Sino010a

De Wiki de FrayNelson
Revisión del 06:27 27 dic 2011 de Ayxa (Discusión | contribuciones) (Página creada con «'''Fecha: 20101228''' '''Título: En la fiesta de los Santos inocentes denunciemos a los heroes de nuestro tiempo.''' '''Original en audio: 30 min. 48 seg.''' Queridos ...»)

(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20101228

Título: En la fiesta de los Santos inocentes denunciemos a los heroes de nuestro tiempo.

Original en audio: 30 min. 48 seg.


Queridos amigos esta es una fiesta un poco extraña, es extraña porque estamos celebrando mártires que ni siquiera podían hablar, su testimonio, como decía la introducción de la misa, no fue con palabras sino con su propia sangre.

Ubiquémonos en el tiempo del nacimiento de Cristo para comprender un poco qué era lo que estaba sucediendo. Resulta que Dios en antigua época le había hecho una promesa al Rey David, le había dicho que el cetro de mando no se apartaría de él.

David se había propuesto hacerle una casa, un templo a Dios y Dios le respondió por boca del profeta Natán diciéndole: “tú no eres el que me va a hacer una casa a mí, soy yo el que te va a hacer una casa a ti”, y la casa de David es la descendencia de David.

Y Dios selló con juramento una promesa, que en la descendencia de David permanecería el trono, permanecería el cetro de mando. Efectivamente así se cumplieron las cosas. Encontramos que a David le sucedió Salomón y a Salomón su hijo Roboam y aunque Roboam fue un rey indigno y caprichoso, lo mismo que bastantes de los sucesores por esa misma línea, Dios mantuvo fielmente su promesa.

Sin embargo en el siglo VI a de C, es decir, unos 400 años después de David, las cosas llegaron como a una especie de crisis y entonces el reino de Judá fue llevado al destierro.

Los judíos tenían razón para preguntarse que había sucedido con la promesa que Dios le había hecho a David, porque sucede que cuando se los llevaron al destierro al parecer la descendencia de David ya no tuvo continuación.

Esto, sin embargo, no era cierto, porque sucede aquí lo mismo que en nuestras familias, los abuelos tienen su propia generación de hijos, y los hijos a los nietos y bisnietos y se forma una especie de árbol.

La descendencia de David era en realidad así como un árbol, un árbol en realidad frondoso y lo que no se sabía era en dónde, en cuál de las ramitas de ese árbol se podía estar prolongando la promesa que Dios le había hecho a David.

Porque Dios dijo que el cetro de mando permanecería en ese árbol, pero saber cuál es exactamente la rama que sigue con esa promesa es algo que escapa fácilmente a la mirada humana.

Y es aquí, mis hermanos, donde tenemos que recordar que en el capítulo primero del evangelio según San Mateo se le saluda a San José diciendo: hijo de David. Precisamente con ocasión de la navidad hemos escuchado una o dos veces ese texto bendito de la anunciación a San José. Un ángel le dice en sueños a José: “hijo de David”, y le dice: “no temas tomar a María tu mujer”.

Al utilizar este lenguaje, el ángel estaba diciendo que en ese hombre, en José precisamente se conserva la promesa. En José, en el humilde José, es decir que José era rey y esto no lo sabe mucha gente y por lo mismo quizás el mismo José no lo sabía.

Él era rey, él era el depositario de esa promesa, pero es que sucede que después del destierro, como todo quedó tan descompuesto, lo único que volvió a Jerusalén, la continuación de ese pueblo fue el resto de Israel.

Podemos imaginar, para seguir con la imagen del árbol genealógico, podemos imaginar que ese árbol fue destruido a hachazos y prácticamente murió, pero había quedado una especie de ramita y en esa ramita y en ese resto de Israel se encontraba José, y por supuesto José recibe el encargo de ser padre virginal de Jesucristo, no engendrándolo de la carne y de la sangre como hemos sido engendrados nosotros, sino padre de un modo nuevo, así como María es madre de una manera nueva.

Y de ese modo Jesús viene a ser hijo de una madre virginal y de un padre virginal. Este es Jesús y entonces José, que es el descendiente de David, el hijo de David según la expresión del ángel, pues es también el que tiene virginalmente este hijo Jesús y este Jesús es el que recibe el señorío que ya no cae y de esa manera se cumple la promesa.


