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Fecha: 20001117
Titulo: En los ritmos de la historia humana es Dios el que reina
Original en audio: 41 min 57 seg.
Mis Hermanos:
Está llegando el final del año, final del año civil, pero para nosotros, particularmente, el final del año eclesiástico, el año litúrgico, porque hay que saber que para nosotros hay como una santificación del tiempo a través del año litúrgico.
La liturgia nos introduce en una serie de ritmos y en esos ritmos nosotros vamos aprendiendo a hacer circular la vida.
El corazón tiene un ritmo que está marcado por la sístole y la diástole, se comprime y se expande y en ese ritmo del corazón está el movimiento de la sangre por todo el cuerpo y está la vida, y si se detiene ese ritmo, entonces la sangre se cuaja, se coagula, se termina la distribución del oxigeno y el alimento y pronto el cuerpo muere.
Aprender a llevar vida cristiana es aprender vida rítmica; hay que aprender a tener ritmo en la vida, porque lo que tiene ritmo tiene vida; mientras estemos sometidos al tiempo, que eso es lo propio de la vida mortal, hay que saber ponerle ritmo a la vida.
Un padre muy simpático de mi comunidad, que acaba de regresar de Roma, decía: "Yo suelo leer o estudiar con alguna música de fondo porque se ha demostrado que cuando a las vacas les ponen música producen más leche". El ritmo aumenta la productividad de las vacas, claro que no todos los ritmos ayudan, yo creo que hay mucha música que no ayuda para estudiar, pero ese es otro tema.
La vida litúrgica, es decir, la vida con la que nosotros celebramos nuestra fe, porque esa es la liturgia, la celebración de la fe, la vida tiene ritmos, y por eso la primera parte de esta predicación es para hablar de los ritmos, porque si no entendemos esta idea tampoco entendemos la hermosa secuencia que llevan las lecturas de la Misa durante este tiempo.
Pensemos por ejemplo en la misma celebración de la Misa, tiene un ritmo, hay un momento en el que entramos en nosotros mismos, es el momento del arrepentimiento, se parece a ese momento en el que el corazón se comprime, hacemos un momento de arrepentimiento y entramos en nosotros, ese momento no es para mirar hacia afuera sino para mirar hacia dentro, esa es la hora del arrepentimiento.
Pero llega por ejemplo el momento del santo y es el momento de la alabanza, momento para glorificar a Dios, ahí se une la Iglesia del cielo y de la tierra a darle la alabanza a Dios, es un momento de expansión.
Llega el momento de la paz y es el momento de la comunicación entre nosotros; cuando se está realizando la consagración se supone que yo no estoy hablando con otra persona, pero cuando llega al momento de la paz, si yo entro en un repentino arrepentimiento en el momento de la paz, entonces me tira el momento de la paz.
La liturgia dentro de la celebración de la Misa tiene un ritmo, ahí se ve, más adentro más afuera, más recogimiento más expansión, momento de cierta tristeza, porque somos pecadores, momento de confianza, porque hay misericordia, momento de exultación, porque hay gracia, momento de alabanza, porque hay gloria.
Cuando una persona va aprendiendo a asistir a la Misa, -a uno le enseñan a comulgar, pero no le enseñan a asistir a Misa-, ese es uno de los problemas que tenemos; cuando uno va aprendiendo a asistir a Misa, uno va aprendiendo el ritmo y uno va aprendiendo a vivir la Misa con el ritmo que tiene y eso hace que uno ame la Misa.
La Liturgia de las Horas, que es como la oración oficial de la Iglesia, también tiene ritmo, por ejemplo por la mañana tenemos los Laudes, la alabanza, el recuerdo de la resurrección del Señor, la entrega confiada de las obras del día, la suplica de bendición.
Llega el momento de la tarde y el estilo es otro, el estilo es más bien como de recogimiento, es un estilo como de humildad; pero también es un estilo para pedirle a Dios que nos bendiga, que nos fortalezca, que nos reconstituya, y para pedirle a Dios que en esa hora nos dé paz y vuelva a nosotros el espíritu de agradecimiento.
La oración de la mañana se llama Laudes y la oración de la tarde se llama Vísperas, todavía hay otras oraciones que no voy a mencionar aquí.
