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Fecha: 20110502
Título:
Original en audio: 4 min.38 seg.
Estamos empezando la segunda semana de Pascua, y creo que conviene tener una especie de mapa de por dónde van las lecturas.
Siempre trato de darle importancia a esta manera de ubicarnos dentro de tantos textos bíblicos porque pienso que cuando uno sabe qué línea van llevando las lecturas, seguramente puede aprovechar mejor cada mensaje. En cambio, si estamos un poco en tinieblas sobre la secuencia de los textos bíblicos, entonces a veces asistimos a la Misa sin saber qué es lo que va a salir, y por consiguiente con una sensación de que muchas cosas se repiten sin mayor orden.
Todo lo contrario, nuestra liturgia en la Iglesia católica es una joya, y hay que ver cómo en esta distribución de los textos hay toda una Providencia que nos va alimentando en el espíritu. Así por ejemplo, vemos que la primera lectura va siguiendo la secuencia del libro de los Hechos de los Apóstoles; es decir, esta primera lectura nos está contando cuál es el camino que vive la comunidad cristiana guiada por la palabra de los Apóstoles y guiada sobre todo por la acción maravillosa del Espíritu Santo.
A través de esta acción del Espíritu la comunidad se consolida, la comunidad se fortalece y tiene que afrontar grandes retos: tiene que afrontar la persecución, tiene que afrontar después el desánimo, tiene que afrontar el cansancio, tiene que afrontar el destierro; hoy por ejemplo, en un texto tomado de ese capítulo cuarto de los Hechos de los Apóstoles, vemos que el principal recurso de la comunidad es la oración.
Es decir, a través de la oración, que no es individual sino comunitaria, ellos descubren la presencia del Señor y reciben también esa fuerza de lo alto, una fuerza que incluso se deja sentir algunas veces: el día de Pentecostés hubo una especie de temblor, y también en Hechos, capítulo cuatro, es decir la lectura de hoy, cuando terminaron de orar, tembló el lugar donde estaban.
A través de esos remezones como que se deja sentir una fuerza que va más allá de la simple sugestión o del simple entusiasmo que a veces puede tener una multitud. Este signo externo, este signo del temblor, parece indicar que no es solamente