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Fecha: 20110101
Título: Paso haciendo el bien. El tiempo como regalo de Dios
Original en audio: 10 min. 15 seg.
Ante todo, queridos amigos, demos gracias a Dios que nos permite saludar este año 2011.
Creo que cuando uno recuerda a las personas que estuvieron con nosotros en otros años y ya no están, descubre que el tiempo es misericordia.
Si nosotros estamos sobre esta tierra es porque Dios todavía espera algo de nosotros. Hay muchas personas que estuvieron en otra época y ya no.
En lo familiar, en lo nacional, en lo mundial, recordamos personas, personitas y personajes que se fueron. Nosotros, en cambio, estamos aquí.
Para muchas personas el año 2011 nunca llegó a existir. Para nosotros sí y es bueno que nos preguntemos ¿por qué estamos?, ¿por qué llegamos a este año?
La respuesta es que el tiempo es providencia, el tiempo es misericordia. Hay una cosa muy interesante y es que en la física clásica se mira el espacio como una especie de contenedor vacío. En cambio desde una perspectiva bíblica es el tiempo el que es como un contenedor y el tiempo tiene que ser llenado de significado, llenado de color, llenado de sabor, llenado de estilo.
El tiempo, el tiempo es todo lo que nosotros tenemos. Si a nosotros nos dijeran tu tiempo se acabó, eso equivale a “te vas a morir”.
Tener vida es lo mismo que tener tiempo y tener tiempo es lo mismo que tener vida. De modo que tenemos que apreciar cada minuto, cada día, como un contenedor que Dios nos da. Como un recipiente que tiene que ser llenado. Un recipiente, que, según lo miremos, es muy grande o es muy pequeño. Es muy grande porque en un minuto pueden suceder enormes cosas, grandes cosas.
El año pasado, por razón del aniversario del atentado fatal contra el Presidente John Fitzgerald Kennedy en Estados Unidos, muchas veces por la televisión y por internet salía la escena en que fue acribillado, en que se disparó contra el Presidente. Toda la escena dura menos de un minuto y ese minuto cambió por completo la historia.
Luego me encontré una noticia muy interesante, sucede que en tiempos de la guerra fría, los dos grandes países, las dos grandes potencias estaban siempre en alerta y había personas encargadas de responder a un ataque.
Así, por ejemplo, los rusos tenían que estar monitoreando los cielos para saber si venía un misil atómico, un misil nuclear de Estados Unidos.
Y la consigna es que si se detectaba que un misil venía había que responder antes de que se cayera, porque no se sabe finalmente si ese misil va a destruir la capacidad de respuesta de Rusia. Entonces, una vez que se detecta la amenaza, antes de que estalle la primera bomba, hay que responder.
El mismo protocolo tenían los Estados Unidos de América. Una vez que se detectaba una amenaza venida de la Unión Soviética, había que responder. Bueno, hubo un momento crítico en que los sistemas de detección fallaron. Fallaron no quiere decir que no detectaron una bomba que venía, sino que presentaron alarma cuando no venía ninguna bomba o cuando habían identificado mal un avión.
Correspondió a un oficial ruso tomar una decisión, -que entre otras cosas puede ser responsable de que nosotros estemos aquí-, este hombre vio que el sistema de alarma decía: “ataque”, pero él no presionó el botón que iba a responder a ese ataque.
Algo, -no en los computadores sino en su corazón-, le dijo: esto puede ser una falsa alarma y en un minuto ese señor decidió por millones y millones de seres humanos y gracias a esa decisión, gracias a que este hombre se detuvo, no tomó la decisión que le habían dicho que tenía que tomar, sino que reportó lo que él estimaba que era un error, se salvaron millones de personas.
Así que, en un minuto, pueden suceder grandes cosas. En un minuto tú le puedes decir a Dios te acepto como mi Señor y Salvador, ¡ten misericordia! Y Dios colma tu vida de su amor, o en un minuto, lamentablemente, se puede tomar una decisión desastrosa, como tanta gente que se ha suicidado, muchas veces por decisiones intempestivas.
Por eso digo que ese contenedor que es el tiempo, es grande porque pueden suceder grandes cosas, pero también es pequeño cuando pensamos en las épocas que van quedando atrás.
