es un estorbo para el conocimiento ¿te das cuenta que sí hay algunos que nos quieren engañar? Y tienen voces muy persuasivas y tienen voces muy seductoras.

Otros en cambio nos quieren engañar con el tema aparentemente simpático de la suerte, el destino, el futuro, que cosa tan pegajosa como si fuera una epidemia por todas partes nos están ofreciendo métodos de adivinación, lectura de la mano, el horóscopo, la suerte, el tarot, póngase este fetiche, cuélguese esto, hágase este baño de hierbas.

Si ese lenguaje de los grandes científicos quiere perturbar la fe de las personas con alguna instrucción, por ejemplo estudiantes universitarios, este otro lenguaje de los horóscopos y la brujería tiene un encanto muy grande en la gente sencilla, que así se deja embaucar venden su fe por un plato de lentejas, la fe que nosotros tenemos no es fe en lo que digan unas cartas, no es fe en lo que digan los astros, no es fe en lo que digan los fetiches, que usar una pata de conejo para que le de suerte a uno si no le dio suerte al pobre conejo difícilmente le va a dar suerte a uno.

Así que mis hermanos hay gente que quiere perturbar la fe, y los ateos nos dicen que como puede haber un Dios si hay tanto dolor y yo les respondo “como puede haber un Dios que haya recibido tanto dolor” esa es la gran pregunta, la gran pregunta no es por qué hay dolor en el mundo sino porque hay dolor en el Dios que creó el mundo el Dios que ha venido a nuestra tierra, el Dios que nacido de las entrañas de María nos ha dado la salvación a precio precisamente de recibir sobre si el castigo que nos trae la paz como dice el profeta.

La gran respuesta al sufrimiento mis hermanos, es preguntarnos por que sufre Cristo, lo verdaderamente extraño no es que haya dolor en el mundo, si miramos las criaturas de este mundo todas padecen dolor, si miramos en donde se origina el dolor lo encontramos unido a los ciclos naturales como la alimentación y el hecho mismo de nacer y morir, lo extraño no es el dolor lo extraño y maravilloso es que Dios haya querido asumir, recibir ese dolor para redimirlo y para levantarnos a nosotros.

Y en cuanto a ese cuento de la brujería y de los horóscopos yo te voy a decir una cosa, las manos que hay que mirar no son tus manos ni las líneas que aparezcan en tus manos, las manos que hay que mirar son las manos de Jesús y no son las líneas de Jesús sino los huecos, las llagas, el agujero de los clavos.

Si lo que quieres es mirar manos, tú tienes que responder que las manos en las que está tu futuro no son las rayas de tus manos sino los agujeros de las manos de Cristo, en esas manos está tu futuro, en esas manos está tu salvación y el signo que marca tu vida no es un grupo de estrellas en la vía láctea por allá en el firmamento, el signo que marca tu destino no es ningún Acuario o Aries, nombres paganos tomados de la imaginación de personas desocupadas que querían ver figuras en esos puntos luminosos del firmamento.

El signo que marca tu vida es el signo de la cruz, la señal que marca tu futuro no es lo que salga en unas cartas donde un brujo, un oportunista quiere quedarse con los pocos pesos que has ahorrado, el signo, la señal que marca tu vida es la señal del cristiano, la señal de la cruz.

Entonces ya ves que sí hay algunos que quieren engañarnos, enciende uno el aparato de la televisión para los que tienen televisión, porque yo me liberé de ese aparato hace un tiempo, enciende uno el aparato de la televisión y salen una cantidad de personajes que se llaman cristianos, dicen ellos, están usurpando esa palabra, hay gente que dice estas expresiones, una tía mía era católica; pero se volvió cristiana, cuando oigo eso me hierve la sangre ¿es que no conoces lo que significa ser católico? ¿Cómo así que era católica y se volvió cristiana o sea que no era cristiana cuando era católica?

No le hagas el juego de lenguaje a esos protestantes se llaman, protestantes de todos los colores y sabores, evangélicos, pentecostales, episcopalianos, anglicanos, todos esos se llaman protestantes, son los que han nacido en el siglo XVI con la reforma protestante, esos son los protestantes y ahora ellos quieren decir que son los verdaderos cristianos y mientras tantos los católicos tontos le hacen el juego utilizando el siguiente lenguaje, “mi tía era católica y se volvió cristiana” ¿es que usted no entiende su merced lo que está diciendo? ¿No se da cuenta que está diciendo que su tía no era cristiana cuando era católica?

