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Título:
Fecha: 1997/05/10
Duración: 15 min. 53 seg.
Las palabras de Jesús difieren bastante entre los tres primeros evangelios llamados sinópticos y este cuarto evangelio, el evangelio del discípulo amado, el evangelio de Juan.
No son muchas las palabras de Cristo que aparecen en los cuatro evangelios. Y sin embargo, hoy nos hemos encontrado con una de esas palabras. Pedid y recibiréis. Esta invitación está en el evangelio de Juan y está también en Lucas y en Mateo.
Pedid y recibiréis. Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Pedid y recibiréis. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre.
Que quiere decir esto, porque es mucho lo que se promete. Será bueno saber como entrar en esas promesas. Aparece aquí Cristo, como el que esta dando grandes bienes, nos encontramos en un mundo lleno de males y vacío de vienes. O sea que este evangelio puede transformas nuestra vida. Este evangelio puede cambiar la vida del mundo.
Pedid y recibiréis para que vuestra alegría sea completa. No mas escuchar estar palabras, fluyen preguntas en el corazón.
¿Que clase de alegría entonces hemos tenido nosotros?
¿Que es una alegría completa?
¿Que es pedir al Padre en el nombre de Cristo?
¿Porque no hemos pedido así?
¿Se aplica este evangelio a nosotros?
¿Podríamos nosotros decir en este sábado, que no hemos pedido todavía en el nombre de Cristo? ¿Será por eso por lo que no hemos recibido?
¿Será que si nosotros pedimos entonces en el nombre del Señor, este evangelio se cumple hoy y entonces nuestra alegría es completa?
O se ha hablado de esto en comparaciones?
Dice Jesús:
Ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente, aquel día pediréis en mi nombre y no olvido que yo rogare al Padre, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que salí del Padre.
Ahí esta la clave de este evangelio. Pedir en el nombre de Cristo, es como pedir en el lugar de Cristo, es como pedir desde Cristo. Uno no ha pedido desde Cristo. O tal vez, muchas cosas no las hemos pedido desde Cristo. ¿Que es pedir desde Cristo? ¿Como se esta en Cristo para pedir desde Cristo y por lo tanto pedir en su nombre?
Se esta en Cristo, cuando uno quiere a Cristo, esas son las dos características, uno quiere a Cristo y cree que Cristo salió de Dios.
Si un cree en El y uno lo quiere a El, entonces uno entre en El , uno ruego dentro de El y ese ruego es el que el Padre siempre cumple. En este sentido el evangelio de Juan avanza mas que los otros evangelios, porque los otros dejan la frase del Señor así como suelta. Pedid y recibiréis. Juan nos muestra porque sucede así y como sucede así.
Pedid y recibiréis no significa que vamos a tener la varita mágica de los cuentos, para que entonces, “yo quiero mas dulce, yo quiero una pelota, yo quiero jugar en el parque” y eso sucede. No es nuestra voluntad la que va a resultar como emperatriz, como tirana. Sino que para aquel que esta en Cristo, su voz se convierte en la voz de Jesús, la voz del Hijo, y la voz del Hijo siempre es escuchada. No hemos escuchado, no hemos sido escuchados, talvez porque no es hemos como hijos, hemos pedido como extraños.
Catalina de Siena habla del acercamiento a Cristo y dice que la gente pasa como tres estados. En otras versiones, hablamos de tres generaciones, de tres edades, lo que sea, pero ese numero tres, parece que es importante en la vida espiritual.
El primer estado, dice Catalina, es el de el siervo mercenario, quiere algo de Dios, pero no quiere a Dios. Lo que quiere de Dios es lo que pide, pero como no quiere a Dios, entonces Dios le da según ve que le conviene para seguir avanzando. Por eso a veces da y aveces niega. Es un siervo mercenario, en el fondo está pensando en si mismo, esta pensando por ejemplo en su propia paz, en que las coas les salgan bien, en dejar de sufrir, en obtener dinero, puesto, o lo que sea. Siervo mercenario .
De pronto da un paso mas, ese segundo paso Catalina de Siena lo llama el del siervo fiel. Se parece a esos siervos de los que nos hablan algunas crónicas de la edad media. Esos hombres que estaban en las tierras de sus amos y eran siervos y cumplían las ordenes de sus señor, pero seguían siendo siervos.
