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Fecha: 19961121
Título: La Presentacion de la Virgen Maria.
Original en audio: 5 min. 58 seg.
El misterio de la presentación de la Virgen María, lo comprendemos mejor si lo relacionamos con aquello que Dios quería para su criatura predilecta, el ser humano, y que pareció quedar frustrado con nuestros primeros padres.
Si uno hace memoria del texto del Génesis, inmediatamente después de que está creado el hombre, el primer acto voluntario que se registra en el ser humano, a parte de la alegría del encuentro de la pareja, este es: "hueso de mis huesos y carne de mi carne" (véase Génesis 2,23); dejando esa alegría de encontrarse a sí mismo, el primer acto voluntario del ser humano es apartarse de Dios.
Consecuencia necesaria de este acto es lo que nos narra el mismo libro del Génesis, como lo escribe pintorescamente este libro santo: va Dios por el jardín y el hombre se esconde, no se puede presentar ante Dios, se ha hecho distante de Dios. Dios es una amenaza para él, es un peligro para el.
Dios ya no es la fuente de su vida, se ha roto la comunicación con El y por eso intenta esconderse en el jardín. De ese juego a las escondidas no hemos terminado de salir. También nosotros seguimos jugándole a las escondidas a Dios, seguimos escondiéndonos entre las criaturas, ocultos o tratando de ocultarnos a su mirada y pretendiendo hallar en ellas una felicidad que de continuo se nos escapa.
Ante esta realidad de la humanidad, es maravilloso meditar en el misterio de la presentación de la Virgen María.
La interpretación teológica que más me gusta - aunque en esto no deberían primar los gustos - sobre esta presentación de María, es precisamente cómo aquel acto voluntario por el que Ella se reconoce de Dios y por el que Ella orienta su vida hacia Dios.
Habla la psicología y la moral de la opción fundamental de una persona. En la mayoría de nosotros hay una opción fundamental radicalmente positiva, radicalmente creyente, radicalmente amorosa, pero esa opción suele estar contradicha con una serie de actitudes y una cantidad de actos que no son precisamente los queridos por el Señor en nuestra vida.
Como ese desorden y esa incoherencia no están presentes en María, podemos perfectamente afirmar que el primer acto consciente de esta niña, tres, custro, cinco años de vida, seis, no lo sabemos, pero el primer acto en el que Ella hace uso de razón, es un acto coherente con la opción fundamental y radical de su vida, como aparece en el Evangelio.
Y ese primer acto, que es también el acto continuo de ofrecimiento de su vida hacia Dios, ese es el misterio de la Presentación de la Virgen.
Por consiguiente, es exactamente devolver el camino que fue hecho en mala hora por la desobediencia y por el pecado de los padres. Puede decirse que si el pecado de nuestros primeros padres deja a Dios e intenta esconderse entre las criaturas para no ser vistos por Dios y para pretender en ellos su felicidad y su realización, la Presentación de la Virgen es como lo contrario, es dejar el engaño de las criaturas, o mejor, es dejar a las criaturas en cuanto son engaños o trampas para nosotros y es volverse radicalmente hacia el Creador.
O mejor todavía, es encontrar en la entraña misma de la creación y de la historia, esa opción amorosa de Dios ante la cual la única respuesta realmente razonable o realmente amorosa, es un "sí" como el que Ella ha presentado. Por eso en los ojos de esta Niña, en los ojos de María que se presenta ante Dios, está la mirada que Dios esperó durante siglos, es decir, la mirada que El esperó de se criatura racional, del ser humano desde que lo creó.
Una mirada que el hombre le negó a Dios, una mirada que el hombre apartó de Dios, una mirada que el hombre ensució. Hoy, en la mirada de esta Niña, se limpian, se renuevan nuestros ojos y se preparan para contemplar definitiva y decisivamente a Dios por la eternidad.
Unámonos entonces al espíritu de fe, de esperanza y de amor de María, en el acto voluntario y sublime de presentarse ante el Señor, y al unirnos a Ella, pidamos que Dios aparte de nosotros cualquier actitud de escondite, de huir de él o de pretender alguna felicidad o realización de espaldas a El.
María, dános de tu corazón, dános de tu "sí", danos de tu mirada, para hacer también nosotros misterio de presentación y de ofrecimiento en este día.