Ksce006a
Fecha: 20100220
Título: ¿Que tanto tenemos nosotros de publicanos, de fariseos y de escribas?
Original en audio: 23 min. 24 seg
REVISAR EN AUDIO
Queridos Hermanos,
El evangelio de hoy es una excelente oportunidad para conocer un poco cuáles eran los grupos que había en tiempos de Jesús, porque todos ellos, fariseos, publicanos, escribas, saduceos, todos ellos eran de la misma raza, todos ellos creían en el mismo Dios, todos ellos admitían la Ley de Moisés, pero eran muy diferentes unos de otros.
Y es muy interesante ver cómo Jesús va tratando a estos distintos grupos de personas. A mí me parece que una explicación como esta es bastante útil, bastante necesaria también, para que nosotros cuando escuchemos el Evangelio, no lo oigamos como algo lejano, externo, como una historia que se queda en el pasado.
Vamos a ver que estos grupos en realidad representan tendencias profundas del corazón humano, y cuando nosotros estudiamos la manera como Jesús se relacionó con estos grupos de personas, también vemos de qué manera Jesús responde a esa clase de anhelos que también nuestro corazón tiene.
Empecemos por los publicanos, dado que este hombre llamado Leví era un publicano, es el mismo que se llama Mateo, es la misma persona; es decir, se trata de aquel que después se convertiría en un gran Apóstol, y también Evangelista. Tenemos el Evangelio según San Mateo, y ese hombre es el que aparece en el evangelio de hoy.
¿Quiénes eran los publicanos? Los publicanos eran trabajadores para el Imperio Romano. Eran judíos de nacimiento, pero trabajaban para el enemigo, trabajaban para el poder invasor. Eran los que cobraban los impuestos.
Obviamente, la gente les tenía odio, no solamente por este fastidioso trabajo de oprimir y tratar de exprimir hasta el último recurso, especialmente de las personas pobres. La gente les tenía rabia sobre todo porque veía en ellos traidores. Y esto es lo que hace más notable y a la vez más extraño que Jesús viendo a este hombre Leví en el mostrador de los impuestos, a él le dice: “Sígueme” San Lucas 5,27.
¡Qué impacto tuvo que haber tenido esto en la gente de aquel tiempo! Repito, los publicanos eran vistos como gente vendida al enemigo, y que Jesús le diga a un publicano: “Sígueme” San Lucas 5,27, es como escoger lo peor de lo peor. Por eso la extrañeza de otros, que eran los fariseos y los escribas.
Bueno, ¿y qué características tenían estos? Hablemos de los escribas. Escribas o escribanos son aquellas personas en los pueblos antiguos que tenían el raro privilegio de saber leer y escribir. Para nosotros es una cosa casi natural. La gran mayoría de nosotros, aunque hayamos tenido unos pocos años en la escuela, tenemos la capacidad de escribir algunas cosas y podemos leer.
Pero en el mundo antiguo sólo un porcentaje pequeño de personas tenía esta habilidad, y estos eran los escribas. Eran aquellos que tenían, entonces, la llave del saber. Además, tengamos en cuenta que la religión judía era una religión basada en la Escritura. Esto quiere decir que únicamente el que sabe leer tiene capacidad para acceder directamente a la fuente. Los demás, el resto del pueblo no sabía qué hacer, no podían hacer nada con los rollos de la Ley. Las demás personas dependían completamente de los escribas, porque la demás personas no sabían leer y escribir.
Esto quiere decir que los escribas tenían bastante poder, y ellos eran conscientes de ese poder. De hecho, se consideraban a sí mismos algo así como la aristocracia del saber, ellos se consideraban como los entendidos, los más inteligentes, y sobre todo, los que sí conocían la voluntad de Dios. Porque, repito, ellos eran los que sí podían leer directamente la Escritura. Esos eran los escribas.
