I044002a
Fecha: 19990204
Título: Hay que ser consciente de que la evangelizacion esta llena de fracasos
Original en audio: [40 min. 22 seg.]
Muy Amados Hermanos:
Estamos leyendo del evangelio de Marcos, capítulo 6, una hermosa misión que realizan los Apóstoles, acompañados por la Palabra, por la oración, por el mandato de Jesucristo.
Los Apóstoles se van, y en el nombre del Señor, logran cosas que parecían imposibles, no sólo vencen los obstáculos humanos, sino que incluso "expulsan a los espíritus inmundos" San Marcos 6,7.
No sólo tienen el conocimiento iluminado por la Palabra y la enseñanza de Cristo, sino que tienen una participación de la unción del Señor y logran lo que no lograban los médicos, logran la curación de enfermos, predican la conversión.
Es un momento esplendoroso lo que estamos escuchando. Este evangelio es como una pequeña primavera. Siempre hay momentos en la vida en que Dios regala esas primaveras, aunque se ha dicho, y hay razones para decir, que esta vida es como un valle de lágrimas en algunos aspectos, también es verdad que Dios regala primaveras y jardines.
No todo es llanto y lamento, hay también el tiempo, como ya decía en el Eclesiastés 3, para la sonrisa, para la alegría y para gozarse de que las cosas sí salen bien.
Pero tratemos de escrutar otro poco y ver cuál es el origen de esta alegría del evangelio de Marcos, 6. Mire usted que este es un momento de alegría, qué tal ver que esos espíritus espantosos, tenebrosos, esos demonios huyen despavoridos, uno como que descansa de pensar de que también al mal le llegue su turno, de que no todo sea desastre, tiene que haber también algún momento en que el bien gane.
Sí, uno sabe que la victoria definitiva es después de esta tierra, pero es también tan bonito ver esos adelantos de la victoria de Dios cuando se dan las conversiones, cuando se sanan los enfermos, cuando se expulsan los demonios, eso es maravilloso. Esa una primera reflexión que quería compartir con ustedes.
Segunda, ahora miremos que fué lo que hizo posible esa primavera, porque esa primavera sucede con una gran austeridad, con un gran despojo.
Las condiciones del mandato que les da Jesucristo a estos Apóstoles son supremamente estrictas, así como fue fecunda y esplendorosa la primavera, así como fue abundante el resultado, también fue muy fuerte la exigencia.
Miren lo que les dice: "Jesús, los llamó y los envió de dos en dos" San Marcos 6,7;por ahí empieza el despojo, y es Jesús el que escoge las parejas, ahí empieza el despojo.
Vayamos aplicándolo a nuestra vida: ¿con quién estamos nosotros dispuestos a trabajar? No es tan fácil que a uno lo manden de dos en dos. Quienes hemos trabajado en misiones y nos ha tocado eso: "Bueno, tú vas a ir con fulano", preciso, eso no falla, ahí empieza el despojo.
En ese "de dos en dos" quiere decir que ya hay una superación del afecto y de la preferencia personal, porque uno inmediatamente ya tiene su equipo hecho: “Bueno, listos, todos listos”; "bueno, misión, ya sabemos quiénes con quiénes".
Y uno cree que uno va a ir a misión con el pesado cargamento del parecer y del afecto de uno, primer despojo, no, no es con las personas con quien tu digas, porque no es tu afecto el que va a redimir a las otras personas, sino el amor de Dios, ese es el primer despojo.
Segundo, "que llevaran un bastón y nada más" San Marcos 6,8, complicado, ¿y el cepillo de dientes? Nada, no se pudo, ¿y entonces qué pueden llevar? Un bastón y nada más, no pueden llevar ni pan, ni alforja, ni el ser tercos; no pueden llevar sandalias, ni túnica de repuesto; no pueden cambiar de casa, son bastantes restricciones, ¿no le parece?
Mire, no pueden llevar pan, eso quiere decir que su hambre se las va a resolver quién sabe quién, no pueden llevar otras sandalias, entonces ¿en dónde andará su descanso? No pueden cambiar de casa, bueno, ¿y si me cae mal esa gente a donde voy?
