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Fecha: 20100921
Título: Cuando se está atado con un pecado, incluso leve, esta frenando la voluntad de Dios
Original en audio: 18 min. 32 seg.
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Hermanos,
Cada milagro de Cristo es una manifestación de su amor. Cada exorcismo de Cristo es una manifestación de su amor. Cada discurso de Cristo es manifestación de su amor y, sin embargo, nada manifiesta tanto el amor de Cristo como las conversiones. Esa transformación maravillosa hace que una persona pueda volver a nacer, aunque haya nacido muchos años atrás. Y eso es lo que estamos celebrando el día de hoy: ‘’el amor de Cristo que se abaja con ternura para levantar de las tinieblas del pecado a un hombre, en este caso, a un publicano llamado Mateo’’
El primer pensamiento que quisiera quedara muy claro en nuestra mente es: ‘’nada manifiesta tanto el amor de Dios como la conversión’’ Jesús mismo ensalzó este milagro de milagros que es la conversión cuando dijo: ‘’hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierta y no por noventa y nueve justos que no necesitan conversión’’ De esa manera, nuestro Salvador mostraba hasta dónde llegan las entrañas de misericordia del Padre Celestial, y también nos enseñaba cuánto debemos apreciar el regalo de la conversión.
Santo Tomás de Aquino dice que un solo grado en la gracia vale más que todo el universo creado, y explica también que en la conversión de una sola persona Dios hace una obra más grande que si volviera a crear otra vez el universo entero, porque la conversión que es como una creación dentro de la creación; expresa mucho más el poder del amor de Dios.
¿Por qué digo esto? Porque bien nos explica la Carta a los Hebreos: ‘’Dios es aquel que llama a las cosas que no existían para que existan’’ Eso es totalmente cierto. Dios con su Palabra poderosa ha creado todas las cosas, pero ninguna de las cosas creadas podía resistirse a Él.
Por eso escuchamos en el Salmo: ‘’Él lo dijo y existió. Él lo mandó y surgió’’ No hay posible desobediencia frente al ímpetu de esa Palabra omnipotente cuando crea, pero Dios en su extraño y misterioso designio ha querido que existan también creaturas que pueden, de alguna manera, oponerse a Él.
Dios no hizo únicamente piedras, arroyos, planetas que obedecen ciegamente esas leyes que con tanta dificultad la ciencia física intenta esclarecer; ninguno de esos planetas, nebulosas; ninguna de las inmensas y silenciosas galaxias que navegan por los cielos pueden desobedecer la voz Dios.
Y sin embargo, un pequeño ser humano, un minúsculo ser humano ya desde temprana edad aprende a pronunciar una palabra breve; pero con tantas implicaciones. Estoy seguro que todos los que son papás y todas las que son mamás pueden recordar el primer momento en que sus hijos o sus nietos manifestaron, por primera vez, su propia voluntad.
A veces, moviendo la cara con un mohín de disgusto: ‘’no me gusta’’ En ocasiones cuando ya empiezan a decir sus primeras palabras ‘’No, no’’ El ser humano aprende a decir: “no”” El ser humano tiene una especie de poder que, en el fondo, viene del poder creador de Dios; pero que extrañamente puede oponerse a ese mismo poder Divino.
El ser humano puede decir que no. Las plantas, las enormes plantas algunas de ellas con miles de años de existencia ¡qué cosa admirable! Estaba el otro día viendo en Internet unas noticias y contaban que se habían encontrado árboles que tienen tres mil y cuatro mil años de existencia. Un árbol por ¡Dios Santísimo!
Esos árboles, algunos de los cuales son gigantescos como esas cebollas que existen en algunas partes del oeste de Estados Unidos, van siguiendo apaciblemente, dócilmente las leyes de su propio crecimiento, y tampoco ellas pueden decir que no.
Ni pueden decir que no los animales; únicamente podemos oponernos al querer Divino nosotros los seres humanos y las creaturas angélicas; pero hay una diferencia entre los ángeles y los hombres: resulta que los ángeles no están sometidos al tiempo como si lo estamos nosotros; por eso nuestro conocimiento también es temporal.
Y explica Santo Tomás que la manera como nosotros razonamos se llama: ‘’discurso’’ ‘’Discurrir’’ Aplicamos nuestra capacidad racional a través de una secuencia de pasos; hacemos inducciones, deducciones; vamos de una cosa a otra; de una afirmación a otra. Eso se llama discurrir.
