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Fecha: 20110606

Título:

Original en audio: 4 min. 28 seg.


Estamos abriendo la semana número siete del tiempo pascual, y seguimos nuestro recorrido por los Hechos de los Apóstoles.

Definitivamente, este es el libro que acompaña el tiempo de la Pascua en nuestra Iglesia Católica, cosa que es muy natural y muy lógica, porque el tiempo de la Pascu es el tiempo sellado por la resurrección de Cristo, es sellado también por el poder del Espíritu, y eso es exactamente lo que nos muestra este libro de los Hechos de los Apóstoles.

El Espíritu Santo es en realidad el protagonista en la primera lectura de hoy sobre la cual quiero llamar tu atención. Esta vez el texto está tomado del capítulo diecinueve de eta obra, y óyeme bien: todavía está a tiempo para darle una lectura completa a los Hechos de los Apóstoles. Son veintiocho capítulos, pero tienes tiempo, entre tantas cosas que leemos y miramos, ¿por qué no encontrarnos con algo que verdaderamente nutre la fe, alimenta el corazón, levanta la esperanza?

En fin, en el capítulo diecinueve vemos a Pablo que llega a Éfeso, y en Éfeso se encuentra con algunos que habían sido bautizados con el bautismo de Juan. Éfeso queda bastante retirado de Palestina y de Jerusalén y del río Jordán, de donde deducimos que la santidad, podríamos decir, el nombre justamente noble de Juan Bautista había llegado a grandes distancias.

Pues allá, en Éfeso, que queda en la actual Turquía había algunos que habían sido bautizados con el bautismo de arrepentimiento, el bautismo de humildad, bautismo que era también de renovación de la alianzas de Moisés. Pero el sello característico del bautismo de Juan es el reconocimiento ne de nuestra condición de pecadores, es el reconocimiento de que le hemos fallado a Dios, en este sentido, es una puerta que se abre.

Pero el mismo Juan, y así lo recuerda Pablo, el mismo Juan había dicho que se necesitaba otro bautismo. Recordemos que juan Bautista es el gran precursor del Mesías, y él decía abiertamente a la gente: "Yo no soy quien ustedes se imaginan; detrás de mí viene otro que es más poderoso que yo, y no merezco desatarle las sandalias" Lucas 3,16.