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Fecha: 20091209
Título: Todo lo Hago en la presencia de Cristo
Original en audio: 14 min. 09 seg.
Algo que hemos destacado varias veces con respecto al Adviento es que las lecturas de la misa tienen un orden especial. La primera lectura durante este tiempo de Adviento siempre es como una promesa, algo que Dios ofrece, algo que quiere hacer y el Evangelio nos muestra como lo realiza, como lo completa, como lo hace.
Por dar un ejemplo, hace unos días tuvimos un relato en que el Profeta Isaías decía “Dios va a preparar un banquete”, luego en el Evangelio aparecía la multiplicación de los panes, mostrando así que todo lo que fue prometido en el Antiguo Testamento luego alcanzó su cumplimiento y alcanzó su plenitud en la persona de Nuestro Señor Jesucristo.
En otra ocasión la lectura nos habla de cómo Dios va a curar a ciegos, a sordos, a mudos y luego en el Evangelio aparece Jesucristo desplegando esa acción misericordiosa sanando gente y de esa manera mostrando que todo lo que fue prometido se ha cumplido ahora, se cumple en Jesucristo y esa es una manera muy bonita de mirar la Biblia.
La Biblia, como sabemos, tiene esas dos partes: el Antiguo y el Nuevo Testamento. Entonces uno puede decir que el Antiguo Testamento es como hacer apetito y el Nuevo Testamento es encontrarse con la comida, el alimento nuevo que es Jesucristo, el pan vivo bajado del cielo.
O uno puede decir también que el Antiguo Testamento era la etapa de las promesas y el Nuevo Testamento es el tiempo del cumplimiento de esas promesas. La plenitud que se encuentra en Jesucristo. O uno puede decir también que el Antiguo Testamento fue el tiempo de los ensayos mientras que el Nuevo Testamento es el tiempo de la realidad cumplida, de la verdad que se ha cumplido.
Así por ejemplo vemos que cuando se va a hacer un edificio, primero hay que hacer bocetos y hay que hacer planos, pero llega un momento en el que ya se hace el edificio. Es el paso del plano a la realidad. O como lo dice la Carta a los Hebreos: de la figura a la realidad.
Es muy hermoso mirar la Biblia de esta manera porque así también funcionamos nosotros, los seres humanos. La comparación que hago con frecuencia es la del alimento. Para que uno pueda comer se necesita que haya hambre y que haya comida, porque si hay mucha comida pero no hay hambre, uno no se alimenta. Si hay mucha hambre pero no hay comida, uno tampoco se alimenta. Tiene que haber las dos cosas y las dos cosas las tenemos en la Biblia.
El Antiguo Testamento nos ayuda a descubrir nuestra hambre, nos ayuda a descubrir nuestra necesidad y luego el Nuevo Testamento cumple o llena esa necesidad, ese vacío que uno tenía lo llena a través de Jesucristo, en su presencia.
Eso es también lo mismo que sucede entre el Adviento y la Navidad. ¿Para qué es este tiempo de Adviento? Para hacer hambre. Este tiempo de Adviento es para que a lo largo de todas estas lecturas uno se de cuenta cuánto necesita de Jesucristo. Uno se de cuenta que realmente sin Cristo la vida está gravemente incompleta. Para que cuando llegue la Navidad, cuando llegue Jesús, entonces nosotros digamos: éste es el que estábamos esperando.
Según eso, miremos en las lecturas de hoy que es lo que aparece. Pues aquí aparece una realidad humana, un drama humano muy claro que es el cansancio, el tedio, el agotamiento, el sentirse sin fuerzas. El no poder encontrar una razón para seguir adelante. Esta es una experiencia que muchas personas tienen.
Por ejemplo cuando las cosas salen mal y vuelven a salir mal y uno ha intentado todo, llega un momento en el que uno se siente sin fuerzas: ¡ya no doy más! O, tal vez, uno puede llegar a sentirse así cansado porque la fuente de su cansancio está interiormente. Por ejemplo uno puede cansarse de tratar de ser bueno; uno dice: les va mejor a los que hacen trampa, les va mejor a los mentirosos, a los orgullosos.