5:00..........A los escribas les fastidiaba bastante la persona de Cristo, porque como ellos eran relativamente pocos en número; entonces podemos decir que internamente tenían la organización como de un club exclusivo. Tú sabes lo que sucede cuando la gente tiene esa sensación de pertenecer a la crema; a lo más elegante; la ropita limpia del pueblo. “Nosotros somos la crema”
Eso hacía que estos escribas miraran con desconfianza a Jesús, porque ¡claro! Los escribas tenían el poder de La Palabra. El poder de la enseñanza, y para llegar hacer maestro entre los escribas había que esperar muchísimo tiempo; había que estudiar mucho, porque ellos estudiaban no solamente la ley, sino también las interpretaciones más comunes de los maestros antiguos.
Por ejemplo, había un maestro que se llamaba Gilel, él era un gran maestro, y no sólo había que estudiar La Biblia, sino rollos, y rollos de interpretaciones de Gilel, y de otros maestros que también eran famosos en la época. Para llegar a ser maestro prácticamente había que gastar la vida. Los maestros nunca cobraban por su enseñanza. Para ellos su orgullo era, precisamente, el dar gratis esa enseñanza, pero muchos eran sostenidos por las limosnas, o el apoyo de sus discípulos.
También eran conocidos los más prestigiosos como “rabí” Los “rabinos” Ellos eran los grandes maestros. Jesús enseña, y es llamado rabí en el Evangelio. Pero resulta que Jesús no ha hecho el curso completo, entonces los escribas lo miran como un intruso. Algo así como un tegua, como un improvisado, como uno que se está metiendo en su área de experiencia.
Y entonces, son los escribas los que en varias ocasiones en el Evangelio le están poniendo trampas a Jesús, a ver cómo lo hacen quedar en ridículo, cómo le quitan discípulos, cómo demuestran que Él no sabe nada, porque los escribas tenían, sobre todo, ese sentimiento de vanidad, y de orgullo; se sentían muy seguros de sí mismos. Esos eran los escribas.
Jesús les dijo palabras muy duras, entre otras cosas, les dijo: “Ustedes se han guardado la llave del saber, y ni entran ni dejan entrar a nadie” Algo así como ese refrán que tenemos en castellano: “ni raja ni presta el hacha” Así les dice Jesús a los escribas: “ustedes ni encuentran a Dios en La Escritura, ni dejan que otros lo encuentren” Y Jesús los regaña con bastante vigor.
Bueno, y ¿los otros quiénes eran? Los fariseos. La palabra “fariseo” para nosotros significa sencillamente: “aquella persona que es hipócrita” Lamentablemente, esta era una característica que tenían muchos de ellos, pero ¿quiénes eran? ¿Era un grupo de personas que se reunía simplemente para ser hipócrita? Creo que no.
Los fariseos tenían un gran deseo: “la llegada del Reino de Dios” Es decir que se restaurara la presencia visible de Dios en Israel. Los fariseos querían, como en realidad lo quería todo el pueblo, que llegara el Reino de Dios, que Dios se glorificara, que Dios triunfara, que se viera la Gloria de Dios.
Pero la lógica de los fariseos era la siguiente: Nosotros estamos en esta situación espantosa, porque hemos sido infieles a la ley de Dios. Por eso la solución, pensaban ellos, es que aprendamos a cumplir estrictamente la ley de Dios.
Fíjese que la postura de ellos tenía una lógica. No era, simplemente, gente caprichosa. Decían: “si el problema es que no hemos cumplido la ley, la solución está en que sí cumplamos la ley de Dios” Pero esa lógica, ese razonamiento tan hermoso de los fariseos tenía dos o tres problemas graves:
En primer lugar, ellos no se quedaban únicamente con la ley de Dios, es decir con lo que había dicho Dios por Moisés, sino que alrededor de ese núcleo que es la ley de Moisés habían crecido capas, y capas, y capas de interpretaciones. Es lo que Jesús llama en algunos pasajes: “tradiciones humanas” Y esto explica la buena relación que tenían los fariseos con los escribas.
Antes he dicho que los escribas estudiaban no solamente la ley, sino también las interpretaciones de la ley. Pues, los fariseos creían que había que obedecer a la ley de Dios, pero ellos miraban ésta, a través del lente de las interpretaciones de grandes maestros; pero esos grandes maestros, a veces, no se ponían de acuerdo.
