Tsan004a
Fecha: 19981101
Título: Vino una muchedumbre tan grande que nadie podia controlarla.
Audio: 19 min. 47 seg.
Queridos amigos:
No puedo ocultar la inmensa alegría que siento. La Iglesia me encarga que presida esta celebración en el gran día de la esperanza, el día de Todos los Santos.
Y a mí durante todo este día me ha parecido escuchar, cuando me quedo callado un tantito, las melodias del cielo y me parece que una suave y amorosa voz que nace de la Sangre de Cristo me invita a la casa de Papá Dios y me parece tan lindo que hoy podamos asomarnos un poquito, una rendijita de lo que va ser nuestra vivienda , nuestro barrio, nuestro lugar por toda la eternidad.
Lo que yo he sentido es como lo que se ve por esas ventanas. Cuando uno mira por esas ventanas y ve a penas trocitos de cielo, pero uno sabe que es bello lo que está allá. Así también hoy siento que me he podido asomar al cielo. Además, hay muchas cosas que ayudan a que uno se asome al cielo en este día, como ustedes se dan cuenta, es un día de mucho incienso.
Esto oficio en la liturgia se llama turiferario porque incienso en latin se dice Turis, de allí viene turiferaria. Resulta que la Apocalipsis dice que esos sitios de los Ángeles esta en el incienso en el altar del cielo, y dice, y el incienso representa las oraciones de los santos.
Yo que tengo tantos pecados, cada vez que le echo incienso a este aparato, a ese incensario, me acuerdo de los Ángeles y me parece tan bello que la Iglesia me conceda hacer oficios de Ángel, me parece muy lindo hacer el oficio de los Ángeles, y en ese incienso abundante están las oraciones de todos ustedes, en ese incienso abundantes están las alabanzas y la gratitud de todos ustedes y por eso yo casi no hayo como repartir más incienso, porque yo quisiera que se fueran con perfume de incienso todos ustedes, que se fueran perfumados de oración y de alabanza, y que el que les viera y el que se acercara a usted, pudiera decir: "tienes una loción de cielo, tienes un aroma celestial".
Bendito y bienaventurada la misión que la Iglesia me encarga repartiendo incienso. En verdad, mis queridos amigos, esta es una de esas celebraciones en las que el cielo se junta con la tierra, y tan cerca están, tanto se pegan, que el mismo Cristo que se adora en el cielo se va hacer presente en este Pan que lo hicimos con el trigo de nuestra tierra.
De manera que cuando consagremos la Ecuaristía, por la gracia del Espíritu Santo, por el encargo y mision del sacerdote, por las palabras que la Iglesia nos da, cuando consagremos la Eucaristía, el mismo Cristo de los cielos está aquí con nosotros, y está para alimento nuestro, y está para que nosotros vivamos en plenitud, para que nosotros vivamos completamente nuestra vocación.
Quiero decir unas palabras sobre esta primera lectura de la Apocalipsis que escuchamos hoy. Si hay una persona a la que hay que llamar feliz en esta tierra es al vidente del Apocalipsis, un hombre llamado Juan, que pudo contemplar maravillas extraordinarias, las que están consignadas en el Libro del Apocalipsis.
En alguna parte, por ejemplo, dice: "yo vi la Ciudad Santa, yo vi la nueva Jerusalén" (véase Apocalipsis 21,1-3). Yo digo: ¡qué gozo más grande poder ver uno la Ciudad Santa! Estamos tan aburridos de ciudades repletas de pecados, repletas de mugre, incoherencia, de incompetencia; nos dan tanto dolor las ciudades de esta tierra, que no por huir de ellas, sino para que éstas se parezcan al plan de Dios.
Qué hermoso contemplar la ciudad de los cielos, qué hermoso poder nosotros volver nuestra mirada hacia la Jerusalén del cielo. Eso se lo concedió Dios a este vidente del Apocalipsis.
Y después él miró una cantidad de gente, dice: "una multitud innumerable" (véase Apocalipsis 7,9), y tenian túnicas blancas y entonces viene una especie de contrasentido. El le pregunta a un cietro anciano, un personaje que le acompañaba en la visión, ¿y estos quiénes son?, y el anciano, le responde: "estos son los que blanqueron sus vestiduras en la sangre del Cordero" (véase Apocalipsis 7,14). Blanquearon en sangre, allí está el misterio de la santidad, amigos, blanquearon sus túnicas en la sangre del Cordero.
