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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20060219

Título: Jesús trae la sanación de las parálisis del alma.

Original en audio: 14 min. 32 seg.


Es asombroso el milagro que realiza Jesucristo en el evangelio de hoy, y de esa escena que cuenta el evangelio, podemos aprender muchas cosas hermanos, por lo pronto podemos preguntarnos sobre nuestra propia condición, porque a veces uno puede estar paralítico espiritualmente.

En dos ocasiones distintas he oído dos historias de soldados que se quedaron peleando después de que la guerra se había acabado, una de esas historias fue en Vietnam, ustedes saben que hace unos cuantos años estaba toda la guerra entre Vietnam del norte y Vietnam del Sur, la intervención americana también en Vietnam, y el terreno es especialmente espantoso, clima difícil, hay mucha selva, mucha jungla, muchas veces las unidades que estaban en combate pasaban semanas o incluso meses sin poder entrar en contacto con sus jefes, por las mismas condiciones del terreno, del aislamiento.

Lo que nadie se podía imaginar es que muchos años después de que se acabó oficialmente la guerra de Vietnam encontraron soldados, que no sabían que la guerra se había acabado, un campamento de soldados que estaban con sus armas y con sus pertrechos muchos años después, no se cuantos años 10, 12 ó 15 años después, listos para matar a los norteamericanos, y ya la guerra había quedado atrás hace mucho tiempo.

Pero estos hombres se habían quedado paralizados en su odio, en su guerra. Y una historia semejante leí, en otra oportunidad, con respecto con algún soldado japonés, ustedes saben como en el final de la guerra mundial, en el Pacifico, fue un final tan abrupto por causa de las bombas atómicas, en Hiroshima y Nagasaki, resulta que muchos soldados japoneses no supieron que la guerra se había acabado, la mayor parte de ellos pudieron enterarse por otros caminos, pero de nuevo, las condiciones del Pacífico y las condiciones de esas islas son tan difíciles, que muchos años después encontraron a un soldado japonés que ya no tenía ni general ni comandante, ni nadie que lo mandara, pero el seguía en guerra.

Y en el plano personal también suceden cosas así, hay personas que han tenido una herida o un trauma en su infancia y eso les queda ahí para toda la vida, odio hacia las mujeres, odio hacia los hombres, odio hacia los sacerdotes, odio hacia los médicos, porque una vez un médico..., porque una vez un sacerdote.... y una persona puede conservar un odio diez años, quince o cincuenta años, a veces ya incluso la persona que le causó ese odio se murió.

Hay gente que tiene fastidio hacia un esposo o esposa, o hacia el papá o la mamá y ya los papás se murieron hace tiempo, pero esa persona sigue todavía con su odio vivo, como si estuviera todavía en guerra, como los soldados de esa historia, la persona sigue con su odio vivo, con su resentimiento vivo, como si hubiera recibido el engaño o el insulto hoy por la mañana así lo conserva, eso es lo que se llama la parálisis, esa es la parálisis del resentimiento, la parálisis del odio.

Y hay muchas otras parálisis que nos pueden acechar por las circunstancias que hemos tenido en la vida, por ejemplo el miedo. Existe en español esa expresión, un miedo paralizante, el miedo nos paraliza.

Hay gente que no puede hablar en público, y la razón es que un día y ese día que hace 30 o 50 años, iban a hablar delante de los compañeros del colegio y todos se rieron, una cosa que pasa mucho en los colegios donde hay niños, es que el niño sale a hablar al frente de los compañeros y no ha cerrado la cremallera del pantalón, una cosa accidental, y sale el niño y empieza a hacer su exposición todo nervioso y los compañeros a reírse y hacer caras, unos con los otros y burlándose y este no entiende que pasa y se siente confundido y avergonzado, hasta que al fin se da cuenta que lleva 10 minutos hablando con la cremallera del pantalón abierta, esa no es la peor tragedia del mundo, pero esas experiencias de humillación por ejemplo, nos pueden paralizar de tal manera, que luego uno se encuentra con una persona que tiene 50 o 60 años de edad, “mira que si puedes decir...” “No, si es en público no puedo” y lleva 40 años paralítico por el miedo.

Otras veces somos paralíticos por incapacidad de creer en nosotros mismos, es decir, por problemas de autoestima o de auto confianza, es impresionante el daño que uno puede recibir a veces, y a veces hasta a uno se le puede olvidar que fue lo que ocasionó esa desconfianza, esa inseguridad.

En momentos de rabia los papás, a veces, utilizan un lenguaje muy duro, “Hay usted si es un inútil” y esas palabras que luego al papá o la mamá se le olvidan, pero no se le olvidan a veces a los niños, quedan ahí muy gravadas, soy inútil o soy feo o torpe y nunca voy a conseguir lo que yo quiera.

Ese tipo de palabras son casi como maldiciones, obviamente no en el sentido estricto de la palabra, pero si como maldiciones, porque paralizan a la persona le impiden desarrollar todo su potencial, lo mismo que una persona paralítica queda así tendida en una cama, como le pasaba a este hombre, eso nos puede pasar a nosotros y a veces uno necesita, como necesitó este paralítico, que sean otras personas los que lo acerquen a uno al Señor, porque a veces está uno tan paralítico que no puede uno moverse por sus propias fuerzas.