Cosa que es muy fácil que suceda con los misioneros, porque el misionero que se respete, se vuelve muy hipersensible. Casi todos los cristianos, en la medida que vamos avanzando en este camino, se nos va volviendo el corazón mas sensible, a uno el corazón se le vuelve sensible, las cosas le duelen mucho.
Entonces la segunda enseñanza que quiero compartir es esa. La primera es: estamos ante un jardincito que hizo el amor de Dios, la segunda es: ese jardincito tiene una especie de precio en el despojo.
Realmente Jesús los mandó en la más estricta pobreza, los mandó en grandísima pobreza, puede decirse, que los vistió de pobreza, ese fue como el hábito que les dio.
Y aquí viene un par de reflexiones que uno se hace. Primero: cuando uno piensa en evangelizar, uno piensa mucho en todos los medios que necesita para evangelizar, “a ver, ¿qué vamos hacer para poder evangelizar?" Entonces uno quiere que haya muchos medios, y resulta que Jesús es más bien de los poquitos medios.
El mismo Jesucristo, yo no vi a Jesucristo repartiendo fotocopias, Él no tenía otro audiovisual, otra película, no utilizaba sino escenarios naturales, es el evangelizador de la gran pobreza Nuestro Señor Jesucristo, pero fíjate cómo esa gran pobreza es también una gran riqueza.
Hubo un momento en mi vida, me disculparán que haga una referencia autobiográfica, en el que yo pensé que la Iglesia iba a lograr más cosas si se desprendía de más cosas, porque es que, bueno, los medios de comunicación, hay que utilizar los medios de comunicación, bueno, sí, pero yo creo que eso hay que utilizarlo como con pobreza, con despojo, con sobriedad.
Porque en muchos colegios estaba pasando y sigue pasando, que para evangelizar a los muchachos, una gran película sobre Jesús; para contarles cómo son los sacramentos, unas diapositivas muy bien hechas sobre la Eucaristía, la confesión....
Para convertir a las personas, unos libros muy bien sacados. Amigos, la evangelización tiene un precio, las personas necesitan ver que nosotros nos estamos muriendo por el Evangelio.
Si llega una religiosa y me presenta una gran máquina con una gran película en un gran salón de conferencias en donde se proyecta con mucha belleza y excelentes actores todo lo que es Jesucristo, mis sentidos pueden quedar muy impresionados, pero si ese Jesús es tan bello, como dice ahí, hermana, ¿usted se está muriendo por ese Jesús?
Las personas necesitan ver que nosotros nos morimos por Jesús, es necesario que el amor aparezca, porque sólo el amor, cuando aparece, transforma las vidas. Puede utilizarse y debe utilizarse de alguna manera estos recursos, pero convenzámonos de que sólo cuando el amor aparece, las vidas cambian; el amor es necesario que se vea, ese es el problema.
Uno puede tener grandes salones, uno puede tener una gran universidad, y esa gran universidad puede ser el motivo de muchos anhelos, codicias, envidias, intrigas y traen a Jesucristo siempre aplazado.
No son las grandes cosas, ni los grandes medios los que convierten a las personas. Por eso, mis estimados amigos, cuando nosotros vayamos a evangelizar, no caigamos en la idolatría de los medios, no se necesitan muchas cosas para cambiar el mundo, no se necesitan.
No necesitamos una gran infraestructura, no la necesitamos; necesitamos personas a las que se les vea que se están muriendo por Él, personas que están cautivadas, fascinadas por Jesús; personas a las que se les mete que no pueden vivir sin Jesús; ese amor que brote por los poros, que salga por los ojos, que se destilen las palabras, eso es el amor que cambia.
Si existe ese amor con muchos o con pocos medios, con grandes diapositivas o en algún prado, como organizaba sus predicaciones Jesús, pueden suceder muchas cosas, y esto significa que nos quedamos sin disculpas a la hora de evangelizar, esta es la segunda conclusión que quería yo sacar, nos quedamos sin disculpas a la hora de evangelizar.