Bueno, ese es el primer capítulo en la enseñanza de hoy. Que tengamos clara la promesa que Dios le había hecho a David por medio del profeta Natán y que tengamos claro que esa descendencia de David aunque se haya desdibujado con ocasión del destierro a Babilonia en el siglo VI a de C. pues había quedado oculta a los ojos del mundo pero no escondida a los ojos de Dios.

Había una ramita, había un pequeño resto y en ese pequeño resto un hombre llamado José, que luego va a ser padre virginal de Jesucristo y Jesucristo es el verdadero descendiente de David y como Jesucristo vive para siempre, en Jesucristo se cumple la promesa, la promesa que Dios le hizo a David por medio de Natán. Ese es el primer punto.

Por supuesto ustedes que son oyentes atentos se estarán preguntando entonces de dónde viene Herodes. ¿Qué tiene que ver Herodes con todo esto?

Porque Herodes utilizaba el título de rey, pero este Herodes era un rey falso, era un impostor. Aunque él tenía algunos parentescos, algunos lejanos parentescos con la familia de los Macabeos, Herodes no tenía ningún título para llamarse a sí mismo rey.

Herodes era un impostor, era un usurpador para ser más precisos. Para hacer más dramáticas las cosas, Herodes pertenecía a un pueblo que históricamente había sido enemigo de los judíos.

Sucede que Herodes era de la raza de Edon, Herodes era un idumeo y sucede que los idumeos habían sido enemigos de los israelitas. Y la razón es muy sencilla: sucede que cuando en esos tiempos de bárbaras naciones llegaban los grandullones de la época a aplastar a Israel, pues ¿qué resultaba más cómodo?, ¿qué resultaba políticamente más ventajoso?: aliarse con los enemigos de Israel que eran fuertes.

Y así sucedió, cuando en el destierro a Babilonia, repito, a principios del siglo VI a de C llegó la nación de los caldeos a invadir, y a despedazar y a arrasar a Judá, entonces los idumeos se pusieron de parte de los caldeos, quizás no por animosidad contra los judíos sino porque daba demasiado miedo oponerse a ese poder arrogante, devastador de los caldeos.

O sea que Herodes no solo no pertenecía a la familia real, sino que Herodes pertenecía a los enemigos, o por lo menos, a una de las naciones que no eran amigas de los judíos. La raza de Edon, los idumeos.

Herodes entonces sabía que su poder era un poder de mentira o como se dice algunas veces: un poder de facto. Herodes ejercía el reinado pero él no tenía credenciales para eso. Es más o menos como cuando hay un golpe de estado y un dictador se hace respetar de todo el mundo y es el que firma decretos y hace cosas, pero no tiene otra autoridad si no es la autoridad de las armas.

Herodes sabía que su reinado no tenía bases firmes y eso explica el nerviosismo que anega su alma cuando llegan estos reyes magos y le dicen: oye que ¡ha nacido el Mesías! Y eso significaba para Herodes: se va a destapar, ahora sí, toda la mentira que yo soy, va a aparecer todo mi engaño.

Herodes había invertido muchísimo tiempo, muchísima astucia y muchísimo dinero en mantenerse en el poder. He aquí algunas de sus estrategias. Este fue el Herodes que invirtió cantidades monumentales de plata y de oro para la reconstrucción del templo. No se trataba de un acto de piedad sino de una jugada astuta.

Él sabía muy bien que el templo era la herida más dolorosa en el orgullo de los judíos y él sabía que la reconstrucción del templo era algo así como consentir a la niña mimada de los judíos. Y entonces metió cantidades enormes de dinero en la reconstrucción del templo porque él sabía que mientras los judíos lo vieran como un benefactor no lo iban a atacar, pero se trataba, repito, no de devoción, que no la tenía, sino simplemente de un juego político.

Y le quedó bonito el templo, de hecho los judíos se sentían orgullosos de ese templo como olvidándose el origen malsano y turbio que tenía la construcción. Ustedes pueden recordar, quizás, una escena en la cual los mismos apóstoles de Cristo ponderan la belleza del templo ante el mismo Señor y le ponderan y le dicen cómo son de hermosos los arreglos, las cornisas, los ex votos del templo.

