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Fecha: 20110101
Título: cuando se cumplio el tiempo jesus vino a la tierra para romper nuestros circulos viciosos.
Original en audio: 27 min. 22 seg.
Estamos culminando la octava de navidad y hay una profunda relación entre el comienzo y el final de esta octava. El comienzo fue por supuesto la celebración de la misa de nochebuena, la misa de media noche, otros llaman misa de gallo.
Y luego, pues, tenemos la celebración de María Madre de Cristo; ahí se ve la relación entre el comienzo y el final de la octava, ¿no?
El comienzo: Cristo nacido de María; el final de la octava: María Madre de Cristo. Pero hay otras relaciones, también profundas, entre estas dos festividades: la de la Navidad y la de María Madre de Dios.
En la misa del día de navidad, la segunda lectura dice esto: “en distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas, ahora, en esta etapa final nos ha hablado por el Hijo”. Así empieza la carta a los Hebreos y ese fue el texto que tuvimos como segunda lectura en la misa del día de navidad.
¿Qué destaco yo? Que Dios había hablado muchas veces y de muchas maneras pero luego llega una etapa final y en esa etapa final nos ha hablado por el Hijo. Un proceso, una etapa final. Unos precursores y profetas y la llegada del Hijo. Guarde eso un momento en su mente.
Vayamos a la misa del día de hoy, la del final de la octava. Esta vez es San Pablo en su carta a los Gálatas, capítulo cuarto y dice así: “Cuando se cumplió el tiempo envió Dios a su Hijo nacido de una mujer”
¿Qué decía la carta a los Hebreos? Decía: Dios nos habló muchas veces pero llegó una etapa final y en esa etapa final nos ha hablado por el Hijo. ¿Qué dice la carta a los Gálatas? “Cuando se cumplió el tiempo Dios nos envió a su Hijo nacido de una Mujer”
Llama la atención entonces, esa idea de la etapa final de la Carta a los Hebreos, o ese tiempo cumplido del que nos habla la Carta a los Gálatas. Es que la noción misma de tiempo es distinta para esta cultura semítica en comparación con la noción que nosotros tenemos.
Para nosotros el tiempo es un número, si yo por ejemplo, me quedo callado, ustedes alcanzarán a escuchar el tic tac de un reloj que está indicando un número.
Para nosotros los tiempos son números que se miden en semanas, en días, en segundos, en micros segundos o en nanos segundos. Nosotros medimos el tiempo, nosotros pasamos el tiempo, le buscamos equivalentes al tiempo y el tiempo sigue siendo un número.
Curiosamente existe, por ejemplo en el ámbito de la informática, lo que llaman el tiempo, el tiempo unix, es decir el tiempo desde que empezó la era informática. Eso existe. Yo no me acuerdo la fecha exacta, es como mil novecientos setenta y algo. donde empieza el tiempo unix.
Y eso es un número y para algunos programas de computación y algunas aplicaciones de internet se utiliza ese tiempo, que es un tiempo que se mide en el número de segundos desde que empezó la era de los computadores. Y ese número va creciendo, por supuesto, 86.400 segundos cada día, que son los segundos que tienen nuestros días. Ese es el tiempo para nosotros, un número que va creciendo.
El tiempo en cambio para los semitas es una realidad que tiene color. Más que número tiene color, tiene calidad. Lo que importa en el tiempo, de acuerdo con esta mentalidad de los semitas, no es el número sino el qué.
Es decir es el aspecto cualitativo, si para nosotros todo el énfasis está en lo cuantitativo y por eso existe el tiempo unix y por eso existen todas esas cosas; para ellos lo que importa es el tiempo cualitativo y hay una palabra griega que indica ese tiempo, esa cualidad del tiempo, es decir, el tiempo como ocasión.
Más o menos lo que nosotros queremos decir con la palabra ocasión, eso es lo que ellos quieren decir con la palabra tiempo. Pero tiempo ahí no es cronos, que es lo que sirve para los cronómetros, la cronología, el cronograma.
Tiempo ahí no es cronos, sino que es kayrós. Esa es la palabra que se utiliza en la biblia para indicar la ocasión precisa, para indicar el momento adecuado, para indicar el conjunto de circunstancias que hacen posible, razonable, oportuno, algo. Ese es el kayrós.