Los ángeles, en cambio, aunque tienen también una potencia intelectiva, ésta no funciona a través de un discurrir, porque ellos no están sometidos al tiempo. Lo propio de los ángeles es lo que podríamos llamar: ‘’la intuición’’
La intuición es como una especie de visión que atrapa lo que se quiere conocer hasta donde puede ser conocido. Por eso, también hablamos informalmente de tener intuiciones, y una intuición es como una idea que llega completa súbitamente a nuestra cabeza; pues, en los ángeles todo conocimiento es intuitivo, y por eso también hay diferencia entre lo que puede suceder en un ángel y lo que puede suceder en un ser humano.
El ser humano como tiene el conocimiento discursivo se mueve, podemos decir, entre penumbras; avanza fatigosamente tratando de desechar lo aparente, y tratando de quedarse con lo cierto, y firme. Esa clase de proceso, esa clase de fatiga, esa clase de avance no existe en el caso de los ángeles.
Y por eso Dios trata también de modo distinto al ángel que se rebela y al ser humano que se rebela; porque el ángel que se rebela, que desobedece como es el caso lamentable de satanás y sus secuaces, rechaza lo que ha conocido, y lo que ha conocido es todo lo que podía conocer, porque su conocimiento es intuitivo.
Entonces, el ángel al rechazar a Dios; rechaza todo lo que podía saber de Dios. Todo lo que se podía conocer de Dios, y en ese sentido, el rechazo angélico cuando sucede no puede tener ninguna esperanza, porque no hay nada nuevo sobre Dios que pueda atraer la inteligencia o la voluntad de ese ángel rebelde.
Por eso, no hay conversión posible para los ángeles porque todo lo que ellos podían saber de Dios ya lo supieron, y sabiendo lo que supieron lo rechazaron, y como no hay tiempo en el modo en el que ellos existen cada ángel tiene una sola decisión en su existencia, y esa decisión es: ‘’con Dios o contra Dios’’
Suele decirse que cerca de una tercera parte de los casi infinitos ángeles creados por Dios tomaron esa opción contra Dios. Esto se basa en aquella descripción del libro del Apocalipsis donde se cuenta que el dragón con su cola barrió una tercera parte de las estrellas del cielo.
Los escritores místicos ven en esa descripción un relato de la caída de los santos ángeles que ya, por supuesto, no serán santos una vez que caen. Estos ángeles caídos no tienen posibilidad de arrepentimiento porque en primer lugar no están sometidos al tiempo, y para arrepentirse se necesita tiempo. Y en segundo lugar, lo que ellos podían escuchar, ver, saber de Dios ya lo supieron, y así sabiéndolo lo rechazaron.
Entonces, en el Libro del Génesis nos encontramos una escena, ustedes la recuerdan es el capítulo tercero cuando nuestros primeros padres han cometido lo que se llama: ‘’el pecado original’’ Y, seguramente, se acuerdan también que Dios empieza un diálogo con el hombre, y le pregunta a Adán: ‘’ ¿por qué ha hecho lo que ha hecho? Y Dios le pregunta a Eva: ‘’ ¿por qué ha hecho lo que ha hecho? (Véase, Génesis 3, 11-14) Pero, Dios no le hace ninguna pregunta a la serpiente.
Sabemos bien que esa serpiente, y lo dice el libro del Apocalipsis, es el demonio. Esa serpiente es el enemigo antiguo. Es el diablo y satanás. Y ahí no hay diálogo posible. De donde tenemos que aprender que cuando Dios interpela es para salvar; cuando Dios pregunta es para despertar; cuando Dios habla con el ser humano, incluso si parece que está solamente regañándolo; en realidad está despertándolo, y está llamándolo a conversión.
Porque con el demonio no hay posibilidad de salvación. No porque Dios se resista, sino porque todo lo que el demonio podía saber de Dios ya lo sabe y ya lo rechazó. La conversión, en cambio, sí existe en el ser humano y es lo más hermoso que puede suceder en nuestra vida. Es lo más grande.
La conversión es el proceso por el cual avanzamos desde la oscuridad de la rebeldía a la luz de la obediencia, pero no una obediencia forzada, sino una obediencia de amor. Obediencia de aquel que ha descubierto un bien mayor.
