O022004a

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Fecha: 20120117

Título:

Original en audio: 4 min. 54 seg.


El capítulo dieciséis del Primer libro de Samuel nos cuenta le elección del segundo de los reyes que tuvieron los israelitas, el primero fue el rey Saúl. Observémos que Saúl era un hombre que se destacaba por sus cualidades: era alto, era un jefe, su presencia, por decirlo de alguna manera, se imponían ante los demás, un líder natural.

Pero en las cosas de Dios no basta simplemente con tender grandes cualidades, lo que interesa es si estamos a su servicio, y si lo que tenemos lo ponemos al servicio de Dios.

Resultó al final que Saúl, aunque tuviera todas esas condiciones y cualidades, pues se fiaba más de su propio parecer. Y fue así que el Señor rechazo a Saúl, entonces a Samuel le toca otra misión: ahora hay que escoger a un nuevo rey. Pero,según aparece en el texto de hoy, ¿cómo vas a escoger otro rey mientras todavía está reinando Saúl? Eso suena a traición. Y por supuesto, el único destino que podía esperar Samuel era ser perseguido y sacrificado.


Pero Dios le dice: "Mira, yo ya rechacé a Saúl, hay que ungir al nuevo rey". Y así empieza la historia de este personaje que vendría a marcar todo lo que significa la realeza en el pueblo de Dios. Con esto quiero decir que cuando los hebreos, siglos después, pensaban en la palabra "rey", el rey por antonomasia, el rey que sirvió de modelo y de paradigma, el rey que quedó, como se dice hoy, en el inconsciente colectivo del pueblo de Dios fue el rey David