Sino009a
Fecha: 20101228
Título: Fiesta Santos Inocentes y Martires
Original en audio: 4 min. 04 seg.
La primera carta del apóstol San Juan, podemos decir que es una gran reflexión como una homilía muy profunda sobre el misterio de la carne de Jesucristo. Nosotros decimos con una frase muy sencilla que Dios asumió nuestra naturaleza, que Dios se hizo carne, que Dios en Jesucristo ha asumido todo lo que nosotros somos.
Existen estas expresiones que la teología y la fe utilizan con frecuencia, pero necesitamos en realidad mucho mas que una serie de frases, necesitamos testigos porque cuando se habla de la sangre de Cristo no estamos hablando de una idea muy inteligente o muy interesante; estamos diciendo que una historia, que la historia del Hijo de Dios a tocado a transformado, a redimido a unos testigos privilegiados y esto es lo que son exactamente los apóstoles.
Esta primera lectura, la primera carta de Juan va siendo ofrecida a sorbos, durante estos días de la Octava de Navidad, de ese modo nosotros podemos por una parte alimentarnos y por otra parte saborear la dulzura de amor con que Dios ha querido visitar nuestra historia lo que Dios ha querido cambiarnos.
Es muy interesante en esta carta por ejemplo en el primer capitulo que estamos y leyendo a partir del versículo 5 (I Juan 1,5-2,2), cómo cuando se habla de carne se habla de alguien cercano a nosotros a nuestras angustias a nuestros dolores, somos redimidos en la sangre de Jesucristo y cuando se habla de sangre según nos cuenta este texto se habla de sufrimiento, se habla de entrega, se habla de compromiso.
Y esto quiere decir que tu puedes contar con un Dios que ha llegado hasta ese extremo porque te ama, porque está cerca de ti, porque ha entregado todo lo que tenia, entregar la sangre es entregar la vida.
También el evangelio de hoy ( Mateo 2,13-18) nos habla de otro tipo de vida, hoy precisamente es la fiesta de los Santos Inocentes. Herodes en su locura, pero también en su terror; terror de ser desenmascarado como un rey falso, un rey de mentiras quiere eliminar toda posible competencia y entonces se dedica a destruir la vida naciente en los alrededores de Belén. Es la muerte de aquellos niños y también ahí por supuesto hay un espantoso derramamiento de sangre.
Qué interesante ver que si Cristo fue liberado o fue salvado de esa tragedia de esa muerte prematura que quería someterlo herodes, no fue por cobardía, es decir Cristo en ese momento no fue sacrificado pero su carne fue preparada para ese sacrificio primitivo el de la cruz en el cual Él habría de vertir su propia sangre.
De modo que las lecturas de hoy de un modo espantoso, terrible pero de un modo muy profundo nos están invitando a reconsiderar el tamaño del amor que ha llegado a nuestra historia. Y es importante sentir de que nosotros sepamos de ese amor para que podamos recibirlo, para que podamos agradecerlo y para que podamos compartirlo.
Que no se pierda la sangre de estos santos inocentes, y que no se pierda sobre todo la sangre del inocente por excelencia: Cristo Nuestro Señor.