V033004a
Fecha: 20111214
Título:
Original en audio: 4 min. 35 seg.
Hemos comentado varias veces durante el Adviento que son tres los personajes que nos van guiando hacia Jesucristo, bueno, son muchos, pero en el Adviento de nuestra Iglesia Católica se destacan tres: el profeta Isaías, luego Juan Bautista, y finalmente la Santísima Virgen María.
Pero Isaías murió sin ver al Mesías, lo anunció, sus palabras son el retrato más vivo que ofrece el Antiguo Testamento para lo que habría de ser y hacer Jesucristo. Pero Isaías murió sin verlo, ahí se cumple lo que dijo el mismo Jesús: "Muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis", así habló Cristo a los Apóstoles; "muchos profetas y reyes quisieron oír lo que vosotros oís y no lo oyeron", es el caso de Isaías.
Luego tenemos a Juan. Juan tiene una ventaja considerable sobre todos los demás profetas, porque Juan sí pudo señalar entre los hombre al Cordero de Dios, es algo maravilloso. Juan fue el precursor, Juan fue el que mas directamente habló de la calidad, de las dimensiones de la renovación que habría de traer el Mesías.
Pero Juan también se extingue; la voz de Juan es una voz que no tiene compromiso con nadie sino únicamente con Dios, y cuando una persona verdaderamente experimenta ese nivel de libertad, se convierte el alguien muy incómodo, muy incómodo porque la mayor parte de nosotros estamos acostumbrados a negociar con la verdad, estamos acostumbrados a maquillar la mentira, estamos acostumbrados a defendernos con nuestras palabras y con elegantes razonamientos.
Juan no sabía de nada de eso, él tenía una palabra transparente, una mirada diáfana, podemos decir que es el ejemplo más acabado, el ejemplo más perfecto de aquel refrán popular en lengua española: "Al pan, pan; y al vino, vino". Nosotros no tenemos esa clase de lenguaje, la mayor parte de nosotros, y somos especialmente cobardes cuando se trata de acercarse a los poderosos; con mucha facilidad, a la hora de hablarle al que tiene mucho poder, poder político o poder, qué sé yo, por su fama, por su intelecto, por sus estudios, por su influencia, entonces ahí somos especialmente cobardes.