Por eso existe el arrepentimiento en nosotros. Te das cuenta, querido hermano, que sólo hay una creatura en el universo que se puede arrepentir: somos nosotros. Los animales, las plantas, las piedras no pueden; el aire sutil tampoco puede. Los ángeles tampoco pueden, ni aquellos que están bajo nosotros, ni aquellos que están sobre nosotros se pueden arrepentir. Sólo en nosotros se puede suceder ese milagro.
Ese milagro que es apertura a un amor más grande. Ese milagro que empieza con la palabra aquella, de la parábola del hijo pródigo: ‘’recapacitó’’ El milagro que empieza con recapacitar; ese es el milagro que puede suceder en nosotros, y por eso el llamado que recibimos en esta fiesta del apóstol San Mateo es recapacitar.
Qué grande es el milagro de la conversión, sobre todo cuando cualquiera hubiera dicho: ‘’ese tipo ya muere así. Mire, ya tiene sus amigotes, ya hace toda la plata que quiera, ya tiene una buena casa, ya está bien organizado para qué va a cambiar de vida ese tal Mateo’’
Pero para Dios cuando se trata del ser humano parece que siempre hay otra oportunidad, otra luz, otro llamado; siempre hay otro exceso, otro desbordamiento de su gracia que finalmente puede lograr la obra.
Y por eso, nosotros no debemos desesperar de nadie, sino entregar a todos al poder del amor de Cristo para que esa persona recapacite, para que esa persona un día se pregunte: ‘’ ¿qué estoy haciendo? Mis manos apestan con los crímenes que he cometido. Mi cerebro, mi mente me aturde con el eco de mis malas obras; mi corazón me duele porque he obrado en contra de sus llamados que son llamados de la conciencia””
Qué importante llegar a ese momento en que se recapacita; ese momento en el que uno dice: ‘’ahora ¡lo entiendo! Que mal estaba obrando. Yo era un ciego pero ahora veo la luz” Y eso fue lo que le sucedió a Mateo, y eso es lo que puede sucedernos a nosotros.
Solo tú le puedes dar esa alegría a Dios; ni los perros, ni los gorilas, ni las mariposas, ni los gusanos, ni los camellos, ni los árboles, ni los arroyos, ni los planetas, ni los ángeles; ni los ángeles buenos porque no tienen por qué arrepentirse; ni los ángeles malos porque han tomado la única decisión de su existencia y han quedado congelados para siempre en esa decisión.
Sólo tú, hermano, sólo tú, y sólo yo podemos tomar esa decisión; pero, tal vez, alguien dirá: ‘’bueno, sí que se conviertan los grandes pecadores, yo no le hago mal a nadie; yo soy una buena persona’’ ¿Qué sabes tú de los planes hermosos que Dios tiene para contigo y que quizás están detenidos, simplemente, por egoísmo? Qué peligroso es creerse uno del grupo de los buenos.
Precisamente, los que se tenían entre ese grupo de buenos en tiempos de Jesús; eran los fariseos. Y sabemos cómo habló Cristo a los fariseos. Además, está aquella enseñanza de Santa Teresa de Jesús que dice: ‘’para estar atado vale lo mismo una cadena que un hilo rosado’’ Y es verdad. Si finalmente, hay algo que no te deja mover qué importa que sea un pecado escandaloso o que sea un pecado leve, si no te deja mover. Si no te deja avanzar. El efecto es el mismo.
Pregúntale a un perrito de esos que se mantienen amarrados: si a ‘’él le interesa de qué color es su collar o de qué color es la cuerda que restringe su libertad” Lo mismo deberíamos pensar nosotros.
Vamos a decir que los pecados graves son como cadenas ruidosas engrasadas, sucias, que los pecados leves son como hilos rosados; y vamos a decir que cuando uno está atado con un pecado leve uno está frenando también la voluntad de Dios. Está frenando también el querer de Dios.
Y por eso el llamado a la conversión tiene que ser llamado para todos nosotros. Vamos a acoger esta palabra. La conversión será siempre procesos, porque hasta el último día de nuestra vida tenemos que estarnos convirtiendo al amor de Dios, pero vamos a decirle: ‘’sí’’ Al Señor desde el fondo del alma.
Amén.