Entonces uno interiormente rechaza la propuesta de Dios y se cansa de ser bueno. Y hay mucha gente que se ha cansado de ser buena porque siente que de tanto ser bueno ¿qué ha sacado?, ¡no ha sacado nada! Lo único que me ha servido es para quedarme solo o para quedarme pobre o para quedarme aburrido.
Entonces la gente experimenta esto. Este es el tipo de cansancio. Es muy interesante analizar ese tipo de cansancio porque no es un cansancio propio de la edad, más bien lo que dice aquí es que se cansan los muchachos, se fatigan. Los jóvenes tropiezan y vacilan, es decir, este no es un cansancio de que a uno no le queden reservas, o no le queden fuerzas, sino es el cansancio de no tener razones para seguir.
Es el cansancio de no encontrar un sentido, no encontrar un por qué. Y esto lo viven muchas personas. A veces en dramas muy dolorosos y a veces en cosas tan sencillas como pensionarse. Hay gente que se jubila, se pensiona, y se encuentra de pronto sin una razón para continuar..., bueno y ¿y ahora qué hago?, ¿cómo lleno mi vida?
También un padre o una madre de familia que duró toda su vida en el empeño de educar a los hijos. Los hijos crecieron ya se fueron y ahora ¿qué queda para mí? Ahí también, fácilmente se presenta esta clase de experiencia. Se presenta esta clase de necesidad.
Y si ese es el problema y si esa es la necesidad, ¿cómo encontramos una respuesta?
Pues hay una respuesta en Jesucristo. ¿Qué nos dijo el Evangelio? “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo los aliviaré” Y es muy interesante lo que promete el Señor. Él no promete un paraíso, él no nos está diciendo: vengan y se les acabarán los problemas, vengan y se les acabarán las dificultades. Él lo que dice es les voy a cambiar de yugo. Es decir, dejen de cargar el yugo que están llevando ustedes y carguen ahora el yugo mío. El texto que leímos fue “Cargad con mi yugo y aprended de mi que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso”.
Entonces, Jesús sí nos ofrece un descanso, pero es un descanso muy particular. No es el descanso que uno siempre se imagina. Cuando uno se imagina descanso y vacaciones, lo que se imagina es lo que llaman los italianos “el dolce far niente”: ¡hacer nada!, perder el tiempo. Ese es el descanso que uno se imagina.
Cristo no nos habla de un descanso de inactividad sino nos habla de un descanso productivo. Es el trabajar sin cansarse, es el producir frutos sin agobiarse, es avanzar sin fatigarse. Fíjate que en el fondo es lo mismo que nos había dicho la primera lectura “los que esperan en el Señor –esto tiene su famoso canto carismático ¿no?- los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, corren sin cansarse y marchan sin fatigarse”.
El descanso que nos ofrece Jesús no es el descanso de no hacer nada. La comparación que yo siempre hago es la comparación de la televisión, tal vez porque ese es el aparato que casi existe en todos los hogares. El descanso de Jesús no es el descanso de: ¡siémbrese a su silla, aplástese en su poltrona! y dedíquese simplemente allá, a mirar que le pasen las imágenes. No, no es un descanso estéril. Es un correr sin fatigarse, es un producir sin agobiarse. Es avanzar sin sentir ese tedio.
Entonces ¿qué clase de experiencia es esa?, ¿en dónde experimenta uno eso? Bueno, tomemos un par de ejemplos para que veamos la hermosura de lo que nos propone Cristo. Mira, tomemos el caso de un artista, ahí vemos por ejemplo ese hermoso cuadro del Jesús de la Misericordia o aquí en otro sentido tenemos estos caballos.
Bueno, pues ahí están esas hermosas imágenes. Si al artista le está saliendo bien su cuadro y está avanzando y va quedando hermoso, está trabajando, pero ese trabajo no es un agotamiento, es un trabajo que se disfruta. Y en el disfrute, en el gozo de hacer ese trabajo la persona no siente el tiempo, no siente el agotamiento.
