I262002a

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Fecha: 20110927

Título:

Original en audio: 4 min. 35 seg.


Seguimos en este martes con el capítulo noveno del evangelio según San Lucas.

En el texto de ayer veíamos que los discípulos estaban discutiendo sobre quién es el más importante. Esa parecía ser una discusión interna, una discusión que se quedaba entre ellos. Pero el pasaje de hoy, que también es de ese capítulo noveno, nos muestra que la falta de paz interior termina convirtiéndose en una fuerza de antitestimonio, una fuerza que frena el Evangelio exteriormente.

Es una ley muy importante: el corazón que no está en paz, no puede comunicar realmente y plenamente la Buena Nueva de salvación. La comunidad que no e está reconciliada, que no está en paz y en unidad, no puede dar pleno testimonio de la fuerza y la gracia del Evangelio. POr algo Jesús, en su oración sacerdotal, capítulo diecisiete de San Juan dice: "Padre que todos sean uno para que el mundo crea que tú me has enviado" Juan 17, 22-23.

Con ese modo de hablar, Jesús está dándonos una gran enseñanza:la unidad interior está ligada a la eficacia exterior. La caridad interior no puede separarse de la caridad exterior; la caridad interior lleva a la comunión, la caridad exterior lleva a la misión.

Entonces así encontramos que discutían los Apóstoles sobre quién era el más importante, y esta discusión necesariamente hace crecer los sentimientos más contrarios al Evangelio, es decir, la soberbia, la arrogancia, el orgullo, el juzgar de manera implacable al hermano, el cerrarse a la misericordia, el endurecerse obstinadamente en la propia postura. Estas son las características, esto es lo que se puede esperar de una discusión como la que tenían esos discípulos.

Y luego, con ese corazón endurecido, con ese corazón arrogante, sucede la escena de hoy