Co26001a
Fecha: 19980927
Título: No nos volvamos impermeables a Dios
Original en audio: 08 min. 04 seg.
La parte que más me ha llamado a mí la atención de esta pasaje que quiero compartir con ustedes con toda sencillez, es un detalle, siempre los detalles, es un detalle.
Obsérvese que el rico, este rico que vive para sí mismo, no parece con ningún nombre. Es pobre cubierto de llagas, necesitado, tiene su nombre, se llama Lázaro.
Cuando yo era niño, el librito de las lecciones de historia sagrada, se hablaba del rico Epulón, yo había pensado que el rico se llamaba así, Epulón, pero Epulón lo que quiere decir, es que s un adjetivo tomado del latín o formado desde el latín que quiere decir “rico comelón”, rico banquetaedor.
Epule son los banquetes, los grandes banquetes de los romanos.
El rico comelón. De manera que es un hombre sin nombre y allí hay una realidad muy profunda.
Jesús esta presentando como la mirada de Dios sobre estos hechos, sobre lo que le pasa a este rico con Lázaro y mientras que el uno tiene nombre, el otro no tiene nombre.
La necesidad de Lázaro atrae la atención de Dios y Dios le conoce el nombre, le conoce por su nombre.
En la Biblia conocer por el nombre, sabemos que es como ser en confianza. Dar el nombre a la persona, darle el nombre a alguien, decirle uno quién es, es abrirle el corazón y la confianza.
Entonces, Dios conoce por su nombre las necesidades del pobre y Dios conoce por su nombre al pobre con todas sus necesidades.
El rico se ha quedado sin nombre, no por que Dios ignorara cómo se llamaba ese hombre, el rico se ha quedado sin nombre por que ha cerrado las puertas por donde podría meter Dios, es un desconocido para Dios.
Así tenga un registro civil ó el documento que le dieran en esa época; así tuviera un registro civil, el rico se ha vuelto impermeable, se ha vuelto impenetrable y por eso es un desconocido.
De manera que si tomamos en cuenta este rasgo de la cultura semita y la manera en que ellos tratan los nombres, el hecho de que el rico no tenga nombre, quiere decir que se volvió impermeable, quiere decir que no dejo entrar, quiere decir que no se dejó conocer y esa es una gran enseñanza.
Ahora, esta lectura se puede interpretar muy mal como sabemos.
Con esta lectura o con una interpretación superficial de este pasaje del evangelio, se puede hacer mucho daño por que se puede creer por ejemplo que la predicación de la Iglesia es solo de resignación para el pobre, como quien dice “Tú no hagas nada que un día los ángeles te van a llevar al cielo” y en cambio el otro rico, ese que tú seguramente envidias, ese que tú seguramente quisieras ser, ya no lo envidies más por que se va a acabar en la s llamas del infierno.
Pues yo no creo que sea ese propiamente le propósito. El rico aquí no se condena por rico, el rico se condena aquí por que es impermeable a Dios, no se deja conocer de Dios y por que es impermeable a su hermano.
Es esa barrera impenetrable, es ese aislamiento lo que constituye el destino final del rico, de modo que ese infierno al que le llega no es sino la continuación, no es sino la ratificación del estado de vida que él ha tenido.
El asilamiento en que queda cuando Abraham le dice: hay un abismo que no podemos cruzar, ese abismo lo construyó él, día tras día separándose de Dios y aislándose también de su hermano pobre, de su hermano que lo necesitaba.
Para el rico Lázaro no existía, no estaba; y por eso la barrera la ha creado es él, precisamente la vida eterna no es otra cosa, sino de algún modo la ratificación, la consumación, el desenlace que ha sido de esta vida.
Y de ese modo, pues entendemos también por qué Abraham se niega a esa especie de súplica. A uno le puede parecer casi excesiva la justicia, ¿no?
Solamente una gotica de agua para aliviar a ese pobre, entonces, la barrera que está ahí, ese abismo que no se puede cruzar, es el mismo que construiste día a día, es el abismo que te ha hecho impenetrable e impermeable a Dios y que te ha hecho impenetrable a las necesidades de tú prójimo, y por consiguiente, el llamado de esta palabra es doble.
A que uno reconozca las grietas de uno, a que uno reconozca que tener esas grietas, que tener debilidades, que tener debilidades, no es una tragedia sino que ese era el comienzo de la salvación.
La piel del rico estaba enterita, la piel de Lázaro estaba agotada.
Así también la vida del rico estaba enterita, era impermeable; la vida de Lázaro estaba agrietada.
Ten grietas no es tan grave, tener problemas, tener heridas no es tan grave, si a través de esas heridas nosotros permitimos que el señor visite nuestras necesidades que son ocasión de que nos humillemos ante Él y son ocasión de que nos arrepintamos y son ocasión de que no nos vayamos a volver impermeables ante Él ni ante las necesidades de los hermanos.
De manera que más que una critica a un estado social, la gran invitación aquí es a reconocer las grietas de la propia vida.
Si yo tuviera que resumir este Evangelio con una sola frase yo diría: Mira, no tengas miedo a tener grietas, pueden ser tú salvación; no tengas miedo atener llagas ni a tener fisuras.
Jesús tiene un estilo especial para entrarse por las fisuras de uno.
Cómo nos hemos convertido ó en lo que llevamos de conversión es así, por las necesidades por los problemas; pues entonces tus grietas, tus llagas pueden ser tú salvación, las mías pueden ser mi salvación.
No tapemos, no remendemos de cualquier manera nuestras llagas sino presentémoslas al Señor.
Estaban ante los ojos de Dios y Dios conoció por su nombre a este pobre y le salvó. Pues así también tengamos nosotros nuestras llagas ante Dios, que Él entre hasta nuestra vida, que Él nos sane y que con su misericordia nos haga amigos suyos
Amén!