Y eso es lo que quiere decir la Carta a los Hebreos cuando nos habla de la etapa final. Lo que nos está diciendo es que Dios se expresó de muchos modos. Pero llegó un kayrós, su kayrós, ¡el gran kayrós de Dios! que es el tiempo oportuno, el tiempo preciso.
Le digo otra palabra sinónima, el tiempo maduro. Maduro, es el tiempo que está indicando la ocasión exacta. Yo creo que nosotros a pesar de ser occidentales y de vivir con el cronómetro, yo creo que nosotros alcanzamos también a percibir este aspecto kayrótico, el kayrós lo alcanzamos a percibir también nosotros.
Por ejemplo, uno se da cuenta que hay veces que a uno le han dicho muchas veces un consejo, o una palabra, y uno como que no la ha entendido, pero llega un tiempo en el que uno dice: Ahora entiendo lo que me decía mi abuelo. Ahora si entiendo lo que me decía mi papá.
Además que los papás, los abuelos, las abuelas, acostumbran a hablar con refranes, entonces dicen: “En la puerta del horno se quema el pan”. Y uno dice, ¿pero cuál pan se va a quemar?, ¿pan quemarse?, ¿cuál pan? ¿de qué? ¡Uno no entiende!
Pero si por ejemplo llega un momento en el que uno estaba jugando un partido de fútbol y estaba a punto de ganar y uno iba dos por uno ganando y faltaban cinco minutos y en eso a los otros tipos se les ocurre empatar y no contentos con eso, en los último quince segundos meten el gol que lo condena a uno a ser un derrotado.
Entonces uno en ese momento, entre lágrimas de ira, rabia, no sabe uno que hacer. ¿A ver qué hago, a quién ahorco primero, al árbitro o al arquero? ¿Qué hago?
En esa incertidumbre uno se acuerda del refrán que decía la abuela: En la puerta del horno se quema el pan. Y en esa ocasión se junta la palabra y la historia. Se juntan la idea y la realidad y en ese momento la palabra ilumina al hecho y el hecho aclara la palabra
Ese es el kayrós, cuando la palabra ilumina al hecho. Jesús dijo en alguna ocasión a sus apóstoles “Les digo estas cosas antes de que sucedan para que cuando sucedan ustedes se acuerden”
Eso suena como un poco raro, suena como un trabalenguas casi, en español, pero para la mentalidad semítica no, lo que está diciendo Jesús es: les doy este secreto y cuando llegue el kayrós, eso va a alumbrar por sí solo. Y usted va a sentir que el hecho aclara la palabra y la palabra aclara el hecho.
Ese es el kayrós divino y uno tiene esa clase de experiencias y esa clase de experiencias son las que hacen que uno tenga algo que ya no es conocimiento sino que es sabiduría. Porque la palabra sabiduría en la escritura nunca se refiere simplemente a acumulación de conocimientos.
Por ejemplo en la biblia jamás se diría que un computador es sabio. En la biblia jamás se diría que un computador, por ejemplo, tiene sabiduría. Y sin embargo los computadores, sobre todo, si están conectados a internet, pueden responder muchísimas preguntas.
Ustedes saben que el gran reto de lo que se llama la tercera oleada en la web, es el reto semántico. Es lograr que el lenguaje natural engrane cada vez más con los conocimientos, es decir con la información que ya está en la red.
El ideal, para los interesados en el tema, lo ha trabajado hace muchos años, muchos años, una asociación, una empresa que lleva el apellido de su fundador, eso se escribe con doble v: Wolfram.
Ustedes busquen en internet la página de Wolfram y ustedes encontrarán que esta gente está trabajando hace mucho tiempo en que uno le pueda hacer preguntas a la red, preguntas en lenguaje natural, como preguntas incluso capciosas, como por ejemplo ¿cuánto subió el costo de vida en el año en que nació Steve Jobs? Y esta gente tiene los algoritmos para tomar una pregunta de esas, analizarla y decirle: en el año tal en que nació Steve Jobs el costo de vida subió tanto.