Hay otro episodio en la Sagrada Escritura que nos habla de ropa muy blanca, ropa deslumbrante. Y te acuerdas seguramente del episodio de la transfiguración del Señor. En ese momento los Evangelistas nos dicen: "nadie podria blanquear tanto esa ropa, era una ropa deslumbrante, eso no hay detergente que lo logre".
De eso se trata, el mismo blanco resplandeciente que tiene Cristo, ese es el mismo blanco resplandeciente que Cristo prepara para ti. Cristo ya está lavando tu túnica, Cristo ya esta preparando tu vestido, no se lo dejes preparado. Cristo está blanqueando, Cristo ha blanqueado tu túnica.
Por eso ustedes han notado que todas las veces que he podido, en esta celebración, he querido nuestra veneración y nuestro amor a la bendita, a la Santisima Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Cristo desnudo, bañado y vestido en su Sangre era vestido en su gloria, repito: a Cristo le quitaron las vestiduras como un humillación última, como una tortura más, como ironia cruel, Cristo se quedó sin los vestidos de esta tierra.
Y quedó entonces vestido en su propia Sangre. Ese es Jesucristo, vestido en su Sangre. Pero ese Cristo que durmió en la Cruz bañado en su Sangre, despertó en la Pascua bañado en su gloria. El rojo se volvió blanco, la sangre se volvio gloria y el dolor se convirtió en perdón.
De manera que cuando a Cristo le estaban arrancando las vestiduras, y cuando de Cristo estaba brotando esa sangre que lo dejó lavado, Cristo estaba preparando el vestido, Cristo estaba lavando tú túnica. No tienes que lavarla tú, mira lo que dice el Apocalipsis: "estos son los que blanquearon su túnica en la sangre del Cordero". (véase Apocalipsis 7,14).
Esta Sangre no deja huella del rojo de la crueldad humana, sino del blanco de la misericordia divina; esta es la piedad inmensa que está a tu favor; esa es la Sangre que habla a tu favor; esa es la calidad de Abogado que tú tienes para que creas, para que confíes, para que esperes, para que tengas vida en su nombre, para eso se ha derramado esa Sangre.
Por eso la gran invitación en este día, ¿cuál es? Cuando nosotros pensamos en los santos, ya lo hemos dicho varias veces en estas predicaciones, a veces nos imaginamos a una gente por allá muy lejana, muy ajena a nosotros, amigos, ellos son los que blanqueaon sus túnicas en la Sangre del Cordero y esa Sangre no ha dejado debrotar, esa Sangre no a dejado de manar, es una fuente que nadie puede impedir que siga brotando.
Tal es el misterio maravillosos, que tiene el cáliz. Mientra esto exista, mientras exista el cáliz en la Iglesia, míralo bien, mientras estemos celebrando la Eucaristia, mientras tengamos fe y cumplamos el memorial que Jesucristo nos dejó como prenda de su Pascua , mientra nuestro ojos sigan adorándole aquí y mientras haya sacerdotes que consagren el vino en la Sangre, seguirá brotando y seguirá habiendo perdón y seguira habiendo don de lavar la túnica.
Lo duro lo terrible, lo doloroso que ese limpiador, que no se moleste Jesucristo por loque voy a decir, lo terrible fue el detergente. Detergentes en latín significa el que limpia, el que puede limpiar. La Sangre de Cristo es el detergente, es el que puede limpiar, es la que puede limpiar.
Mientras haya sacerdotes, mientras haya cálices, mientras haya Eucaristía habrá Sangre, Sangre preciosa, Sangre que vistió a Jesucristo, Sangre de la que tú también te puedes vestir. ¿Cómo puede uno cambiar de vida? Vistiéndose en esa Sangre.
Por eso nuestra súplica en este día, nuestra oración en este día ha de ser esa. Normalmente, cuando ha sufurido, uno se cubre más el cuerpo, y en esas regiones, donde siempre hay nieve y vientos helado, la gente usa guantes bufandas, gorros, zapatos, pantalones, abrigos porque el clima es muy fuerte.
Pues algo así tememos que hacer nosotros. El clima de este mundo es muy fuerte, es muy complicado, es muy duro porque si tú pretendes ser humilde, fácílmente te van a humillar. Por algo nosotros predicamos el pecado original, el hecho de que llegar a este mundo es una pena. El pecado original no es una culpa es una pena, es algo distinto.
Así pues, si el clíma en esta tierra es tan dificil, si es tan terrible quiere decir que hay que abrigarse por todas partes, y abrigarse por todas partes es vestirse de la Sangre de Cristo. Vístete de la Sangre de Cristo por todas partes, así como Jesús brotó sangre desde la cabeza hasta los pies, así tú también has de vestirte de Sangre de Cristo desde la cabeza a los pies.
