V24d004a
Fecha: 20111224
Título:
Original en audio: 4 min. 31 seg.
Nuestra Santa Iglesia Católica quiere cumplir aquel mandato que nos dejó el Apóstol San Pablo: "Orar sin cesar".
¿Cómo hacer para que la oración acompañe nuestro tiempo? ¿Cómo hacer de nuestro tiempo una liturgia? Para eso existe algo que se llama la Liturgia de las Horas, es decir, la santificación del tiempo.
La Liturgia de las Horas que antes era conocido como Oficio Divino, y así se le puede llamar también, contiene oraciones especialmente para la mañana y la tarde. La oración de la mañana se llama Laudes y la de la tarde Vísperas. Hay también otras oraciones importantes ciertamente, una para hacer durante el día, se le llama Hora Intermedia, y otra para hacer al final de la noche, cuando ya llega el descanso, esta última se llama Completas.
Pero los dos pivotes, los centros fundamentales de nuestra oración son Laudes y Vísperas. Y estas oraciones las menciono porque cada una de ellas tiene los que se llama un Cántico, y ese Cántico tomado del Evangelio, viene a reflejar el tono fundamental del corazón, ya sea en la mañana o en la tarde.
Para la tarde, por ejemplo, tomamos siempre como cántico el Cántico de la Virgen María, es precioso porque la Virgen dice: "El poderoso ha hecho obras grandes por mí" Lucas 1,49, y dice también Ella que "proclama la grandeza de Dios" Lucas 1,46. Es decir, es un momento muy apropiado del día para contar y para cantar la grandeza de Dios; has visto las obras del Señor durante el día, estás listo, estás lista para unirte a la Virgen con el Magnificat, con el Cántico de María al atardecer.
Pero en la mañana ¿qué cantamos? ¿Cuál es el cántico de la mañana? Todos los santos días el cántico de la mañana, cántico evangélico, es tomado también de San Lucas, como el cántico de María que está en Lucas. Este cántico de la mañana lo pronunció por primera vez Zacarías, el papá de Juan Bautista.
Es decir que Zacarías, en ese cántico, está expresando el amanecer de un corazón lleno de fe; Zacarái, en ese cántico, está expresando la jubilosa preparación de un corazón que se apresta para servir a Dios con toda el alma