Cuando Dios empezó a hablarle al Profeta Jeremías, Jeremías era muy joven; cuando Dios le habló a Samuel, él era un muchacho; cuando Dios le habló a Moisés, Moisés era un hombre tímido, humilde, hoy diríamos, acomplejado.
Cuando Dios le habló a la Samaritana, tenía fama de pecadora pública, prostituta y mujer fácil; la Magdalena, todo el mundo sabía que había estado endemoniada; Pedro, no tenía otro título académico que ser pescador.
No son los títulos, ni los muchos cursos, ni la alta posición social, no es eso lo esencial para la evangelización, y mientras la persona esté en eso, no puede evangelizar, ¿por qué? Porque en primer lugar, tengo que salir de todos mis complejos; es un proceso que necesita que yo poco a poco organice, sincronice, sintonice todo lo que hay en mi mente hasta que yo me sienta perfectamente organizado.
Es como si estos Apóstoles hubieran querido salir a evangelizar con un trailler, con todo lo que se pueda necesitar, ¿ustedes se imaginan a Pedro metiéndole primera al trailer? "Y bueno, como va a evangelizar, es que como uno nunca sabe lo que se pueda pasar", y llevar todo lo que necesita; así, pesados, no vamos a muchas partes; así, pesados, no llegamos a donde Dios quiere que lleguemos.
Este evangelio, en el que vemos a los Apóstoles salir en la más radical pobreza, este evangelio nos está mostrando que no tenemos disculpa para retratar nuestra propia evangelización. Fíjate en los ejemplos que nos quitan todas las disculpas: "Que los pecados de mi vida pasada...."
A mí cómo me impacta el ejemplo de la Samaritana, la Samaritana le gana a varias de las mujeres de aquí: cinco maridos llevaba y el que tenía tampoco era el marido; calcule la famita que tenía, y además, vivía en un aldea pequeñita.
¿Ustedes se imaginan cómo miraba la gente por la calle a la Samaritana? Tal vez la gente cambiaba de acera, suponiendo que hubiera aceras en Sicar que era el pueblo de ella, nada más de mirar esa mujer.
Oiga, la Samaritana con esa fama a cuestas, habla con Jesucristo y Jesucristo, ¿qué hace? Jesucristo le da amor de Dios, lo cual significa no que la contempla, la pone en su sitio, "cinco hombres has tenido, el que tienes tampoco es tu marido" San Juan 4,18, la otra no pudo sino decir: "un momento, no tan rápido, espere, ya vi que es Profeta, lo admito".
Ella tiene una conversación de un momento con Jesucristo y empieza a anunciar a Jesucristo ¿y a quién empieza a anunciar a Jesucristo? A la misma gente que sabía quién era ella, y es que el Evangelio no te deja escapatoria.
¿Y sabes cuál fue el contenido de la primera evangelización de la Samaritana? ¿Sabes qué empezó diciendo ella?: “Hay aquí un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho ¿será este el Mesías?” San Juan 4,29, así empezó a evangelizar ella, ¿es que podía humillarse más?
Ya la gente sabía quién era ella, ¿podía humillarse más que decirle a la misma gente que sabia quién era ella?... “Mire, ese Señor me dijo todo lo que había hecho, ¿será que ese es el Mesías?" San Juan 4,29.
Fíjate como ella se abajó con tal de que apareciera Jesucristo, ella no hizo de los pecados de su vida pasada un obstáculo para anunciar el Evangelio, sino los convirtió en un argumento para anunciar el Evangelio.
Precisamente, lo que era afrenta para ella, lo convirtió en un mensaje de esperanza para los demás, como diciendo: "Aquél que me está cambiando a mí, ¿no será que es el Salvador de todos?"
Y si se trata de juventud, de ignorancia y de pobreza no tenemos disculpas; de manera que el segundo punto en nuestra enseñanza del día de hoy es: este evangelio nos ha dejado sin disculpas.
