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Fecha: 19971109
Título: Dedicacion de la Catedral de Letran
Original en audio: 10 min. 34 seg.
Queridos Hermanos:
Hoy, nueve de noviembre, nosotros, católicos, celebramos la fiesta de la Catedral de San Juan de Letrán. Este nombre seguramente no suena muy familiar en nuestros oídos. La palabra "catedral" sí, en cambio, es conocida. Catedral viene de "cáthedra", es decir, aquel lugar desde el cual se da una enseñanza.
Así hablamos también de la cátedra universitaria, por ejemplo. ¿Y quiénes son los que ofrecen esa enseñanaza al pueblo de Dios en la Iglesia? En primer lugar y fundamentalmente, los señores obispos, sucesores de los Apóstoles, porque los Apóstoles son los testigos de la verdad de Jesucristo, esa verdad que quedó manifiesta con su resurrección.
El lugar desde el cual enseña un obispo es una cátedral, por eso en cada diócesis o arquidiócesis hay una sola catedral. Es posible que haya muchas iglesias, pero la catedral en cada diócesis es una sola; esa es la iglesia en la que está la cátedra del señor obispo de esa diócesis o de esa arquidiócesis.
Ahora bien, dentro de los Apóstoles fue voluntad de Jesucristo que hubiera uno. Al único al que le dijo: "Yo he orado por ti para que tu fe no desfallezca, y tú, una vez confirmado en la fe, confirma a tus hermanos" San Lucas 22,32.
Este, lo sabemos bien, fue el Apóstol Pedro, quien fue evangelizando a las comunidades judías de ese siglo primero en distintos lugares del Mediterrráneo y terminó su recorrido en la ciudad que era cabeza del imperio romano, precisamente, la ciudad de Roma.
Pedro estableció su última y definitiva misión en el Imperio Romano, en la capital, en la ciudad que era cabeza de ese Imperio y que vino a convertirse, por esa muerte de Pedro, por ese testimonio de Pedro en la diócesis por excelencia del mundo católico.
Nosotros hemos oído que la Iglesia tiene una característica y es que es Una, Santa, Católica, es Apostólica y algunas personas aluden también, es Romana.
En inglés, por ejemplo, nosotros no somos llamados católicos, sino "Roman Catholics", los romanos, los de Roma; a veces se dice con un tono de desprecio, pero si se entiende bien, es un elogio, pues está diciendo que estamos en comunión con el Obispo que está en Roma y ese es el sucesor de Pedro.
Porque resulta que quien tiene el ministerio de la predicación en la diócesis de Roma es precisamente el Obispo de Roma, el sucesor de Pedro, y todos sabemos que es el Papa.
El Papa, pues, no es un super obispo, simplemente es el obispo de una diócesis que tiene en sí el honor y la responsabilidad de custodiar la verdad de la fe, el ardor de la fe en todo el mundo.
El Papa es el Obispo de Roma, pero como sucesor de Pedro, nosotros católicos reconocemos en él la unción que Jesús le dio a Pedro, es decir, la gracia especialísima de confirmar en la fe al pueblo santo.
Por eso, el actual sucesor de Pedro, Juan Pablo II, recorre el mundo, ¿haciendo qué? Confirmando en la fe a todo el pueblo santo. Y es un hecho, donde va el Papa se reúnen multitudes inesperadas.
Se creía que en Europa se había perdido por completo la fe; es un acontecimiento tan maravilloso como inexplicable. En la última jornada del Papa con los jóvenes, mucho más de dos millones se reunieron en el hipódromo para verlo y aclarmarlo, para escuchar al sucesor de Pedro y para reconocer en él la voz de Cristo que sigue pastoreando su pueblo.
No hay personaje en esta tierra que haga lo que hace el Papa, pero es que sabemos que la oración de Cristo es eficaz, y Cristo dijo: "Yo he orado por ti para que tu fe no desfallezca" San Lucas 22,32.
Y también dijo: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" San Mateo 16,18. Puesto que el Papa es el Obispo de Roma también tiene su catedral. Cuando a uno le preguntan: "-cuál es la catedral del Papa?" Uno se imagina la Basílica de San Pedro, y no es así.
La basílica de San Pedro es una preciosa construcción, sin duda la más bella y majestuosa de la Santa Iglesia Católica.
¿Por qué se hizo en este lugar? Porque si usted baja por unas escaleras que están debajo del altar mayor de la Basílica de San Pedro, baja y baja por escaleras y puertas y pasadizos, usted llega a un lugar a no sé cuántos metros de profundidad, donde las investigaciones científicas rigurosas de este siglo han demostrado que están los restos de San Pedro, del Apóstol Pedro, es decir, la Basílica de San Pedro.
Es aquella iglesia que está edificada precisamente sobre los huesos, sobre los restos del Príncipe de los Apóstoles. Cuando se realizaron estos estudios en tiempo del Papa Pío XII, primera mitad de este siglo, muchos católicos sintieron miedo, porque temían que al hacer las investigaciones resultara que allí no había nada.
El Papa Pio XII dijo una frase inmortal: "La Iglesia católica no le tiene miedo a la verdad; vamos a investigar".
Y científicos, no sólo católicos, sino protestantes e incluso de otras confesiones y religiones colaboraron es esta investigación, excavando en los cimientos de la Basílica de San Pedro, hasta que llegaron a los restos, que por los estudios arqueológicos y científicos correspondientes, comprobaron que se trataba exactamente de la tumba de Pedro.
La basílica de San Pedro, pues, es la iglesia que está edificada sobre los restos del Apóstol Pedro de Galilea, pero esta basílica no es la catedral del Papa; la catedral del Papa es otra basílica.
La palabra basílica originalmente significa casa real, mansión. Es un término que utilizaban los griegos para referirse a las casa que eran regias, eran casas de reyes, así le dicen griegos y reyes.
La catedral del Papa, la catedral del Obispo de Roma es la catedral de San Juan de Letrán, una iglesia muchísimo más pequeña que la Basílica de San Pedro.
En esa iglesia, ¿qué estamos celebrando los católicos hoy? Estamos celebrando la verdad de la Palabra Divina, la verdad del magisterio de Pedro, la luz indeficiente, la victoria indestructible de la Palabra de Cristo en sus Apóstoles y, singularmente, en Pedro.
Por eso las lecturas que hemos escuchado hoy nos hablan de templo, el templo, aquel nuevo que vió Ezequiel; el templo que somos nosotros, porque somos habitación del Espiritu Santo; el templo, que es Cristo resucitado, porque Él dijo: "Destruid este templo, y Yo lo reedificaré en tres días" San Juan 2,19; el templo que es el corazón inmaculado de la Santísima Virgen, en donde sólo reina Dios y en donde sólo se adora a Dios.
Hoy es un día entonces, en que la Iglesia ha meditado y medita en la belleza del templo, es decir, en la posiblidad, en el camino, en el puente que Dios ha abierto para que nuestra oración suba a El en alabanza y su bendición descienda a nosotros con generosidad y con misericordia. El templo es una imagen de la Iglesia que va peregrinando.
Los hebreos tenían un templo peregrino que se llamaba Mishkán, que es la tienda del encuentro; ese Mishkán indica las posiblidad que tenemos, ya en esta tierra, de recibir la bendición de Dios y seguir nuestra senda hasta la Patria Celestial.
Nosostros, al renovar hoy nuestra consagración a los corazones de Jesús y María, nos estamos uniendo a esta verdad del templo para que el Espíritu Santo haga su obra en nosotros.
Que en nosotros se celebre el misterio de la Pascua, que en nosotros se diga la adoración al Padre y que en nosotros se realice su bendición.
Amén.