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Fecha: 20000929

Título: Los nombres de los Santos Arcangeles son una excepcion

Original en audio: 14 min. 42 seg.


Es mucho el provecho que podemos sacar de la cercanía y de la amistad con los Ángeles. La oración de ellos es modelo para nosotros. La obediencia de ellos es ejemplo para nosotros. El amor de ellos es modelo,y es también motivo de confianza para nosotros. La intercesión de ellos es razón para que estemos agradecidos con Dios, y para que nos admiremos de sus obras.

Pero además de todas estas obras de la presencia de los Ángeles entre nosotros, está también el hecho de la alegría, el hecho de la purza, el desprendimiento de las cosas de esta tierra, el gusto por la eternidad, el deseo de servir al prójimo, el deleite en la alabanza, el gusto por el canto, por la armonía, por la belleza, y laorientación de todo nuestro ser a la adoración.

Son muchos los bienes que surgen de laamistad con los Ángeles. Y será por eso, por lo que los grandes tiempos de la Iglesia han estado siempre rodeados de Ángeles, y de una fe seria, sobria, profunda, pero al mismo tiempo expresiva, gozosa en la presencia de los Ángeles.

El tiempo de la fundación de nuestra Orden, por ejemplo, el tiempo de la fundación de la Orden de San Benito, el tiempo de los comienzos de la Evangelización en América, y desde luego, entre todos ellos, el tiempo en que Nuestro Señor Jesucristo,Verbo de Dios, estuvo en nuestra tierra.

Debemos pensar, que cuando la presencia de los Ángeles, aliados tan poderosos, amigos tan cálidos, intercesores tan eficaces, ejemplos tan preclaros, cuando todo esto se deja en un rincón, muy mal tiene que estar la Iglesia.

Pues bien, resulta que ese es un poco el tiempo que nos ha tocado vivir. No está muy bien la Iglesia, porque como ya he dicho en otras ocasiones, por lo menos en mi caso, se me acabaron los estudios institucionales de Teología sin una clase sobre los Ángeles. Luego saqué el diplomado en una Universidad Pontificia, y tampoco me hablaron nunca de los Ángeles. Terminé el posgrado en Teología, y siguen sin existir los Ángeles. No sé, si en estas vueltas que da la tierra, en algún doctorado que toque hacer, aparezcan por fin los Ángeles.

Estamos en tiempos malos, y eso se nota, porque el corazón del pueblo de Dios, que es como un buen termómetro de cómo anda la situación de la Iglesia, busca los Ángeles, y como no los encuentra en la Iglesia, entonces los busca por todas partes, en lecturas raras, lecturas esotéricas: "Cómo hacer su horóscopocon su Ángel en diez lecciones"; bobadas, pamplinas de esas, supercherías, que son pésimo reemplazo de la doctrina tan bella, tan hermosa de la Iglesia sobre los Ángeles.

Ellos son expresiones del poder creador de Dios, están al servicio de la redención que nos viene por Cristo, y son seres espirituales, que de alguna manera completan la imagen de Dios en la creación.

Porque si el ser humano es imagen de Dios, y Jesucristo, según expresión de Santa Catalina, quiso ser imagen nuestra, podemos dcir, que la creatura racional que es el hombre, tiene como una cercanía con el Verbo de Dios, Segunda Persona de la Trinidad.

Pero con la Tercera Persona de la Trinidad, con el Espíritu Santo, no soy yo, sino varias autoridades, Doctores de la Iglesia, que dicen que los Ángeles, de alguna manera, son como imagen de Dios, especialmente, podríamos decir, en participación de ese Ser misterioso pero eficacísimo del Espíritu Santo.

Por eso, si hay cosa ardua para distinguir, para discernir en esta tierra, es la diferencia entre la acción del Ángel y la acción del Espíritu Santo. Es difícil hacer este discernimiento. Sin embargo, para consuelo nuestro, sepamos que los Ángeles siguen obrando en nuestras vidas; no porque nosotros se lo agradezcamos, sino por amor que tienen a Dios, y por obediencia a Él.

De manera que aún en estos tiempos, que son malos, como leemos en el Nuevo Testamento, en alguna parte, debemos creer que hay una presencia cercana, una presencia orante de los Ángeles, que hace inmenso bien a la Iglesia.

Hoy estamos recordando a los Ángeles, cuyo nombre aparece en la Escritura. Por eso quiero hacer algún comentario sobre esto de los nombres de los Ángeles, según he podido entenderlo, sin que esto sea Palabra de Dios, sino que tomándome las palabras de San Pablo, "doy mi parecer, queriendo ser hombre de fiar en estas cosas" ( véase 1 Corintios 7,25).

En el Cielo no son necesarios los nombres, por cuanto no hay posibilidad de confusión, por cuanto todo está patente para todos. No son necesarios los nombres, y aquellos, que aparecen para los Ángeles y para los hombres en esta tierra, son nombres que sirven para que nosotros llevemos cuenta, podamos hacer la historia de las obras de estos hombres o Ángeles que intervienen.

Como no estamos continuamente los unos con los otros, para poder referirnos, para poder aludir a lo que no está inmediatamente frente a nosotros, utilizamos nombres. Si todo fuera claro, si todo fuera transparente, como es en el Cielo, no necesitaríamos nombres.

Pero como estamos en esta historia humana, tenemos una condición corporal y temporal, aparecemos y desaparecemos en la conciencia, la percepción, los afectos, la memoria de los demás; entonces se necesitan los nombres.