"No tengo instrucción, soy joven, estoy enfermo, soy un pecador, estoy acomplejado". Moisés era un hombre acomplejado, dije antes, Moisés parece ser que era un hombre tartamudo, era un hombre acomplejado, pero Dios no le dijo: “vete primero al Instituto Tecnológico, cuando te hayan organizado toda la mente y estés químicamente sano, en ese momento empiezas a hablarle al Faraón", Dios no hizo eso.
Dios tomó a ese tartamudo y le quitó todas las disculpas: "Bueno, si yo voy con los israelitas y les digo que me mandó Dios, me van a decir: Bueno, ¿cuál Dios te mandó?" ¿Y yo qué voy hacer?" Entonces Dios le respondía. "Bueno, y si yo voy con el Faraón y se me atora la lengua, ¿yo qué hago? Y Dios le respondía.
¿Entonces qué hizo Moisés", dijo para sus adentros: "Donde yo vaya a otra partita de esas, ni me acerco por ahí, ¿quién me manda andar buscado zarzas que arden y no se consumen?" Esa es la segunda de la enseñanza.
Terecera parte: Jesús puede ser todo lo que sea, pero Jesús no es ningún iluso; Jesús es el hombre mas realista del mundo, entonces por esto manda, como dice aquí, lo siguiente: “Y si en un lugar no os reciben ni os escuchan” San Marcos 6,11, eso se llama realismo,
fijate quién los estaba mandando: el Hijo de Dios, además, Jesús no los mandó y se fue a tomar un un fin de semana; Jesús siguió en su tarea y Jesús seguía orando por ellos.
Yo pienso que quien expulsó a los demonios fue el mismo Jesucristo con su oración, cosa que sigue siendo cierta. La Carta a los Hebreos nos dice que Jesús está orando por nosotros en los cielos, y yo creo que es la oración de Cristo la que expulsa a los demonios; un ser humano no puede enfrentarse a un espíritu inmundo y salir victorioso, eso lo hace Jesucristo.
Entonces Jesús se queda en oración, es Jesús quien los ha mandado, es Jesús quien los ha instruido.
Entre ustedes hay gente que prepara talleres de predicación para misioneros, así es más o menos lo que hizo Jesucristo; Jesús organizó un pequeño taller para misioneros, los preparó, no era cualquier "agua panelita" el que los había preparado, era Jesús, Jesús de Nazaret.
Van preparados por Jesús, enseñados por Jesús, ungidos por Jesús, y la oración de Jesús los acompaña, ¿y qué dice Jesús? “Si en un lugar no os reciben ni os escuchan…” San Marcos 6,11, eso se llama realismo.
Esto quiere decir, mis amigos, que esta es la vida de nosotros como misioneros, como predicadores del Evangelio, porque uno quiere predicar y que la gente se le convierta, díganmelo a mí, y como algunas veces suceden cosas maravillosas.
No hace mucho estaba predicando a un grupo de profesores, y Dios tocó el corazón de una cantidad de gente, hubo gente que empezó a llorar de amor, de dolor por sus pecados y a decir: "Quiero volver a Dios, quiero cambiar de vida".
Entonces esas cosas le alegran a uno y entonces ya uno dice: "Bueno, voy a empezar a predicar, a ver por dónde empieza el llanto hoy", pero entonces uno predica, y miren, la gente se ríe, como que hoy no hubo mucho llanto, más bien lo miran a uno como simpático.
Jesús es realista, Jesús sabe que mucha gente no nos va a poner cuidado, y mira lo que nos dice: “si en un lugar no os reciben y no os escuchan, sacudíos el polvo de los pies para probar su culpa” San Marcos 6,11.
De aquí sacamos también dos conclusiones, primera: ya que Jesús, nuestro Maestro, es tan realista, nosotros no pequemos de ilusos, hay que evangelizar sí, pero mucha gente no se va a convertir, por lo menos no se va a convertir con las palabras tuyas, porque Dios tiene su hora, su momento, su camino.
Yo me pongo a pensar, por ejemplo en la Asociación que Dios nos ha concedido iniciar, nuestro queridokejaritomene.