El año litúrgico es el ritmo que la Iglesia ha querido darle al año, los años también deben tener su propio ritmo, y así como en las obras musicales hay unos pedacitos que son fuertes, que son enfáticos, incluso el volumen puede ser vigoroso, así también la liturgia tiene unos tiempos que se suelen llamar tiempos fuertes.
No es que los otros tiempos sean débiles, sino que en los tiempos fuertes hay como un mensaje condensado, nuestra atención se reclama en un determinado sentido, somos como convocados a mirar más específicamente un momento de la vida de Cristo.
Hay dos momentos así, densos, dentro del año litúrgico, uno se llama Navidad, para abismarnos ante este Dios tierno, pequeño, cercano, amoroso, tan frágil, para deshacernos junto con El, para liberarnos junto con Él de tanto peso que se nos ha acumulado, para volver a ser niños, para empezar de nuevo, esta es la Navidad.
Pero la Navidad va preparada de un tiempo anterior que se llama el Adviento, entonces el primer momento fuerte es el momento que se llama de Adviento y Navidad, ese momento es muy bonito, a muchos de nosotros nos trae recuerdos muy hermosos.
Otras personas, cuando no tienen fe en Cristo, la Navidad no les sirve sino para nostalgia, para acordarse de que están solos, que otro año, que el verano sigue, para: "Ah, no he podido arreglar nada, sigo con las mismas deudas, sigo desordenado, ya que se acabe este asunto, y más bien que venga el trabajo".
Hay mucha gente que sufre nostalgia en Navidad, pero es porque no conocen a Cristo, como no celebran lo que hay que celebrar en esa hora, entonces ¿qué pasa? Dan vueltas entorno a sí mismos, resultado, se marean.
Ese es el primer momento denso, el momento de la Navidad; la Navidad va precedida por el Adviento, Adviento y Navidad, es un momento fuerte, como que suenan los timbales, o por lo menos suenan las panderetas, ¿no? Y todo el mundo canta los villancicos y van muchas burras a Belén "hacia Belén va una burra..." Muchas burras y muchos pastorcitos y bueno, la Navidad.
Ese momento es muy hermoso, Pero hay otro momento que es el momento más importante de todos, porque es el momento en el que se logró nuestra salvación, ese momento es el el momento de la cruz, la muerte y la resurrección, es decir, la Pascua.
Pero la Pascua va precedida también por otro tiempo más largo, -la Pascua es más larga que la Navidad-, y va precedida de otro tiempo que es más largo que el Adviento, ese tiempo se llama la Cuaresma.
Entonces así nos resultan los cuatro tiempos llamados fuertes: Adviento que va con Navidad y Cuaresma que va con la Pascua, el resto del año no es que haya danza, no es que no haya ritmo, la danza sigue, el ritmo está, pero ese ritmo se vive de una manera, podríamos decir, más sosegada.
No es un allegro sino es un andante, andante con brío, ese es el tiempo Ordinario, va así, es como un andante, y tiene sus pianos y sus fortes, ese es el Tiempo Ordinario.
Nosotros ahora estamos en el tiempo Ordinario, pero ustedes saben que en el tiempo Ordinario también, pues como esto va dando vueltas, llega el momento que empata con el Adviento, o sea que estamos terminando el Tiempo Ordinario y se acerca el Adviento.
El año litúrgico es tan bello, porque eso explica las lecturas, estas lecturas nos invitan a la vigilancia, si ustedes asisten a la Misa diariamente o leen por lo menos en su casa las lecturas, ustedes se van dando cuenta como uno va sintiendo: "Va llegando al momento culminante, esto está serio: "vigilad, vigilad y orad".
Y los finales de estos evangelios son finales enigmáticos, como el de hoy, se siente uno como ante un final enigmático, ellos le preguntaron: "¿Dónde, Señor?" San Lucas 17, 36, y les contestó: "Donde está el cadáver, se reunirán los buitres" San Lucas 17,37.
Es un asunto enigmático, queda uno así como en suspenso, y dice uno: "Y ahora, ¿qué va a pasar? ¿Cuál cadáver? ¿Qué buitres? ¿Cómo así?" Hay algo en el ambiente, uno se está preparando.
Esa preparación, esa percepción de que hay algo que va como por debajo, ese es el espíritu de estos días y hay muchas lecturas que van así, por ejemplo, mire la lectura de de mañana, algunos de ustedes no asistirán a la Misa de mañana, porque por ejemplo mueren esta noche o por otra razón, pueden ser otras razones también.