A medida que uno va creciendo en edad, indudablemente se fortalece la sensación de que el tiempo pasa de manera acelerada. Yo, por ejemplo, después de volver de unos estudios que me mandaron a hacer, estuve año y medio en la Ciudad de Chiquinquirá, como rector del Santuario, allá en la ciudad mariana de Colombia y ahora ya ese tiempo pasó, esa etapa se cerró, mi comunidad me está pidiendo otro servicio y por eso me encuentro aquí en Bogotá.
Año y medio y yo digo ¡en qué, en qué momento se fue tanto tiempo! El tiempo es también muy breve, uno de los buenos predicadores que tuvo Colombia sobre esto de la brevedad del tiempo, fue el querido Padre García Herreros, Rafael García Herreros, que muchos recordamos.
García Herreros en sus meditaciones y reflexiones sobre la brevedad del tiempo decía: es que la vida humana es como un minuto, es que la vida se va muy pronto. Pero si es un minuto, que sea un minuto de Dios.
Y así surgió ese nombre, ese estribillo que luego se convirtió en muchas cosas. En una emisora de radio, en un barrio en Bogotá y muchas otras cosas. “Minuto de Dios”, pero ese minuto de Dios era una consigna en la espiritualidad del sacerdote Rafael García Herreros, era la consigna de que el tiempo tiene que estar lleno de Dios. ¡Mis días tienen que llenarse de Dios!
Hermanos al empezar este año, mirando el rostro hermoso y sereno de María Santísima, invocando el nombre de Jesucristo, pidámosle al Padre Celestial que nuestras vidas sean minutos de Dios, que nuestras vidas estén llenas de esa presencia. A mi como me impacta el texto del capítulo sexto, del capítulo del Libro de los Hechos de los Apóstoles donde San Pedro resume la vida de Jesucristo, la vida terrena de Jesucristo diciendo: “Pasó haciendo el bien”
¡Qué hermosa síntesis de la vida del Verbo Encarnado!: pasó haciendo el bien. Verdaderamente el paso de Jesucristo fue el paso de Dios.
¿Se puede decir lo mismo de nosotros? Yo personalmente siento arrepentimiento por las personas a las que no he servido bien, o personas a las que por cualquier motivo he escandalizado con incoherencias o pecados de mi parte. Esas personas no dirán pasó haciendo el bien y realmente, lo único que puedo hacer ya es entregarle a la piedad de Dios esos tiempos.
Pero yo quisiera que mi vida, -vista en su conjunto-, mi vida pudiera ser ese minuto de Dios, ese paso divino. Que la gente al recordarme, cuando ya finalmente haya terminado mi existencia, pueda decir: hombre, pasó haciendo el bien, tuvo errores, por supuesto, nadie los puede negar ya, pero pasó haciendo el bien.
Hagámonos ese propósito sincero, miremos la vida como un regalo, el tiempo como un regalo precioso que puede ser lleno de verdad, de sabiduría, de amor, de bondad. Pensemos que esa es nuestra gran riqueza.
¿De qué le serviría a una persona que le dijeran: mira, te has ganado el baloto, la gran lotería de aquí, de Colombia. El baloto está acumulado, según vi hace poco, en quince mil millones de pesos. Eso es una buena cantidad de dinero, quince mil millones de pesos.
Y bueno, esos quince mil millones de pesos, que serán ¿qué? como unos siete millones de dólares, si no me falla la aritmética.
Bueno esos siete millones de dólares, o los que sean, te los has ganado. Y uno con la sonrisa en los labios le dice: pero te quedan quince minutos de vida. Ya los siete millones de dólares no significan nada. Eso no quiere decir nada. ¡Mira, esta mansión es tuya! Tienes una hora para vivir en ella. Ya no significa nada.
Lo único que le da sentido a nuestra existencia, la única riqueza que realmente poseemos es el tiempo, y Dios nos está concediendo esa riqueza, vamos a agradecérsela, vamos a bendecirlo desde el fondo del corazón y vamos a aprovechar, con la ayuda del Espíritu Santo cada minuto de este año que estamos empezando.
Amén.