Hay personas que han perdido completamente la confianza en la Iglesia Católica, con alguna razón, tal vez porque han visto que hay egoísmo, avaricia, hipocresía, las fallas que suele haber lamentablemente y decepcionados de la Iglesia y de los sacerdotes se han apartado, y luego son incapaces, han quedado paralizados por ese resentimiento y son incapaces de volver a la Iglesia, tal vez ellos necesitan no dos amigos ni un amigo, sino cuatro amigos que les hablen y yo en ese sentido quiero invitarlos a ustedes a dos cosas; primero, a que como a este paralítico nos pongamos delante de Jesús para que El nos sane de nuestras parálisis.

Podríamos mencionar muchas otras, pero dejemos por ahí la lista, primero eso, que nos pongamos delante de Jesús para que El nos sane, porque estamos paralíticos de muchas cosas, de miedos, de odio, de vicios, los vicios también son parálisis.

En algunos lugares de Europa, en Suiza por ejemplo, los drogadictos tienen lugares donde el estado les da la droga a la que ellos son adictos, de manera que no tengan que volverse delincuentes y no tengan que salir a matar, violar o lo que sea para conseguir la droga, entonces estas personas reciben sus dosis personales y viven en esa especie de paraíso falso en su cocaína o en su lo que sea y el estado les administra eso y viven ahí, en unos sectores de la ciudad o refugios a veces son casas, por ejemplo en Holanda tienen casas donde los ponen ahí.

Digamos que es una solución intermedia, entre tener a unas personas matando a otros por las calles para conseguir droga y tenerlos ahí, parece que es mejor tenerlos ahí, pero cuando uno mira un lugar de esos y se encuentra una cantidad de jovencitos y de jovencitas que no viven para otra cosa sino para inyectarse, eso es una parálisis, eso es no poder desarrollar ni su inteligencia, ni sus fuerzas, ni su talento, ni su creatividad.

Por eso el primer consejo, la primera recomendación es, vamos donde Jesús, pongámonos delante de Jesús y pidámosle que nos libere de nuestras parálisis para que podamos creer con todo el corazón, amar con todo el corazón y esperar con ganas.

Si a mi me preguntaran de que está herida Europa yo diría está herida en la esperanza, está herida sobre todo en la esperanza, en el futuro se ven solo nubarrones, en temores. Que hermoso que nosotros podamos inyectar esperanza y llevar alegría; pero es difícil a veces llevar ese mensaje.

Hay algo que nos retiene y estamos como paralíticos en eso, no nos atrevemos realmente a hacer una nueva utopía, parece que la última gran utopía social o global que hubo, fue el comunismo que acabó tan mal como sabemos.

Necesitamos curarnos de esas parálisis y llevar esperanza, creer con ganas. Jesús le dijo a la Samaritana una frase que me fascina le dijo: “Si tu supieras quien está hablando contigo”(véase San Juan 4, 10) es una palabra con la que el Señor la estaba llamando a la esperanza “Hay algo grande que viene a tu vida” y yo te digo hoy eso llena de fe” pero llena de fe que tu pudieras creer con todo el corazón, que pudieras creer que cuando Dios perdona, perdona, que pudieras creer en su presencia en el altar y que cuando comes la Eucaristía es Cristo vivo que está convirtiéndose en alimento de tu cuerpo y de tu alma, que pudieras creer en la oración, en el poder de la oración, la vida sería una maravilla.

¿Que te está reteniendo? esa es tu parálisis y la mía también, que nos está reteniendo, somos llamados hoy por el Señor a ser sanados de esas parálisis, a ponernos delante de Cristo para sanar esa parálisis para que El nos sane.

Pero la segunda parte es traer a los que son paralizados, también ustedes pueden hacer mucho bien con sus amigos, con sus amigas, todos sabemos que en este Dublín hay muchos hispanohablantes que están paralizados, la pereza los tiene paralíticos, el invierno los tiene paralíticos, la depresión los tiene paralíticos, hay muchas cosas que los pueden tener paralíticos.

Se aburrieron de la Iglesia pasan de la iglesia, tu lo mismo que otros, tu junto con otros puedes invitar a otras personas a que dejen esa parálisis, a que no se dejen engañar a que descubren que una fuente verdadera de sentido y de vida, no puede encontrase solamente en términos de un buen sueldo y unas buenas vacaciones.

Sigamos esta celebración pidiéndole al Señor que nos sane de todo eso, que nos cure de nuestros miedos. Jesús es experto en sanar, eso es lo que el hace casi todo el tiempo en el evangelio, sin quitar lo que hacen los médicos, los psicólogos y los psiquiatras, yo debo de decir que yo mismo soy testigo de como el Señor sana maravillosamente a las personas de sus temores y Dios quiere que nosotros llevemos una vida mucho mas libre, mucho mas feliz, me disculpan lo que voy a decir, una vida mucho mas viva, nos merecemos, después de que Cristo nos amó tanto, nos merecemos una vida mucho mas viva.