Cuando una persona está ocupada en algo que le fascina, en algo que es hermoso, que es útil, la persona cumple lo que dice Isaías: corre sin cansarse y marcha sin fatigarse. Por ejemplo un profesor, pero un profesor que sea profesor por vocación. Si ese profesor está dando un tema que le fascina y tiene unos alumnos bien interesados en el tema, las horas vuelan y no se siente el cansancio.
A la persona que le gustan las manualidades, una persona que está tejiendo, pasan horas y horas tejiendo pero la persona no se siente fatigada porque le gusta y va viendo como va quedando la preciosa carpeta o el chal o lo que está haciendo.
Entonces, la idea de descanso en la Biblia no es el descanso de aplástese como si estuviera muerto y limítese a respirar. No, el descanso que nos propone la Biblia es: encuéntrale el sabor y el sentido a todo lo que haces. Encuéntrale el sabor y el sentido a tu existencia y descubrirás que no te cansas.
Otro ejemplo más sería el de la persona que cuida un jardín. Cuidar un jardín es agotador pero si a alguien le gusta el jardín y si ve como van prosperando las matitas y van saliendo las flores, en ese mismo ejercicio, así sea largo, la persona no siente cansancio porque el cansancio, finalmente, no depende tanto de los muslos ni de las pantorrillas. El cansancio depende de si uno le encuentra el sentido, el sabor y el fruto a lo que está haciendo.
En resumen: la primera lectura nos ha puesto una situación profundamente humana. ¿Cuál?, la situación de aquellos que tienen el vacío de no ver para qué se esfuerzan. Es la falta de sentido, es la falta de alegría y es un sentir también en que las fuerzas se nos acaban a uno.
La respuesta nos la da Jesucristo. Entonces ¿cuál es la propuesta de Cristo? No es quitarnos todo trabajo sino que todo tenga su sentido. Todo, desde lo más pequeño hasta lo más grande. ¡Y qué diferente es vivir la vida así! Porque una cosa es decir: aquí me toca hacer este almuerzo...¡ah! yo debería estar tirado en una playa por allá, rostisándome, en vez de estar aquí haciendo esto. Eso es lo que lo cansa a uno.
Pero si uno dice: voy a hacer esto, por ejemplo, este almuerzo, o voy a hacer este aseo, o voy a leer este libro, o tengo que preparar esta clase, o tengo que hablar con tal persona, y uno dice: y en eso estoy cumpliendo la voluntad de Dios y esto lo voy a hacer por amor al Señor y que mi Señor se glorifique en esta sopa. Y que mi Señor se glorifique en este florero que estoy haciendo, y que mi Señor se glorifique en este jardín que estoy limpiando. Y que a Jesús le guste como yo voy a tratar a las personas que lleguen hoy a mí.
Cada pedacito de la vida se llena de significado y cada pedacito de la vida se llena del color y del perfume y del sabor de Cristo. Y todo adquiere ese esplendor de Él y si adquiere ese color y adquiere ese esplendor, entonces uno no siente el cansancio.
Este es el secreto de grandes santos. Por eso nos maravilla la manera como vivieron tan activamente. Yo me acuerdo desde niño siempre me impresionó la persona del Papa, en el lapso de diez horas, de doce horas, todo lo que hace un Papa, que tuvo que entrevistarse con el Presidente de no se dónde, preparar un encíclica, hacer un discurso, recibir un grupo, unos peregrinos y no se cuántas cosas y tenemos que ser francos, por supuesto que son seres humanos y que les da agotamiento también, pero muchas veces están más cansados que otras personas.
Indudablemente, el secreto de ellos, ¿cuál es?, que en cada cosa que están haciendo, atendiendo a la persona más humilde o a la más importante esto lo hago por Jesús, esto lo hago en el nombre del Señor, esto lo hago en cumplimiento de la voluntad de mi Padre Celestial.
Que Dios nos regale esa presencia de Cristo en todas las horas de nuestro día y sentiremos, como dice Isaías que “corremos sin cansarnos y que marchamos sin fatigarnos” Amén.