O311002a
Fecha: 20001106
Título: No podemos dar de lo que no hemos recibido
Original en audio:6 min. 10 seg.
Hermanos:
Jesús nos dijo: "Cuando des una comida no invites a los que pueden pagar" (véase Lucas 14, 12)y el primero en practicar esto es el mismo Cristo.
Cristo es un gran maestro y el sello de los grandes maestros es vivir lo que enseñan, lo que predican.
Jesús vivió esta enseñanza, Jesús vivió el evangelio que predicó, a tal punto que podemos decir que El es el evangelio.
Si nosotros no tenemos con qué pagar, esta asamblea, especialmente en este día cumple la palabra que acabamos de proclamar. Pobres Lisiados, cojos, ciegos, esa era nuestra asamblea.
Pobres de dinero y pobres de méritos; cojos de las piernas y cojos que no hemos podido tal vez caminar por las sendas de Dios. Lisiados de nuestros brazos y lisiados también de nuestros afectos. Ciegos tal vez en nuestros ojos del cuerpo, ciegos tal vez por que no vemos la buena noticia de la que tanto se nos habla.
Esos somos nosotros. Somos los invitados al banquete y nosotros no tenemos con qué pagar.
Eso, eso es muy profundo. Con Cristo se rompe el esquema compra-venta. Cristo da algo que no podemos pagar.
Algo que necesitamos pero que no merecemos,algo que nos hace falta pero que no podemos comprar.
Ese es el bien que trae Cristo a nuestra vida y por eso dándonos ese bien que se resume en la palabra “Gracia”, regalándonos ese bien, nuestro Señor Jesucristo rompe el esquema de la compra y de la venta y nos introduce en otra lógica nueva, una lógica que despierta la admiración, que despierta la alabanza, el amor y la gratitud y esa lógica nueva se llama “Amor”.
Cristo nos transporta a la lógica del amor, nos introduce en un lenguaje distinto donde le recibimos no según la medida de lo que tenemos sino según la medida de lo que necesitamos.
Abre tu boca y yo la saciaré, nos decía allá por boca del salmista. Esta es la lógica nueva en la que Dios quiere introducirte, la lógica del amor donde la medida para ti es la medida de tu necesidad, ni la medida de tu mérito, ni la medida de tus bienes, ni la medida de tus conocimientos. Es la medida de tu necesidad.
Cuando llega ese amor a nosotros, cuando llega esa lógica a nosotros, algo fantástico sucede, algo maravilloso acontece.
Sentimos un desbordamiento de gratitud, sentimos que Él es Santo, es fuerte, es bello, se nos acaban las palabras para expresar lo que ha hecho por nosotros.
Y entonces, con esa fuerza nueva, con ese nuevo pensamiento, cuando nos encontramos con nuestros hermanos, ¿qué hacemos? repetir, realizar con ellos lo que hemos aprendido de lo que Dios realizó con nosotros.
Si has experimentado amor, gracia, generosidad, poderosa generosidad y gracia en tu vida, ahora te toca a ti.
Ahora eres tú, el que movido por su maestro, movido por el regalo de tu maestro haces otro tanto.
Si nosotros intentamos cumplir este Evangelio sin haber recibido PRIMERO el regalo, no podemos.
A quien se le ocurre regalar, a quién se le ocurre dar sin esperar a cambio, ¿quién puede hacerlo? No nos sale, no nos nace; pero después de haber recibido el regalo, nuestro corazón se convierte en un manantial de bienes para otras personas.
Que el Señor en su misericordia quien nos ha acogido en este día, nos abrace en su amor, nos de su regalo y nos conceda, desde la alegría del regalo recibido, ser también nosotros regalo de amor y de gracia para que otras vidas se transformen, para que otras vidas cambien, para que otros también puedan decir: El Señor, el único que podía hacerlo lo hizo y la gloria es para su nombre
Amen!