A través de los nombres, nosotros vamos recogiendo en nosotros, la historia que van haciendo las otras personas con nosotros. Para eso se necesitan los nombres.

Una prueba de que esto es así, es que cuando vivimos mucho tiempo con las personas, casi siempre dejamos los nombres formales, y utilizamos otras expresiones. Eso se nota, sobre todo, en las familias, en la pareja se nota eso.

Mi papá se llama Bernardino, mi mamá se llama María del Socorro; pero salvo que estén muy bravos, o que estén haciendo algún chiste, ella nunca le dice a él Bernardino, y él nunca le dice a ella María del Socorro, sino que utilizan esos otros nombres, los famosos hipocorísticos, esos nombres cariñosos. Y entonces, sea gorda o sea flaca, es "mi gorda, mi negra, mi amor"; no sé.

Se ponen todo tipo de nombres, que ya no son nombres para distinguir una persona entre la otra, sino para despertar, para hacer renacer en ella el cariño. Es interesante descubrir esto sobre los nombres.

Con esta claridad entendemos, por qué Dios quiso que algunos Ángeles dieran su nombre; no todos. Cuando se aparecía aquel Ángel al papá de Sansón, que se llamaba Manoa, el papá le dijo: "Bueno, dinos tu nombre para que te podamos invocar" (véase Jueces 13,17). Y el ängel le dijo: "Y para qué quieren saber mi nombre, si es misterioso?" (véase Jueces 13,18). Y entre una cosa y otra, luego que ofrecen el sacrificio, se fue, y no dijo el nombre.

O sea que Dios no quiso multiplicar el nombre de los Ángeles, según vemos en la Revelación pública y normativa que es la Biblia. ¿Por qué? Porque bastaba con que quedaran algunos nombres, para que nosotros pudiéramos reconocer que se trata de personas como nosotros. Es que persona no significa persona humana. Santo Tomás de Aquino dice que los Ángeles son personas; no son personas humanas, son personas.

Entonces quiso Dios que estas personas angelicales, de naturaleza esencialmente distinta a la nuestra, pero racionales como nosotros, o mejor, intelectuales como nosotros, pudieran aparecer en nuestra historia.

De manera que, por ejemplo, en el libro de Daniel se menciona al Ángel Gabriel, que después aparece en el Evangelio de Lucas. Utilizando un mismo nombre, nos damos cuenta de que hay una realidad en ese mundo invisible, que atraviesa los siglos, y que está en obediencia a Dios, y que le da la gloria a Dios.

Luego esos nombres tienen un papel completamente funcional. Son nombres que sirven para que nosotros recordemos, que se trata del mismo ser, y para que podamos ir haciendo dentro de nosotros, por así decirlo, como una historia de esa obra que hacen los Ángeles.

Por eso, con este criterio, podemos responder a la pregunta de si uno le puede, o no le puede dar nombre al Ángel de uno, tema que sería más propio para la Fiesta de los Ángeles Custodios. Pero como de aquí a allá, no sé yo dónde estaré, entonces aprovecho para comentar, porque hoy también estamos celebrando Ángeles con nombre.

Pues resulta que, en la medida que hay una historia de amor y de cercanía del Ángel de la Guarda de cada uno de nosotros con nosotros, se puede utilizar un nombre, así lo tengo entendido, pero desde luego, esto depende del juicio de la Iglesia, con la condición de que ese nombre no diga más,no diga menos que la obra que Dios ha ido haciendo en la intercesión, en la ayuda, y en el amor de ese Ángel dentro de mi vida.

Eso es lo que tiene que decir el nombre. El nombre no tiene que decir cosas misteriosas, ni tiene que decir cosas raras, ni tiene que parecer un nombre en otra lengua. No es necesario que aparezca así; basta con que sea un nombre, una expresión que recuerde la obra de protección y de amor que Dios ha querido tener con nosotros.

Por esta razón, la Iglesia, sabiamente, no impide que nosotros reconozcamos estos nombres de los Ángeles. No lo impide, no lo prohibe, pero tampoco favorece que se difundan esos nombres.

Si yo, por ejemplo, quiero llamar a mi Ángel de una determinada manera, como un recordatorio interno, como un recordatorio para mí de esa historia de amor que Dios ha tenido conmigo a través de ese providencial Ángel; si yo quiero llamar a mi ängel de una determinada manera, lo voy a llamar "Palatiel", digamos, porque se me ocurrió, entonces yo no puedo llegar donde ustedes, y decirles: "Bueno, resulta que esto es como una regla de tres. Los Ángeles son santos; mi Ángel se llama "Palatiel"; invoquen a "Palatiel"."

Eso no se puede hacer. Por tanto, cada vez que se han querido popularizar nombres de Ángeles, distintos de los que aparecen en la Biblia, o sea los de la Fiesta de hoy, la Iglesia ha dicho: "No señor".

Mas para uso interno suyo, y para ciertas circunstancias, usted puede aludir a la historia de Dios con usted, con algún nombre. Pero si usted hace la novena con "Palatiel", hace el trisagio con "Palatiel", y luego "vengan, y todos recemos", eso no se puede.

Eso no se puede, porque induciría a confusión, y fácilmente podría llevar a idolatría. Entonces los nombres de estos Ángeles de hoy son realmente una excepción, y sirven para que la Iglesia entera reconozca, que se trata de seres reales, personales, creaturas intelectuales, libres, amorosas, colaboradoras en obediencia al plan de Dios para nuestra salvación, según nos dice también la Carta a los Hebreos (véase Carta a los Hebreos 1,14).