Miren mañana, por ejemplo, cómo acaba esa lectura: "Fijáos en lo que dice el juez injusto. ¿Dios no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?" San Lucas 18,6,8, y ahí se acaba.
Y dice uno: "Es el momento enigmático, ¿cómo hice esa pregunta? ¿Qué es lo que va por debajo? ¿Qué es lo que se está cocinando?" En la historia humana se está cocinando algo, hay ríos subterráneos dentro de la historia humana, hay algo que está sucediendo sin que nos demos cuenta, y las lecturas de este tiempo nos invitan como a detenernos, es un buen tiempo para empezar a estudiar filosofía.
Aristóteles decía que uno debía empezar a estudiar metafísica a los cuarenta años, o sea que aquí hay gente sobrada, uno debía empezar como a esa edad a estudiar filosofía, porque es la edad en la que uno empieza como a ver que, "un momentico, esto cotidiano como que se rasga, como que se agrieta, aquí hay algo que está pasando".
Ese es el sentido de estas lecturas, que nosotros nos despertemos y caigamos en cuenta de que hay realidades profundas que están transcurriendo, tal vez, sin que nos demos cuenta.
Por ejemplo, una buena pregunta para hacerse en este tiempo es: Oiga, ¿quién es el que realmente gobierna en el mundo?" ¿Ustedes creen que los presidentes son los que gobiernan? A mí me parece que los presidentes son más gobernados que gobernadores o que gobernantes.
Uno ve que hay como un entramado, hay como una lógica extraña que va moviendo a las personas, que va moviendo a los gobernantes, uno siente que los gobernantes no son muy libres, para llegar han adquirido tantísimos compromisos con tanta gente, con tantos grupos de presión y tantos gremios, que cuando llegan al poder, el poder les llegó primero a ellos y están obligados.
Y si usted revisa la manera cómo funcionan las cosas en su trabajo, especialmente si usted tiene un trabajo grande, una empresa grande, usted se dará cuenta de que cuanto más sube en esa escala menos libre siente a la gente, la gente no tiene mucha libertad para decidir.
¿Qué es lo que está sucediendo dentro de la historia humana? ¿Cuáles son esos misterios? Esa es una pregunta interesante para hacerse.
Otra pregunta: ¿Por qué las mamás pierden a los hijos más o menos hacia los once o doce años? A los hijos y a las hijas, ¿por qué la adolescencia se está volviendo un tiempo absolutamente inmanejable para muchas madres y para muchos padres?
Me decía con angustia una señora: "Yo sé que usted no puede atenderme en este momento, yo sé que usted tiene sus ocupaciones, que usted tiene sus horarios, usted no me puede atender, pero usted tiene que saber que estamos perdiendo a mi hijo, ese niño no era así y ahora vemos que está sometido al alcohol, a la droga, no sabemos cómo sucede, no sabemos qué vamos a hacer. Se nos están acabando los recursos y es un chico que no tiene catorce años".
¿Por qué pasa eso? ¿Pero eso pasa aquí? No, eso pasa en demasiados lugares, demasiados hogares, demasiadas culturas al tiempo, ¿por qué? ¿Qué se cuece en la historia humana? ¿Qué es esto que está sucediendo? ¿Por qué nos volvimos así?
Este es un tiempo como para hacer un buen retiro, uno debería hacer un buen retiro espiritual, pero claro, no es tan fácil sacar tantos días de retiro; pero si se pudiera, excelente. Tener un gran retiro espiritual y reflexionar estas cosas.
Otra, dígame una cosa: ¿por qué hay tanta gente aburrida? Y ya estaban aburridos antes de que yo empezara a hablar; ¿por qué hay tanta gente aburrida? ¿Por qué hay tanta gente desesperanzada? Mire usted los rostros de las personas, son rostros de una tristeza, de un vacío, no me lo tomen como grosería, de una manera existencial, que así le llama todo el mundo, me perdonan, no es por ofender, pero así le llama todo el mundo.