Bueno, esos protestantes que se llaman a sí mismos cristianos y que tienen embaucados a mucho católico para que siga diciendo la misma expresión, esos protestantes también quieren cambiarte la fe, si quieres volverte protestante vuélvete protestante y te voy a decir lo que vas a perder: vas a perder la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, si nunca has valorado la Eucaristía ¡vete a donde los protestantes! Allá ellos tampoco quieren la Eucaristía, si eres católico y nunca aprendiste a amar la Eucaristía ¡vete! ¡Pronto vete! Ellos tampoco aman la Eucaristía.

Si tú no sabes lo que es el ejemplo, la intercesión y la santidad de María Santísima ¡vete! ¡Vete pronto! Vete a esos grupos, allá ellos tampoco quieren a la Virgen, si eres católico pero no valoras lo que tienes ¡vete! Vete a ver si por lo menos allá aprendes algo.

Claro que mejor sería que más bien reformaras tus costumbres y aprendieras a amar la divina Eucaristía donde está nuestro Señor Jesucristo presente en cuerpo, alma, sangre y divinidad y mejor sería que aprendieras a amar lo que significa esta Santa Señora. Yo no entiendo como la gente se hace protestante, dicen que se hacen protestantes para encontrase con Jesucristo, para amar a Jesucristo y es que no se dan cuenta que la mejor biblioteca del amor de Cristo está en ella, en María.

¿No dice la misma Biblia que María conservaba todas estas cosas en su corazón? ¿No dice la misma Biblia que María es la persona que conoce mejor a Jesucristo? y estos protestantes dejan a la Virgen, dejan la mejor biblioteca del amor cristiano.

Si tú no sabes lo que es el sacramento de la confesión, si tu niegas el sacramento de la confesión desautorizando así la palabra de Jesucristo que dice en el evangelio de Juan 20,23 dice a los apóstoles “a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados” (San Juan 20, 23) si tu no crees en la confesión y por lo tanto desautorizas a Jesucristo ¡vete! donde esos grupos protestantes ¡vete!, nunca amaste la confesión, ellos tampoco la aman, que se vayan que vamos a hacer, rezaremos por ellos y por todo el mundo, que se va a hacer, que remedio queda.

Pero si eres un católico que ha aprendido a amar su fe, si eres consciente de que la palabra de Cristo está por encima de la palabra de los pastores protestantes, entonces sabes perfectamente que el sacramento de la confesión es una institución de Jesús.

Y dice la gente - yo como le voy a decir mis pecados a un sacerdote que también es pecador- ellos hacen esa pregunta y yo les podría responder alguna cosa, pero mejor no respondo, sino solamente les digo “vaya y pregúntele a Cristo hermano; porque Cristo fue el que dijo eso” Cristo fue el que dijo a sus apóstoles “a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados” (San Juan 20, 23).

Respóndame Señor protestante lo que le voy a preguntar, ¿cuándo Cristo dijo eso estaba pensando en un poder que era únicamente para esos doce hombres u once hombres que estaban ahí de modo que cuando ellos se murieran se acabara eso? ¿esas palabras las dijo Cristo únicamente para esos once hombres, para que ese poder muriera cuando ellos murieran? ¿en qué cabeza cabe eso?

Es obvio que aquello que dijo Cristo a sus Apóstoles tenía que pasar a los sucesores de los Apóstoles y los sucesores de los Apóstoles que han recibido lo que se llama la ordenación por la imposición de manos, esos son los señores obispos, es decir, que ese poder de reconciliación, ese poder de perdón lo ha dado el mismo Cristo.

Cuando usted viene al sacramento de la confesión usted no está pensando en que el padre Germán Buitrago o el padre Zárate o el padre Alexander Rincón o el padre Nelson Medina lo va a perdonar, seguramente yo soy peor que usted, yo no voy a discutir eso, pero es que el perdón que yo le voy a dar no es mi perdón, yo quien soy por Dios, yo soy otro pecador, pero he recibido con el don de la ordenación sacerdotal una participación, una colaboración en el ministerio de los obispos.

¿Entonces por que nos vamos a dejar engañar? ¿por que hay católicos que no valoran su fe, por qué? Mire, aquí dice “hijos, permaneced en él para que cuando se manifieste tengamos plenamente confianza y no quedemos avergonzados lejos de El en su venida” (San Juan 14, 21).

