I342002a
Fecha: 19991123
Título: Edifiquemos sobre la piedra angular que es Jesucristo
Original en audio: 29 min. 3 seg.
Queridos Hermanos:
Quiero empezar agradeciendo a Dios Nuestro Señor por cada una de las oraciones que se han hecho estos días, por mi en particular, yo sé bien que este Encuentro Internacional del Nuevo Pentecostés fue preparado con numerosas comisiones, con mucho esfuerzo y con muchos aportes de muchas personas, pero gracias a Dios no faltó lo principal y primero, la oración.
El que edifica sobre el cimiento de la oración, edifica con firmeza; el que edifica sobre el cimiento de la oración, edifica en la firmeza de Dios y esa es la firmeza que no tienen los reinos humanos, aunque parezcan grandes, aunque nos impresionen por su aspecto.
Los gobiernos humanos y los esfuerzos humanos, si no han encontrado la piedra angular que es Jesucristo, si no se han apoyado en Jesucristo, si no tienen su firmeza en Jesucristo, son como ese ídolo del que nos habló la primera lectura, un ídolo que aunque era grande tenía los pies de barro.
Estaba leyendo hace poco, sobre un estudioso de la economía mundial y de la economía norteamericana en particular, ese hombre, un científico y divulgador de la ciencia, Martín Garner y decía: "Todo el mundo sabe que en el año 1929 hubo una pavorosa crisis financiera, fue una cuestión enloquecedora, fue un problema que mandó a la locura y al suicidio a multitud de personas, ¿en qué consistió?
La gente había puesto su dinero en acciones, pero los precios de las acciones dependen de lo que diga la bolsa, y resulta que como si fuera un castillo de naipes, la bolsa de Nueva York y luego las bolsas financieras de muchas otras ciudades, fueron cayendo una tras otra.
Hubo gente que se acostó una noche siendo dueña de diez millones de dólares y se levantó al otro día con doscientos o trescientos dólares, porque los precios de las acciones se vinieron al piso, nadie estaba dispuesto a comprar y los que intentaban vender prácticamente tenían que regalar sus acciones.
Esta catástrofe financiera, de 1929 está cumpliendo en este año setenta años, setenta años después escribe este estudioso de la economía: "Nadie puede explicarse todavía por qué se cayó la bolsa de Nueva York"; setenta años después nadie puede entender todavía por qué una mañana los neoyorkinos y millones de personas se levantaron incapaces de creer en otras personas, incapaces de mantener el valor del dinero.
El dinero perdió su valor, las acciones se fueron al piso, los cuadros fueron patéticos, dantescos, terroríficos, en un solo día se suicidaron decenas de personas, muchos de ellos espantosamente arrojados de las ventanas de edificios, cuando comprendieron que sus deudas no iban a dar espera y cuando entendieron que sus acciones, en las que habían puesto el dinero y ahorro de toda su vida, ya no valían nada, se llenaron de terrible desesperación, y muchos de ellos se tiraron de ventanas y edificios.
Los espectáculos horrendos de la sangre en las calles, sangre de suicidas fueron inolvidables, quedaron profundamente grabados en el sistema económico y financiero de Estados Unidos y del mundo entero.
Es tanto el pánico y es tan amargo el recuerdo que ha quedado de esa experiencia de 1929, que todavía recientemente, cuando alguna bolsa financiera, cuando alguna bolsa de acciones hace crisis, no por caridad cristiana si no por no dejar caer el sistema, se presentan ayudas internacionales, recursos financieros, ayudas extraordinarias.
Hace algunos meses la bolsa de Filipinas hizo crisis e inmediatamente en todo el mundo cundieron las alarmas, un poco antes una bolsa en Brasil hizo crisis y se despertaron las alarmas.
Todo esto nos hace pensar que los sistemas económicos y financieros de nuestro tiempo son muchísimo mas frágiles de lo que nosotros creemos, porque si lo pensamos un poco, mis amigos, ¿qué es el dinero y en qué sustenta su fuerza y su autoridad, si no es en que todos le ponemos algún grado de credibilidad a esos papeles?
Esos papeles que son las acciones, los dineros, los depósitos a término, los pagarés; son todos papeles, todos ellos dependen de la fe que todos nosotros les ponemos.