"Es que me da tedio la vida", ¿cierto? Esa es una palabra técnica, la otra no la voy a repetir, la gente sufre de tedio, ¿por qué tanta gente sufre de tedio? Mire usted a la cara a la gente: tienen un aburrimiento: "¿Para que esta vida?" Y dice uno: "¿Pero cómo así? Dieciséis, diecisiete años y un tedio de la vida: "¿Qué hago yo con esta puerca vida?".
¿Por qué tanta gente tan aburrida? ¿Por qué tan poquita gente feliz? ¿Ese es un accidente? Este es un tiempo para despertarnos, es un tiempo para pensar qué es lo que está sucediendo, es un tiempo también para reflexionar sobre cuáles son nuestras complicidades, a qué o a quiénes ayudamos nosotros, ¿cuál es el proyecto de sociedad, de mundo, de juventud, de civilización que estamos construyendo entre todos?
¿Por qué hay tanta pereza para el pensamiento? ¿Por qué hay tanta necesidad, una necesidad desesperada de afecto en las personas que las lleva a cualquier género de excesos?
Este tiempo nos invita a reflexionar, a descubrir que el mundo no es obvio, me gusta esa expresión, "el mundo no es obvio". Las cosas no suceden porque sí, no son casualidades, ¿por qué pasan tantas cosas? No son casualidades, el mundo no es obvio.
Este es el tiempo para rasgar lo cotidiano y preguntarnos: ¿podemos llamar casualidades que todos los muchachos llegados a cierta edad hagan todos las mismas cosas? ¿Todas las niñas llegadas al mismo tiempo hagan las mismas cosas? ¿Todos los matrimonios hagan lo mismo? ¿Serán casualidades?
Hay que rasgar, hay que romper lo obvio, hay que penetrar, hay que agrietar, hay que romper lo cotidiano y buscar por qué sucede eso así, y por qué nosotros mismos obramos de esa manera. Es un tiempo para eso, para buscar lo profundo.
Pero nosotros no somos una sociedad de filósofos, nosotros somos gente creyente, y por eso más allá de esas preguntas profundas, nosotros estamos buscando: ¿cómo reina Dios ahí? ¿Dónde aparece Dios ahí? ¿Pertenezco a una empresa que trata como engranajes a sus empleados, que manipula, donde hay unas jugadas de poder y de muerte extrañas, ¿dónde está Dios ahí? O tendremos que decir como lo piensan muchos: "Dios nunca estuvo", o "Dios se despidió" o "Dios se desentendió".
Qué paradoja, mientras unos sienten que Dios y todo lo sobrenatural ha desaparecido para siempre del mundo, esa es la sociedad europea fundamentalmente, se le ha llamado a eso pos cristianismo, ya Dios desapareció de este cuento.
Le preguntaba un sacerdote muy entusiasta, que si quería convertir al mundo, le preguntaba a un muchacho, a unos de estos jóvenes, seguramente son unos jóvenes que ustedes conocen, la pregunta sucedió en Francia, pero la interrogante está en todo el planeta.
Le preguntaba el sacerdote a este muchacho: "-Bueno, y Dios, Cristo Jesús ¿qué le dice a tu vida?" El muchacho, con el mismo gesto desencantado que tiene durante las veinticuatro horas, dijo: "-Dios no viene al caso". Es decir, no es ni que exista, ni que no exista; no es ni que importe, ni que no importe, "es que no viene al caso, en esto no pinta nada".
Y así me cuentan todos los que han estado en Europa y es la misma sensación que yo tuve en ese continente. La gran mayoría, -hay por ahí unas hogueras-, uno entra a una sesión de oración de la comunidad de san Egidio, que no se me olvidará en mi vida, ¡qué tarde de oración tan bella! Uno siente que hay amor.
Pero uno sale a la calle y es un frío, es un desabrigo tan pavoroso, lo mismo que ya está pasando aquí, que pasara en muchas otras partes, van quedando pequeñas hogueras aquí y allá. De pronto esto, si sigue así Fray Leonardo, esto se puede convertir como en una especie de hoguera, un pequeño fogoncito aquí.
Y nosotros seguramente estamos viniendo a este fogoncito porque ya estamos empezando a sentir frío por todas partes, y entonces nos acercamos para calentarnos en esta montaña, para calentarnos un poco con el fuego de la Palabra de Dios, esa es la pregunta que nos hacemos: "¿Y Dios qué se hizo? ¿Y Dios dónde está?"
