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Título:

Fecha: 1998/05/19

Duración: 9 min. 37 seg.


En estos días finales de tiempo pascual, estamos meditando, estamos suplicando la llegada del Espíritu Santo. Y es muy interesante que la Iglesia, para enseñarnos a rogar que venga el Espíritu, nos enseñe a meditar que Cristo se fue. Como enseñándonos a pedir al Espíritu Santo, después de haber visto a Cristo partir. Y por eso en este tiempo pascual, tomamos estos textos de la cena de despedida de Jesús según el Evangelio de Juan.


“Me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta adonde vas”. dice Jesús. En realidad, esa pregunta ya había aparecido en el Evangelio do Juan. Le habían preguntado a Jesús de donde era, y también preguntan ¿Adonde pensará ir este?. Porque Jesús dijo: “Adonde yo voy, vosotros no podéis ir”. Entonces ahí se preguntaban ellos: ¿Será que va a suicidarse?. Dice Jesús: “Ninguno de vosotros me pregunta adonde vas, sino que por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón”. Ahora, El si dice adonde va, El va al que le envió.


¿Que quiere enseñarnos Jesús? Es una pregunta que tenemos que hacernos con frecuencia. ¿Que quiere enseñarnos Jesús? “Me voy al que me envió, por haberos dicho esto, os habéis llenado de tristeza y me preguntáis adonde voy”. Es un modo raro de hablar, pero tratemos con ayuda del Espíritu Santo de avanzar un poco en la compresión de esas palabras. Si nos reunimos aquí a comulgar con su palabra, para comulgar de su cuerpo, pues recibamos esa enseñanza. Tal vez está un poco escondida, tal vez es una perla muy valiosa.


Si El dice adonde va ¿Porque quiere que le pregunten adonde va, si ya les dijo?. Esto es raro. Segundo, ¿Porque dice El: “Ninguno me pregunta adonde voy, sino que por haberos dicho esto, se ha entristecido vuestro corazón"?


Pues da la impresión de que Jesús esperaría que le preguntaran adonde va y que así la tristeza no llegaría al corazón. Yo creo que eso es lo que quería Jesús. Si nosotros supiéramos a quien va Jesús, también entenderíamos que nosotros vamos con El. En otro lugar ha dicho: “Salí del Padre y vine al mundo, ahora dejo el mundo y voy al Padre”. Pero el que vino solo, no se va solo. El que se queda mirando de donde se fue Jesús, se entristece, el que medita adonde va Jesús, se alegra.


Osea que esta partida de Cristo de este mundo puede ser causa de tristeza o de alegria. De tristeza, si me pongo solo a pensar de donde se va, y esto es quedarse mirando la Cruz, con su dolor y con todo lo que Cristo pierde. Pero, adonde se va, es mirar la Gloria y mirar a Jesús con todo lo que Jesús y nosotros con Jesús ganamos.


Quedarse mirando de donde se fue Jesús, es quedarse lamentado que este mundo no sea el lugar de nuestra dicha. Asomarse adonde va Jesús, es asomarse a la dicha mayor que este mundo, que El nos prepara a nosotros.


“Me voy a la que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta adonde vas”. Ya comprendemos mejor porque El no quería que estuviéramos tristes. No quería que estuviéramos tristes, porque si miramos adonde va, entendemos que es el culmen de su misión, entendemos que nos vamos con El, y entendemos que la alegría de este mundo es pálida frente a la alegría que tendremos con la gloria que El ha merecido para nosotros.


Esa parte ya la entendemos, pero nos falta entender la primera. “Me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta adonde vas”. ¿Porque Jesús quiere que nosotros le preguntemos adonde va, si ya lo esta diciendo?


Porque, supongamos en el terreno del movimiento físico, si uno dice por ejemplo: “Me voy a Chiquinquirá”, pues pienso yo, es una ciudad conocida de muchos de nosotros. Ahí sabemos adonde va. Pero si una persona dijera: “Me voy para Singapur”, pues no sabemos que es Singapur, o tal vez si sabemos que es una ciudad que esta en Asia, pero ¿Que va a pasar allá? ¿Que significa eso?


“Me voy al que me envió” dice Jesús. ¿Y acaso sabemos quien me envió? ¿Acaso conocemos que significa eso? Osea que el reclamo que Cristo está haciendo en el fondo es ese, que para nosotros el Padre, el que envió a Jesús, es eso, ¡nombres!. Serán simplemente nombres el Padre, el Paráclito, serán solamente nombres, a menos que le preguntemos a Jesús ¿Quien es el que te envió? Es decir, a menos que nosotros recorramos con Cristo el camino. ¿Quien es el que te envió?


“Me voy al que me envió” y los otros se quedan callados y tristes. Callados y tristes porque se va de aquí, sin pensar adonde va y que pasa conque El se vaya allá. Por eso Jesús, con suavidad, pero con claridad, reclama:


Ustedes no me preguntan adonde voy, para ustedes el Padre es solamente un nombre, solamente una palabra. Ustedes no conocen al Padre. Y como le había dicho a Felipe: “El que me ve a Mi, ve al Padre”, ustedes tampoco me conocen a mi, o sea, en realidad no han entendido. Lo que esta diciendo Jesús es eso. ¡En verdad ustedes no han entendido mi misión!


Pero no se queda en eso. Dice: “Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito”. Y luego dice que ese Paráclito, en este mismo capitulo, que ese Paráclito nos conducirá a la verdad completa.


Ustedes no me han conocido a mi, ustedes no conocen a mi Padre. Pero vendrá el Paráclito, yo les voy a enviar la Espíritu para que ahí si sepan quien soy yo, para que ahí si conozcan al Padre. ¡Y es claro que les conviene a ustedes! ¡Porque hace tanto tiempo que estoy con ustedes y no me conocen, y no conocen al Padre y les interesa a quien voy! Para ustedes son nombres, a ustedes no les interesa sino este mundo, pobre, pequeño, frágil, del cual yo me voy. 


Si, claro que nos convenía que se fuera Cristo. Porque al derrumbarse la carne de Cristo en la Cruz, al hundirse una vida inocente, inmaculada y bella como la de Jesús, la mentira del mundo se acaba y entendemos que nuestra vocación definitiva, no se puede realizar en este mundo, y en esta tierra, y en estas condiciones.


Claro que nos conviene. Nos conviene a nosotros. Es dolor para El, pero a nosotros nos conviene que Cristo se vaya, para que envíe al Paráclito, para que el mundo sea juzgado, para que se proclame la gloria del Padre. Para que nosotros tengamos la experiencia viva, la experiencia interior, real.


Eso que dice el apóstol San Juan: “Lo que vimos, lo que tocamos, lo que palpamos”. Para que tengamos la experiencia real, para que sepamos de quien se habla: “Conoceréis al Padre”, al Padre de quien se habla. Ahora si lo vamos a saber, porque el Espíritu que Cristo nos envía, nos da el conocimiento de El mismo (fin de la grabación).

Amén.