Jesús en cambio toma una actitud distante y escéptica. Jesús no cree en esa pantomima, en esa apariencia, Jesús seguramente conocía muy bien qué era lo que había detrás de esos adornos: dinero mal habido, mal invertido y un engaño hecho piedra.

Y por eso Jesús dice: “de esto que veis no quedará piedra sobre piedra”. Y efectivamente, Jerusalén, y con ella el templo, ese templo mentiroso, ese templo de engaño, cayó.

Lo que queda en Jerusalén, lo que se llama el muro de las lamentaciones, que ustedes lo han visto muchas veces en televisión y por internet, el muro de las lamentaciones ni siquiera es parte del templo, es parte de la muralla exterior que guardaba el terreno donde estaba el templo. No queda nada del templo, la palabra de Cristo se cumplió, no quedó piedra sobre piedra.

Todo era una jugada astuta de Herodes que trataba de ganarse a la gente. Pero Herodes utilizaba en realidad la pedagogía que se ha llamado de la zanahoria y el garrote. Zanahoria para mantener a la bestia de carga distraída con un pequeño pasabocas, garrote para hacerla andar.

El mismo Herodes, que había mandado invertir todo ese dinero en la construcción o reconstrucción del templo. El mismo Herodes que llevaba una vida disoluta, invitando a grandes banquetes a las autoridades judías porque él pensaba y lamentablemente no se equivocó: mientras yo tenga de mi lado a las autoridades judías no van a atacarme.

Entonces organizaba unos grandes banquetes con desperdicio de comidas, con todo tipo de placeres. Así se educó el hijo de él que se llamaba también Herodes y que fue el que en un banquete mandó decapitar a Juan Bautista. Esto para que ustedes vayan uniendo las piezas del rompecabezas.

Pero aquí estamos hablando de Herodes papá, el de la matanza del día de hoy fue Herodes papá. Herodes hijo fue el que como digno hijo de su padre fue cómplice en la muerte de Cristo con Pilatos y fue el que mandó decapitar a Juan Bautista.

Sigamos con Herodes papá. Herodes papá era supersticioso, era cruel, era astuto. Jesús llama en alguna ocasión al hijo de este Herodes, -que también tomó ese nombre-, lo llama zorro porque los discípulos le dijeron asustados: ¡mira que Herodes te está buscando!, acuérdese zanahoria y garrote. Y Jesús responde vayan y díganle a este zorro todavía tengo que trabajar este día y el siguiente y llegará después mi fin.

Jesús no le demuestra ningún miedo a este tal Herodes; ni al hijo ni al papá. Entonces este era Herodes papá. Herodes papá era un hombre que sabía que su poder, que su mismo estilo de vida estaba montado sobre una mentira, una mentira gigantesca y él sabía que solamente a fuerza de soborno, de engaño y de crueldad podía mantenerse en el poder.

Ahora, ustedes y yo comprendemos, hermanos, qué tuvo que haber sentido Herodes cuando vienen estos personajes de oriente, piden audiencia con él y le cuentan dónde está el Mesías.

Venimos a adorarlo, este hombre ante la palabra Mesías abre los ojos, palidece, suda, no sabe qué decir. ¡Entonces sí hay un Mesías!, ¡entonces no eran fabulas, entonces se va a saber todo lo que yo soy!

Pero se contiene, es un artista, como todo buen hipócrita y mentiroso sabe esconder muy bien sus temores. Se contiene y de una manera disimulada y falsa dice a los magos: vayan, vayan, averigüen y después me cuentan.

Y agrega esta frase blasfema, el muy infame: “para ir yo también a adorarle” ¡Lejos de pensar en ninguna adoración! Lo que él ya maquina desde ese momento es la muerte del verdadero, porque él sabe que el falso es él mismo: Herodes.

Y entonces resulta que estos sabios o magos de oriente llegan finalmente donde el niño y avisados en sueños, -parece que Dios en aquella época utilizaba mucho ese recurso-, avisados en sueño, no volvieron donde Herodes, se fueron por otra parte.

Y Herodes se quedó esperando que su plan astuto funcionara como le habían funcionado tantos planes a los largo de su vida puerca, a lo largo de esa vida sucia, llena de crímenes, de traiciones, y de todo tipo de vicios.