Cuando presenciamos el derrumbarse de toda una Era, de toda una generación, de tantos sueños, de tantas esperanzas y parece que nadie puede parar eso, ¿y Dios qué se hizo? ¿Cómo escrutar? ¿Quién pudiera tener entre nosotros ojos tan penetrantes como para descubrir dónde está todavía el arroyo de Dios? ¿O será que a Dios lo estamos buscando bien?
¿Será que buscar ese pequeño arroyo, al fondo de una quebrada casi seca, será que eso es buscar a Dios hoy? ¿O será que Dios está presente de una manera que no logramos entender, también en medio de ese absurdo, de ese desconsuelo?
El Parlamento holandés, con el que desde luego tengo gravísimas diferencias, porque me parece que es uno de los grandes vergüenzas y desastres de la humanidad en este momento, el Parlamento holandés aprobó, entre las perlitas que aprobó hace poco, es de los motivos de eutanasia, las razones psicológicas para la eutanasia.
Razón psicológica, ¿sabe cuál puede ser? Pues el tedio, que ya ustedes saben cómo se llama aquí en Colombia, el tedio, "tengo un tedio existencial pavoroso", como conclusión, eso se equipara a una enfermedad, y como las enfermedades que son terminales, porque de este tedio ya nadie me va a sacar, entonces ustedes me pueden matar o yo quiero que me maten, eso se llama "suicidio asistido".
Y dice uno: "Bueno, y ahí Dios y la vida, ¿dónde están?" Y responde el muchacho francés: "-No viene al caso. Padre, ya no se fatigue tanto, no se canse tanto. Mire, no importa, padre, agarre lo que pueda del día".
Ese es el famoso "carpe diem" que le sirve a los pos modernos: "Si el día estuvo bien, la vida estuvo bien; si el día estuvo mal, la vida estuvo mal", resuelto el problema. Esa es la filosofía de la vida para una cantidad de gente, y si pasaron muchas cosas, o pasaron pocas cosas, ¡qué importa!
Cristo nos invita a mirar este tiempo, nos invita a buscar profundamente y nos invita a pensar, tensionar nuestra vida hacia un futuro que es incierto; es como si Cristo supiera, seguramente lo sabía, que aunque sus palabras traen la revolución más grande, sucederá lo mismo que en tiempos de Noé y lo mismo que en tiempos de Lot.
Hay algo en el mundo que nunca va a cambiar. Mire: comían, bebían, se casaban, vendían, sembraban, construían, la gente no se entera, y esta es una realidad con la que tenemos que contar nosotros los cristianos, no porque mi corazón esté en llamas el mundo se calentó, eso hay que saberlo y hay que contar con eso.
"Pero es que Dios resucitó, yo sé que es verdad, yo sé que es así". Sépalo, además es así. Pero sepa también que hay mucha gente que no lo sabe, que no le importa, sepa que lo que dice el evangelio de Juan, en otro contexto, se aplica perfectamente aquí: "Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron" San Juan 1,11.
Cristo trae su propuesta, Cristo trae su vida, Cristo trae su fuerza, pero no le interesa las tinieblas. Tenemos el mensaje más fantástico, tenemos el alimento más dulce, tenemos el remedio más saludable, y a los que le debería importar no les importa y siguen comiendo, bebiendo, comprando, vendiendo, casándose y descasándose.
El mensaje es: cuenta con el amor de Dios que lo puede todo, cuenta también con la indiferencia, el frio, el desabrigo del mundo. Dios lo puede todo, pero ese frio tiene también poder sobre ti, esa indiferencia se puede tragar tu fuego y entonces se acabaría la esperanza.
Cristo nos invita, al final de este año litúrgico, Cristo nos invita a buscar las señales de su presencia; Cristo nos invita a buscar las señales de su paso; Cristo nos invita a descubrir su Reino.
Pero bueno, hay que decir una palabra sobre eso. Está bien, ya entendemos que el mundo como tal no va a aceptar a Jesucristo, van a seguir comprando, vendiendo, comiendo, casándose y descasándose, así van a seguir, no importa lo que pase, el mundo tiene una gran capacidad de asimilación de todo, de todo.
