K033005a
Fecha: 20110330
Título:
Origianal en audio: 3 min. 59 seg.
Yo creo que hay palabras que son más difíciles de predicar que otras, por ejemplo, cuando se habla de perdón, casi todo el mundo es consciente que se necesita para esta vida tanto perdonar como ser perdonados; cuando se habla de amor, casi todo el mundo está de acuerdo en que necesitamos ser amados y que necesitamos también amar, tener a quien amar.
Incluso si se habla de oración, un némero muy amplio de personas, cristianas o no, estarán de acuerdo en que la oración tiene un lugar importante.
En cambio hoy, las lecturas de la Misa, apuntan hacia un par de palabras, sobre todo una, que es bastante antipática, tiene como poca popularidad; es muy necesaria, pero bastante difícil.Estoy hablando de la obediencia.
Yo creo que la palabra obediencia en muchos oídos suena como un someterse, un rendirse, un perder; parece que la obediencia es la condición de los perdedores o de los incapaces o de los menores de edad; en cambio, parece que lo propio del vencedor es la arrogancia, la imposición de la propia voluntad.
En elcapítulo cuarto del Deuteronomio Dios llama a ala obediencia, y Dios llama a una obediencia específica,y esta es la otra palabra que molestia, la obediencia de sus mandatos, de sus mandamientos, de su Ley.
Es muy interesante ver que nosotros tenemos esta actitud resuistente frente a la obediencia, y sin embargo somos muy obedientes en muchas cosas. Por ejemplo, si la televisión nos dice que tenemos que cambiar de detergente, lo hacemos; si la publicidad nos dice que hay que cambiar de carro, muchas personas lo hacen; si nos dicen qeu ahora llegó un nuevo celular que tiene otras ventajas, pues mucha gente es capaz de endeudarse con tal de tener ese nuevo aparato.