Hay gente, algunos de los aquí presentes, que ha oído muchas predicaciones, y yo quisiera que quienes han oído tantas predicaciones, tengan una vida impulsada y lanzada al amor de Dios, pero muchas veces, para mi gusto, la vida va como las procesiones de Soledad, del pueblo de mi mamá, tres pasitos para adelante, dos para atrás; un pie para adelante, dos para atrás.
Uno queriendo que la gente vaya en monopatín, en cohete, cometa, que vayan disparados hacia Dios, y la gente y de pronto dice: "Yo mejor este semestre no voy a los cursos", porque yo ya tengo que darme unas vacaciones, me estoy fanatizando mucho, tengo que recuperar ciertos lugares, ciertas amistades, ya la gente en las tabernas no me fía, estoy grave yo".
O sea que esto lo vive uno, pero la parte más interesante es que esos mismos que están tres pasitos para adelante, dos para atrás, o a veces al revés, dos para adelante, y tres para atrás.
Pues resulta que esas mismas personas de pronto van por allá a un retiro, y vuelven a iniciar y le cuentan a uno: “Eso sí es, padre", y uno dice: “Bendito sea Dios”. Yo creo que de todos los defectos que tengo, qué tal que yo fuera celoso, pero uno dice: “Pues lo que sea, con tal de que se convierta, Dios mío".
Entonces, uno experimenta muchos fracasos y tiene que aprender a esperar la hora de Dios. Mucha gente todavía le faltan muchos golpes, ¿qué hacemos? Realmente el único dueño de los corazones es Dios, y lo que digo yo de Kejaritomene, lo tengo que decir de mi propia familia.
No hace mucho estuve en un retiro con las amigas del grupo de Vírgenes Seglares, hicimos un rato de desierto y en ese desierto Dios me mostró una cantidad de fracasos míos, ese fue mi desierto, una cantidad de veces que lo que uno ha querido no se ha logrado como uno quería y que muchas cosas no funcionaron.
Pero no fue algo depresivo, porque cuando Dios muestra las cosas, Él sabe cómo mostrarlas para que uno le entienda completito el mensaje, pero que también uno cobre esperanza.
La tercera enseñanza, es que la evangelización está llena de fracasos, y esto hay que aprenderlo desde el principio. Si quieres anunciar a Jesucristo, prepárate para soportar el fracaso, el fracaso en tu casa, el fracaso en tu barrio, el fracaso en tu comunidad, el fracaso con los desconocidos, hay muchos fracasos, uno pasa por muchos fracasos.
De pronto me acordaba de verdaderos santos que ha tenido la Iglesia y sus fracasos, ustedes conocen que hay una santa del siglo XIV, Santa Catalina de Siena, a la que le debo mucho y admiro sobremanera.
Una de las obras que leía sobre santa Catalina tiene todo un capítulo que se llama: “los fracasos de Santa Catalina” y cuenta ahí, yo creo que esta historia ya la he contado, pero llega una edad en que uno empieza a repetir las historias.
Santa Catalina de Siena fue Virgen Seglar y fue muy amiga de una señora, la Condesa de Velcaro; Catalina de Siena tenía la esperanza de que la Condesa de Velcaro fuera una mujer que estaba en libertad para consagrarse a Dios, efectivamente, que se consagrara a Dios y que fuera fundadora de un grupo de consagradas y que diera origen a un monasterio.
Ese era el sueño de Santa Catalina de Siena, y la Condesa de Velcaro muchas veces le dio esperanzas a Catalina de que ese sueño se podía realizar.
Conservamos muchas cartas, cerca de unas seiscientas, de esas seiscientas hay un número, cuatro o diez, las que sean, están dirigidas a la Condesa de Velcaro, ¡usted viera la belleza de cartas que le escribe Santa Catalina! Belleza no sólo por la calidez de la amistad, sino por la sustancia.
Todo lo que dice, las reflexiones que hace sobre Jesús, sobre la Iglesia, sobre el amor, sobre la vida, sobre la muerte, son unos documentos ejemplares maravillosos, llenos de doctrina, llenos de predicación.