Incluso, en cosas importantísimas, por ejemplo, en el tema del divorcio, decía un maestro famoso, que el hombre podía divorciarse de la mujer casi por cualquier motivo.
Por ejemplo, si la mujer le servía la sopa fría, esa esposa no sirve. Ya se puede divorciar de ella. Mientras tanto, otros decían que el divorcio sólo se podía conceder en casos muy graves, como el adulterio repetido.
Entonces, estos maestros de la ley no se ponían de acuerdo, y los fariseos vivían navegando entre esas interpretaciones humanas hasta el punto que ya casi no importaba la ley que Dios les había dado por boca de Moisés. Lo que importaba eran esas interpretaciones humanas que a veces la contradecían.
Por ejemplo: si Moisés decía que no se puede descuidar al papá, y la mamá, sino que hay que cuidarlos, porque es un deber de justicia. Había una tradición interpretativa que decía lo siguiente: “papá lo que yo iba a usar para ayudarte a ti lo tengo ofrecido al templo, entonces ya no te lo puedo dar” Pero resulta que ofrecían las cosas al templo de Dios pero seguían administrándolas. Es decir hecha la ley, hecha la trampa, ¿no?
Más o menos el razonamiento de ellos era, vamos a poner un ejemplo aquí simplificado en dinero colombiano: “estos veinte millones de pesos que tengo libres yo se los voy a dar a mi Dios, pero para que ese dinero le crezca a mi Dios yo se lo administro”
Entonces resulta que ese dinero ya no es mío, porque ya se lo di a Dios. Como ese dinero es de Dios, entonces ya no sirve para ayudar a los papás. Pero, como yo administro de todas maneras me sigue sirviendo a mí.
Uno se da cuenta que esa manera de darle vueltas, y de retorcer la ley, únicamente sirve para hacer trampa, y los fariseos tenían una cantidad de trampas de estas: ¿qué cuánto se puede caminar en un sábado? ¿Si se pueden recoger espigas en el sábado? ¿Si se pueden hacer curaciones en el sábado?
Los fariseos también resultaron en muchos encuentros, dificultades, y tensiones con Cristo, porque para los fariseos todas estas interpretaciones, a veces, retorcidas tenían más peso que La Palabra misma de Dios. Jesús les dice: “ustedes se han olvidado del precepto de Dios, y han puesto en primer lugar esas tradiciones humanas”
Otro problema de los fariseos, no solamente ellos, sino todo el pueblo era considerar que para que el reinado de Dios llegara, tenían que hacerle caso a la ley, y por eso los fariseos fueron los primeros en perseguir a los cristianos.
Por ejemplo, el apóstol San Pablo fue fariseo y creía que tenía el deber de perseguir a los cristianos, porque los cristianos eran como una distracción, pues ellos enviaban un mensaje que no coincidía con el mensaje de los fariseos.
El mensaje de los cristianos era que hay que acoger La Palabra de amor que Dios nos ha dado en Jesucristo. Hay que creer en ese amor; y ahí tenemos el perdón de los pecados, y ahí en ese mensaje cristiano no cabía toda esa teoría de los fariseos sobre ser estrictos, y sobre obedecer la ley, y todas las interpretaciones que a ellos se les ocurrían.
Entonces, los fariseos se dan cuenta que el mensaje de los cristianos lo que hace es como distraer del proyecto que ellos tenían, y por eso, entran en conflicto serio con los cristianos. Los fariseos fueron de los primeros en perseguir a los cristianos, porque miraban al cristianismo como una distracción espantosa, casi idolátrica.
El tercer problema que tenían los fariseos es que como ellos se consideraban los buenos, pues, miraban con desprecio a todos los demás. Los fariseos consideraban que ellos eran los que sí entendían la ley, y si obedecían la ley.
Por consiguiente, los demás eran unos ignorantes despreciables. ¡Qué error tan grave al llenarse de orgullo y de desprecio! Estaban contradiciendo ciertamente el querer de Dios, y estaban contradiciendo uno de los mandamientos más importantes de la ley de Dios, aquello de amar al prójimo como a sí mismo.
