O015005a
Fecha: 20120113
Título:
Original en audio: 4 min. 44 seg.
El profeta Samuel es un hombre tremendamente interesante, con él se cierra una etapa del pueblo de Dios, al etapa de los llamados "Jueces". Estos jueces no es que tuvieran juzgados como tales, ni que tuvieran que estudiar muchos códigos, sino que más bien eran como jefes que, de un modo espontáneo, aparecían en el pueblo de Dios.
Y estos jueces tenían como una presencia, como una fuerza y como una luz de Dios para lograr varias cosas. Por ejemplo, para darle cierta unidad al pueblo, para enfrentarse a los enemigos que eran, usando un término general, los filisteos, es decir, los habitantes de Palestina, y también para resolver los asuntos internos, por ejemplo, las disputas que se presentaban entre unos y otros israelitas. Es decir, eran como unos gobernantes sin título, sin cetro y sin corona que Dios hacía surgir.
Al principio no se notaba si era como impulso de la persona o gusto de la persona o era elección de Dios. Pero, a través de los acontecimientos, los distintos jueces fueron mostrando, por decirlo así, fueron acreditándose ante el pueblo de Dios por los resultados que presentaban. Como dice Jesús: ¿Por sus frutos los conoceréis" Mateo 7,20.
Pero tampoco debemos canonizar a estos jueces: Indudablemente, Dios actuaba a través de ellos en asuntos específicos, incluso la Biblia dice que el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios los sacudía, el Espíritu de Dios los ponía en movimiento, era como la fuerza, como la energía de ellos. Pero eso no significa que ese Espíritu, esa unción del Espíritu permaneciera en ellos hasta el punto de hacerlos virtuosos y santos.