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Fecha: 19960405
Título:
Original en audio: 4 min.
La pasión de nuestro señor Jesucristo es también para nosotros la contemplación de cómo este hombre va entregándolo todo, ya nos dio sus días y sus noches, nos dio lo mejor de su juventud y de sus fuerzas, nos dio los secretos de su corazón revelándoselos a sus discípulos, entregó sacramental y místicamente su cuerpo en la eucaristía, ha ofrecido también su dolor y su intercesión en el monte de los olivos.
Sus ropas le han sido arrancadas en el momento de la crucifixión ¿Qué le queda? Muy pocas cosas ¿que le queda? su Madre Santísima que está ahí presente, no sabemos si para consuelo suyo o para acrecentar su dolor, porque cuando dos seres se aman, contemplar el dolor del otro y saber que el otro sufre, en cierto modo acrecienta la propia pena.
Ahí está pues María y el, Cristo, en un doble acto de amor y en un doble acto de protección y de solicitud, entrega a María a Juan como madre y entrega Juan a María como hijo.
Está proveyendo así ciertamente al cuidado de la vida de María, pero está también dándole hogar a la Iglesia que en ese momento nace a los pies de la cruz, dice el texto original, dice el texto griego que Juan, que el discípulo amado desde ese momento acogió a María entre sus propiedades, entre sus cosas, en su casa, acogió a María entre sus cosas, entre sus propiedades, en todo los suyo.
El testamento de Cristo en la cruz y es testamento para nosotros los cristianos, recibamos también nosotros a María y no de cualquier manera, recibámosla también en nuestras cosas, entre nuestras propiedades, en lo más intimo de nuestro propio ser.
Asi María que dio a luz a Cristo cabeza de la iglesia en ese discípulo amado y también en cada uno de nosotros, empieza a dar a luz a los miembros de Cristo, porque María es madre del Cristo total, nos dice san Agustín, madre de Cristo cabeza nacido de sus entrañas, madre de nosotros que somos los miembros de Cristo, en cuanto suscita, acompaña, protege, merece, educa la gracia que Dios realiza en nosotros, es esa también la raíz del amor que María tiene a nosotros, no es simplemente la compasión femenina, no es simplemente la solidaridad materna que ya sería muy grande, es un amor si se quiere decir teologal.
María nos quiere en razón de Dios, nos quiere porque su hijo se va formando en nosotros, María solo tiene un hijo que se llama Cristo y ahí donde Cristo se va formando María lo va protegiendo.
Vamos a recibirle a este regalo precioso, vamos a recibirle a esta Santísima Madre a nuestro Señor Jesucristo, y que ella educa a ese Cristo que se está formando en nosotros. Amen