La cosa es tan trágica, que si mañana, como sucedió aquel día de octubre de 1929, si mañana nos despertáramos todos con la idea de que no creemos en el dinero, seguramente una cadena espantosa de suicidios acontecería como en aquel día de 1929.
El dinero no nos sostiene a nosotros, nosotros sostenemos el sistema financiero y si usted investiga un poco de economía, yo no voy a abundar aquí en datos, porque no soy experto y porque no es el propósito de una homilía, si usted ahonda un poco en las llamadas ciencias económicas, se da cuenta de que la economía es una ciencia sólo a medias, porque depende de una cantidad de factores que no son en absoluto seguros, ni estables, ni fijos, como los tienen las ciencias físicas o naturales.
Por ejemplo, el agua hierve si está a nivel del mar a 100°C y eso no depende del genio, del carácter o del gusto de la gente, en cambio, la economía depende de demasiadas cosas, demasiados factores, demasiados intereses, la economía del mundo entero es un pacto, un gigantesco pacto de intereses entre países, bolsas, empresas, personas, gobiernos, es un acuerdo gigantesco, es una fe gigantesca, tan frágil, que en un solo día puede caerse.
Pero no es ese el único imperio que es frágil, yo estoy en una campaña, una pequeña y modesta campaña hace meses y quiero aprovechar este momento para compartir de qué se trata. En mi país, y lo mismo que en muchos otros países hay graves problemas con el narcotráfico, graves problemas con la drogadicción, pero hay muchos otros problemas graves, con otros vicios, por ejemplo, con el alcohol, o la pornografía, o tantos otros.
Los mecanismos estatales o gubernamentales para frenar la propagación de los vicios funcionan a medias, y hay una sola cosa que está clara, es necesario cambiar los hábitos de consumo para que deje de ser negocio aquello que hoy produce dinero ilegal, ese es un negocio, ese es un imperio que también es frágil.
Yo no voy a predicar ni aquí ni en ninguna parte, yo voy a predicar que luchemos contra el sistema financiero y que provoquemos oleadas de suicidios, no me interesa ser responsable de esas muertes, ni es eso lo que yo quiero predicar.
Ese imperio del dinero, aunque ciertamente tenga tantas injusticias, ese imperio del dinero puede ser de alguna manera útil, beneficioso, en sentido de que el dinero bien utilizado cumple un servicio social, pero nosotros, en cambio, sí que podemos luchar contra imperios que son inmorales, como son los imperios de los vicios.
Y lo primero para luchar contra esos imperios es entender que son frágiles, que tienen los pies de barro, que aunque parezcan ostentosos, no tienen fuerza; no son ellos los que nos dominan a nosotros, somos nosotros los que les damos vida a ellos, porque la diferencia entre el Dios vivo y los ídolos muertos, es que el Dios vivo nos da vida a nosotros, mientras que los ídolos muertos se alimentan de la vida que nosotros les damos.
Mientras que los ídolos reclaman víctimas humanas y necesitan de la vida humana para sostenerse y nosotros les damos vida a ellos, el Dios verdadero es el que nos da la vida a nosotros, Él es el Dios vivo, el Dios vivificante, el Dios que nos sostiene a nosotros.
Por eso de esta primera lectura podemos sacar una enseñanza y esa es la campaña en la que ando metido: "Vamos a derribar los ídolos, vamos a hacer caer los ídolos ¿y cómo vamos a hacer caer los ídolos? Tengo un lema, un estribillo para esa campaña: “Vamos a hacer que el mal sea mal negocio”; vamos a destruir los imperios tenebrosos, satánicos de este mundo, los vamos a destruir convirtiendo el mal en un mal negocio.
Te lo voy a plantear de esta manera: en mi país lo mismo que en muchos otros países, hay todo género de prensa, de publicaciones, por ahora es un ejemplo imaginario, pero quiero acudir a tu imaginación y quiero que tú pienses qué podría pasar si se me hiciera caso en esta propuesta.
Resulta que hay algunos periódicos que se alimentan de lo que en Colombia llamamos sensacionalismo, es decir, el espectáculo de la sangre, de la violencia, de las masacres y el espectáculo también del sexo barato.
