I291003a
Fecha: 20111017
Título:
Original en audio: 4 min. 26 seg.
Lo primero que me llama la atención en el evangelio de hoy, tomado de San Lucas, como venimos en secuencia los días entre semana en este ya final del año litúrgico, lo que me llama la atención es que Cristo declina el papel de repartidor de bienes. Y en esto hay una distancia que Él voluntariamente toma con respecto al papel que hizo Moisés y al papel que realizaron en general los llamados "jueces" en el Antiguo Testamento.
Los jueces del Antiguo Testamento tenían precisamente que dirimir ese tipo de causas; bueno, su principal papel era traer la voluntad, traer la realización del querer y la voluntad de Dios para su pueblo, y esto implicaba liberarlo de la opresión de los enemigos, por eso vemos a Gedeón o vemos a Sansón en el libro de los Jueces liberando a los israelitas de la mano de los filisteos.
Pero además de esta labor hacia afuera, los jueces tenían que cumplir también una labor hacia adentro, y era ese descender al detalle del querer de Dios, el detalle del plan de Dios para la vida particular, la vida de cada uno y de cada una en Israel, una labor ciertamente extenuante, por algo el suegro de Moisés, un hombre llamado Jetró, le dijo una vez a Moisés que tenía que rodearse de muchos ayudantes para dirimir el detalle de cada una de esas causas.
Aparentemente, esa abundancia de jueces hablaría de una abundancia de justicia, porque entre más personas haya que den el detalle, cómo se debe distribuir cada cosa y cómo se debe decidir en cada caso, aparentemente eso debería significar una abundancia, una sobreabundancia de de la presencia divina.
Pero la abundancia en la que Jesús cree es otra abundancia