Co27001a
Fecha: 20011007
Título: Mirar. Oír y estar con Cristo
Original en audio: 11 min. 49 seg.
Hermanos míos:
Los apóstoles de Cristo lo habían visto hacer milagros, lo habían visto expulsar demonios, veían como las palabras de Cristo y la sobras de Cristo eran maravillosas y también habían oído a Cristo que más de una vez decía, por ejemplo a la persona que había sanadora: “Tú fe te ha sanado, tú fe te ha curado”. En otras ocasiones Cristo le pregunta a la persona que se le acerca: ¿crees que puedo hacerlo? Y en otra oportunidad dijo a un enfermo ó a un necesitado le dijo: “que suceda como has creído”.
De manera que la fe es la puerta para un universo nuevo, la fe es el comienzo de las obras maravillosas del Reino de los Cielos parece atribuirlo todo o casi todo a la fe.
Gente de poca fe, se quejaba Cristo alguna vez, y entre los discípulos sabemos que el apóstol San Pedro se quedó coro de fe cuando Cristo lo puso a caminar sobre las aguas. Tal vez nosotros no somos mejores que los apóstoles, no somos mejores que Pedro, seguramente podemos hacer nuestro este ruego de los discípulos: auméntenos la fe.
Un papá que tenía si niñito enfermo y poseído, las dos cosas; le dijo a Jesús que lo curara: “Si puedes ayúdame”. Le dijo Cristo¿“Cómo que si puedo?” todo es posible para el que tiene fe. Ese era como un lema de Cristo y el hombre dijo esa frase que nosotros hemos utilizado para responder en el salmo: “Creemos en ti, aumenta nuestra fe”. Aquél hombre atribulado gritó: Yo creo Señor, pero ayuda mi fe. Necesitamos crecer en la fe, pero resulta que hoy la palabra fe la utiliza mucha gente y la utiliza de diversas maneras.
Los espiritistas, los curanderos, los rezanderos y todos tipo de gente supersticiosa nos hablan también de la fe: Si usted no consigue trabajo, cosa que sucede lamentablemente a un porcentaje aterrador del pueblo colombiano, eso es un maleficio que le hicieron, usted tiene que quitarse ese maleficio, para eso tiene que bañarse con estas hojas y tiene que ponerle mucha fe.
Utilizan la misma palabra que Cristo: fe, pero Cristo no estaba pensando en ningún baño de hojas; en ninguna parte del Evangelio dice que Cristo viendo la situación política, económica, social, o las enfermedades o los malos negocios; le dijo a alguien. “Eche esta agüita colorada por allá al frente de su tienda y verá como le empieza a llegar gente.
Cristo no es un brujo, Cristo no es un curandero, Cristo no es un rezandero de esos. La fe de la que nos habla Cristo es una historia distinta, es algo diferente. La fe no es una sugestión. Cuando los brujos que hay por ejemplo en nuestra ciudad y en los campos, nos hablan de la fe, no deberían utilizar la palabra fe, están hablando de sugestión.
Lo que el brujo está diciendo es mire “utilice estas hojas, sugestiónese”. Qué es sugestionarse, convencerse en el ánimo de que algo es de determinada manera o de que algo va a suceder.
Hay una historia chistosa sobre esto de la sugestión. Vamos a echa una pequeña historia chistosa en esta homilía, espero que la gente muy seria no se vaya a alterar.
Había un hombre que era muy tímido y acomplejado, fue donde un psicólogo y el psicólogo le dijo “Bueno, vamos a empezar un tratamiento de autosugestión, Usted tiene que decir: soy fuerte, yo soy fuerte, yo soy grande, yo soy poderoso, yo si puedo, yo soy fuerte”
Este hombre tenía que sugestionarse, autosugestión y el hombre iba repitiendo por la calle: yo soy fuerte, yo soy grande, yo soy fuerte; y así entró a una cantina. Y el iba diciendo yo soy fuerte. Era un hombrecito que medía como 1.50 y le aparece un mastodonte como de dos metros y oye que la hormiguita esta estaba diciendo: Yo soy fuerte; y le dice el grandote: ¿que qué? Y el otro se queda mirando al mastodonte y empieza a sugestionarse: yo corro más rápido, yo corro más rápido.
Esa es la sugestión, la sugestión es esa: me va a ir bien, tengo un negocio, van a llegar muchos clientes, cientos de clientes, millones de clientes, me voy a tapar en plata, me voy a bañar como el tío rico en monedas y monedas de oro; esa es sugestión.
Lo que Cristo trae no es sugestión, Cristo trae la fe. Entonces, nos preguntamos qué es la fe. La fe es algo maravilloso, pero que es la fe, cómo se puede tener fe, cómo crece la fe.
El Evangelio nos muestra que la fe nace de mirar a Cristo, de oír a Cristo, de estar con Cristo.
Los apóstoles le dijeron, auméntanos la fe, Cristo no les dijo: para aumentar la fe siéntense, crucen las piernas en posición de loto, dejen la mente en blanco y empiecen a decir: tengo fe, tengo muchísima fe, tengo tanta fe que parece que estuviera hecho de fe.
Cristo no les mandó ninguna receta rara, Cristo no les mandó ninguna meditación extraña, les habló como siempre les hablaba, los miró como siempre los miraba, estuvo con ellos, esa es la respuesta.
Para recibir fe, para tener fe, para crecer en la fe hay que escuchar a Cristo, mirar a Cristo, estar con Cristo, así podemos tener fe. El que está con Cristo y ve como Cristo le cambia la vida a la gente, cada día cree más.
El que oye a Cristo y queda fascinado por la palabra de Cristo no queda sugestionado sino que queda convencido, enamorado, seducido de Cristo; así nace la fe y la fe se convierte n una fuerza impresionante que se adueña de nuestro corazón y que hace posible que nosotros vivamos a la manera de Cristo, así el mundo entero se nos venga encima.
Creemos en Cristo y ejercemos fe, en los sacramentos, en las obras de misericordia, en la evangelización, en las virtudes que guardan y adornan nuestra vida, ejercemos fe, e incluso hay veces que esa fe se manifiesta con algunos dones extraordinarios, dones de profecía, dones de sanción, dones de liberación, esos dones son muy ellos, pero no son la única expresión de la fe.
Un hombre, que puede ser alguno de ustedes y que siente que el matrimonio se le está cayendo a pedazos, y en vez de empezar a buscar con qué mujer va a vivir, viene a la Iglesia, se humilla ante Dios y le dice: Yo creo en ti Señor, yo creo que tú puedes hacer algo, tú estuviste en el centro de nuestro amor cuando yo me uní con la que hoy es mi esposa, tú puedes cambiarnos Señor.
Ese hombre no está levantando paralíticos, ese hombre no está moviendo montañas de cemento ó de tierra, pero ese hombre en la humildad de su oración está realizando un maravilloso acto de fe y como este ejemplo ustedes fácilmente pueden encontrar muchos otros.
La fe se muestra en cosas extraordinarias pero también se muestra y se fortalece en cosas bastante sencillas y bastante ordinarias.
Y una vez que la fe se apodera de nosotros, entendemos la segunda parte del Evangelio. La gloria es para Cristo, nosotros no hemos hecho sino lo que teníamos que hacer, por que es Él como dice San Pablo, el que obra en nosotros el querer y el obrar, a Él honor, gloria y alabanza por los siglos de los siglos.