Producir un periódico de esos vale muchísimo dinero y ese dinero es un buen negocio, porque cada mañana hay una oleada, hay un rebaño de personas que van detrás de su placer y que van a dar su dinero para sostener ese negocio, si nosotros vamos a esperar a que el gobierno de Colombia o las Naciones Unidas, o qué sé yo, qué parlamento prohíba ese tipo de publicaciones vulgares, nos moriremos de viejos sin lograr nada.
Pero imagínate, sólo imagínate, el poder de la imaginación, el poder de reconocer un futuro distinto es inmenso, y aquí hay miles de personas.
Imagínate que mañana los dueños de un periódico de esos, por hablar de una cosa relativamente pequeña, que ellos sacan su tiraje de la mañana, supongamos quinientos mil ejemplares, ¿cuánto cuesta un tiraje de esta cantidad aunque le saliera a un dólar por ejemplar?
Es una suma respetable, imagínate que ellos sacan su edición de la mañana, medio millón de dólares invertidos, ahora imagínate que nadie compra, imagínate eso, llega la tarde y tienen que recoger sus periódicos, han perdido en un día medio millón de dólares.
Una compañía puede sostener ese ritmo, al otro día saca otro periódico más escandaloso, más vulgar y está en todos los puestos y en ese otro día no se vende ni un solo ejemplar, han perdido un millón de dólares en dos días.
Yo te puedo asegurar que no hay empresa que resista perdidas de quince y veinte millones de dólares al mes, no hay una empresa que resista eso, en un mes, dos meses por mucho tres meses, habremos destruido esa empresa, habremos acabado con ese veneno, lo podemos hacer y sólo necesitamos tres meses.
Acabar los negocios, acabar el mal es fácil, lo que se necesita, según nos dice la primera lectura, es esa intervención celestial, esa roca que se desprendió sin mano humana, y esa roca que Dios regala como verdadero cimiento, esa roca firme que fue desechada por los arquitectos y ahora es la piedra angular se llama Jesucristo.
Si nosotros recibimos la roca y paramos nuestra vida en la roca, nosotros podemos destruir los imperios del mal, lo podemos hacer, ¿para eso qué necesitamos? Necesitamos muchos micrófonos como este, y muchos predicadores como este, pero sobre todo mejor que este.
Todas las empresas del mal, absolutamente todas, las estamos pagando nosotros, si nosotros le cerramos la llave a las empresas del mal, ninguna empresa resiste ritmos de quince, veinte o cien millones de dólares al mes; te aseguro que se convertirán a Jesucristo, y a los pies de la Cruz, reconocerán que sólo Jesús es el Señor!
En mi país, perdón que todos los ejemplos sean de mi país, yo quisiera recorrer un poco más pero sinceramente esta es la primera vez que me invitan a predicar fuera de mi país, soy novato en estos asuntos.
En mi querido país hemos conocido de manera impresionante el imperio del mal, las noticias que se difunden internacionalmente son todas malas, las noticias que yo conocía de Bolivia, en mi país, eran en su mayoría malas, llego aquí y lo que encuentro son sonrisas abrazos amor, fe acogida, amistad.
Y yo estoy seguro de que también ustedes, las noticias que ustedes reciben de mi país son en su gran mayoría o casi todas malas, hay casos impresionantes realmente impresionantes, mira, la zona noroccidente de Colombia se llama Urabá, se descubrió hace unos años y un grupo de narcotraficantes habían construido un edificio de cuatro plantas en Urabá.
Urabá es una zona sumamente pobre, necesitada en muchos aspectos, no es fácil construir un edificio de cuatro pisos, lo extraño no es eso, lo extraño es que es un edificio de cuatro pisos subterráneo. Imaginate la ingeniería, las máquinas y el dinero que se necesitan para hacer eso.
Por fuera tú no ves sino matorrales, junglas y plantas, de pronto animales, culebras. Y hay unas entradas como si fueran topos a un edificio gigante de cuatro pisos hacia el fondo, en la tierra, como topos para producir y procesar droga. Es una vergüenza de mi país, desde luego para decir esto.
