I273003a
Fecha: 20111005
Título:
Original en audio: 4 min. 30 seg.
Cada Evangelista, lo hemos dicho varias veces, tiene su modo peculiar de mirar al misterio de Cristo. Lucas, por ejemplo, que es el que nos está acompañando en las lecturas de entre semana en esta parte del año, Lucas hace énfasis en la alegría, en la acción del Espíritu Santo, en el papel tan importante que tiene las mueres, en la atención a los más pequeños y los pobres. Estas son características de Lucas, pero hay otra más: Lucas es también el Evangelista que más nos habla de la oración, y especialmente de la oración de Jesús, Jesús en oración.
Por eso no nos extraña que al llegar a este capítulo once, que es el del evangelio de hoy, encontramos a Cristo orando y encontramos que Cristo, después de su oración, recibe esta petición tan bella de los discípulos: "Señor, enséñanos a orar" Lucas 11,1. De esa escena yo rescato en primer lugar cómo para orar uno necesita ver oración.
Es decir, la oración, por supuesto es un regalo de Dios, pero la oración es también algo que aprendemos; necesitamos aprender, y por eso los discípulos dijeron: "Cristo, enséñanos". No hubieran pedido ser enseñados si no fuera algo que se puede aprender. "Enséñanos a orar" Lucas 11,1.
También me llama la atención que Cristo estaba en oración, los discípulos estaban con Él, y sin embargo, cuando Él termina son ellos los que preguntan; es decir, estaban con Él pero en cierto modo era Él únicamente el que que estaba orando.Y esto me llama la atención porque indica un momento contemplativo en la vida de los discípulos.
Ellos quizás carecían de la confianza, o carecían del espíritu, o carecían de las palabras para orar, pero ya entendían algo importantísimo: sí hay que orar, sí que hay que orar, es necesario conectarse con la vida de Dios, es necesario escuchar su Palabra, es necesario ponerse en sintonía con su voluntad.
Y este no es un descubrimiento pequeño, por algo San Agustín dice: "Tu mismo deseo ya es oración".