Sino006a
Fecha: 20061228
Título: Las enseñanzas que nos deja la Fiesta de los Santos Inocentes, Mártires
Original en audio: 18 min. 36 seg.
Hermanos:
¡Son tantas las reflexiones que podemos hacer con el evangelio de hoy! Partamos de la base de mirar a la familia de Jesús como una familia de desplazados, desplazados por la violencia.
Es una realidad que por lo menos aquí en nuestro país la conocemos muy bien, y la han padecido muchos colombianos, los que tienen que salir huyendo, muchas veces de noche, con pocas posesiones, mientras los lamentos de la muerte y de la violencia quedan a sus espaldas.
Huyendo a pasar situaciones de pobreza, a vivir como extranjeros en su propio suelo, a padecer distintas privaciones: eso vivió Jesús.
Jesús, aunque es un bebé, ya está compartiendo, podríamos decir, lo más amargo de la vida humana. Su nacimiento, casi hay que compararlo con el nacimiento de los animales, que careció de la dignidad que podía tener un niño en ese tiempo. Fue dado a luz en unas condiciones que más se acercan a la de los animales que a la de los hombres.
Y ahora vemos, que aunque todavía no sabe hablar, es pequeño, ya es perseguido, sufre persecución, y sufre esta situación que llamamos desplazamiento forzoso. Cristo así, se va haciendo hermano de nuestros dolores y de nuestras privaciones.
Y esto es muy importante saberlo, porque la mejor manera de abrirse al lenguaje de Cristo, es ver que Él aceptó compartir nuestras mismas necesidades. Llevó una vida de pobreza, de trabajo; llevó una vida de desplazado, conoció de cerca y compartió los dolores de los enfermos, de los paralíticos, y de los ciegos. Es decir, todo lo que significa el dolor humano, desde el principio estuvo cerca de Jesús.
Y esta es una gran noticia para nosotros, aunque parezca triste cuando la enunciamos, porque significa que cuando nosotros pasamos por estas experiencias de dolor, no estamos solos, sino que contamos con Uno que puede comprendernos, que puede hablar nuestro mismo lenguaje.
Ese es un primer punto de meditación para el día de hoy. Por supuesto, la consecuencia práctica de esto, es que cuando encontremos esas familias de desplazados, tenemos que pensar en Jesús, tenemos que pensar en las privaciones que padeció la Sagrada Familia, y tenemos que saber también, que cuando ayudamos a estos pobres desplazados de nuestro tiempo, estamos a la vez ayudando y sirviendo al Hijo de Dios.
En segundo lugar, observemos cómo esta Familia es salvada por un oráculo, por una voz que viene desde el Cielo. Es tan hermoso ver en la vida de José, que José es al mismo tiempo un hombre con los pies en la tierra, pero con sus oídos abiertos al Cielo.
Yo creo que así tiene que ser todo padre de familia. José es el jefe de su hogar, es el que toma la decisión: "Nos vamos, y nos vamos ya", pero al mismo tiempo, es un hombre abierto, un hombre con el oído atento al Cielo.
La mayor parte de los problemas familiares que conocemos en nuestra época, se dan por ausencia física algunas veces, y por ausencia en la práctica del papá. Si algo tenemos que pedirle a Dios mientras meditamos en estos misterios de la infancia de Cristo, es que le dé al mundo verdaderos papás.
¿Qué es un verdadero papá? Nos lo puede enseñar José. Es un hombre que sabe ser jefe, y sabe ser soldado. Es decir, que sabe dar órdenes, pero también sabe recibirlas; que sabe dirigir, pero también se deja aconsejar; que tiene los pies en la tierra, pero que tiene su mirada, su corazón y sus oídos dirigidos al Cielo.
Un buen papá es un regalo muy grande para una familia, es un principio de estabilidad y de dirección. Y realmente es muy necesario, porque está demostrado, que la falta del papá produce muchísimos daños. Por decir uno entre muchos, el aumento del homosexualismo, tanto masculino como femenino, está ligado a la falta del papá: demostrado científicamente.
Y en cuanto a la práctica religiosa, se producen unas cadenas terribles que son más o menos de esta forma: un niño va a la Misa con la mamá. Pero si en ese hogar no hay papá, o si el papá no tiene una práctica religiosa, cuando el niño va llegando a su desarrollo, a su adolescencia, ya no le encuentra sentido a eso, y empieza a sentirse que está solamente en poder de una mujer que es la mamá.
Entonces comienza a percibir que ser hombre, es salir de la religión, y piensa que la religión es una cosa de mujeres.
Eso hace un daño muy terrible, porque cuando llegan los años duros, tormentosos de la juventud, de la adolescencia, el muchacho forma su imagen del mundo, y forja sus ideales en función únicamente de sus apetitos y de los consejos que le den los amigos.
