Agnosticismo
→ Teología
Literalmente: afirmar que no puede afirmarse nada, usualmente en lo que atañe a cuestiones de filosofía o sobre todo, de religión.
Podemos decir que el agnosticismo es el hijo esperado de la angustia por la certeza, rasgo tan propio de la Modernidad. La mente, frustrada en el esfuerzo de alcanzar un piso firme, toma como única firmeza que ciertos temas no deben discutirse o que ciertas afirmaciones carecen de sentido. Se dan así dos tipos básicos de agnosticismo: el agnosticismo "débil" o "político," y el agnosticismo "fuerte" o "filosófico."
Agnosticismo débil
Lo propio de esta forma de agnosticismo es su fácil entrada en la vida social. No se le llama "débil" como si careciera de influencia o como si fuera algo pasajero, sino solamente con la misma connotación con la que, en el contexto de la Postmodernidad se habla de "pensamiento débil."
El agnosticismo débil es aquel que proscribe que la convicción es enemiga de la convivencia y que la tolerancia implica que se traten como equivalentes las más diversas opciones en materia de religión y de moral. Es altamente paradójica la selección de qué se considera aceptable y qué no, sin embargo. Hay también incoherencias graves en cuanto a las reacciones que se toman frente a unos u otros hechos.
El nombre general que recibe el espacio de temas de lo que se puede hablar es lo políticamente correcto. Para ser aceptada en el medio social, una persona debe mantenerse en el margen de esos temas, y en cada uno de ellos, debe saber qué opiniones son apropiadas y cuáles no. Sobre los temas no incluidos ha de declararse agnóstico, o si acaso, presentar su postura como una opinión entre muchas posibles.
Según todo esto, el agnosticismo débil propone el siguiente esquema:
- Temas Velados, p.ej.: si hay un Dios; o si la vida tiene un sentido.
- Temas Vetados, p.ej.: si una raza es mejor que otra; o si existe el derecho a abortar.
- Temas con escogencia múltiple pero limitada, p.ej.: lo que uno decida de la propia sexualidad; adónde se vive mejor.
- Temas de escogencia obligatoria, p.ej.: el derecho de cada persona adulta a decidir por sí misma lo que le conviene.