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Fecha: 19980929
Título: No descuidemos la doctrina de la Igesia
Original en audio: 8 min. 14 seg.
Con los Santos Ángeles, como con otros capítulos de la teología católica, hemos tenido que vivir la experiencia de despertarnos y de volver nuestra atención hacia ellos, precisamente cuando empezamos a sentir que son como propiedad o que pretenden ser propiedad de otros no creyentes.
Durante muchos años en la Iglesia Católica se descuidó el amor, la amistad, el estudio de los Ángeles y las consecuencias están a la vista.
De veinte libros que veamos de los Ángeles, dieciocho o diecinueve están entregados a la Nueva Era, creando terrible confusión en el pueblo cristiano, haciéndonos pensar que los hombres, cuando se vuelven muy espirituales, se convierten en Ángeles.
Que los Ángeles entonces son como maestros iniciados después de varias reencarnaciones de los hombres; que los ángeles son fuerzas cósmicas que irradian luz, energía o conocimiento sobre nosotros, o que los Ángeles son proyecciones semejantes a los llamados cuerpos celestes o mil cosas similares.
En paralelo con esto pues se nos darán técnicas para encontrase con los Ángeles, para sintonizarse, "chaneling", con los Ángeles, para recibir esas luces o esas iluminaciones.
Y cuando vemos lo santo echado a los perros, en contra de lo que Cristo había dicho, entonces caemos en cuenta de lo que estamos perdiendo y decimos: “Bueno, ¿que pasó en la Iglesia”?
Como había pasado con tantas cosas, como tenía la Iglesia Católica un San Agustín que predicara suficientemente la gracia, era necesario que un Lutero volviera a San Pablo; con ese vigor, hiciera ese escándalo en torno a la justificación, que creara esa terrible herida, que hasta hoy nos duele que pasara eso.
¿Era necesario? No, no era necesario.
Nosotros teníamos en la Iglesia Católica a un Agustín a un Francisco de Asís, a un Domingo de Guzmán, predicadores de la gracia, de la salvación, por puro regalo en la Cruz de Cristo.
¿Por qué, pregunto yo, por qué no hubo nadie que supiera predicar esto? Que supiera decir eso a un Zwinglio, a un Calvino, pero sobre todo a un Lutero, ¿por qué no hubo ningún católico que tuviera esa doctrina fresca en su corazón?
Lamentablemente se había disminuido el estudio de la gracia, el conocimiento y la práctica del amor divino, y por eso, cada cosa en la que nosotros nos descuidamos, pues la vamos de algún modo entregando.
Esto no vale sólo para la doctrina, vale para muchas cosas. Cualquier parte del pueblo de Dios o cualquier parte de la doctrina cristiana, pronto caerá lamentablemente a ese "león rugiente que anda buscando a quién devorar" (véase 1 Pedro 5,8), como nos dice San Pedro, así en ese demonio, ese león rugiente.
Entonces apenas nosotros descuidemos una parte de la doctrina, caerá para ser manipulada y para hacer comercio con ella, que es lo que pasa con los Ángeles, y si descuidamos una parte del pueblo de Dios, entonces caerá en garras extrañan, como pasó con la clase obrera en el sigo pasado, como ha sucedido con la juventud y con la mujer en este siglo.
De modo que la primera enseñanza o la primera advertencia que nos trae esta fiesta, es el amor a la fe íntegra, a la fe total y el amor, también a la integridad de la vida y de la práctica pastoral. Si nosotros como predicadores tenemos un mensaje íntegro, un mensaje donde puedan perfectamente, en esa maravillosa armonía que Dios dispuso, encontrarse los distintos aspectos del misterio cristiano.
Y si nosotros tenemos, especialmente como predicadores, la lucidez y el amor para predicar de cada una de estas realidades a todo género de personas, entonces ayudaremos a con ese esfuerzo y con ese amor a que el pueblo cristiano permanezca unido en la verdad. ¡Qué inmensa responsabilidad para nosotros!
Pero bueno, sobre los Ángeles mismos, ¿qué habría que decir? Muchas cosas. Yo personalmente, no es un secreto para ustedes, debo mucho a los Santos Ángeles y he recibido, yo pienso que por un regalo de Dios, he recibido como un cierto interés por ellos, que ojalá me ayude a convertirme y ojalá me ayude a fortalecer mi inteligencia y fortalecer mi voluntad en el seguimiento de Jesucristo.
De manera que habría mucho que decir. De todo esto un pensamiento que me parece muy hermoso y me parece muy actual sobre la presencia de los Ángeles en la Iglesia y en nuestra propia vida.
Partiendo o comenzando por aquella historia de los niños en las apariciones de Fátima. Como sabemos, primero se apareció un Ángel y luego vinieron las apariciones de la Virgen María. Cuando se apareció el Ángel, los niños sentían que quedaban exhaustos, mientras que cuando se aparecía la Virgen María, ellos sentían que la visión pues era muy bella, que era mucho contenido pero no notaban el mismo cansancio.
Esto es un aspecto, no tal vez el más importante, pero sí muy bello de la teología de los Ángeles. Ha enseñado la Iglesia Católica, especialmente por la boca de Santo Tomás de Aquino, que los Ángeles son formas, en ese sentido, intelectualmente hablando son como ideas sublimes.
La presencia de un Ángel es como una inspiración sobrecogedora que de repente le da sentido a una porción amplísima de la historia humana y que de repente le da luz a todo un campo, a toda un área de la creación.
Así como un científico cuando descubre una gran idea, puede llegar incluso a perder como cierto contacto con la realidad, como le pasó a Arquímedes, que salió desnudo porque había encontrado ese principio de la flotación, que luego se utiliza para los barcos; la presión que sufren los objetos cuando son sumergidos en un líquido.
Así como Arquímedes, como fuera de sí por lo que había encontrado, queda sobrecogido, así también la presencia de estas sublimes inspiraciones trae como unos rayos, como unos relámpagos de claridad sobre nuestra propia historia y sobre la historia humana.
El punto es que es tanta la luz, que la inteligencia queda como arrobada, la inteligencia queda como tomada por ese tipo de visión y esto produce una especie de cansancio, produce una especie de agotamiento que vivieron los niños.
¡Me parece tan bella la Iglesia Católica en la que un fraile en el siglo XIII puede decir algo sobre los Ángeles y unos niños en el siglo XX pueden mostrar como experimentalmente que esto sucede así!
Bien, que ellos traigan a nosotros luz, que traigan amor para adorar al mismo Cristo, que es Señor de ellos y que es Señor de nosotros, para gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.