Y esa es una luz demasiado pobre, demasiado mortecina. Es decir, en esos años en los que debería Dios estar más presente, precisamente porque hay más sacudidas, y porque hay más tentaciones, muchos muchachos no tienen la voz de un papá, sino los malos consejos de una pandilla, los malos consejos de unos amigos viciosos, o los malos consejos que les dé la televisión.
El resultado casi inevitable es que estos muchachos sin papá, empiezan a tratar de demostrarse a sí mismos que son hombres en la única actividad que ven que se da por todas partes, y es seduciendo mujeres.
Y así se crea un nuevo ciclo, porque entonces estos hombres embarazan mujeres, producen abortos, o son padres irresponsables finalmente, que van a dejar otra vez nuevos hijos en la misma situación.
Esta cadena hay que romperla. La única manera de romperla es cuando los muchachos, que han carecido de papá, o han carecido de un buen ejemplo de papá, descubren otros modelos paternales, otros modelos masculinos, en particular ejemplos como el de San José, y se resuelven a llevar una vida distinta, se resuelven a fundar hogares verdaderamente estables.
Por eso mirando a San José, que en el pasaje del evangelio de hoy, a la vez está oyendo y está hablando, está recibiendo instrucciones y dirigiendo a su hogar, pidámosle a Dios que le dé la gracia de la paternidad a los que son papás, y que conceda esa misma gracia a los que quieren serlo, o a los que van a serlo.
Por supuesto, la falta de papá tiene repercusiones también en las niñas. Las niñas que carecen de una imagen paterna, viven incluso durante muchos años con una confusión muy terrible, porque entonces el único amor masculino que conocen, es el amor de deseo.
Para estas muchachas que han carecido de una imagen paterna clara,lo único que existe es esta alternativa: "O me quedo sin un amor masculino, o me someto a un amor masculino que me desee, que quiera sacar algo de mí, que quiera aprovecharse de mí".
Con mucha frecuencia, las niñas que padecen esto, las niñas que han carecido de esa imagen paterna clara, están dando tumbos entre esos dos extremos: despreciando algunas veces a los hombres, y tratando de vivir solas, aisladas, sin cariño, o refugiándose en amigas.
Pero después de un tiempo, les hace mucha falta también ese cariño, esa voz, y entonces se entregan a un hombre, usualmente el hombre equivocado.
Como ustedes ven, la reconstrucción de la sociedad requiere de hombres valientes y santos como San José.
Pero así como antes dije que los muchachos tienen que romper esta cadena, decidiéndose ellos mismos a ser mejores que los papás que tuvieron, o decidiéndose a ser papás aunque no tuvieron papá, buenos padres aunque no los tuvieron, lo mismo las muchachas, las jovencitas que han carecido de papá, necesitan pedirle a Dios que les dé una estabilidad y una sanación afectiva, de manera que puedan encontrar en el hombre lo que ese hombre puede darles.
Porque muchas mujeres buscan el amor del papá que no tuvieron, en el primer hombre que les muestra algo de atención o cuidado. Pero ese hombre les cobra un precio altísimo, el precio de su cuerpo y el precio de una aventura de la cual ellas van a salir muy mal paradas.
Por eso, si alguna muchacha se encuentra en esta situación, necesita verdaderamente pedir la intercesión de San José, y necesita pedir también a Dios, que le sane ese corazón, para que ella no esté buscando papá.
La situación familiar actual produce que muchos hombres salgan, no a buscar una esposa, sino una mamá que los termine de criar, y muchas mujeres salgan a buscar el papá que no tuvieron.
Ciertamente esos matrimonios no van a funcionar. Porque una mujer que está tratando de buscar un cariño paterno, no es una mujer que quiera ser mamá de ese hombre, y un hombre que está buscando esa protección, tampoco está dispuesto a ser papá de ella.
Entonces se produce un malentendido, se produce un juego de malentendidos, que termina destrozando, retorciendo el corazón de hombres y mujeres.
Yo pienso que una sincera vuelta hacia Dios, pienso que una vuelta honesta, profunda, sincera hacia el Señor, puede empezar a sanar esto, cuando las familias hablan de esos temas, y cuando se hace oración por estas situaciones.
Pero los protagonistas de hoy no son ni los papás ni las mamás, sino estos niños que fueron asesinados por Herodes. Pidámosle a Dios, que a la vista de ese sacrificio tan cruel, la humanidad despierte y tome conciencia de lo que significan los niños, de lo que significa la vida humana.
Por favor, entendamos que el mal del aborto, no es únicamente el mal que se comete en un determinado momento a una determinada mujer, o a un determinado hombre.