Cuando venga Cristo, y se le presente a un católico que se volvió protestante y que nunca volvió a confesarse, Cristo le hará esta pregunta, dejé para salud de tu alma el sacramento de la confesión ¿lo aprovechaste? ¿Qué va a responder ese Señor que se volvió protestante, que va a responder ese que abandonó la Iglesia Católica, que va a responderle a Jesús? cuando Jesús le diga “te dejé como alimento de vida, la divina Eucaristía y te dije claramente “el que no come de este pan el que no bebe de esta sangre no tiene vida” (San Juan 6, 54) ¿por qué rechazaste mi sacramento? ¿por qué no volviste a comulgar? ¿por qué habiendo recibido instrucción y habiendo hecho una primera comunión por que dejaste morir esa fe? ¿qué va a pasarle a ese católico cuando Cristo le pregunte esas cosas? ¿y por qué no volviste a comulgar y por que me rechazaste por que rechazaste el regalo de mi amor? así le va a preguntar Cristo a esa persona, yo estaba ahí en el sagrario esperándote ¿por qué nunca me visitabas? yo estaba en el altar regalándome como alimento para ti, para que tuvieras vida en mi nombre ¿por que me rechazaste?

¿Y qué va a decir ese pobre ex católico ese que abandonó la Iglesia Católica que va a decir? Y cuando Cristo se le presente al que se volvió ateo y le diga por ti padecí todo el sufrimiento del mundo quise cargar sobre mis espaldas el dolor para que tu y yo juntos saliéramos del abismo para darte una participación de mi gloria,¿ por qué rechazaste mi cruz? ¿por qué rechazaste mi sangre si precisamente te ofrecí mi dolor para que pudieras creer en mí, si precisamente te ofrecí mi dolor para que supieras que te amo y que aunque la vida es dura si nos damos la mano yo te levanto, porque soy el hijo del Altísimo, porque en mí reside todo poder y gloria como te lo conté en el evangelio de Mateo.

Ateo, tu que perdiste la fe que le vas a responder a Jesucristo que le vas a responder en ese día.

Por eso mis hermanos hoy tenemos que hacer un solemne compromiso y el solemne compromiso es este no voy a vender mi fe por un plato de lentejas, no voy a dejar que me cambien la fe, voy a permanecer, voy a permanecer en el Señor, no voy a dejar que me cambien.

Mira lo que dice la primera lectura de hoy, “en cuanto a vosotros lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros” “lo que lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros “ (San Juan 2, 24) que fue lo que oíste desde el principio joven católico, ¿qué fue lo que oíste desde el principio? que hay un Dios, que hay unos divinos mandamientos, que hay unos divinos sacramentos, que hay que vivir en obediencia respeto y en la presencia de Dios y que cuando uno se equivoca tiene que arrepentirse y recibir el perdón a través del sacramento eso fue lo que te enseñaron de niño, eso fue lo que te enseñaron desde el principio y mira lo que te dice la Biblia hoy “lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros” (San Juan 2, 24) si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre y esta es la promesa que el mismo nos hizo, la vida eterna.

Hoy es un día entonces para dos cosas para valorar el misterio de la encarnación y para hacerse el propósito, no me voy a dejar engañar ni por los brujos, ni por los protestantes, ni por los ateos, ni por nadie que me venga a marear la cabeza con cosas raras, llámese testigo de Jehová, mormón, hare Krisna, hinduista, budista, confusionista o el que sea no voy a dejar que me mareen la cabeza voy a permanecer en lo que he oído desde el principio porque eso que he oído desde el principio tiene una promesa de vida eterna.

Hermanos, que este día al amparo del amor y de la oración de María Santísima la madre de Cristo, como la llama San Agustín la madre del Cristo total y en el Cristo total está Cristo cabeza el que murió en la cruz y estamos nosotros que somos sus miembros. María es la madre del Cristo total aquí cerca del corazón de María Santísima, la madre del Cristo total hagamos promesa solemne de valorar nuestra fe, de conocerla, apreciarla difundirla hagamos promesa de propagar con la frente en alto que es lo que creemos, hagamos promesa de vivir agradecidos por el don que hemos recibido y que tiene promesa de vida eterna. Amén.