Yo, que he sido admirador incondicional de Santa Catalina de Siena, me ponía a pensar: "Y qué tal que una Santa de esta calidad me escribiera una carta de esas!" Pues a esta Condesa le escribió no una, sino cinco, diez cartas y no le sirvieron para nada, y Catalina de Siena es de las santas más grandes que tiene la Iglesia Católica, es una de las tres Doctoras de la Iglesia, y no le sirvió.
O sea que esos casos también se dan, ¿quiere eso decir que la Condesa de Velcaro se está tostando en la tercera paila del infierno? No, no sabemos, probablemente a esa Condesa a la que no la convirtió la doctrina, ni la santidad, ni los increíbles dones del Espíritu Santo que tenía Catalina, que eran descomunales, nada de eso le sirvió, pero probablemente se convirtió por otro lado tal vez, tal vez de otra manera.
El que quiera meterse a evangelizar sepa que es a través de los fracasos. Una pequeña anécdota sobre esto: nosotros los dominicos hemos vivido muchas veces, gracias a Dios, este camino de predicación, este género de cursos ha contado con la acogida de muchos de ustedes.
Pero no se imaginan cuántos fracasos hay detrás de un curso como éste, cuántas cosas que nosotros hemos intentado, cuántas cosas que yo he intentado no funcionaron, y la gente se fue y nadie apareció, y no hubo ni siquiera alguien que dijera "gracias".
Si quieres evangelizar prepárate para eso, "si quieres servir al Señor prepárate para la prueba" Eclesiastico 2,1.
Recojamos nuestras tres enseñanzas de este día, la primera: así como hay muchas tristezas hay que saber disfrutar las primaveras y los jardincitos que Dios nos da; la vida no es prueba de dolor, hay momentos de esperanza, hay momentos que hay que disfrutar la esperanza.
Segunda: es necesario ante todo que el amor se vea y es el amor el que convierte, con muchos medios o con pocos medios. Y hay que saber desprenderse de todo y desapegarse de todo si queremos entrar de veras en la obra de la evangelización; la evangelización supone muchos fracasos, ciertamente, el demonio huye, los enfermos se curan y muchos se convierten, pero hay unos que no se van a convertir, por lo menos nosotros no lo veremos.
Mi amiga de Siena, que murió tan jovencita, murió de la edad que yo tengo, murió rogándole a Dios, porque acababa de suceder la tragedia espantosa del cisma de Occidente, fue en la época que hubo dos Papas y un poquito después había hasta tres Papas, fue una situación tan humillante, tan sucia, un capítulo tan triste de la Iglesia Católica.
Cuando Catalina murió llevaba como año y medio esa situación; Catalina dedicó lo mejor de sus oraciones, de sus ayunos, de sus penitencias, de sus ruegos para que eso se arreglara y se murió y no se había arreglado, claro que sí se arregló pero después que ya se había muerto.
xxHay que tener esa generosidad, hay que saber sembrar para más allá de la muerte, hay que saber que el efecto de nuestras palabras, probablemente el efecto de nuestros ejemplos y oraciones, no lo veremos en esta tierra.
Si no estamos dispuestos a trabajar aquí, no tendremos verdaderamente lugar en la viña del Señor.
Hay relativamente poco tiempo, después de salir egresado del colegio donde hice mi bachillerato, el Colegio de Santo Tomás de Aquino, al poco tiempo de eso murió el que había sido nuestro profesor de Física, un hombre que fue profesor yo creo que de nosotros cuatro, en casa fuimos cuatro hombres, soy el tercero.
El chiste es que este profesor que se llama Carlos Castañeda, fue profesor por mucho tiempo, hoy cualquier persona que tú te encuentres del Colegio de Santo Tomás y que sepa de Carlos Castañeda tiene un recuerdo lleno de amor por ese hombre, pero en esa época dando una materia que ciertamente era de las exigentes y difíciles, tuvo que soportar bastantes malas caras, bastantes insultos, bastante dureza, pero sembró, no alcanzó a ver la cosecha.