El cuadro de nuestra Señora de Guadalupe, el que está en México, fue el resultado de un milagro, así se creyó siempre. En laboratorios de la NASA analizaron ese cuadro, sobre eso hay documentos, encontraron cosas que confirman que efectivamente se trata de un lienzo inexplicable.
Por ejemplo, haciéndole no sé cuántos aumentos a la pupila de los ojos de la Virgen aparecen una serie de personas, por ejemplo el obispo, el indiecito y los que estaban ahí a esa hora.
O sea que los que dicen que el cuadro fue pintado por mano humana tienen que explicar de qué manera se pudieron entrar en esos detalles en el siglo XVI. Eso está dicho no por católicos fervorosos de confesión de primer viernes, sino está dicho por científicos y se supone que la ciencia tiene peso.
Pues no, no tiene peso, cuando se trata de esto, no tiene peso. "-¡Qué ha pasado un milagro!" "-Ah, sí, pues el señor Copperfield hace unas cosas más interesantes", punto. Una capacidad de neutralizarlo todo.
Hace unas semanas se volvió de licuar la sangre de san Genaro, sangre que fue recogida, de acuerdo con la tradición, cuando murió este hombre. Una pasta de sangre y arena la metieron en un receptáculo de vidrio.
Y para desconcierto de todo el mundo, en el aniversario de la muerte de este santo y en otras fechas, esa sangre se vuelve líquida, no hay nadie que haya podido explicar cómo eso puede suceder, nadie, la sangre vuelve aparecer ahí líquida, San Genaro.
Ningún científico lo ha podido explicar, volvió a pasar este año, en que tenemos microondas, escáner, satélites, estaciones espaciales, volvió a suceder, nadie puede explicarlo, ¿la gente cree? No cree.
Ahí es donde yo comprendo el alcance de aquella parábola que le decía el Señor Jesús a la gente, ¿te acuerdas cuando el rico aquel que vivía banqueteando y el pobre Lázaro? ¿Y te acuerdas que el rico que estaba en el infierno le decía a Abraham: "Mira, déjame volver a la tierra porque si ven que un muerto resucita creerán" San Lucas 16,27.
Y decía Moisés, mire: "Si no le creen a la palabra de Dios, si no le creen a la predicación de Moisés, no creerán aunque un muerto resucite" San Lucas 16,31.
Es decir que no es la abundancia de milagros la que va a producir más, porque el mundo tiene una capacidad fantástica para verlo todo y sonreír y seguir diciendo lo del muchacho francés: "No viene al caso. Sí, muy interesante, muy bonito todo".
A cuántos de ustedes, -yo conozco casos que están aquí-, les han sucedido cosas absolutamente sobrenaturales, inexplicables, que les hablan de Dios y no, eso no ha producido fruto, y les han pasado las cosas y nadie las puede explicar y eso es cierto, y no, no produce fruto.
O sea que tenemos que contar, mis hermanos, tenemos que contar con el amor de Dios, pero tenemos que contar con el hielo del mundo, tenemos que contar con la indiferencia del mundo, tenemos que saber que lo que dijo Jesucristo es verdad, todo lo que dijo Cristo es verdad.
Y en este caso me acuerdo especialmente de aquella frase: "Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría; pero como no son del mundo, los odia" San Juan 15,18-19.
No pueden explicar, no pueden responder, pero igual no creen, igual se resisten, ¿qué quiere decir eso? ¿Que nosotros nos vamos a callar, que nos vamos a acomplejar? No. Nosotros, en el Nombre de Cristo y con el poder del Espíritu, seguiremos predicando porque tal vez ese muchacho, el que dijo que Dios no viene al caso, tal vez a estas horas sea un sacerdote.
¿Cuántas conversiones ha hecho Dios? Hay que seguir sembrando, hasta el ultimo día hay que sembrar y sembrar con alegría, con esperanza, esperando el retorno del Señor; hay que seguir sembrando, porque nosotros no sabemos finalmente cuál es el pueblo de Dios.
Estaba como desalentándose demasiado el Apóstol Pablo por allá en una de sus misiones y se fue a dormir una noche como aburrido: "¡Ah, esta gente aquí no sale con nada!" Se fue a dormir.
Y aquella noche tuvo un sueño, se le apareció Jesús y le dijo: "Sigue predicando, sigue que tengo mucho pueblo en esta ciudad" Hechos de los Apóstoles 18,9-10, y no aparecía. "Sigue, que hay mucho pueblo" Hechos de los Apóstoles 18,9-10.