Pero esta vez la jugada no le salió y entonces transforma su miedo en agresividad, cosa que no es extraña, mis hermanos, con mucha frecuencia el miedoso se vuelve agresivo. Y es la agresividad de Herodes la que produce los muertos que vemos hoy.

Si no ha funcionado la astucia, si no se puede con una daga escondida, entonces que brille el sable y que caigan y rueden cabezas, pero mi poder nadie me lo quita. Así parece razonar Herodes y efectivamente manda matar a los niños de dos años para abajo en la región de Belén.

Aquí hay que recordar dos cosas. Primero recordemos como el faraón en tiempos de Moisés también ordena una matanza de niños. En aquella época faraón quería que se matara a los varones para obligar a los israelitas a emparentarse con los egipcios.

En esta ocasión Herodes manda a matar a los niños para no correr el riesgo de que le surja una competencia, alguien que cuestione su poder, porque bien sabe él que su poder es mentiroso, es falso.

Y hay un parecido entonces entre faraón y Herodes, y el parecido es que cuando un poder se vuelve absoluto necesita disponer de las vidas humanas.

Y aquí hay una señal de alarma que nosotros tenemos que tomar en serio, porque también los poderes de este tiempo quieren adueñarse de las vidas humanas. También los poderes de esta época quieren determinar quién tiene derecho a vivir y quien no tiene derecho a vivir.

En países como Inglaterra, de manera rutinaria, los médicos tienen que avisar a las señoras cuando están embarazadas, tienen que avisarles si el niño trae una malformación genética y el propósito es darle todas las oportunidades de aborto a esa mamá.

Y manda la ley en Gran Bretaña que si el médico sabe de una malformación genética y no avisa que el niño viene, -por ejemplo con síndrome de Down-, entonces los papás cuando les nace el niño y les nace imperfecto, tienen derecho de demandar al médico. ¡El médico ha debido decirme que mi hijo venía imperfecto para que yo pudiera matarlo a tiempo!.

Ese es el tipo de legislación. Esos son los faraones de hoy. Esos son los Herodes de hoy. Porque cuando el placer se vuelve ley. Cuando el dinero se vuelve ídolo, cuando el poder se vuelve un absoluto, inmediatamente se empieza a disponer de la vida humana.

Estaba leyendo hace poco en internet las noticias: en un país como España se sacrifican 300 niños cada día. ¡Trescientos abortos cada día!

Imaginémonos este recinto, hermanos, si pudiéramos reunir esa sangre, imaginémonos el espectáculo grotesco de esas vidas que son ofrecidas en el altar ¿de qué?, ¡en el altar de la irresponsabilidad sexual!

En el altar de la conveniencia política de un gobierno que sabe que le conviene acariciar las peores pasiones de los ciudadanos con tal de seguir en el poder.

Porque así también quería Herodes. ¿Cuál fue la causa de la muerte de estos niños? La causa fue que Herodes quería sostenerse en el poder, no importa a quién hubiera que matar.

Y para que pongamos las cosas en perspectiva, ¿cuántos niños mató Herodes? Según los estudiosos, dadas las condiciones de población que había en esa época, Herodes debió de haber matado en esta ocasión, entre 15 y 20 bebés. Eso dicen los estudiosos. Son cifras que yo simplemente digo aquí pero que por supuesto no tengo manera ni de comprobar ni de razonar con ustedes.

Yo creo que es un estimado lógico, pues dí tú que fueran treinta, ¡treinta niños! Pues matar treinta niños hace de Herodes un monstruo. ¿Pero entonces qué nombre le tenemos que dar al gobierno de España?, ¡que mata diez veces esa cantidad de niños todos los días!

¡Todos los días trescientos niños! ¡Todos los días trescientos niños a la muerte! ¡Luego mañana otros trescientos! ¡Y pasado mañana otros trescientos! Sin descanso, ¡un torrente de sangre que no para!

¿Qué nombre hay que darle a eso? ¿Qué nombre hay que darle a ese modo de vida? ¡Qué nombre hay que darle a los que desprecian la vida humana con tal de que la gente viva embriagada, porque de eso es de lo que se trata, hermanos.

La irresponsabilidad sexual en los jóvenes, es algo que les conviene a los gobiernos espurios que conocemos y saben por qué. Porque el sexo es una droga más en la época en la que estamos.

