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Fecha: 2011226
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Original en audio: 4 min. 20 seg.
Llama la atención poderosamente el contraste entre la fiesta de ayer y la de hoy.
Jesucristo, Dios que viene a nuestra tierra, que pone su tienda entre nosotros, que acampar en medio nuestro" Juan 1,14, como dice el evangelio según San Juan. Eso rea ayer. Hoy, Esteban, el primero de los mártires que sube de la tierra al cielo, con razón ya desd antiguo los Padres de la Iglesia decían: "Bajó Cristo del cielo a la tierra para que Esteban pudiera subir de la tierra al cielo".
Y así, en estas dos fechas, podemos decir que se condensa el misterio de la Encarnación. El abajamiento de Cristo supone una nueva dignidad para la raza humana; la humillación de Cristo nos permite aspirar y nos permite alcanzar la gloria del cielo. O como dice San Pablo: "Este que bajó es el mismo que subió, pero al subir lleva consigo al universo nuevo" Efesios 4,10, ese universo del que formamos parte nosotros, porque somos nuevas creaturas en Cristo.
Esteban es el primero de los mártires, su historia se cuenta en los capítulos seis y siete de los Hechos de los Apóstoles. Lo que quiero destacar en esta ocasión es cómo este discípulo pariente de Jesucristo a través de la fe logra la unión con su Maestro. Ese es el objetivo propio e la fe.
La fe no es simplemente un conjunto de ideas, no es un principio de una serie de principios éticos para organizar la sociedad, no siquiera es lo que algunos podrían llamar una filosofía de la vida. La fe tiene su objeto propio en ese Dios al cual nos unimos al recibir su palabra, al confiarnos al el poder y la hermosura de su mensaje