No son de los de adentro, no son de los de la casa. No son íntimos, ni tampoco les interesa ser íntimos. Están bien con lo que tienen. Tienen su casa, tienen su vida, y les basta con saber que protegidos así por el señor feudal, las cosas les salen bien. Ese es el siervo fiel, es el segundo estado o como la segunda generación.
Pero hay un tercer estado, que es el estado de amigo o de Hijo. Es el de aquel que ya no solo le preocupa si la cosecha salió bien para pagar el arriendo, o si la cosecha salió bien para que no me echen de esta tierra, sino que si la cosecha salió bien porque quiero que las cosas le salgan bien a mi Padre.
Esta es la diferencia entre el lenguaje del príncipe y el lenguaje de los siervos, ya se trate de siervos fieles o de siervos mercenarios. Al siervo le interesa que las cosas salgan bien, pero no le interesa que a Dios las cosas le salgan bien. En el fondo no tiene los intereses de Dios en su alma. En el fondo le parece bien que las obras funcionen, o que las cosas le funcionen a el mismo. Pero no tiene el interés de Dios, no ama a Dios sobre todas las cosas.
No esta de pelea con Dios tampoco, no seguramente, que no. A el le conviene que a Dios le salgan las cosas bien, pero no ama el triunfo de Dios, la gloria de Dios, el éxito de Dios, que Dios se luzca, no tiene corazón de Hijo. En cambio, el que ya tiene corazón de Hijo, ese es el que se puede decir que quiere, es el que quiere al Padre. Entonces la invitación es a caminar hacia el corazón de Hijo.
¿Cual es la manera de saber si uno va teniendo el corazón de Hijo o no lo va teniendo? Hay muchos síntomas en esto del corazón de Hijo. Uno de los síntomas es, que cuando la persona comienza a tener ese corazón de Hijo, los intereses de Dios se van convirtiendo en sus propios intereses.
De pronto se descubre a si mismo en sus propios cavilaciones o meditaciones, y descubre que lo que le esta ocupando es como va a quedar Dios: “Bueno ¿Y los intereses de mi papá, como van a quedar en este negocio?” Así hablaría el príncipe. ¿Y mi papá, que va a ser de mi papá aquí, que se va a decir de mi papá aquí?
Los otros en cambio, están pensando en si mismos, en sus propios bienes, en su estabilidad, en sus cosas, e incluso en su progreso espiritual. En el segundo estado, o segunda generación, la persona esta muy afanada por su progreso espiritual. Y llega el punto en que su interés por progresar y progresar, su interés por avanzar en la vida espiritual, llega a convertirse en un interés mas importante que el interés de Dios.
El que tiene corazón de amigo o de Hijo, no esta obsesionado con el progreso espiritual, esta obsesionado por amar, por amar mejor, por amar mas, por amar. Ese es su fuego, esa es su inquietud. El otro en cambio, tiene interés en avanzar el, en salir de sus problemas, en alcanzar sus metas.
El corazón de Hijo es distinto, esta ocupado por los intereses de su Padre. Y dice:
“¿No os digo que yo rogaré al Padre por vosotros? Pues el Padre mismo os quiere.
El corazón de Hijo lo que no puede olvidar, nunca es esta realidad. El Padre me quiere, mi Padre me ama, mi Padre Dios me ama. Es esta la certeza que, es como una especie de sol que son se oculta en el alma del Hijo.
Mi Padre me ama, El me ama. Llegan males ¿Que mal puede tener, sino perder el amor de mi Padre? Llegan bienes ¿Que bien puedo recibir que se compare al amor de mi Padre? Hay prosperidad ¡Pues que crezca el amor hacia mi Padre! Hay adversidad ¿Que va a pasar con los intereses de mi Padre? Este es el Hijo, este es Jesús, así obra Jesús.
Entonces pedid y recibiréis, es aquí, ¡Aprende a ser Hijo, encamínate hacia ser Hijo! ¡Siéntate en mi misma silla, ponte mis mismas sandalias! ¡Piensa como oro yo, mira como ruego yo, mírame, mírame rogar al Padre! ¡Piensa y descubre, contempla cuanto le amo y cuanto te amo!
