V026010a
Fecha: 20111210
Título:
Original en audio: 4 min. 19 seg.
El capítulo número diecisiete del evangelio según San Mateo trae una de las muchas discusiones de Jesucristo con aquellos que no podían creer en su mensaje.
Tengamos en cuenta que la gente quería los milagros de Cristo, les encantaban los milagros, les gustaban las sanaciones, las curaciones, ¿a quién no le gusta? Pero había algo que ellos rechazaban en Jesús, por una parte, esa interiorización del mensaje de la Ley. Cristo no quiere simplemente que nos portemos bien, que seamos gente bien educada.
Cristo quiere que nuestros corazones le pertenezcan a Dios y quiere que Dios sea el amor que realmente reina en todo nuestros ser: en lo que se ve y en lo que no se ve; en lo público y en lo privado; en lo externo y en lo interno; cuando todos nos pueden aplaudir o cuando no hay nadie ahí para felicitarnos.
Cristo quiere este tipo de sinceridad y este tipo de santidad, y ese no es el mensaje que tenían los fariseos, para ellos la práctica de la Ley era sobre todo un asunto que tenía que ver con lo social, es decir, cómo aparezco yo ante los demás, si los demás se dan cuenta o no se dan cuenta, si yo puedo hacer trampa, tal vez, a través de un uso inteligente de las palabras, a través de ese buscarle el escondite, buscarle el camino a esa Ley que no me gusta. Y entonces Cristo resulta enemigo de estos fariseos porque se opone a ese mensaje.
Y por eso andaban buscando muchos modos de crítica, y por eso tenían tanto que decir en contra de Nuestro Señor. Pero una de esas objeciones es la que vemos que cae hoy. Sucede que en el libro Eclesiástico se menciona que Elías tenía que venir, que Elías debe venir antes de la llegada del Mesías, eso cuenta el libro Eclesiástico, y como no se sabía de ningún retorno de Elías, pues entonces Cristo no podía ser el verdadero Mesías, porque primero tenía que venir, primero tenía que llegar Elías.
Fíjate que es una estrategia, es un simple juego de la mente para frenar, para confundir, para detener el mensaje de Cristo, de eso era de lo que se trataba. Y entonces Cristo les hace ver que ese Elías que ellos estaban esperando en realidad ya había llegado; ese Elías, el que hizo ese papel de Elías fue Juan el Bautista.
Y Juan el Bautista es comparable con Elías porque así como Elías en tiempos tan difíciles supo proclamar la fe en el Dios verdadero, así Juan el Bautista supo mantenerse firme y supo, frente a todos los poderes de los judíos, de los romanos, o de quien fuera, supo mantenerse firme proclamando el señorío de Dios.
¿Cuáles son entonces las lecciones de estas lecturas de hoy? Primero, cuidado con esos juegos mentales, cuidado con esos juegos de palabras con los que tratamos de escapar a la Ley de Dios, con los que tratamos de decir: "No, yo soy una excepción, eso no se cumple para mí"; cuidado también con esas divisiones mentales, cuidado con ese ser una cosa ante la gente y otra cosa allá cuando nadie nos ve, esa clase de división no le gusta a Dios.
Y en tercer lugar, hay que aceptar el mensaje de conversión, el mensaje de humildad y arrepentimiento de Elías, y el mensaje de humildad y arrepentimiento de Juan el Bautista, para poder abrirnos al lenguaje del Mesías, para poder recibir todo lo que el Señor tiene para darnos.