Bueno, esos eran tres de los grupos que habían en aquella época: los fariseos, y los escribas que estaban muy asociados, y luego los publicanos que eran vistos como enemigos públicos.
Conociendo estas cosas, mis hermanos, uno se ubica más fácilmente al leer La Palabra de Dios. Creo que así podemos entender mejor el mensaje que da Jesucristo al final; “yo no he venido a llamar a los justos” San Lucas 7,32.
Porque, resulta que los fariseos se consideraban los buenos. Los justos. Ellos creían que eran los sanos, mientras que el resto del mundo estaba enfermo, y Jesús les dice: “pues yo no he venido a buscar a esos justos, yo no he venido a buscar a esos sanos, yo he venido a buscar a los enfermos, yo he venido a buscar a los pecadores” [:Categoría:Lucas 007_031-032|San Lucas 7,31-32]]. Acojamos, hermanos, este mensaje de Cristo.
Yo te hago esta pregunta: ¿cuánto tienes y cuánto tengo yo, quizás, cuánto tenemos nosotros de fariseos? ¿No será que muchas veces también caemos en esa cantidad de hipocresía, y queremos aplicarles todo el peso, y la dureza de la ley a otras personas, mientras que lo nuestro si lo justificamos fácilmente todo?
¿Cuánto tenemos nosotros de escribas? ¿Cuántas cosas buenas nos ha dado Dios? ¿Somos generosos para compartirlas? ¿Las compartimos con sencillez, y pureza de corazón, o simplemente utilizamos nuestros conocimientos como una especie de torre en la que nos subimos para juzgar a todo el mundo, y para creernos mejores que los demás?
¿Cuánto en nosotros hay de publicanos? ¿Somos de los que trabajamos para el enemigo? ¿Cuáles son los imperios de nuestra época? ¿Cuáles son las tiranías, y las idolatrías de nuestro tiempo? ¿Estamos trabajando, quizás, sin darnos cuenta para esas tiranías, para esas idolatrías de nuestro tiempo?
Cuando ayudamos a que otras personas caigan en el pecado, o no le damos ejemplo, o propagamos inconscientemente, sin darnos cuenta del peligro que está ahí la moda, solamente, porque es lo que se usa. ¿Ahí a quién estamos sirviendo? ¿No será que estamos sirviendo a los imperios enemigos?
Yo le doy, solamente, dos ejemplos. En esto de la moda hay una cantidad de irresponsabilidad. Ya va disminuyendo, gracias a Dios, pero hace unos meses había una moda en las niñas de vestirse, y que se les vieran los calzones, y entonces, las mamás tienen que vestir así a las hijas, porque esa es la moda.
No nos damos cuenta que cuando nos arrodillamos delante de la moda, porque es la moda, estamos sirviendo al enemigo, estamos sirviendo al imperio extranjero, y no me refiero aquí tanto a otros países, o empresas multinacionales, sino me refiero a esos enemigos del evangelio de Cristo, y enemigos del alma.
Cuando nosotros repetimos algunas ideas como por ejemplo que yo soy hombre, y entonces, tengo derecho a tener cuantas viejas se me ocurra. Ese machismo autoritario, irresponsable, injusto que se ha propagado por generaciones, y generaciones que ha destruido hogares, que ha humillado mujeres, y que ha dejado un pésimo ejemplo en tantos niños, eso es servir al enemigo. Eso es servir al imperio que destruye La Palabra de Cristo.
Por eso tenemos que preguntarnos: ¿qué tanto tenemos nosotros de publicanos y de fariseos, y de escribas?
Más que juzgar a estas personas del tiempo de Cristo, lo que nos corresponde es examinar nuestros corazones, pedir perdón a Dios y más bien clasificarnos entre aquellos que necesitan de Cristo. Es decir, aquellos que Él llamó los pecadores y los enfermos.
Yo personalmente gustoso me matriculo en ese grupo. Gustoso admito que necesito de Jesucristo. Y solamente, deseo, mis hermanos, que todos hagamos lo mismo, que todos nos matriculemos en la escuela de Jesús para recibir de Él, para aprender de Él, para que Él haga su obra maravillosa en nosotros.
Amén.