Lo que pasa es que nosotros no sabemos cuál es el pueblo, nosotros no sabemos cuáles son los que se van a convertir ni cómo se van a convertir.
Ustedes saben que yo siempre que puedo hablo con toda la fuerza contra el aborto y contra una cantidad de faltas, pero sobre todo las que van contra los niños. Fíjese el caso por ejemplo del doctor Nathanson, el llamado rey del aborto.
El famoso doctor Nathanson practicó él mismo más de cinco mil abortos, amparado por la ley federal norteamericana, cinco mil abortos y se convirtió, ¿cuál de esos niños muertos lo convirtió? No tenemos ni idea, ¿cuál predicación le llegó? No sabemos, pero se convirtió.
Y el hombre está dedicando o dedicó, no sé si ha muerto, está dedicando toda su vida y todas sus fuerzas a divulgar, a luchar, a luchar, a luchar en contra, se convirtió; pero quien lo hubiera visto practicar el aborto número tres mil uno, tres mil dos, tres mil cuatrocientos, tres mil ochocientos, cuatro mil cuatro cientos, y sigue igual y sigue igual, se hubiera podido cansar.
Hace falta que Dios nos inspire un sueño y diga: "Sigue", de pronto en el número cinco mil cambió. Es horrible, el ser humano es horrible, pero lo ama Dios, y el amor de Dios lo hace bello.
"Sigue, sigue predicando". De manera que una de las formas de reconocer la obra de Dios es pensar que también en esas corrientes subterráneas no sólo van las aguas negras, también hay aguas blancas y limpias, aguas cristalinas y cantarinas que van ahí también por debajo y que van haciendo su obra.
Yo creo que muchas conversiones no las verán mis ojos, yo los conozco más o menos a ustedes, a algunos un poco, a otros más o menos, a otros casi nada, bueno, ahí más o menos conozco. Indudablemente yo quisiera que la vida de ustedes fuera muy distinta, y la mía también.
Creo que moriré sin verlo, ¿pero qué tal que después de muerto suceda? Yo tengo que seguir. Esta es una razón muy hermosa; además, yo no trabajo por el fruto inmediato, ningún agricultor lo hace, y esto se parece a la agricultura.
Pero hay otro modo, y será el ultimo que comentemos, hay otro modo de descubrir el señorío de Cristo en todo esto, otro modo que también podemos aprender del Apóstol Pablo.
Cuando nosotros leemos los escrito del Apóstol, descubrimos que incluso en los más tétrico y pavoroso de la sociedad de ese tiempo, Pablo ve a Dios obrando. Si no aparece tan clara, tan inmediata la gracia, sí aparecen dos cosas: la misericordia de Dios, que da tiempo; y la justicia de Dios, que hace que las consecuencias de los pecados vayan cayendo en las personas.
Y eso hay que predicarlo, hasta que nos maten hay que predicar eso; hay que decir que esas sociedades que se están quedando sin hijos y que se llenarán de pobretones y de musulmanes y de tercer mundistas, en eso está reinando Dios.
Es que cuando Jesucristo dijo: "Pobres tendréis siempre con vosotros" [[Category:Juan 012_008|San Juan 12,8], no estaba diciendo: "Siempre faltará algo al modelo económico", ¿modelo económico? La tierra puede sustentar cinco o seis veces la población actual con las técnicas de cultivo actuales.
Y todos esos desgraciados que andan diciendo: "Frenen,frenen,frenen la población", asustados es que están, tienen miedo porque saben que si nosotros los pobretones, si nosotros los del patio de atrás crecemos, les tendremos que llegar a las puertas y un día tendrán que abrirnos, ellos saben eso, ellos son conscientes de eso.
Marx, que tenía raíces judías, será como la parte más interesante de Marx, él fue el que le dio el gran impulso, si no fundó esa palabra el "proletariado", ¿usted sabe qué es el proletario? El proletario es el que tiene como riqueza la prole y la riqueza de la prole, que es la riqueza de la vida, esa es la riqueza que se va imponiendo.
Que sigan esos haciendo sus orgias de homosexuales, que sigan haciendo sus barbaridades y maten a todos sus niños, allá les caeremos, ahí hay una justicia de Dios que llegará, que se está realizando, que está aconteciendo.
