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Fecha: 20020329

Título:

Original en audio: 6 min. 49 seg.


Cristo, a lo largo de su vida, podemos decir que se había desentendido de todo: no tenía dónde reclinar la cabeza, vivía como un profeta peregrino, no tenía negocio ni herencia ni escritos, de todo se había despojado ya, pero hay un vínculo que le une con esta tierra, un último vínculo con la tierra: su Santísima Madre, la Virgen.

Y esta palabra que acabamos de escuchar nos muestra de qué manera tan sabia, de qué manera tan amorosa Cristo se deprende también de ese vínculo. Porque evidentemente se trataba de dejarla a Ella, esto es lo doloroso, pero se trataba de dejarla de la mejor manera, y esta es la parte amorosa, y se trataba de convertir ese mismo despojo en un regalo, y esta es la parte maravillosa.

Dolor, amor y maravilla son los tres aspectos de la palabra con que Cristo entrega a la Santísima Virgen, Madre suya, como Madre de Juan, y podemos decir también, como Madre nuestra.

Dolor, por una separación; amor, por cuidar de Ella; maravilla, por convertir esa separación en un regalo. El dolor es muy fácil de descubrir y no tengo que añadir ninguna palabra sobre él; el amor es fácil de entender, ¿qué siente un buen hijo? ¿Qué siente el mejor de los hijos? Sí podemos en cambio meditar un poco más en esa maravilla: convertir un despojo en un regalo.

Eso es admirable, y eso sucedió no solamente con la Santísima Virgen, sino que se dio con todo lo de Cristo, porque también fue despojo que lo desangraran: Cristo quedó despojado de su Sangre, le quitaron la Sangre, pero es más verdad que Él dio su Sangre. Cristo convirtió todo aquello de que querían despojarlo en todo aquello que Él quería darnos; convirtió nuestra agresividad en cuerpo de misericordia, y convirtió nuestros robos en dádivas. ¡Es maravilloso Jesús!

Le quitan los vestidos y Él nos ofrece el regalo de su desnudez, porque en esa desnudez volvemos, en los mejores términos,