I253001a
Fecha. 19990922
Tíulo:
Original en audio: 17 min. 17 seg.
Una de las características de la predicación evangélica, es la pobreza del predicador, su mendicancia. Esta característica la tomaron muy a la letra tanto los cristianos como los herejes del siglo en l que nació nuestra Orden Dominicana.
Para ser francos, hay que decir que los herejes fueron adelantados en este estilo de predicación;muchos de ellos tomaron la Biblia,y haciendo caso omiso de cualquier comentario por autorizad que fuera, es decir, de cualquier glosa, aplicaron estas palabras a su propio caso; es decir, interpretaron el mensaje de Jesús y el mandato de Jesús como dirigido inmediatamente a ellos. Y a la letra, entonces se pusieron a predicar, se fueron al camino sin bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, y sin túnica de repuesto.
También en nuestro tiempo hay algunas comunidades nacientes que toman una radicalidad semejante. Entiendo que hay una rama naciente o renaciente de Franciscanos Renovados, que también toma un estilo muy cercano a este evangelio; y hay que ver a algunos de estos frailes, precisamente en esa actitud de mendicar por Cristo, despojados de calzado, y junto con ese calzado, de todas las seguridades de que suele gozar el hombre contemporáneo.
Vale la pena que meditemos por qué ese mandato y por qué en esos términos. Es importante que descubramos por qué Jesús manda esto,porque también nosotros queremos hacerle caso; y es bueno que nos preguntemos si la única manera de hacerle caso es por ejemplo, quitarnos también nosotros nuestro propio calzado.
Interesante que Santo Domingo de Guzmán, aunque fuera hombre de gran penitencia, y lo era, se presentaba ante los pueblos con su calzado, humilde pero digno; y dejaba el tiempo delos pies descubiertos, muchas veces maltratados por el camino, cuando ya estaba entre un pueblo y otro.
Parece que esa fue una actitud, como una decisión de Santo Domingo, no presentarse ante la gente, aunque sea algo como tan externo, ya veremos que no es solamente eso, descalzo. ¿Por qué esa actitud de Santo Domingo? Por eso digo, hay que preguntarnos cuál es la razón de esta estricta pobreza en que Cristo envía a sus predicadores.
Hay por lo menos tres razones para esa pobreza. Una, que enviándolos así, hacía que los futuros oyentes descubrieran el desinterés, y por consiguiente, pudieran descubrir la gracia.
El que no tiene pertenencias, el que no reclama dinero, el que no recoge recompensa alguna en esta tierra, está anunciando, con ello mismo, que espera recompensa sólo de los cielos. Y ese desinterés en el anuncio de la Palabra, es la mejor disposición para que el predicador y el oyente establezcan un lenguaje en términos de la gracia, que es puro regalo, que es don continuo. La pobreza del predicador se convierte así en una motivación en el oyente para descubrir la gracia.
Una segunda razón. Jesús los envía desprovistos de bienes; de esa manera,los envía y está con ellos. La carencia de bienes materiales hace que ellos dependan por completo de la Palabra del que les ha enviado. Dice aquí: "Jesús reunió a los doce, les dio poder y autoridad, luego los envió" (véase ). Puestos en el camino, no tienen de Cristo otra cosa sino la intercesión de Cristo, el mandato de Cristo, la Palabra de Cristo, el envío de Cristo.
La pobreza establece un lazo de unión continuo entre el predicador y el que lo ha enviado; porque al enviarlo sin darle nada, el predicador le está diciendo: "Mira, la palabra con la que te envío, es suficiente; el amor con el que te envío, te basta; la oración con la que te acompaño, debe proveerte de todo". Y por eso el que sale a predicar en total dependencia del que lo ha enviado, permanece en un lazo de unión con ése que lo ha enviado.
La pobreza, dicho de manera más breve, hace que estos predicadores permanezacan unidos a la palabra de providencia que los puso en camino. Y esta es una segunda razón para la pobreza.