¿Y quién puede frenar eso? Hay que ver a esos encumbrados parlamentarios, los mismos que firman la muerte de muchachos y de niños y de enfermos y de ancianos y de nosotros mismos; hay que ver a esos altos parlamentarios discutiendo: "¿Y ahora qué hacemos para admitir más inmigrantes?" ¿No es eso Dios reinando? ¿No es un Dios mostrando que finalmente es su plan el que se realiza?
Así que uno no tiene que desalentarse; en el cumplimiento de la justicia de Dios, que no hay que verlo como una venganza, en el cumplimiento de la justicia de Dios hay también un reinado de Dios.
Me llama tanto la atención eso en el escrito de Pablo cuando dice: "Y reciben en sí mismo el fruto de su pecado" Carta a los Romanos 6,18, ¿yo por qué no leído nunca esa frase?
Cuando Pablo se pone a describir la corrupción de ese mundo pagano, que es lo mismo de hoy, la típica degeneración sexual, es destruyamos a la familia, descasémonos, destruyamos a los niños, matemos a todo el mundo y volvámonos todos homosexuales, es lo mismo, es que Satanás no sabe sino repetirse.
Cuando ese mundo pagano estaba metido en todo eso, Pablo, con esa serenidad tan grande, va dictando la Carta a los Romanos, la Carta los Romanos fue dictada, Pablo no la escribió directamente, va dictando la Carta a los Romanos y les dice en su dictado: "Y reciben en sí mismos el precio de su pecado" Carta a los Romanos 6,18.
Hay una justicia de Dios que se va cumpliendo, y el que sepa tener esa mirada, esa mirada profunda de la que hemos hablado hoy, el que sepa tener esa mirada, no se desespera por las cosas que van sucediendo, no se desespera por eso, permanece en una grande paz, tanto que la gente dirá: "-Bueno, ¿y usted qué? ¿Es que no se preocupa? ¿Es que no se angustia? ¿Es que no se estresa?"
Y yo le respondo: "-¿Quiere que me estrese para que me vendan el casette de desestresarme? ¿Me desestrezo relajándome con lo que usted me va a vender o qué?"
No, señor, nosotros descubrimos más allá de la angustia y de la preocupación, descubrimos un señorío de Cristo, señorío de dos modos: el señorío de la misericordia que espera, y el señorío de la justicia que llama todos los días a conversión.
Y así vamos viendo cómo Dios reina todos los días, y así vamos encontrando cómo en lo profundo de esta tierra, en lo profundo de esta vida, eso es lo que se cumple.
¡Cómo ha sufrido Juan Pablo II! Yo quiero muchísimo a Juan Pablo, muchísimo; cómo ha sufrido el Papa, sobre todo en ese continente donde está, en Europa, ¡cómo ha sufrido! ¡Qué insultos, qué indiferencia, se dispara, el frio del mundo para no obedecerle a la voz de Vicario de Cristo! Pero luego, son las palabras del Papa las que se cumplen.
Ustedes, los que están interesados en estos temas, por favor, recojan en Internet, en los periódicos no porque dicen demasiadas mentiras, toca ver es el periódico oficial de la Santa Sede, "L’osservatore Romano", o toca ir a los documentos oficiales de la Iglesia, los periódicos dicen demasiadas mentiras, están vendidos no sé a quien.
Pero bueno, si ustedes logran acceder a los documentos, por ejemplo en Internet se puede llegar a los documentos como tales, busquen todo lo que el Papa ha dicho recientemente de esta sociedad pos cristiana, y de esta supuesta civilización europea, y a estos Parlamentos, cómo les habla.
Claro que como yo soy un poco más fogoso, yo quisiera que la cosa fuera así como más drástica; pero bueno, el Papa es mesurado, entonces el Papa les va diciendo..., pero todo lo que les va diciendo el Papa se va cumpliendo, que Dios lo bendiga, que Dios bendiga a ese hombre ungido por Él.
Por eso mis hermanos, nuestro mensaje de vigilancia, nuestro mensaje de escrutar la historia, nuestro mensaje de buscar qué es lo que está sucediendo, nos lleva a una gran conclusión: en los ritmos de la historia humana es Dios el que reina, y por eso, también en estos días, celebramos la Eucaristía.