Sé que no es la única parte donde sucede y desde luego que no lo digo como ejemplo de nada, excepto como ejemplo de una cosa: las personas que le metieron millones y millones de dólares a esa construcción de alta ingeniera, con ventilación, con agua, luz de todo.
Las personas que hicieron eso tenían una confianza total, absoluta de que esa inversión no iba a ser perdida. Las industrias del mal, las industrias del pecado hacen unas inversiones cuantiosas y están convencidos de que pueden recuperar su inversión.
Yo creo que para detener esas empresas no van a bastar los poderes del gobierno, le tengo mucho respeto al gobierno de mi país y oro por mi presidente, el Congreso, la Corte Suprema, todas las instancias.
San Pablo me enseñó a orar por los gobiernos, por el de mi país y por el todas partes, tengo respeto por mi gobierno pero soy una persona realista, soy consciente de que las grandes soluciones no van a venir por ese camino, yo le creo mucho más, muchísmo más a un encuentro de Internacional de la Renovación Carismática, porque pienso que cien mil personas alabando a Jesucristo son fuerza viva.
Imagínate lo que puede suceder, hoy estoy apelando a tu imaginación, si empiezas a reunir gente, diez mil, veinte mil, cien mil personas; cien mil personas menos para los imperios de Satanás, cien mil personas menos para los negocios ilícitos.
Y si tú, ungido o ungida con el poder del Espíritu Santo, si tú te haces eco de esta campaña, si tú atraes hacia el reinado de Jesucristo, que es la roca firme y piedra angular, si tú atraes hacia Jesucristo a esas multitudes y si esas multitudes, con un pacto que no es conmigo sino Jesucristo que es el Señor, si tú le retiras tu apoyo a los imperios del mal, el imperio del mal se derrumba, se vuelve trizas, cae piedra sobre piedra y Jesús vence como Triunfador, como Emperador de los reinos de esta tierra.
La parte fundamental de esta transformación está en tu conciencia, todos los imperios del mal se sostienen con ese dólar o ese boliviano, o ese peso o ese sucre, con esa monedita que tú das para comprar ese periódico asqueroso, con ese servicio que tú pagas para ver la película pornográfica, con ese "cacho", como lo llaman en Colombia, de mariguana, que tú compras para ver que se siente.
Con esa moneda le ayudaste a Satanás, con esa moneda traicionaste a Jesucristo, cuando tú solo en tu casa sin que nadie te mire, cosa que uno oye por tu confesión, ahí no está el ministerio de música, ahí no está el padre, ahí no está nadie, estás solo tú, y si tú sintonizas el canal internacional que transmite pornografía y nadie se dio cuenta, tu estás traicionando a Jesucristo.
Nadie vio nada, ninguno de tus amigos del Encuentro Internacional Carismático vio nada; pero Jesús vio que tú lo traicionaste, Jesús vio que con ese programa, que con esa mentira, con ese pecado, con ese chisme, con ese pequeño aporte tuyo, las alcancías del infierno se van engordando y engordando, por eso el mensaje para hoy también es un mensaje no sólo práctico y exterior, sino profundo e interior.
Necesitamos fortalecer nuestra conciencia. Con tus pequeños pecados, no tienes idea el daño que le has hecho a la Iglesia, no tienes idea; pero aparte de esos imperios económicos hay otros imperios que se perpetúan también por el mismo sistema, ya he mencionado, por ejemplo, el chisme, la murmuración.
Cuando tú recibes una noticia infundada, probablemente calumniosa y entonces tú haces, como decía una señora chismosa que llamaba a su vecina y decía: “Figúrate lo que me han contado, te lo digo en secreto porque me lo dijeron en secreto”; y con ese sistema se destruyen vidas, se acaba la fama de las personas.
Con ese sistema destruimos la obra de Dios y uno dice: “Ay, pero yo qué culpa, unas mentiritas piadosas”; la próxima vez que me vaya a decir: "Mentiras piadosas", acuérdese de lo que les voy a decir: ¡son mentiras malditas!
Usted no sabe el daño que hace con sus mentiras, con sus calumnias, así como cuando usted compra ese periódico vulgar o esa botella de licor para sostener su alcoholismo, cuando usted hace esa compra, usted no sabe que está engordando un imperio tenebroso.