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Fecha: 20021002

Título: Creer en la Providencia de Dios

Original en audio: 6 min. 30 seg.


La oración que hemos dicho al comienzo de la Santa Misa, dirige nuestra atención sobre la Providencia de Dios. Es una expresión, es una palabra que está cargada de belleza y que trae mucha confianza, trae mucha luz a nuestra vida.

Cuando el Padre Buenaventura García, restaurador de una nuestra provincia dominicana de Colombia, quiso ponerle un titulo a su obra autobiográfica, un recuento de sus dolores, su búsqueda y sus servicios a la Iglesia y a la Orden, el titulo que por fin le puso fue: "El Hijo de la Providencia".

Y creo que es muy hermoso mirarnos como hijos de la Providencia, porque nuestro Ángeles Custodios siendo tan bellos, tan grandes, tan santos y tan fuertes son solamente una de la expresiones de Dios.

Y la Providencia de Dios nos ayuda inmensamente, porque nos permite situar nuestro pasado, nos permite afirmar, asentar nuestro presente y nos permite descansar sobre nuestro futuro. Es tan importante poder situar el pasado. Tanta cosas han sucedido en nuestra vida, muchas de ellas estaban fuera de nuestro planes. Pero, nada ha sucedido en nosotros que esté por fuera del plan definitivo de Dios para nosotros.

Los ojos de Dios descubren una secuencia, descubren un orden, descubren una armonía allí donde nosotros no vemos más, o donde no alcanzamos a ver más.

Creer en la Providencia de Dios es creer que los ojos de Dios están viendo lo que yo no alcanzo a ver. Creer en la Providencia de Dios es creer que Dios puede aceptar lo que yo mismo no puedo aceptar de mi, de mi familia, de mi comunidad, de mi pasado.

Creer en la Providencia de Dios es creer que existe un poder más grandes que la fuerza de mis manos, más grandes que el esfuerzo de mi voluntad y más grandes que los intereses o que las voluntades que están en juego en esta tierra. Creer en la Providencia de Dios es realmente creer que Dios es el Señor.

Nuestros Ángeles, a quienes la Biblia llama: "Poderosos ejecutores de las órdenes de Dios, ágiles en el servicio divino" Eclesiástico 16,27, son lecciones vivas, son mensajes vivos del señorío de Dios. Él es el Señor.

Creer en la Providencia de Dios es creer que Él es el Señor, y precisamente porque es el Señor, y porque no hay quién escape de sus manos, también dice la Sagrada Escritura: "Entonces todas las voluntades, todos los acontecimientos finalmente se resuelven, finalmente conducen por caminos que no nos podíamos imaginar, hacia el cumplimiento de ese plan divino" Deuteronomio 26,8.

Es muy grande creer en la Providencia de Dios, pero no es sólo muy grande, es muy necesario. Uno no puede encontrar paz sin creer en la Providencia de Dios.

"¿Por qué pasaron esta cosas? ¿Por qué me hicieron esto? ¿Por qué me dijeron esto? ¿Por qué yo dije? ¿Por qué yo pensé? ¿Y por qué yo hice?" Si nosotros, con nuestra mente limitada, tratáramos de resolver hasta el último interrogante, y el último por qué, finalmente, nos deprimimos, nos desesperamos y nos volvemos locos.

Hay un momento en que uno empieza a creer en la Providencia de Dios. Y entonces Dios, no forzado por nuestra cabeza preguntona, sino por su corazón generoso, nos regala repuestas. Y eso sí es manjar del cielo. Ver cuando Dios le parece, cuando Dios así lo quiere. Ver cómo el Señor nos regala la dulzura de entender, por qué me sucedió esto.

"¡Ahora lo entiendo! Es que todo tiene sentido, es porque esto que me parecía una gran contradicción, esto, que me parecía una gran vergüenza, esto, que me parecía un terrible dolor, ahora veo porque me ha sucedido, ahora veo lo que Dios quería".

Creer en la Providencia de Dios es un ejercicio maravilloso en la paz. Y es también una anticipación de la visión celestial.

Es doctrina común de los Teólogos, que en el cielo hay una completa paz, hay una absoluta reconciliación.

En el Cielo no está San Pedro preguntándose: "¿porque negué a Cristo? Yo hubiera podido no negarlo". ¡Ese Cielo no sería Cielo!

Si Pedro siguiera por los siglos de los siglos preguntándose: "¿Y yo por qué fui tan cobarde? ¿Y si yo hubiera dicho otra cosa?"

El cielo supone una contemplación tan perfecta del plan divino, que da una absoluta paz, incluso con los propios pecados.

Por esos vamos hoy a implorarles a los Santos Ángeles que nos ayuden a transformar nuestra mirada, que nos ayude a descubrir, como hizo Rafael, por ejemplo, acompañando a Tobías; que nos ayuden a descubrir, en el camino de nuestra vida, el camino de la vida, el camino de la vida divina.

Amén.