Mientras la gente esté atontada de cerveza, de aguardiente, de marihuana o de sexo, mientras la gente esté embrutecida en sus placeres, no tiene ni tiempo ni ganas de ocuparse de los graves problemas sociales, de las terribles injusticias. No tiene fuerzas para unirse con otros ciudadanos a buscar un mejor país.

Mantener a la gente embrutecida, mantener a la gente drogada, mantener a la obsesionada con la pornografía, con el sexo, es útil a los gobiernos porque todos esos jóvenes, ¡hechos unos verdaderos estúpidos que no piensan en otra cosa sino en su propio placer!, esos jóvenes jamás tendrán fuerza ni cabeza, ni creatividad, ni ganas de unirse con otros para que haya un país distinto y mejor.

Necesitamos ciertamente, para dar las verdaderas luchas, para buscar verdaderas soluciones profundas y reales a los graves problemas que todavía subsisten en nuestra nación, y en otras naciones todavía es mucho más grave, para eso, mis hermanos, para eso necesitamos mentes despejadas, cuerpos sanos, corazones valientes y éste es el valor de lucha que tiene la castidad.

Una juventud casta es el terror de un gobierno, porque una juventud casta significa gente que es dueña de sí misma, dueña de sus emociones, capaz entonces de tener la cabeza en su sitio y de buscar los mejores horizontes, las mejores propuestas.

El sexo es una droga más y por eso los gobiernos prefieren repartir preservativos, esterilizar masivamente a la gente, hacerle propaganda al sexo seguro. Jamás en ninguna parte ha funcionado lo del sexo seguro. Ahí donde dicen que tener sexo y el “póntelo y pónselo” y no se que más bobadas, todas esas tonterías son invitaciones a la irresponsabilidad de los jóvenes, con un ropaje de protección por el contagio. Ropaje falso que se demuestra con las cifras.

Para volver a nuestra querida España, en España llevan no se cuántos años con campañas de sexo seguro y los abortos siguen creciendo año por año.

¿A quién se le ocurre insistir en una metodología que cada año fracasa? Y sin embargo eso es lo que están haciendo los españoles. Y ese es el aborto que quieren imponernos aquí en Colombia.

Y ese es el aborto que se quiere imponer en el mundo entero porque a los gobiernos les conviene mantener a la gente fornicando como si fueran animales, botando sus niños como si no tuvieran almas, mantenerlos embrutecidos y esclavizados, pendientes únicamente de su placer.

A nada le tiene tanto terror un gobierno actual como a una generación de jóvenes castos. A los jóvenes castos no van a poder manipularlos y por eso le tienen miedo y por eso hay que facilitar por todas las puertas que la gente se envicie pronto, que la gente se narcotice, que la gente se emborrache, que la gente se embrutezca.

Esos son los Herodes contemporáneos y por eso esta celebración, mis hermanos, no se queda en el pasado. La sangre de estos niños inocentes tiene que movernos a ustedes y a mí a comprometernos de fondo en la lucha por la defensa de la vida humana, por la dignidad de la vida humana.

Ustedes y yo tenemos que sacar de esta fiesta la claridad para denunciar lo que tiene que ser denunciado, porque Jesús, llegada sus propia hora, derramó también su sangre. Cuando fue arrancado de las manos de Herodes papá, no fue ciertamente para llevar una vida tranquila.

Ya el profeta Isaías había resumido la vida de Cristo diciendo “varón de dolores acostumbrado a sufrimientos”. Fue arrancado de la vid de las manos de Herodes papá para llevar una vida de privaciones y de sufrimientos y para mostrar a través de sus predicaciones, sus oraciones, sus exorcismos, sus milagros, el rostro amoroso de Dios Padre y para revelar después la plenitud de ese amor, muriendo en la cruz, derramando también Él su sangre por nosotros.

Por el valor infinito de la sangre de Cristo, por el valor infinito de los mártires inocentes, pidamos al Señor que nuestra vida se renueve, que nosotros aprendamos lo que vale la vida humana.

Que nosotros aprendamos a decirle no a las mentiras y los ídolos de este mundo y que aprendamos a estar dispuestos, si fuere necesario, a dar incluso nuestra propia vida, para que el Evangelio de Jesús alcance otros corazones y triunfe en otras naciones. Amén.