Ap05005a

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Fecha: 20020522

Título:

Original en audio: 4 min. 41 seg.


Todo domingo es día del Señor. Pero creo que estos domingos de Pascua, precisamente por ser el tiempo litúrgico en que celebramos con más fuerza la victoria de Jesús tiene más esa característica pascual, ese gozo, esa esperanza, ese amor.

Y en verdad que lo necesitamos, porque las luchas que tenemos que enfrentar requieren de nosotros que estemos bien alimentados. La vida muchas veces es batalla, de hecho tenemos que pelear no solamente contra la increencia, sino contra las falsas creencias. Este es el mensaje para el domingo veintidós de mayo de 2011.

Y algunos de ustedes recuerdan que andaba por ahí alguno predicando que el mundo se iba a acabar ayer, el veintiuno de mayo de 2011. Y eso significa que el verdadero creyente no solamente tiene que luchar contra la increencia, sino también contra la falsa creencia, y por eso necesitamos luz y necesitamos alimento que nos haga fuertes en el espíritu, y que nos permita afrontar y vencer nuestros enemigos.

Miremos las lecturas de hoy, la primera del capítulo sexto de los Hechos delos Apóstoles, viene a recordarnos que no todo era color de rosa en aquellas primeras comunidades cristianas, había también tensiones, tensiones por motivos parecidos a los que se han venido dando a lo largo de los siglos, en aquella época tenía que ver con la repartición de las donaciones para los cristianos de lengua griega y para los cristianos de lengua hebrea. Es decir, parece que había ciertas preferencias y parece que los que se sentían excluidos hacían sentir su voz de protesta.

Entonces la solución fue nombrar un grupo de administradores, un grupo de ungidos, un grupo de servidores, y aquí aparece por primera vez en el Nuevo Testamento la palabra "diácono", con un sentido ya en algo semejante a lo que tienen nuestros diáconos en la Iglesia Católica, es decir,van a ser ministros, en nombre de los Apóstoles, ministros de la caridad en medio del pueblo.

La segunda lectura es tomada del capítulo segundo de la Primera Carta de Pedro. Permítanme recomendarles, amigos, que leamos esta Primera Carta de Pedro. Yo creo que hay textos que son realmente preciosos para el tiempo pascual, es decir, para sacarle el máximo provecho a estos días entre la Resurrección del Señor y la fiesta de Pentecostés, que es la fiesta de la efusión del Espiritu