¡Eso es asombroso!, pero eso todavía no es sabiduría. Es un manejo pasmoso, admirable, de la información. Pero para la biblia una cosa es tener mucha información, mucho conocimiento, y otra cosa es ser sabio.
¿Quién es el verdadero sabio? El verdadero sabio es el que sabe traer la palabra al hecho y el hecho a la palabra. El verdadero sabio es el que sabe conectar las ideas con la vida y la vida con las ideas. El verdadero sabio no es el que conecta ideas con ideas, números con números, páginas web con páginas web, enciclopedias con enciclopedias.
La verdadera sabiduría está en conectar la verdad de la información con la verdad de la vida. Y curiosamente ese es el tipo de personas que uno necesita en los momentos críticos. Por eso uno busca el consejo de un amigo, por eso a veces uno necesita que lo escuchen personas de cierta edad.
Cuando yo era un poco más joven, -suponiendo que todavía sea joven-, cuando yo era un poco más joven me acuerdo que yo sentía cierta desazón cuando había gente que decía: pues yo sí quisiera confesarme, pero no con usted, yo necesito como un padre viejito.
Y siempre me quedaba a mí la inquietud: ¿por qué tenía que ser viejito? ¿Será por sordo?, puede ser, es una posibilidad. Pero tal vez la gente necesitaba el padre viejito no por eso, sino necesitaba alguien que tenga sabiduría.
Yo en mi orgullo, en mi vanidad, -que Dios tenga piedad de mí-, siempre me sentía un poco mal, porque yo decía: bueno ¿pero si tan sacerdote soy yo como él, por qué no puedo yo servirle con la confesión? No, es que yo busco un padre viejito. O tal vez era la manera de deshacerse de mí, no lo sé.
En todo caso la historia del padre viejito tiene su sabor porque resulta que a veces uno necesita el consejo de una persona, que como dice el refrán, -para seguir con refranes-: “esté un poco más allá del bien y del mal”.
Una persona que tenga como una visión con suficiente perspectiva. Pero tampoco es solamente la perspectiva, lo que uno busca en los ancianos, -y de este tema ustedes pueden conocer más en la Carta del Papa Benedicto XVI a los abuelos-. El Papa Benedicto tiene un discurso maravilloso destacando la figura del abuelo en la familia. Yo digo si muchas parejas modernas oyeran más la sabiduría de los abuelos habría menos separaciones.
¿Pero que es lo que sucede? Sucede lo mismo que aconteció en tiempos del caprichoso y voluntarioso Rey Roboam, que era un jovencito, hijo de Salomón, hijo de papi, consentido, mimado, no servía para nada.
Cuando tuvo que resolver un problema muy delicado de finanzas en el reino, buscó como consejeros a sus amigos de pandilla. Una manada de impúberes, los cuales no sabían ni donde estaban parados, más caprichosos que él. Quizás habían estudiado mucho, porque acuérdense que en aquella época era todo un privilegio el solo saber leer. Saber escribir y leer ya era un privilegio.
Quizás tenían ideas, pero les faltaba sabiduría. Muchos matrimonios se van a salvar si aprenden a hablar con los mayores. Hay sabiduría muchas veces en los mayores. No es una regla que carezca de excepciones sin embargo.
También existe sabiduría en el refrán que dice que “hay que tener cuidado con los que han envejecido en años y en pecado”, como dice el Libro del Profeta Daniel. Eso también pasa. Es decir que hay gente que los años solo le han servido para volverse más mañosa.
Pero en general, es buena idea buscar la experiencia, porque la persona de experiencia no solamente tiene más perspectiva y no solamente tiene una visión más equilibrada de los distintos aspectos del problema, sino que además es una persona que sabe conectar la palabra con la vida y la vida con la palabra.
Volvamos a nuestro tema: kayrós, el kayrós de Dios. El momento en el que sucede algo que no sucedía antes. Y yo quiero que terminemos esta reflexión haciéndonos esa pregunta y tratando de responderla.
Lo voy a plantear de este modo: la Carta a los Hebreos dice: “En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas, ahora en esta etapa final nos ha hablado por el Hijo”.