El aborto hace daño a toda la sociedad. El daño psicológico y afectivo producido por el aborto, según también está demostrado científicamente, perdura años y años, dañando por completo la autoestima de la mujer, y en muchos casos destruyendo incluso su propia capacidad de ser madre.
Además, esta mentalidad del aborto, esta mentalidad abortista, es una mentalidad del egoísmo por excelencia. El aborto sucede siempre por egoísmo, siempre.
Yo creo que hay un ejemplo muy interesante en lo que plantea Monseñor Flavio, por ejemplo en su predicación, en su escrito reciente. Se habla de un aborto autorizado en contra de un cierto niño, y Monseñor Flavio dice: "Tenemos un hogar donde recibir a ese niño; tenemos dónde acoger a ese niño". Yo creo que esto es muy importante que caigamos en cuenta.
Hace poco fue noticia también esa muchacha violada allá en Bogotá, y el aborto lamentablemente se produjo. Y allí es donde uno se pregunta: ¿Cuál es la mentalidad que hay ahí? Si dice: "Deje nacer a ese niño. Si usted no se siente capaz de criarlo, déjelo nacer, que hay familias dispuestas a adoptarlo". "¡No! Hay que matarlo".
¿Qué hay detrás de eso? Detrás de eso hay una mentalidad de supremo egoísmo, es un absoluto encerramiento, es un mirar únicamente por mis propios intereses. Y esa mentalidad egoísta no sólo va a producir ese aborto. Esa mentalidad egoísta es la misma que produce el aislamiento, la depresión, el suicidio; es la misma, que deja que muchas vidas se derrumben sin que nadie las llore.
Por eso en nuestra defensa de la vida humana y en nuestra defensa contra el aborto, nosotros no estamos solamente protegiendo a esos niños, estamos luchando por una sociedad que sea mucho más humana, una sociedad donde podamos reconocernos todos como personas que tenemos necesidades y que siempre necesitamos ayuda unos de otros.
Es decir, la alternativa es: la sociedad como un tejido que es capaz de ayudar, de soportar y de sostener a los que se sienten decaídos, o la sociedad como un conjunto, como un grupo, pero aislado, de mónadas, llamaba eso Leibniz, seres aislados, sueltos, que van cayendo uno tras otro en el abismo.
En otras palabras, o nos volvemos un tejido que se apoya, o nos empezamos a hundir uno tras otro. Hoy son los niños. Después, ¿quiénes siguen? Los ancianos, porque el anciano es inútil, porque el anciano no importa.
Y lo que a mí me parece dramático, es que muchos de los que han apoyado el aborto, experimentarán el trago amargo de esa sociedad egoísta cuando les llegue la ancianidad. Muchos de ellos experimentarán que no tienen amor, porque tampoco quisieron nunca dar amor.
Entonces primero se mueren los niños, los fetos; después los ancianos; después los retrasados mentales; después los pobres; después todos los que me estorben a mí.
Esa mentalidad genocida, esa mentalidad o cultura de muerte, es la que nosotros estamos batallando, y es la que nos obliga a proclamar el derecho inalienable de la vida.
Pidamos a Dios, repito, que en todos los lugares, que en todas las iglesias donde hoy se está predicando sobre este tema, se despierte la conciencia de la gente.
Porque nuestros legisladores nos están traicionando. Finalmente, los que están aprobando estas leyes, empujados por organismos internacionales oscuros, por una cantidad de puertas oscuras que están obrando en muchos países al tiempo, nos están traicionando.
La salida legal de esto tomará mucho tiempo, porque se necesita precisamente que la sociedad recupere esa capacidad de ser unida, de ser tejido y de tener verdaderos líderes que puedan deshacer las barbaridades, las estupideces y las crueldades que se están cometiendo, como esto de la legalización del aborto.
Seguimos entonces nuestra celebración, y aunque hay esa tristeza de tantas muertes, también sabemos que hay un plan de Dios, que hay una providencia de Dios.
Estos niños no murieron en vano. Y nosotros sabemos, que si defendemos el derecho a la vida, también los niños que han sido abortados, habrán entregado su vida sin saberlo, por una causa, por la defensa de esa misma vida humana.
Nosotros creemos en la providencia de Dios; nosotros creemos que Dios puede hacer útiles incluso esas vidas que parecen perdidas.
De ese Dios nos fiamos, a ese Dios servimos, para que Él haga nuestros sus mismos deseos, para que nuestro corazón aprenda a palpitar al mismo ritmo del suyo, y unidos podamos proclamar ese Reino de justicia, de verdad y de paz, que Jesús vino a anunciar a esta tierra.