V17d005a

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Fecha: 20101217

Título:

Original en audio: 4 min. 7 seg.

                                                           REVISAR EN AUDIO

Ya es 17 de diciembre y es bueno saber que en nuestra iglesia católica el Adviento tiene dos fases. La primera fase, o la primera parte, va desde el primer domingo de Adviento hasta el día 16 de diciembre.

La segunda parte cobija la última semana, es decir, desde el 17 hasta el 24 de diciembre y estas dos partes de nuestro Adviento tienen dos propósitos diferentes.

En la primera parte, hasta el 16 de diciembre, nos ejercitamos en la esperanza, de una manera, podemos decir, más general. Nos damos cuenta durante estos días, o nos hemos dado cuenta durante estos días primeros del Adviento, ¡cuánto necesitamos de Dios!

Necesitamos de su perdón, necesitamos de su sanación, necesitamos de su misericordia. Pero podemos decir más: ¡lo necesitamos a Él! Él es el necesario en nuestras vidas.

Cuando llega en cambio, el 17 de diciembre, en esa última semana anterior a la navidad, nuestra atención se dedica un poco más a recordar los acontecimientos de la primera venida de Cristo.

Es decir que en la primera fase del Adviento estamos abiertos en nuestra necesidad de recibir a Jesús en todo tiempo y además nos mantenemos recordando que Él vendrá, glorioso, al final de los tiempos.

En cambio en esta fase que estamos empezando, nuestro recuerdo y nuestra atención van mucho más al tiempo y a las circunstancias en que Jesús nació. Habiendo asumido nuestra carne con gran privación, con gran indigencia, pero sobre todo con gran unión con la voluntad del Padre, Cristo llegó a nuestra tierra. Y eso explica el cambio que hay en el tono de las lecturas de estos días, los días últimos de Adviento.

En la primera lectura de hoy, por ejemplo, encontramos una antigua promesa, está al final del libro del Génesis, el primer libro de la biblia, y en el capítulo 49 se nos presenta al Patriarca Jacob, el padre de las doce tribus de Israel, bendiciendo a cada uno de sus hijos, que es una manera de decir, bendiciendo a cada una de esas tribus. Y hay una promesa, una promesa de un cetro para la tribu de Judá.

De ahí viene la palabra judío y de esta tribu de Judá viene nuestro Señor Jesucristo. Esto es lo que también nos recuerda el capítulo primero del Evangelio de hoy, que es la genealogía de Jesucristo.

En esa lista de nombres, la mayor parte extraños para nuestros oídos, lo que hay que destacar es que Jesús es parte de nuestra familia y es parte de nuestra familia porque ha querido ser parte del pueblo elegido, el pueblo judío.

Desde Abraham hasta David, desde David hasta el tiempo del destierro y desde el tiempo del destierro hasta el nacimiento del Mesías hay una línea continua que nos habla de la presencia de Jesús en nuestra carne.


Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores