Poc4006a

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Fecha: 20090416

Título: “Jesús va más rápido”

Original en audio: 45 min. 31 seg.


Queridos hermanos:

Empecemos haciendo una pregunta inocente. Una de esas preguntas que con más frecuencia se les ocurren a los niños; quizás, nosotros los adultos perdemos un poco la imaginación; se nos olvida el arte de preguntar, aunque alguien dice que ser filosofo es conservar la capacidad de los niños para hacer preguntas.

La pregunta a la que me quiero referir es esta: ¿a qué velocidad viaja Cristo? Vamos a mirar lo que nos cuenta el Evangelista San Lucas y vamos a descubrir algo maravilloso que tiene que ver con nuestra vida, nuestra conversión y nuestra esperanza.

El texto que acabamos de oír en el Evangelio de hoy está tomado del capítulo 24 de San Lucas. Es la continuación del pasaje que leímos en el día de ayer. Ayer leímos cómo Jesús se había mostrado, se había revelado a dos de sus discípulos que iban camino de Emaús.

Emaús estaba situado a unos once kilómetros de Jerusalén. Caminando a muy buen paso, eso significa unas dos horas. Estos dos discípulos, uno de los cuales se llamaba Cleofás, iban caminando hacia Emaús; pero ellos no iban buscando Emaús, iban huyendo de Jerusalén, que son dos cosas distintas.

El verdadero propósito de ellos no era llegar a este sitio, Emaús. Era despedirse, de una buena vez, de los sueños que habían acariciado durante un tiempo; tenían que despedirse en algún momento de tantas esperanzas bellas que habían acumulado en torno a la persona de Jesucristo.

Conversaban entre ellos, y cada uno reforzaba la tristeza del otro. No es difícil imaginar la conversación sombría de estos dos: ‘’Te acuerdas los milagros que hizo’’ ‘’Te acuerdas cómo Jesús hizo tantas cosas’’ Dice alguno, y el otro responde: ‘’si, pero ¿de qué vale eso? Ya ves que no fue capaz de liberarse de los clavos y de la cruz’’ El sentido de la derrota.

El sabor amargo del fracaso los acompaña, mientras van huyendo en retirada hacia Emaús. El relato tan poético, tan hermoso de San Lucas nos cuenta lo que sucede después:

Jesús mismo sale al encuentro de ellos, pero así como en el caso de la Magdalena que estaba llorando mucho, y las lágrimas no le dejaron reconocer a Cristo; estos hombres estaban tan deprimidos, se sentían tan frustrados que su misma frustración, su misma tristeza parece que les impedía reconocer a Cristo.

Y Jesús se pone a conversar con ellos, y empieza una tarea hermosa; la tarea de revivir el fuego de Dios. El fuego de la luz en esos corazones. Cuando van llegando a la aldea, a Emaús, ya no quieren desprenderse de Jesús; o tal vez, están preocupados por ese viajero incógnito para ellos, hombre tan sabio, y compasivo que les ha dado tanto en tan poco tiempo.

Y, entonces, le piden que se quede con ellos. Se sientan a la mesa y al partir el pan, Jesús, lo reconocen. Pero, el relato cuando están en Emaús, termina de este modo: “estando a la mesa tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio; se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero Él se les desapareció’’ (Véase San Lucas 24, 30-31)

Se les desapareció en Emaús. Entonces, ellos empiezan el camino de vuelta. Eso es caminar bastante en un solo día, porque son once kilómetros de para allá, y once kilómetros de para acá. Como ya estaba cayendo el sol debía ser cerca de las seis de la tarde o un poco más.

Es decir que según nuestra manera de medir el tiempo, ellos volvieron a Jerusalén por temprano a las 8 y media o nueve de la noche. Habían dejado a Jesús allá, pero cuando llegan a Jerusalén llenos de gozo empiezan a contar lo que les ha sucedido, y describen cómo Jesús se les apareció y cómo lo reconocieron al partir del pan.

Mientras hablaban de estas cosas se presentó Jesús, o sea que lo dejaron allá en Emaús. Se fueron caminando a Jerusalén, y cuando llegaron a Jerusalén, primero había llegado Jesús. Por eso, la pregunta que hacemos: ¿a qué velocidad se mueve Cristo?

Porque lo habían dejado allá, y se van caminando presurosos. Se van caminando gozosos. Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén. Pero, Jesús va más rápido. Este es el título de esta homilía: ‘’Jesús va más rápido’’

Jesús va más rápido. Lo dejaron en Emaús. Salen corriendo. Llegan a Jerusalén, y ahí estaba Jesús otra vez. Jesús llega primero. Y, aquí me dice Richard: ‘Llega primero y no se cansa”

Jesús llega primero. Este dato es muy importante. Jesús se mueve rápido. Jesús llega primero. Además, otros relatos de la resurrección, de las apariciones del Resucitado nos cuentan que no hay barreras para Él.

Por ejemplo, cuando los discípulos tenían las puertas cerradas, Jesús pasa sin problema. No tiene barreras. La distancia no es un problema para Él. Jesús se mueve rápido y no hay barreras para Él.

¿Por qué insisto tanto en esto? Porque para nosotros hay otras cosas que se mueven rápido. Por ejemplo, las malas noticias. Las malas noticias corren. Las malas noticias van muy rápido. Jesús es la buena noticia.

La buena noticia, que es Jesús, se mueve más rápido que las malas noticias. Esto lo tiene que saber uno: “Jesús llega primero” Jesús está presto, y llega pronto.

Una vez, le preguntó un rey a un niño, un niño que había estudiado mucho, y el rey para mostrarle al niño que todavía ignoraba muchas cosas le dijo: ¬-‘’oye, tu que has estudiado tanto; dime ¿a qué distancia está el cielo de la tierra? Y el niño respondió: -“está muy cerca porque aunque oramos en voz baja Dios siempre nos escucha’’

El cielo está cerca. Jesús llega pronto. La gran estrategia del enemigo es siempre inducirnos a la desesperación y la desesperación siempre consiste en pensar, en imaginar que Dios está lejos.

El mensaje del enemigo, el mensaje del demonio siempre es este: “tú no le importas a nadie, menos le importas a Dios. Tú estás lejos. Tu dolor no le importa a nadie. Tu soledad no le importa a nadie. Tu desempleo no le importa a nadie. Tu enfermedad no le importa a nadie’’ Ese es el mensaje. Esa es la voz del enemigo.

El enemigo quiere que tú te sientas huérfano. El enemigo quiere que tu sientas que estás abandonado para producir tres cosas en ti: Primera, y la más importante: para que te apartes de Dios y renuncies a Él.

Segunda: para que consideres que eres el único dueño de tu vida, y te levantes con soberbia, así como el demonio es soberbio; y tercera: para que busques, arañes, mendigues tu consuelo, y toda tu esperanza, y tu felicidad en las cosas de esta tierra, en las cosas creadas.

El demonio quiere que tú te sientas abandonado de Dios. El demonio quiere eso, porque quiere que tú sientas que no vale la pena amar a Dios, ni perderle tiempo, y quiere que tú sientas que tú eres el único dueño de tu vida, y quiere que tu sientas que todos los consuelos están únicamente en las cosas de esta tierra.

En lo que puedas comprar, y vender. En lo que puedas comer, palpar y disfrutar; en lo que puedas saborear y en lo que puedas obtener placer. Que tú te vuelques sobre las cosas de esta tierra. Que quedes encadenado. Que quedes atrapado únicamente; por lo que ofrece esta tierra.

Para que cuando llegue la hora de la muerte, cuando necesariamente tienes que desprenderte de lo único que habrás tenido que es lo que da este mundo, entonces, te precipites de la desesperación absoluta y te arrojes a las fauces del averno.

El mensaje del demonio es este: “Dios, o no existe, o no importa, o no te quiere. En todo caso Dios está lejos. Hay una distancia infinita, insalvable, incognoscible entre Dios y tu vida’’

El mensaje del demonio es el mismo mensaje de los ateos que mandaron pintar unos buses en la ciudad de Londres, y también en otros países incluyendo España; los buses ateos en Londres dicen: “probablemente, Dios no existe; deja de preocuparte y disfruta la vida’’

El mensaje del ateísmo es el mismo mensaje del demonio: “tan lejos se encuentra Dios. Tan remota es la posibilidad de su existencia. Tan ocupado y tan altivo es ese Dios que jamás podrá cuidar de ti; que jamás podrá velar por tus necesidades; jamás podrá hacer nada por ti; y ahora que sabes que estás solo; ya puedes empezar a despedirte de esa idea de Dios. Puedes llenarte de arrogancia, y decir: “yo simplemente soy humano’’ Y ya puedes encarcelarte en los placeres y las cosas de este mundo’’

Esa es la estrategia del demonio. Cuál es el requisito para que funcione la estrategia del demonio? El único requisito es este: ‘’que tú sientas que Dios está muy lejos, que hay una distancia infinita, que te abandona. Una distancia que jamás podrás superar’’

Sí, ese es el mensaje. Si, esa es la voz con la que el enemigo quiere adueñarse de tu alma; ahora, escucha la otra voz, la voz con la que Dios revela su propio ser, muestra su propio amor, y levanta tu esperanza hasta rozar el cielo.

Esa otra voz, la voz nueva, la voz de la buena noticia es: ‘’Cristo Jesús se mueve rápido. Cristo Jesús vence la distancia. Cristo llega más rápido que tus problemas. Cristo llega primero que tus dudas. Cristo llega primero que tu dolor. Cristo llega primero’’

Pero, ¿quiénes pueden encontrar esta velocidad de Cristo? ¿Quiénes se pueden encontrar con Cristo? Pues, los que creen en Él. Observa lo que aquí se dice, en el Evangelio que hemos oído hoy: “mientras hablaban de estas cosas, Jesús mismo se presentó en medio de ellos y les dijo: la paz esté con ustedes’’ (véase San Lucas 24, 36)

¿Tú quieres experimentar la cercanía de Cristo? Seguramente que sí, pues te voy a decir cómo se hace: supongamos que tú tienes que hacerte un chequeo médico. Tienes preocupación. No sabes exactamente qué te sucede. Vas a recibir los resultados de un examen médico. Manda primero a Jesús.

Dile a Jesús que te aguarde ahí junto al médico. Dile a Jesús que tú no quieres recibir esa noticia tu solo, y Jesús irá más rápido que tú, y llegará allá, y estará allá, y cuando el médico te dé los resultados tú no recibirás esos resultados tu solo, y esto vale para toda clase de noticias, las desagradables y las agradables.

Vamos a dar otro ejemplo: Una joven tiene como aspiración de su vida formar un hermoso hogar. Quiere casarse, pero no casarse de cualquier manera. Quiere un hombre en su vida, pero no cualquier hombre. ¿Qué debe hacer esa mujer si ha venido a la Iglesia de Nuestra Señora del Socorro en Pinaquillo?

Esa mujer lo que debe hacer es decirle a Jesús: “ve Tu primero’’ Y escógemelo tú, y me lo presentas tú. Es decir, hay que invitar a Jesús para que llegue primero, para que esté primero, hay que invitarlo.

Una mujer que quiera hogar no simplemente que quiera hombre, porque así predico en los retiros a los jóvenes. Siempre les digo a las muchachas: ¿tú quieres un hogar, o quieres un hombre? Aclaremos. Y a los muchachos siempre les pregunto: ¿tú quieres hogar o quieres mujer?

Porque para tener una mujer por un rato, por un tiempo; hay muchas mujeres, pero para tener un hogar que merezca el nombre de “hogar’’ se necesita más que eso.

Aquí estamos hablando de una muchacha que quiere tener un hogar. Ella no quiere un hombre, mucho menos un hombre para un rato; ella quiere “hogar” un verdadero hogar. ¿Qué debe hacer? Saber que Jesús camina rápido. En comparación con Jesús, nosotros andamos muy despacio.

Esta mujer lo que debe decir es: “amado Jesucristo, yo no sé dónde estará ese hombre con el que yo puedo formar un verdadero hogar. Un hogar que sea digno de ese nombre. Yo no sé dónde está’’ Pero tu caminas más rápido. Llega donde Él. Bendícelo hoy, y allana el camino para que nos encontremos”

Jesús camina rápido. Jesús va delante de ti. Por eso es justamente reconocida y famosa aquella oración de San Patricio, el gran patrono de Irlanda: ‘’que Cristo vaya, delante de mí, y que Cristo vaya atrás de mí, y que Cristo esté encima de mí, que Cristo esté debajo de mí, y que Cristo esté a mi derecha, y que Cristo esté a mi izquierda’’

Él quería que Cristo lo sellará lo protegiera, lo custodiara por todas partes, porque Cristo se mueve rápido porque para Cristo no hay barreras. Yo necesito que Cristo vaya delante de mí para que me prepare el camino.

Una amiga de un amigo mío de aquí de Pinaquillo murió el día de ayer. Esta dama falleció lamentablemente en un accidente de tránsito. Es un dolor que tenemos en el corazón. No sabemos lo que nos espera adelante. No sabemos cuánto tiempo nos queda. No sabemos qué desafíos o que problemas o que oportunidades encontraremos, pero Cristo se mueve rápido.

Cristo, ve adelante prepárame el camino, que todo lo que me suceda sea según el querer divino. Necesito que Cristo vaya delante, porque Cristo anda rápido, y Cristo sabe dónde están los peligros, y Cristo sabe cómo combatir a los enemigos que puedan llegar a mi vida.

Cristo, tú eres el que camina rápido. Ve delante de mí. Pero San Patricio también dice: “Cristo quédate detrás de mí’’ Porque detrás de mí, es decir de mi pasado vienen las amarguras, los resentimientos, la baja auto estima.

De mi pasado vienen los complejos que tengo, de mi pasado vienen esas voces que resistí cuando era niño. No es verdad que muchas veces de niños nos maltrataron diciéndonos palabras como estas: “usted si no sirve para nada. A usted nadie la va a querer’’

Y esas palabras como auténticas maldiciones nos persiguen; son lobos furiosos que quieren robarse cualquier esperanza de felicidad entre nosotros. Esas palabras que en un momento de ira dijo un profesor, o un papá, o una mamá. Esas palabras nos persiguen como perros rabiosos.

Yo necesito que Cristo que se mueve rápido vaya y proteja mi retaguardia, que allá esté Cristo protegiéndome de los lobos feroces, de los perros rabiosos que quieren quitarme la paz.

Serpientes, babosas me persiguen también de mi pasado. Son los antiguos pecados de las amistades oscuras y sucias que tuve. Los pecados de sensualidad, las imágenes de las cosas que hice. No es verdad que muchos podríamos hablar así.

Hay pecados de mi pasado: serpientes, babosas que me persiguen. Necesito que Cristo que tiene más ojos que mis ojos; más poder que mi poder y más agilidad que mi agilidad, pronto vaya a mi pasado y selle mi retaguardia, y mi pasado no me vaya hacer daño. Y, por eso necesito Cristo delante, y necesito Cristo atrás.

Necesito que Cristo este encima de mí, ¿por qué lo necesito encima de mí? Porque si Cristo no está encima de mí, yo voy a creer que lo puedo todo. Voy a creer que yo soy Dios. Necesito que Cristo recorte, venza y machaque mi soberbia.

Necesito que Cristo me diga una y otra vez la palabra que le dijo a San Pedro. San Pedro un día empezó a darle consejos a Jesús. San Pedro ya se sentía como tan formado que ya le podía dar lecciones a Jesucristo, y San Pedro le dijo a Jesucristo: “mira, eso del sufrimiento y de la cruz eso no tiene por qué pasarte a ti” ¿Qué le dijo Jesús a Pedro? Le dijo: “Un momentico, tu detrás de mí, el discípulo eres tú el maestro soy yo’’

Y lo hizo quedar, como decimos en algunos países: “como un cuero, como un zapato” Delante de todo el mundo. Y en otra ocasión, Santiago y Juan, dos de los apóstoles, ya se sentían muy creciditos. Estaban haciendo misión. Entraron a un pueblo, en Samaria, no les quisieron dar hospedaje, porque iban de camino hacia Jerusalén, y había hostilidad entre samaritanos y judíos.

Y entonces, Juan y Santiago que ya estaban muy creciditos, muy empinados le dicen a Jesús: “oye, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo?’’ Y Jesús les abre los ojos como diciendo:” ¿ahora ustedes mandan bajar fuego del cielo?” Y nada más les dijo delante de todos: “”ustedes no saben de qué espíritu son. Vamos. Dejen de decir tonterías””

Yo necesito que Cristo esté arriba de mí para que peluquee mi soberbia, para que me quite el copete, para que una y otra vez me muestre quién soy yo.

Porque si yo me voy a salvar no es creyéndome Dios, sino sabiéndome creatura. Si me voy a salvar no es suplantando a mi Salvador, sino recibiéndolo. Por eso, necesito que Cristo esté encima de mí, y que una y otra vez esté ahí quitando mi soberbia, y que me diga como a San Pedro: “tú eres el discípulo, y yo soy el Maestro, y aquí se guarda el orden’’

Pero, además necesito que Cristo esté encima de mí, porque necesito que Cristo esté rogando por mí como sumo y bendito sacerdote. Atrayendo las bendiciones que mi vida requiere. Yo necesito ese intercesor. La Carta a los Hebreos dice: “tal era el sumo sacerdote que nos convenía’’ Yo necesito a Cristo delante de mi atrayendo lluvias de bendiciones desde lo más alto de los cielos.

Yo necesito a Cristo abajo de mí también, porque necesito a alguien que me sostenga, cuando se acabe todo soporte ¿qué voy hacer? Y eso nos pasa a veces, ¿no es verdad que hay veces que uno siente que no hay amigos en esta tierra? ¿No es verdad que hay veces que uno siente que no le queda ninguna esperanza? En esos momentos de desolación en que, quizás, el enemigo quiere rondarme y quiere decirme: “se da cuenta. Yo se lo dije. Usted está solo. No hay nadie. Nadie lo quiere”

Cuando el enemigo vaya a decirme eso, yo necesito el regazo de Cristo. La mano de Cristo. La espalda de Cristo, y necesito que Cristo, como en la parábola esa hermosa de “Las huellas sobre la arena’’ ¿Ustedes conocen? Que Cristo, en ese momento me cargue. Por eso también necesito a Cristo abajo de mí.

Y por eso, es maravilloso que Cristo se mueva rápido. Tan rápido se mueve que si a las seis y un minuto lo necesito adelante, y a las seis y dos minutos lo necesito atrás. Cristo más rápido que flash, y Cristo arriba y Cristo abajo.

Un cristiano no necesita ver televisión, realmente. Un cristiano no necesita leer comics. Nos basta con Cristo, con una gran ventaja que si uno piensa en ese personaje que se llama “flash’’ Tiene solamente un pequeño problema: no existe. De resto es perfecto, pero tiene ese problemita, que no existe.

En cambio Cristo tiene una gran ventaja: ¿cuál es? Pero… ¿Si están convencidos ustedes? Dicen: “ahí” Como que…. ¿La gran ventaja de Cristo es, cuál? Que si existe. Esa es la gran ventaja. Por eso, yo necesito a Cristo delante, atrás, arriba, abajo.

La derecha, y la izquierda han sido explicadas de muchos modos. En la espiritualidad jesuita hay una explicación muy bonita sobre la derecha y la izquierda. Como la gran mayoría de la humanidad utiliza la mano derecha, somos diestros. Las otras personas no son siniestras, sino que son zurdas.

La gran mayoría somos diestros, entonces, se dice que la mano derecha es cuando las cosas salen según lo planeado. Por eso, cuando una persona me ayuda en mis planes decimos: “es mi mano derecha” Tal persona es mi mano derecha, porque es la que me ayuda a realizar lo que yo he pensado. Lo que yo he planeado.

Yo necesito que Cristo esté a mi derecha para que aquellos planes y proyectos que tengo, alcancen realización según Cristo. Mucha gente no pone sus planes en manos de Dios. Se fían únicamente de su olfato y se les olvida que el olfato se daña con una simple gripa.

Cristo, lo necesito a mi derecha para que mis planes y mis proyectos jamás se aparten de los proyectos y los planes de Dios, pero también necesito a Cristo a mi izquierda. Y la izquierda a ¿qué corresponde, según la explicación de la espiritualidad jesuítica? La izquierda corresponde a lo inesperado. Lo sorpresivo. Lo paradójico. Lo irónico. Lo que está, en síntesis, por fuera de mis planes, por fuera de mi campo visual.

Dicho de otra manera: a la izquierda podemos referir todo aquello que no está en nuestra consideración. En nuestro horizonte. Aquello que es sorpresa, a veces, sorpresa buena; a veces, sorpresa mala. Sorpresa desagradable.

Necesito a Cristo a mi izquierda, porque la vida tiene muchas sorpresas. Por ejemplo, hubo un hombre que hizo lo que no se debe hacer. Fue donde un brujo, y el brujo le dio dos sorpresas. La primera sorpresa que le dijo el brujo fue: “le tengo una muy mala noticia: el año entrante todas sus empresas van a quebrar. Esa fue una sorpresa bastante desagradable.

Y el hombre dijo: “bueno, usted dijo que eran dos y ¿cuál es la otra sorpresa?’’ –Esté tranquilo. Usted no va a ver esa quiebra, porque se va a morir antes’’ Esas son sorpresas ¿cierto? El hombre no esperaba que eso le fuera a suceder.

Hay sorpresas desagradables como sucede cuando uno comete el error de buscar la astrología, la magia, la hechicería, los brujos. Un amigo ateo, lamentablemente, se burla de los brujos. Entonces, él fue a la casa de un brujo y tocó la puerta, y pregunta el brujo: ¿quién es? Y dice el otro: ¿no es brujo. No dice que es brujo? En la vida hay muchas sorpresas. Muchas cosas que están por fuera de nuestras cuentas. Están por fuera de nuestras consideraciones. Nuestras previsiones, y en esas sorpresas las personas, a veces, pierden la vida.

En agosto del año pasado, año 2008, el mundo entero recibió una pésima noticia: “crisis financiera mundial’’ Y todavía estamos en eso. Empezó en agosto, septiembre, octubre del año pasado. Parece que fuera más tiempo, pero es así de reciente. Ya son muchas las personas que se han suicidado. No soportaron la mala noticia.

En Colombia hubo una crisis a raíz de un grupo financiero de dudosa ortografía. Una cosa rara que se llama: “DMG’’ O, mejor dicho se llamaba DMG. Era un grupo financiero que prometía unas cosas como la de los brujos. Pagaban un interés del ciento por ciento en seis meses. Imagínate esa ganancia.

Hubo gente que vendió la casa que tenía y depositó todo el dinero en ese grupo financiero para ganar más. También, hubo gente que depositó dinero, ganó lo que les habían dicho que iban a ganar, y lo que ganaron lo volvieron a depositar para ganar todavía más.

El amigo de un conocido depositó ahí, la suma de trescientos millones de pesos, eso puede ser algo así como ciento cuarenta mil dólares americanos, cinco días después se cayó el grupo financiero DMG. El gobierno colombiano informa a estas personas de todas las complicaciones legales y las trampas que había metidas ahí.

Le dice a este hombre: “te vamos a pagar cien dólares’’ Me parece un negocio malo cuando uno invierte ciento cincuenta mil dólares y le devuelven cien. Yo califico eso de negocio malo. No sé ustedes qué piensen.

Cuando el gobierno anunció que ese grupo era estafador y que difícilmente la gente iba a recuperar más de cien dólares por cabeza, ese hombre fue y se mató; porque, había empeñado todo el futuro de sus hijos, el futuro de su familia, el trabajo de toda una vida lo había apostado para ganar muchísimo, y lo perdió todo.

Ese es un caso de una sorpresa desagradable, amarga, y en la vida hay sorpresas desagradables. Es más, a todos nos van a llegar sorpresas desagradables. ¿Cómo se demuestra? Porque todos vamos a morir. El día que nos digan de qué nos vamos a morir probablemente no va a ser un día de mucho entusiasmo.

El día que nos digan: “bueno, su enfermedad tiene nombre de alemán’’ Ese día va a ser un día triste. El día que sepamos que tenemos qué se yo… Un problema vascular, y nos vamos a morir de algo todos, o sea que, las sorpresas desagradables van a llegar.

Pero hay gente que vive como si nunca le fueran a llegar malas noticias: “a mí no me puede pasar nada. Yo voy a seguir por la vida gozando, disfrutando, y de paso engordando un poquito” Pero las sorpresas desagradables llegan, y ese día yo necesito Cristo.

El día que el médico me diga: “lamento comunicarte, pero tienes una diabetes avanzada y de hoy en adelante: -¿tú ves este libro que hay aquí? -“Si doctor, ¿qué pasa con ese libro?’’ -‘’Todo esto es lo que no puedes comer’’ Ese día va a ser complicado. Yo necesito que Cristo esté ahí, a mi lado.

El día que haya un accidente ¿en qué familia no pasa eso? Yo necesito a Cristo ahí. Hay gente que toma la técnica del avestruz. Se dice que el avestruz cuando ve venir un peligro y no lo puede evitar, abre un hueco en la arena y entierra la cabeza para no verlo.

Así somos nosotros. No queremos pensar que nos pueden pasar enfermedades, accidentes, secuestros. No queremos pensar que la gente nos puede traicionar. Eso no lo queremos pensar. Queremos imaginar que la vida nos va a ir siempre como con la mano derecha. No.

Un día el médico nos tendrá que decir: -“te tengo una noticia muy mala” -¿Qué será doctor? -‘’Te queda muy poco tiempo de vida” ‘’Hay noticia buena, y es que hay alguien interesado en comprarte los zapatos, pero eso no compensa. ¿No?

Te tengo una noticia muy mala, y el día que me llegue la noticia mala, va a sonar el teléfono, y me van a decir que está muriendo su papá, su mamá, su hermano. Eso tiene que suceder, y si yo meto la cabeza aquí, en un hueco, y digo: “no, mi papá no se puede morir. Mi mamá no se puede morir. Mis hermanos no se pueden enfermar. En mi familia nadie puede quebrar, a mi nada me puede pasar. Yo nunca me puedo enfermar, tampoco” Eso no sirve de nada.

San Patricio, patrono de la hermosa Irlanda donde tengo el gusto de vivir, aunque ya estoy terminando mi tiempo allá, enseña: en vez de estar soñando que nunca te va a pasar nada malo, manda a Cristo que es más rápido que flash, y tiene la ventaja que es real, cuando llegue la mala noticia que tu estés ahí, Jesús.


Resumen: Cristo se mueve rápido. Basta con que lo llames, que creas en Él, que hables con Él, que te fíes de su presencia. Cristo quiere ir delante de ti preparando el camino.

Detrás de ti venciendo los recuerdos, resentimientos, amarguras, o sensualidad del pasado.

Cristo quiere estar arriba de ti eliminando toda posibilidad de soberbia y atrayendo bendiciones del cielo.

Cristo quiere estar debajo de ti sosteniéndote en los momentos en que todo parece haberte abandonado.

Cristo quiere estar a tu derecha ayudándote a llevar a feliz término tus mejores proyectos.

Y, Cristo quiere estar a tu izquierda aguardando a tu lado, y protegiéndote cuando llegue la hora mala, y cuando lleguen las malas noticias.

Cristo se mueve rápido y de Cristo nos podemos fiar porque para eso resucitó para que no hubiera barreras a su amor, ni a su poder.

Por eso yo reclamo un aplauso para Cristo.

Amén.