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Fecha: 2011
Título:
Original en audio:
Desde hace años veo la fiesta de los Apóstoles Simón y Judas como una especie de catequesis.
Sucede que estos dos Apóstoles son muy poco conocidos, entre otras razones porque su presencia en el Nuevo Testamento es bastante discreta. Aparecen enumerados prácticamente al final de todas las listas que se hacen de los Doce elegidos por Cristo. Uno de ellos, llamada Simón, es Simón el Zelote, o el zelota, y el otro es Judas, llamada el de Santiago, o también Judas Tadeo. Había allá otro Simón, era Simón Pedro; y había otro Judas, que es lamentablemente el Iscariote, el traidor.
Se ve que los nombres se repetían con cierta facilidad en aquella cultura. Entonces no hay que confundir a este Simón con Simón Pedro, ni hay que confundir a Judas Tadeo con Judas Iscariote.
¿Qué sabemos de ellos? No mucho. Lo que sí está claro es que son una muestra de la variedad que había en ese grupo de los Doce, variedad que habla de dos cosas: de la generosidad de la gracia que está dispuesta a a alcanzar distintos modos de pensamiento, distintos temperamentos, distintos estilos, es la generosidad de la gracia, por una parte; y por otra parte, esa variedad nos está recordando que Jesús, al elegir doce, estaba instaurando el nuevo Israel.
Y por supuesto, si se trataba de el nuevo Israel, el nuevo pueblo de Dios, pues tenía que hablar con su sola presencia el lenguaje de la plenitud de Israel. No hubiera sido muy coherente que Jesús eligiera, digamos, doce publicanos, pero había un publicano, que era Mateo. No hubiera sido muy lógico que Cristo hubiera elegido doce zelotas, los zelotas eran los que estaban mayormente por una propuesta militar, casi de tipo guerrillero contra el Imperio Romano, eran gente muy violenta.
Si cristo hubiera elegido doce zelotas, pues parece que la propuesta de Cristo hubiera parecido más bien una continuación de la violencia que querían los zelotas. Si Cristo hubiera elegido únicamente pescadores, o si Cristo hubiera elegido únicamente escribas, rabinos, como era el caso de Bartolomé, llamado también Natanael, pues la variedad de Israel no hubiera quedado clara