¡Pregunta!, si ya nos había hablado muchas veces y de muchas maneras por los profetas, ¿por qué no siguió hablando todavía de otras maneras? ¿O fue qué se le acabaron las maneras? o sea: ¿ya no había más maneras de hablarnos? ¡Claro que sí había!
O sea, porque la serie de los profetas se acabó, porque no podía seguir habiendo más profetas y más profetas y luego los otros profetas y luego nuevos profetas y otra cosecha de profetas. ¿Por qué Dios habiendo todavía nuevos modos de hablar, en un momento dado corta ese lenguaje.
Hay una ruptura, es lo que quiero destacar; hay una ruptura que es lo que queda indicado en la Carta a los Gálatas, capítulo cuarto, el texto de hoy: “Cuando se cumplió el tiempo”.
¿Qué es cumplirse el tiempo? ¿Por qué en un cierto modo Dios cambia de lenguaje? ¿Por qué si Dios venía hablando con los profetas, y entonces venía Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, -no se cuántos-, Sofonías, Zacarías, Abdías, Jonás. ¿Por qué Dios cambia? ¿Por qué Dios en un momento dado dice: no más? Pues eso se parece a cuando uno oye las historias de las personas que se convierten.
Cuando una persona se convierte al Señor también tiene una experiencia semejante. Por ejemplo, una persona era un alcohólico, lejos de ser un alcohólico anónimo era borracho conocido. Y esta persona que se embriagaba y volvía a la casa y se arrepentía, pero luego se volvía a embriagar, luego volvía y se arrepentía y luego se volvía a embriagar y luego volvía y se arrepentía.
Es decir, esa persona estaba en ciclos, estaba repitiendo, pero luego a esa persona uno se la vuelve a encontrar y está en un grupo de oración, deseablemente un grupo católico y la persona toma un micrófono y dice: voy a contarles mi testimonio.
Ustedes saben quien soy yo, soy una persona que he sido un bebedor toda la vida, aprendí muy pronto a beber y a beber en exceso, pero el Señor me ha transformado. ¡Yo llegué a un punto en que toqué fondo y le dije a Jesús: necesito tu auxilio, necesito tu ayuda! ¡Y el Señor se hizo presente en mi vida y para la gloria del Señor no he vuelto a beber! ¡Y la gente rompe en un caluroso aplauso!
Fíjense la expresión que la persona utiliza: estaba en un ciclo, pero ese ciclo se rompió y la persona lo expresa diciendo: ¡toqué fondo, toqué fondo!
Claro que el otro día leí un chiste muy inteligente de un francés que decía: hay gente que toca fondo y se pone a excavar. Pues en el caso de este borrachito, el hombre tocó fondo y no se puso a excavar sino que dijo: ¡hasta aquí, ya esto se acabó!
Y lo mismo lo dicen muchas otras personas. Las personas que se han convertido de sus pecados, el que era mujeriego, el que estaba en la droga, el que se metía en deudas. Normalmente personas que han sido presas de distintos vicios.
Entonces ya usted ve el contenido existencial que tienen estas reflexiones que estamos haciendo. Esto no es únicamente ponerse uno a revisar textos de la biblia, es preguntarse uno ¿por qué en la vida de uno existen tantos ciclos?
Porque fíjate que eso era lo que pasaba, dice la Carta a los Hebreos: en distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente por medio de los profetas. ¿Y qué era lo que pasaba en esa época? Que Dios hablaba por medio del profeta, la gente dizque, dizque se convertía, no les duraba mucho y vuelta y juega y caiga. Y Dios manda a otro profeta y vuelta y juega.
También parece que el pueblo tenía que tocar fondo y parece que cuando la humanidad tocó fondo Dios envió a su Hijo. Parece que eso fue lo que sucedió. Parece que Cristo ha venido a esta tierra cuando la humanidad tocó fondo. Parece que Cristo sale del fondo del fondo. Parece que Cristo sale de lo más profundo de la frustración, de la rabia, del fracaso de lo que significa ser humano. Parece que desde ese fondo, fondo del fondo, de ahí ha salido Jesucristo para anunciar esperanza y salvación a todos los que hemos caído en ciclos.