Y en esa contemplación de cómo ora Jesucristo, algo va sucediendo en el corazón, algo va pasando y uno va empezando a tener corazón de Hijo. Porque ya no tiene, ya no tiene la tormenta de ¿Que va a pasar conmigo, que va a pasar? ¡Me van a desproteger, me a van a olvidar, me van a echar a un lado! ¡Voy a perder esta plata, no voy a aprender esto! Esas preocupaciones ya no son las primeras. La preocupación fundamental es solo la gloria del Padre.
Las preocupaciones que uno tiene sobre si mismo, son enloquecedoras, literalmente enloquecedoras. Uno se rodea de rejas, he comentado esto en alguna otra predicación. Uno se rodea de rejas, nadie vive tan nervioso como el que vive rodeado de rejas. Porque ha visto como se ponen las rejas, y el que sabe como se pone una reja, sabe como que quita una reja. Y el que sabe como se pone una alarma, sabe como se desactiva una alarma. Y el que contrata a un servicio de vigilancia, sabe como se soborna un servicio de vigilancia.
No hay nadie tan nervioso como el que vive rodeado de rejas, protecciones, aduanas, centinelas, seguridades. Cuanto mas intenta uno protegerse uno, y que lo de uno salga, y lo de uno funcione, mas nervioso vive, y mas desasosegado y mas intranquilo. Y por eso la alegría no es completa.
¿Usted cree que es que Dios le da mas bienes a unas personas que otras?. ¿Que el sol solo alumbra para unos y no para otros? Porque hay personas que parecen conservar las paz en medio de los insultos, el desierto, las tribulaciones, y hay otras personas que inmediatamente pierden las paz ¿Porque sucede eso? ¿Será que Dios a unos si les dio amor y a otros no?
La palabra de Cristo es clara, el Padre os quiere, os ama ¿Entonces que es lo que pasa? Pues pasa que la alegría del que vive encerrado en sus rejas, y aduanas y protecciones y sistemas de seguridad no es completa, porque es tal la intranquilidad. Es comerse un pan y no saber si voy a acabarlo antes de que me lo roben. Es dormirse sin saberse si me van a atracar. Es guardar las joyas y saber que me las pueden robar. ¡Que alegría completa va a haber así, ahí no hay alegría completa!
Solo puede haber alegría completa cuando uno siente la paz completa, es decir, cuando uno se siente fundado en Dios. Dice Jesús: Pedid y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Pues vamos a encaminarnos hacia allá. Vamos a tener corazón de Hijos, mejor aun, el corazón de Hijo de Dios. A rogar a suplicar, y sobre todo, a agradecer y alabar con el corazón de Jesucristo.
A agradecer ¿Como daría Cristo las gracias por cada día? ¿Como agradecería Cristo al Padre, y al mundo también, y al pueblo también, y a la gente también? ¿Como agradecería Cristo cada vaso de agua, cada descanso nocturno, cada caminata, cada amanecer, cada pájaro, cada árbol, cada conversión? ¿Como agradecería Cristo? Corazón de hijos. ¡Quiero tener ese corazón!
¿Y que prueba tengo yo de que un día ese corazón lo voy a tener? Bueno, si recibe el cuerpo de Cristo, si recibe la sangre de Cristo. Si el cuerpo y sangre, alma y divinidad de Jesucristo se me comunican. Si hoy soy admitido a su cena, es que yo no soy un siervo mercenario, ni siervo fiel, es que yo soy de su casa. El me trata como Hijo, yo también lo he aprendido ha tratar como Padre.
Y sigo buscando entonces el mejor sistema de seguridad, y el mejor sistema de riqueza, y el mejor sistema de provisión. Y no entiendo, y no termino de entender que mi Padre ¡El es mi riqueza, mi Padre Celestial! ¡El mi protección y El es mi defensa y El es mi paz!
Y para que yo no lo dude, aquí esta El hablándome, alimentándome, sanándome. ¿Que mas prueba le pido yo al amor de mi papá, que comer el cuerpo santísimo de su santo …(fin de la grabación)
Amén.