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Fecha: 20120106
Título: ¿En que consiste la vida eterna que nos ha regalado Dios por el amor que nos tiene?
Original en audio: 4 min. 28 seg.
Bueno, ya sabemos lo que sucede con el seis de enero. Hay como dos grandes calendarios litúrgicos en cuanto a esta fecha. En algunos países, por decir, en la mayor parte de Europa, el día seis de enero se celebra la Epifanía, la manifestación de Jesús, Rey de los judíos, a aquellos sabios que venían de Oriente. En otros países, en cambio, como sucede en buena parte de América, el seis de enero no tiene esa relevancia, porque la Epifanía se ha pasado al domingo.
La meditación, el compartir que quiero realizar en este momento es propio de esa segunda situación, que es la que se vive en mi país, en Colombia, y en muchos otros sitios. O sea que la meditación de la Epifanía corresponderá, en este año dos mil doce, al próximo domingo, es decir, al ocho de enero. Hay que ir a esa fecha para la reflexión sobre la Epifanía.
Y entonces en nuestros países, donde la Epifanía se pasa al domingo, ¿qué lecturas hay para el seis de enero? Pues sencillamente se va siguiendo la secuencia que traíamos, especialmente en la primera lectura. La primera lectura durante el tiempo litúrgico de Navidad ha sido tomada de la Primera Carta de San Juan. Hoy por ejemplo, tenemos un texto del capítulo quinto de San Juan, capítulo quinto de esta Primera Carta, lo cual significa que ya vamos llegando al final de ese texto.
Por cierto, no nos contentemos con los pasajes escogidos para ser leídos en la Santa Misa; esos pasajes pueden ser llamados los más significativos, pero ¿por qué tienes que privarte tú del gusto y de la bendición de tomar la Palabra en tus propias manos, de pasear tus ojos por ese testimonio único y recibir ese alimento vital? Primera Carta de Juan, te va a hacer mucho bien.
Hoy por ejemplo, ¿qué nos viene a contar esta carta? ¿Qué nos viene a decir Juan? Pues que Dios tiene un propósito, y que ese propósito es darnos una vida que sea digna de ese nombre, una vida que sea verdadera vida, una vida que no sea simplemente sobrevivir, aguantar, una vida que sea mucho más que aplazar la muerte, una vida que esté llena de contenido, una vida que sea firme y que podamos llamar verdaderamente nuestra.
Porque es que la vida que nosotros tenemos, digamos en el plano natural, se nos escurre continuamente. Esa experiencia, esa realidad que llamamos "presente" es como una especie de coladera por la que vemos pasar la vida, lo que hace un instante era futuro, ahora es presente, y cuando lo nombro ya se volvió pasado, y así se escurre la vida como entre los dedos.
Vida verdadera, vida que merezca ese nombre ese lo que San Juan llama "vida eterna", es decir, la vida que no está sujeta a esa clase de fluir, a esa clase de disolución, y ese es el gran testimonio de Dios, y ese es el testimonio que nos da el Espíritu, y ese es el testimonio que nos da el agua del Bautismo, y ese es el testimonio que nos da la Sangre de Cristo en la Cruz: el testimonio de que Dios, Papá Dios, ha querido llegar hasta ese extremo de entregar a su propio Hijo para que nosotros tengamos verdadera vida.
¡Oye, eso es amor, eso es amor, eso es ser amado, esa noticia hay que contársela a mucha gente!