Para evangelizar hay que estar dispuestos a eso, no veré la cosecha, probablemente no la veré aquí en la tierra pero la veré de un palco mejor, en otro palco desde otro ángulo y con una luz invencible, con una luz imperecedera, podré ver cual es el fruto del amor.
Eso a mi me suena tan hermoso, que yo quisiera terminar ahí, pero es que tengo por dentro un gusanito que me está preguntando: oiga, ¿y qué hacemos con eso de que "sacudieran el polvo de los pies?” San Marcos 6,11.
Como gracias a Dios tenemos tiempo para deleitarnos aquí en la Palabra de Dios, como nadie tiene afán, que es una de las presiones que a veces se tienen en la celebración de la Eucaristía, entonces yo quiero decir una palabra sobre ese “sacudir el polvo de los pies”.
Porque mire, Jesús los manda a que hagan obras maravillosas de amor, que curen a los enfermos, que expulsen a los demonios y que llamen a la gente a conversión.
Por algo he comparado este evangelio con una primavera, es una belleza llena de flores, llena de colores, llena de luz y dice uno ¿por qué si Jesús tiene tanta ternura, si Jesús puede hacer esas primaveras, si Él puede tejer esas flores, por qué ese efecto tan violento? ¿Por qué ese efecto tan poco diplomático de “sacudirse los pies”? Se parece casi a patear la tierra, a dar coces.
Qué tal eso que dice Cristo, “que si al apóstol no lo reciben entonces de uno patadas a la mitad de la plaza, levante una polvareda y se largue”, dice uno: "oiga, como que Jesús está poco elegante, le hace falta como un poquito de urbanidad"
Tal vez Jesús debía haberles dicho: “en caso de que nadie se convierta, ustedes dejen su tarjeta”, como diciendo, hombre, que quede ahí constancia, ¿que no? Así hacen los vendedores ¿no? Si llega un vendedor y le dice a usted, “le tengo un negocio redondo, un elefantito” es un elefante chiquito que lo puede usted tener en el jardín de su casa, lo amarra a su elefante y mire hoy por hoy se está imponiendo poner elefantes en la casa, eso es lo último, ya hasta las estrellas de Hollywood utilizan elefantes en la casa y eso le va a traer a usted mucha suerte… y usted mira de arriba y dice: ¡yo que elefantes!.
Cuando usted ya se resuelve que no va a comprar el elefante, el vendedor, ¿qué es lo último que hace? "bueno, pero por si acaso aquí le dejo mi tarjeta, yo estoy seguro que lo va a pensar mejor", y de pronto usted entra a su jardín y dice: "lo que me hace falta aquí es un elefante"
Pero parece que Jesús no les dice eso a los apóstoles, Jesús no los invita a que, como se dice diplomáticamente, dejen una puertecita abierta, ¿por qué eso tan extraño? y sobre todo por qué si Jesús es tan tierno, tan amoroso, ¿por qué ese portazo?, ¿por qué levantar ese polvo?, ¿por qué hacer eso?
A mí me parece que para meditar la Palabra de Dios es conveniente hacerse preguntas orando, y con humildad y leyendo comentarios Bíblicos y preguntando lo que supere la inteligencia, buscar claridad, porque no se nos olvide que las preguntas son las “muelitas” de la inteligencia y si uno no hace preguntas, seguramente es porque no está entendiendo nada.
Con ese ánimo acerquémonos, y con nuestra pregunta a tratar de resolver eso: si Jesús era tan tierno para tomar en sus propias manos la carne de los leprosos para sanarla, si Jesús tocaba a los ciegos, si Jesús tenía tantas obras de amor ¿por qué ese gesto de tan poca delicadeza?
Les voy a compartir una conclusión a la que yo he llegado, que puede ser que a uno le sirva: resulta que la última obra que hace del amor, cuando el amor no puede hacer nada más, es contarle al que ha rechazado el amor, contarle en qué situación se encuentra el amor cuando es tan bueno; que cuando es amor de verdad, si tiene que irse, deja luz, deja la claridad, deja la verdad.,.