Y yo creo que todos los que hemos caído en ciclos somos todos nosotros, porque creo que si una persona no tuviera esa experiencia no tendría que volverse a confesar nunca. Si uno se tiene que confesar es porque hay ciclos en la vida de uno, ciclos de repetición en que uno medio hace un intento y vuelve y cae, hace otro intento y vuelve y cae.
Entonces esto no es una especulación sobre lenguaje griego, sobre teología bíblica. Esta es una búsqueda, esta es una búsqueda mis hermanos para que nosotros comprendamos por qué Jesús ha venido a la tierra.
¡Jesús ha venido a la tierra para romper los círculos viciosos!, ¡para eso ha venido Cristo! Para que nosotros, los que hemos repetido tantos ciclos en ciclos, nosotros los que de muchas maneras hemos oído la voz de Dios pero no le hemos respondido, hoy le podamos decir ante Jesús Niño, podamos decirle a Dios nuestro Padre, ahora que ha llegado tu Hijo, ahora es otro cuento, ahora es a otro precio.
Esa es la grandeza de la navidad y eso es lo que nosotros estamos buscando en esta fiesta. Estamos buscando que Dios rompa nuestros ciclos repetitivos, ciclos de envidia, ciclos de resentimiento, complejos. Muchos de nosotros no solamente somos complejos, sino acomplejados.
Dios tiene que romper nuestros complejos y nuestro acomplejamiento. Ciclos de soberbia, ciclos de ira. Cuántas personas pasan por la ira, destruyen, luego se arrepienten, piden unas disculpas luego se les sube otra vez la ira.
La mentira es otro ciclo; la lujuria por supuesto es un ciclo que se repite. Entonces nosotros tenemos que preguntarnos hasta cuándo van a durar nuestros ciclos.
La carta a los Hebreos nos dijo: en distintas ocasiones y de muchas, de muchas, de muchas, muchas maneras.
Entonces cuando se van a romper nuestros ciclos, cuando va a llegar la etapa final porque la carta a los Hebreos dice: ahora en esta etapa final llegó el Hijo.
Y dice la carta a los Gálatas en el texto de hoy, cuando se cumplió el tiempo, entonces nosotros tenemos que preguntarnos, quizás con las manos levantadas al cielo: Señor, ¿cuándo se va a cumplir mi tiempo, el tiempo en el que se revienten mis círculos viciosos?
El tiempo en el que yo diga, ha nacido el Niño, el tiempo en el que yo diga: Jesucristo se ha implantado en mi vida. El tiempo en el que yo diga, del fondo del corazón del Padre ha venido la solución, la respuesta a la salvación.
Qué palabra tan bella es la palabra solución, solución viene del latín “solvere”, que significa lo mismo que disolver, soltar.
Solvere es eso, es soltar, por eso tenemos la expresión “sin solución de continuidad”, que quiere decir, sin romper. Cristo ha venido como solución, es decir ha venido a romper, ha venido a reventar, ha venido a liberar.
Yo personalmente les confieso que he tenido un año bastante duro por muchas razones. Pero la parte más dura de este año no se la debo a nadie, sino a mis pecados. Y por eso esta celebración tiene muchísimo sentido para mí, muchísimo. Porque yo le estoy diciendo al Señor que quiero, que quiero que Él sea solución en mi vida, en mi comunidad, en mi país.
¿Tú no sientes a veces que Colombia anda así, como en círculos? ¿Tú no sientes que hay una serie de repeticiones y mediocridades en la iglesia? ¿No te duele eso? ¿Si tienes tu pareja no te duele que a veces también en la relación de pareja entran una serie de ciclos que se repiten?
¿No será este el tiempo para que todos nos humillemos en la presencia del Señor y para que le digamos: Señor cumple tu tiempo en mi vida, ven a instaurar tu reino, abre la puerta que nadie puede cerrar, cierra la puerta que nadie puede abrir. Que sea este tu tiempo Señor. Para eso, para eso existe esta fiesta mis hermanos.
Cuando se cumplió el tiempo envió Dios a su Hijo nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley. Para que recibiéramos el ser hijos por adopción.