¿Y esto qué quiere decir? Esto quiere decir: viste con la Sangre de Cristo tus pensamientos, viste de Sangre de Cristo, fijate que el Apocalipsis dijo: "esos que llevan túnicas blancas" (véase Apocalipsis 7,13). No son esos que llevan las faldas blancas, ni esos que llevan los taparrabos blancos, o las camisetas blancas, es los que llavan las túnicas, signo de la persona que está completamente vestida, como es nuestro hábito dominicano, completamente vestida. Así hay que vestirse, completamente con la Sangre de Jesucristo, completamente con su amor, completamente con su gracia.
Si una persona estuviera, por ejemplo, en el polo Norte, y la persona de chistosa, se abrigara todo menos la mano izquierda, al cabo de una hora, habrá perdido la mano, se le habrá congelado la sangre y se perderán esos miembros. Eso es lo que nos pasa a nosotros. Nosotros nos vestimos de Cristo, pero dejamos zonas descubiertas, y en esas zonas descubiertas la Serpiente, que no ha dejado de rondar, fíjate que la Biblia no dice que la Serpiente se murió, eso no dice en el Génesis, lo dice sólo en la victoria final del Apocalipsis, o sea que la Serpiente sigue por allí recorriendo, podrá morderte en la parte que no esté cubierta por la túnica de la Sangre de Cristo.
Si tú dejas tu billetera, si la dejas sin cubrirla de la Sangre de Cristo, más tarde o más temprano la serpiente artera tenderá su dientes, y entonces resultarás haciendo pecados con ese dinero, porque no lo cubriste con la Sangre de Cristo y con la túnica. Si tú dejas tus pensamientos muy en Jesucristo y estás muy bien convencido en tu cabeza de Jesucristo, pero tu corazón no lo has cubiero con la tunica, la serpiente artera se lanzará y te morderá el corazón y te llenará de odio, de resentimiento, de impureza.
Hay que vestirse de la Sangre de Jesucristo. El trabajo duro ya lo hizo El. Hay que vestirse de la Sangre de Jesucristo completamente. Nuestras, manos, nuestros pies, nuestra salud, nuestro pasado, nuestro futuro, los niños, las cosas, los afectos, la sexualidad, todo ha de ser vestido en la túnica y una vez que se viste con la tunica de la Sangre de Cristo, ,es el poder de Cristo el que te custodia, porque la Sangre de Cristo es una maravillosa armadura que te defiende.
¿Sabes por qué la Sangre de Cristo es una maravillosa armadura? Porque es la declaración de que Dios está a tu favor, ese es poder que tiene la Sangre de Cristo. Por eso, cuando los dardos incendiarios del enemigo, cuando la Serpiente antigua, cuando el Diablo y Satanas se acerca a ti y mira por dónde te puede morder, si tú estás vestido completamente de la Sangre de Cristo, el que huye, y huye aterrorizado, es Satanás. No tiene nada qué hacer contigo, porque tiene miedo de Aquel que sabe que es más poderoso que él.
Por eso el que está vestido de la Sangre de Cristo no tiene miedo, no tiene temor, tiene paz, y se pasea por esta tierra, y lleva el aroma del incienso y ofrece, en todas partes, un sacrificio de alabanza. ¡Qué bella es la vida cristiana! ¡Qué hermosa!
Queridos amigos, que el poder de esa Sangre te revista. Yo te quiero invitar hoy solemnemente, te quiero invitar hoy: ¡sí, cúbrete completamente en la túnica de la gracia y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo!
Hoy cumple, hoy cúbrete completamente, ¿para que ? Para que ninguna parte de tu vida pueda ser prostituida, gangrenda, ensuciada, lastimada, destruida. Esto no significa que ahora vas a tener seguro de vida, precisamente Cristo, que fue el primero que vistió con su propia Sangre, ya ves todo lo que le pasó.
La santidad no es ningun paseito, la santidad no es ningun deporte, y en el camino de la santidad nos pasan muchas cosas, y muchas cosas malas, sobre todo, las que nosotros mismos nos hacemos.
No te estoy diciendo que no vas a tener luchas, no te estoy diciendo que no vas a tener dolores, sino que esos dolores y sufrimientos y luchas, serán victoria tras victoria, porque también de esos males tú aprenderas a sacar magníficos bienes y con el poder de ese amor, con el poder, de esa uncion, de cada ataque, de cada dolor, de cada sufrimiento saldrás más rebustecido para darle la gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo