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Fecha: 20100306

Título:

Original en audio: 23 min. 37 seg.


En transcripcion 


En la primera lectura la grandeza de Dios aparece asociada a su compasión, a su misericordia, nos dice Miqueas “que Dios como tú que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad”, Dios es incomparable, porque perdona.

La grandeza de Dios ahí está en su misericordia, esto no es obvio de manera alguna, para nosotros que hemos crecido seguramente en un ámbito cristiano, el lenguaje este nos resulta familiar, pero quiero insistir, no es algo obvio, pensemos que para todo el mundo antiguo, para todo el mundo pagano, la misericordia es algo que no tiene que ver con Dios.

El gran Aristóteles por ejemplo, consideraba que era indigno que Dios amara al mundo, la cabeza de Aristóteles llegó hasta afirmar que el mundo era causado por Dios, que Dios es causa del mundo, eso lo puedo decir, pero llegar a decir que Dios ama al mundo, eso parece absurdo, porque lo mas no debe amar a lo menos y como Dios es más que el mundo, entonces es indigno de Dios amar al mismo mundo que ha causado.

El Dios aristotélico, podemos decir, que es un Dios que le da la espalda al mundo que ha causado. El mundo puede seguir a Dios tiene de hecho que tratar de imitar a Dios, el hombre debe tratar de imitar a Dios; pero cuenta únicamente con su propio esfuerzo, la grandeza del dios aristotélico está, en otras cosas, está en su omnipotencia, está en su omnisapiencia, eso es grandeza de Dios.

Entonces es fuerte el contraste con lo que aparece en el profeta Miqueas, el Dios nuestro es un Dios compasivo y esto nos obliga a preguntarnos cuál es la grandeza que hay en la compasión, otro que falló, otro que no vio ninguna grandeza en la compasión fue este filosofo enemigo del cristianismo, Nietzsche, veía en la compasión y veía en la misericordia como un lenguaje hipócrita, aquello del perdón a los enemigos lo veía Nietzsche como un acto de cobardía, algo así como "ya que no puedo vengarme de ti, entonces te perdono".

El perdón cristiano para Nietzsche era una cosa absurda, era una máscara para tapar la incapacidad de establecer la justicia, no pudiendo establecer justicia, entonces vamos a jugar el juego de la misericordia, esa es una de la criticas que hace este filosofo al cristianismo, de hecho Nietzsche ve al cristianismo como un platonismo de segunda clase, porque por lo menos en Platón el mundo de las ideas tiene una contextura y tiene una estructura, mientras que en el cristianismo se ha remplazado ese mundo que tenía algo de seriedad, se ha remplazado por una figura mitológica.

Así pensaba este filosofo, se ha remplazado por esa teoría que solo sirve como moral de esclavos, para Nietzsche el perdón solo es moral de esclavos, el que no tiene fuerzas para organizar el mundo, para enderezarlo, entonces se vuelve complaciente, se vuelve tolerante. Yo creo que este contraste, el contraste entre el pagano Aristóteles y el anticristiano Nietzsche, por una parte y luego el Dios bíblico por otra parte, nos obliga a preguntarnos cuál es la grandeza y cuál es el verdadero ser de la misericordia.

¿No será que tiene algo de razón Aristóteles en aquello de que la misericordia es como amar lo que no merece ser amado? ¿No será que tiene algo de razón Nietzsche al objetar que perdonando a los enemigos estamos reconociendo a nuestra incapacidad para enderezar el mundo, para hacerlo como debería ser o bien, para salir adelante con nuestra propia idea? porque más que tratar de conformar el mundo a un cierto modelo ideal, Nietzsche lo que propone es que el ser humano siga su propio aire, siga su propio impulso, que no detenga el fluir de la vida, que sea, por decirlo así, únicamente fiel a sí mismo ¿no habrá algo de razón en eso?

¿En qué consiste? ¿donde está verdaderamente la grandeza de la misericordia? pues si vamos a la raíz, la palabra misericordia es como acoger la miseria en el corazón, acoger la pobreza en el corazón, y la misericordia, según eso, es como una participación en la debilidad, lo vemos muy bien en el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo; pero ya antes de eso, en su ministerio público, Cristo evidentemente, como dice la Carta a los Hebreos, participó de nuestra debilidad, el texto de la Carta a los Hebreos dice: "no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse, al contrario, es semejante a nosotros en todo menos en el pecado".

En ese sentido parece que tenemos que darle la razón a Aristóteles, porque en efecto, la misericordia es como una semejanza con la debilidad, ¿pero la diferencia donde empieza? la diferencia empieza en que la compasión cristiana, la misericordia como aparece en la Biblia, es un movimiento que no termina en ese abajarse.

Lo mismo que en la pascua de Cristo, el sacrificio no termina en la sangre y en la cruz, sino que pasa por el sepulcro y se levanta hacia la gloria, así también la misericordia tiene un dinamismo, tiene una dirección, la verdadera misericordia no es la constatación del desastre y del poder del mal, la verdadera misericordia pasa por esa noche, pasa por esa estrechez, pasa por ese túnel, pero sale hacia la luz, es decir, la misericordia triunfa sobre el juicio.

Como nos enseña la Escritura, es la idea que aparece en el Salmo de hoy, nos dice ese famoso salmo de la misericordia, el 103 y 102 en la liturgia, "Dios perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades".

El perdón es una curación y el perdón es una victoria y añade: “El rescata tu vida de la fosa” el perdón es un rescate, el termino de la intención en la misericordia no es quedarse allá en la fosa, en el daño, en la herida , si nos quedáramos allá, si esa fuera la meta de la misericordia, pues tendría razón Nietzsche, simplemente estaríamos sumergiéndonos en ese pozo de mediocridad y de derrota, pero lo que pretende la misericordia es lo que dice aquí el salmo, se trata de una curación y por lo tanto, es una victoria sobre la enfermedad, se trata de un rescate y por eso es una victoria sobre la esclavitud y sobre la muerte.

No resulta tan fácil descubrir estos aspectos del perdón y de la misericordia cuando tratamos de aplicarlos luego a nuestra propia vida, si por ejemplo he recibido una ofensa, si soy inocente y he sido acusado de algo, mostrar compasión, apiadarse del enemigo ¿no es un poco hacerle el juego a la injusticia?

Apuremos un poco más a la paradoja, en el caso de Cristo esto de dejarse matar, esto de ser torturado, ¿no es finalmente transigir con el mal, otorgarle un amplio poder por lo menos sobre sí mismo? ¿Dónde está el aspecto de victoria ahí en esa clase de perdón, en esa clase de aceptación de la injusticia? ¿en donde queda la grandeza ahí?

Pues depende de cómo se sufra, depende de cómo se viva, porque en el sufrimiento, lo mismo que en el amor que se parecen tanto, puede haber ceguera o puede haber luz, se dice que el amor es ciego, pero ese no es el amor cristiano, el amor cristiano es luminoso, la que es ciega es la pasión, pero el amor no es ciego, el amor está lleno de luz y lo mismo hay que decir del sufrimiento, el sufrimiento está lleno de luz; pero hay un pequeño pero significativo detalle en la pasión de Cristo que muestra que El, nuestro Señor quiso permanecer despierto, lúcido, verdadero en su dolor.

Recordemos que a Cristo le ofrecieron dos cosas para beber, una cosa que le ofrecieron fue vinagre y ese lo bebió, pero antes del vinagre lo que le ofrecieron fue una sustancia narcótica hecha a base de mirra, no tengo ni idea como se puede preparar algo con mirra, pero lo que entiendo, por lo que he conocido, es que según las costumbres de ese lugar, las personas de cierta compasión, de cierta solidaridad, hacían estos brebajes que eran eso, como unos narcóticos, como unos anestésicos.

Sabemos que la muerte en la cruz era una muerte espantosa, de horribles dolores y de un final en asfixia, entonces gente de cierta piedad, gente con un rastro de humanidad preparaba esta bebida y se la daba a beber al ajusticiado, de modo que la persona en esa borrachera, la persona así narcotizada, pues ciertamente moría, pero de algún modo su muerte tenía algo menos de dolor, el precio que había que pagar era ese, drogarse, era como morir, pero morir borracho, morir drogado, el texto del evangelio nos dice que a Cristo le ofrecieron esa bebida.